Una esposa para el conde malvado 10
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UNA SEMANA DESPUÉS el primo Antoine se marchó con sus hermanas y el castillo volvió a quedarse casi vacío, pero en paz.

Angelyn se acercó a la ventana tiritando, el invierno era muy crudo y húmedo en esa región, tal vez por la proximidad del mar y estaba deseando de que se fuera.

Imaginó que el castillo reverdecería y se llenaría de flores en primavera, soñaba con que llegara la alegre estación del amor...

Una nueva carta de su madre le avisaba que su hermano mayor acababa de ser padre por segunda vez, que su prima Bertha se había casado y otros sucesos menos importantes de Lille. Ella siempre estaba muy al tanto de la vida de sus vecinos.

“Espero que pronto me avises que ya eres la esposa del caballero de Ferbes” le escribía su madre.

Angelyn terminó de leer la carta y se preguntó cuándo tendría el coraje de decirle la verdad y regresar a Lille. Sabía que no sería capaz, sabía que esperaría a que el marqués la ayudara a encontrar un marido adecuado y que buscaría otra excusa para prolongar su estadía.

De pronto escuchó un sonido en la puerta, un golpe suave y fue a atender pensando que sería su doncella, pero grande fue sorpresa cuando se abrió la puerta y vio aparecer a la tía Arlenne, la anciana que vivía pensando que su hija aún estaba viva.

Supo por Melissa que la anciana había estado muy grave durante la epidemia pero que ahora parecía más recuperada y ansiosa de ser útil en el castillo.

Tenía la obsesión de que todo debía estar listo para recibir a su hija Emelie.

“Cree que se ha casado con un caballero y vendrá a visitarla en cualquier momento y no le agrada que todos estén de luto”.

—Madame Arlenne, ¿cómo está? —Angelyn trató de dominar sus nervios.

La anciana sonrió mientras daba unos pasos lentos hacia ella.

—Buenas tardes, ¿cómo está usted mademoiselle? —preguntó.

La joven trató de esbozar una sonrisa.

—Bien, madame Arlenne...

La dama se quedó mirándola con fijeza.

—Eres muy hermosa, muchacha... ¿cómo es tu nombre? Es que no puedo recordarlo.

—Angelyn de Poitiers.

—Y eres la prometida de Etienne, ¿verdad?

Al parecer la dama se había curado de su locura y ahora sabía quién era ella y por qué estaba en el castillo.

—Sí...

—¿Y cuándo se casarán querida? Mi sobrino fue algo evasivo al respecto. No quiso decirme.

La joven no supo qué decir.

—¿Su sobrino? —replicó intrigada.

—Sí, el marqués de Ferbes no quiso darme detalles.

—Es que todavía no lo sé—replicó la joven con sinceridad.

La dama sonrió con benevolencia. Vaya, se veía distinta, hasta en la forma de vestirse como si fuera otra persona, como si algo la hubiera vuelto a la normalidad excepto por un detalle. Sus ojos oscuros tenían un brillo maligno y no dejaban de observar cada uno de sus movimientos.

—Serás una novia muy hermosa, estoy segura de eso. Bueno, no tanto como lo fue mi Emelie. Pero ¿cuándo vendrá Etienne? Creo que está tardando demasiado—se quejó la dama.

Angelyn se puso nerviosa cuando la dama comenzó a hablarle de Etienne. En esos momentos se veía muy lúcida y no dejaba de decir que era muy raro que su sobrino no estuviera en Saint Auxerre en esos momentos.

—Ni siquiera vino al funeral de su cuñada— se quejó.

La joven no supo qué decir a eso y pensó que tal vez fue el marqués quien se había peleado con su hermano por su boda y por eso no se había presentado al entierro.

—Etienne es un joven tan encantador—agregó—De noble corazón, bueno mi otro sobrino también, pero son distintos. Creo que será un marido estupendo para usted señorita y espero que sepa valorar que formará parte de una familia noble ancestral.

Vaya, ahora era toda una dama remilgada y soberbia de su linaje.

