13
SIGUIERON DÍAS DE CALMA, los preparativos para la boda avanzaban con rapidez y al castillo llegaron cuatro amigos cercanos del marqués con su esposa para ser testigos de la unión,
mientras los criados preparaban todo para el gran banquete yendo de un sitio a otro y la modista le tomaba las medidas para confeccionarle un vestido blanco de terciopelo con encajes y volados.
Angelyn había hecho el dibujo y madame Louen hacía lo que podía con sus tres ayudantas que cortaban y luego hilvanaban.
Se veía algo ansiosa de que todo estuviera perfecto porque también debía confeccionarle la toca, ese adorno que la cubriría de tul por completo y tuvo que hacer un largo viaje hasta el pueblo para conseguirlo.
Angelyn se sentía tan feliz de los preparativos, tenía la sensación de que cumplía un sueño anhelado, algo que jamás había creído posible en realidad.
Sin embargo, al anochecer sentía tristeza al verle alejarse rumbo a la habitación de vestir.
Sabía que era lo correcto, pero... esa noche cuando fue a despedirle para desearle buenas noches ella lo miró y él la envolvió entre sus brazos y la besó, como si hubiera esperado ese momento con anhelo.
Ese beso ardiente y apasionado la hizo temblar de deseo, deseaba tanto ser suya de nuevo, sólo una vez más antes de la boda.
—Ángel, debo irme, no puedo quedarme aquí—dijo el marqués agitado.
Pero ella lo detuvo.
—No, no os vayáis por favor...—le suplicó la joven desesperada.
Tenía un vestido de noche, ligero, color azul y esperaba que él se lo quitara y la hiciera suya. Deseaba tanto que lo hiciera.
Pero él luchaba por contenerse, parecía vacilar, sin embargo, su lucha duró muy poco, cuando la tomó entre sus brazos y la besó supo que se quedaría, lo haría.
No podía evitarlo, también la deseaba y se moría por hacerla su amante de nuevo y lentamente la tendió en la cama sin dejar de besarla, de llenarla de caricias.
Angelyn gimió al sentir que su boca atrapaba sus pechos y luego su vestido caía al piso poco después.
Un deseo desesperado la hacía arder la piel, sentía un calor intenso y un deseo abrumador de que la tomara...
Oh, quería hacerlo de nuevo, volver a probar el pecado de la carne, era el pecado más delicioso que había cometido en su vida y lo sabía.
—Angelyn, preciosa, sois tan hermosa, tan bella...—dijo—pero si quieres que me vaya...
—No, no os vayáis por favor... Os amo tanto que ya no me importa el qué dirán ni nada, sólo quiero ser vuestra para siempre—le respondió ella desesperada.
El marqués sonrió y le dio un beso apasionado al oír eso.
—Y yo quiero que seáis mía para siempre hermosa, mi esposa y mi amante apasionada... Ven aquí...—dijo y se desnudó con prisa y volvió a besarla hasta que atrapó su cintura y la hizo suya en un santiamén.
Estaba en su sexo, esa inmensidad estaba en ella y la rozaba haciéndola sentir su fuerza y pasión.
Era maravilloso tenerle allí, despertaba en ella sensaciones únicas, sintió que era el paraíso y que la cópula era una necesidad imperiosa y desesperada.
Se miraron mientras lo hacían, él cayó sobre ella y la inmovilizó contra la cama y Angelyn lo abrazó.
—Te amo cielo...
—Y yo te amo Maurice... jamás imaginé que sería así, que sería tan maravilloso ser tu amante...—la joven sonrió al decir eso.
—No eres mi amante ángel, eres mi prometida, mi mujer, y mi futura esposa. Ven aquí...
Angelyn sintió que la llenaba con su simiente y deseó tanto que la dejara preñada esa noche... Dios, estuvieron horas haciéndolo y sólo luego de la tercera vez que la llenó de su semilla se sintió satisfecho.
Pero entonces le confesó que le haría el amor toda la noche.
—¿De veras? —preguntó ella risueña.
Estaban abrazados y pensó que él estaría satisfecho, no imaginó que pudiera hacerle el amor toda la noche.
—Lo haría hermosa, os haría el amor hasta dormirme entre tus brazos, fundido en tu cuerpo—dijo y le dio un beso profundo.
Se moría por hacerlo de nuevo, pudo sentir cómo su virilidad se endurecía con rapidez y eso la excitó y lo alentó a seguir.
A la mañana siguiente luego de asearse y desayunar tenían pensado realizar un paseo a caballo por el bosque y sus invitados aguardaban en el salón principal, pero se produjo un retraso.
Cuando él la ayudaba a vestirse y le encantaba hacerlo, besó su espalda y le dijo al oído que se moría por hacerle el amor.
Ella tembló de la excitación, sentir sus manos en su piel y sus besos también habían encendido su deseo.
—Ven aquí preciosa, me muero por llenarte de besos—dijo y comenzó a desvestirla arrastrándola lentamente a la cama. Echó los cortinados para tener más privacidad y al verla desnuda su miembro quedó erguido por completo.
Se detuvo para mirarla desnuda, sus piernas torneadas y esos pechos llenos y redondos de aureolas rosadas y pequeñas eran perfectos, y comenzó a besarlos, a succionar de sus pequeños pezones hambriento de ella, pero quería sentir la dulzura de su vientre y lo hizo,
lentamente la convenció de que lo dejara hacerlo y al sentir su boca hambrienta y desesperada Angelyn gimió y sus manos atraparon las sábanas primero y luego acariciaron su cabello.
Esas caricias intimas la volvieron loca y al sentir su lengua acariciar los pliegues de su sexo pensó que era maravilloso, y cuando introdujo su miembro en su vagina estaba completamente desesperada.
Tenerle allí la colmaba de placer y también calmaba sus ansias de sentir que era suya por completo, tan suya...
y luego cuando la llenó con su placer fue lo máximo, cuando detuvo su miembro y expulsó hasta la última gota sintió que todo su cuerpo convulsionaba de placer y no podía dejar de moverse y fue tan fuerte el placer que recorrió su cuerpo que cayó laxa y feliz...
nunca imaginó que podría sentir un placer tan intenso.
Él sonrió y le dio un beso intenso y apasionado.
—Creo que hoy suspenderé la cacería del tesoro hasta la tarde–le dijo luego al oído.
Ella lo miró algo sonrojada y bastante escandalizada.
—OH Maurice ¿pero ¿qué dirán sus invitados? —replicó Angelyn algo espantada.
—¿Y eso qué importa, ángel? Ven aquí... prefiero mil veces que quedarme en nuestro lecho que salir a cabalgar—respondió el marqués llevándola de regreso a la cama. No podría escapar y en realidad no quería hacerlo...