La joven tiró del cordel para pedir ayuda, no le agradaba quedarse a solas con esa dama y notó que esta parecía con muchos deseos de quedarse.

Melissa llegó poco después y se asustó al ver a madame Arlenne.

—Madame Arlenne—dijo sin ocultar su asombro.

La dama la miró con expresión de sorpresa al tiempo que aparecía una criada de más edad para preguntar por la tía del marqués. Pues al parecer la señora se había escapado de sus aposentos en un descuido de sus criadas.

Angelyn sintió alivio cuando se la llevaron.

—¿La ha asustado, mademoiselle? Pero no tema, es una dama inofensiva. Desvaría un poco—le respondió su doncella.

—Dijo que Etienne vendría, y lo dijo con mucha seguridad. Creo que nadie le dijo que eso no ocurrirá.

Su doncella dijo que le traería un té y lo hizo poco después al verla tan alterada.

—Nadie le ha contado que mi prometido me abandonó para casarse con otra... debieron hacerlo—se lamentó la joven sentada en la mesa mientras bebía té en compañía de su inefable doncella.

—Es que la dama no está muy bien de la cabeza y se confunde. Pero no tema mademoiselle, es inofensiva. Asusta un poco pero no le haría daño. Estuvo enferma poco después de la marquesa, pero se recuperó. Creo que todavía espera que regrese su hija y eso la mantiene fuerte y...

—¿Y por qué no acepta que su hija murió? ¿Por qué nadie le dice la verdad? Deberían hacerlo.

Melissa suspiró y sonrió levemente.

—Lo sabe, por supuesto que lo sabe. Cuidó a su hija hasta el último aliento, lo hizo y estuvo en su funeral. Todos decían que demostró una gran fortaleza en todo momento y que jamás se derrumbó como lo hicieron sus otros familiares y amigos más cercanos a Emelie.

—¿Entonces sí lo sabe? Y si lo sabe ¿por qué insiste en inventarse historias de que su hija regresará?

—Porque perdió el juicio señorita, un día despertó y comenzó a hablar de su hija como si estuviera viva y a decir que ella regresaría.

Cuando intentaron hacerle comprender la verdad madame Arlenne se negó a aceptarlo.

Pero era la tía más cercana al marqués y él dijo que no debían encerrarla, que era poco humanitario hacer algo así.

Que podía quedarse aquí y ser atendida por sus criadas y un doctor.

El doctor Eugene viene a verla todos los meses, le receta unos tónicos y conversa con ella.

Oí que en una ocasión vino un erudito en trastornos mentales y dijo que la señora sólo tenía esas fantasías porque no podía enfrentar el dolor de pensar en su hija muerta.

Que eso había sido devastador y no había logrado recuperarse y esas fantasías que tenía eran una manera de sobrellevarlo y que no debían forzarla.

Angelyn guardó silencio, sorprendida por lo que acababa de escuchar.

—¿Cómo es que sabes tantas cosas, Melissa?

Su doncella sonrió.

—Cuidé a madame Arlenne hasta su llegada, señorita, luego el marqués me pidió que cuidara de usted y tratara de que se sintiera bien aquí.

Imaginó que echaría de menos su hogar y necesitaría alguien para charlar.

Habría deseado que sus hermanas estuvieran aquí, pero ambas están casadas y viven en Amiens.

—Melissa, ¿entonces tú sabías que mi prometido se había casado con otra, lo supiste siempre?

—Oh non, mademoiselle, no lo sabía—la doncella parecía horrorizada.

—Pero todos ustedes siempre saben lo que pasa aquí, al parecer es inevitable. Quisiera regresar a Lille, volver a casa. Este castillo me asusta a veces y esa dama, ha estado espiándome. No sé por qué lo hace.

Melissa la miró con fijeza.

—¿Madame Alrenne? Pues no creo que ella la espía, señorita.

—He sentido pasos en mi habitación y luego una puerta se cierra. Si está loca puede intentar matarme mientras duermo.

—Oh no mademoiselle, no piense eso, madame Arlenne es completamente inofensiva. Ella no le haría daño a nadie. No piense eso por favor. Además, está lejos de aquí, sus aposentos están en el ala norte, no sé cómo llegó hasta su habitación.

—Esa anciana me da miedo, tiene algo que me aterra y quisiera pedirle al marqués que me dejara regresar a mi casa. Creo que es tiempo de enfrentar la verdad, debo decirle a mi madre lo que ocurrió aquí, que mi prometido me abandonó.

—El marqués no permitirá que se vaya, mademoiselle—dijo Melissa y luego al comprender que su frase era algo inesperada agregó: –Él es un hombre muy influyente y rico, puede encontrarle un esposo adecuado y lo hará porque la conducta de su hermano le ha afectado mucho.

Desea enmendar el mal que le ha causado.

—No quiero casarme ahora Melissa, iba a casarme porque era la voluntad de mi padre y él no habría concertado una boda si no hubiera tenido la certeza de que era lo adecuado para mí.

Por eso iba a casarme. Pero mi prometido me abandonó y yo no quiero a ningún otro a cambio, no lo quiero Melissa.

Sólo deseo regresar a mi casa en Lille y olvidar toda esta triste aventura.

—Oh no diga eso, debe superarlo mademoiselle.

¿No dicen que el tiempo cura todas las heridas?

Es joven y tan bella, no comprendo cómo...

Disculpe mi franqueza, pero Etienne jamás...

él no sería capaz de hacer esto y no sé cómo...

supongo que fue seducido por una joven astuta, embaucado...

tuvo que ser algo muy fuerte para que él abandonara su compromiso. Porque sabía de su compromiso.

Angelyn bajó la mirada resignada.

—Pero se ha casado con otra dama, Melissa.

No hay nada que pueda hacer. Sólo aceptarlo y tratar de olvidarme de todo esto, pero no es fácil para mí, todavía siento su ausencia y abandono.

Desde que llegué aquí y supe que no estaba imaginé que algo malo había pasado, pero no quise aceptarlo, pensé que vendría y no imaginé que pasaría esto.

Quisiera regresar a Lille y olvidar, Melissa, pero creo que me siento parte de este castillo, porque creí que sería mi hogar y ahora no puedo olvidar esa sensación.

Es muy extraño, deseo partir, pero sé que una parte de mi corazón vivirá aquí.

—Oh no diga eso señorita, no piense en marcharse ahora.

—Pero debo hacerlo, Melissa. Creo que hablaré con el marqués ahora.

Su doncella se incorporó.

—El marqués se ha ido a París esta mañana, señorita.

Esa revelación la sorprendió bastante.

—Pero... ¿por qué? ¿Por qué se ha ido de repente?

Su doncella puso cara de circunstancias.

—Bueno, es que él tiene a sus familiares en París y, además, un viejo amigo le pidió que fuera a visitarlo. Pero no se aflija, tal vez regrese antes...

—Melissa, creo que debo aprovechar su ausencia para marcharme de aquí.

—Oh non, mademoiselle, no haga eso—la doncella parecía espantada.

—¿Y qué puedo hacer sola aquí? Sabes que ya no podré casarme con Etienne ni con ningún caballero.

La joven meditó ese asunto.

—Bueno, es verdad, creo que no debió despreciar a Monsieur Antoine mademoiselle, él estaba muy enamorado de usted.

—No me agradaba Antoine.

—Mademoiselle, las señoritas de su clase no se casan por amor, se casan con quién deben casarse. Me temo que no siempre pueden elegir. Además, usted iba a casarse con el caballero Etienne sin conocerle.

—Sí, es verdad, pero esto es distinto. El marqués dijo que podía escoger.

Su doncella bajó la mirada y cuando Angelyn insistió en irse Melissa le pidió que no se fuera.

—Temo que mi señor se preocupará, él se siente muy responsable de lo que hizo su hermano, ¿comprende? Por favor, quédese, señorita, no intente cruzar sola el bosque de Boulegne, es muy peligroso. Al menos aguarde hasta el regreso del señor.

La jovencita aceptó quedarse una vez más no muy convencida. Esa conversación y la visita de madame Arlenne la habían dejado muy afectada.