Abbeville #3
TUVO SUEÑOS EXTRAÑOS, inquietantes, soñó que estaba recorriendo el castillo con un candelabro, envuelta en sombras, con paso apurado como si alguien siguiera sus pasos y tuviera miedo.
Sabía que debía esconderse, regresar a su habitación cuanto antes, pero las escaleras eran interminables y todo el tiempo sentía la maligna presencia siguiendo sus pasos.
¿Quién era, diablos? No podía ver su rostro, pero sí oía sus pisadas con claridad y podía sentir cierto peligro al acecho.
Debía escapar, correr, y entonces, mientras corría sintió que esa criatura nefasta la atrapaba y enredaba entre sus brazos haciéndola dar un grito espantoso, un grito horrendo y ahogado que luchaba por salir de su garganta...
Angelyn comprendió que todo era un sueño y despertó y vio la cara de espanto de la doncella que estaba allí mirándola con una bandeja de plata en sus manos.
—Señorita, tranquila, fue una pesadilla... no hay nadie aquí—dijo para calmarla.
La joven respiró hondo e intentó calmarse, pero sudaba y sentía el temblor en su corazón por haber sentido esos brazos aprisionándola.
Esa cosa maligna la había atrapado y no podía escapar, no podía moverse, estaba inmovilizada y a su merced...
entonces pensó en ese bribón que había intentado propasarse ese día y la miraba como si fuera un lobo hambriento, tal vez todavía sentía pavor al evocar ese momento y por eso lo había soñado ese día o a lo mejor era ese castillo sombrío que despertaba sus malos recuerdos...
lo cierto es que se incorporó y dejó que la doncella la ayudara a cambiarse de ropa.
—Le traje algo para desayunar, señorita, imagino que ha de tener hambre. Me llamo Betty, seré su doncella personal, el marqués me pidió que viniera temprano.
El marqués... ¿y dónde estaba su prometido? ¿Lo vería ese día? ¿Se parecería a su hermano? ¿Tendría esa mirada profunda tan turbador? Esperaba que no...
Tomó la bandeja y comió en silencio, todavía le duraba el susto por ese horrible sueño.
Mientras bebía leche caliente con miel notó que la doncella la miraba con cierta curiosidad. Parecía amistosa y debía tener su edad, así que sin saber por qué se sintió animada para hacerle preguntas.
—Mi prometido... ¿es que no vendrá hoy? —quiso saber.
La doncella de cabello oscuro y mirada vivaz pareció sorprenderse por la pregunta.
—Oh, ¿acaso nadie le avisó mademoiselle? —dijo a su vez.
—No.… no, ¿qué ha pasado?
—Es que el señor Etienne se marchó hace unos días mademoiselle Angelyn, pero no se preocupe, regresará pronto.
—Entonces, ¿mi prometido está de viaje?
La doncella asintió.
—Pero vendrá pronto mademoiselle y, además, el marqués se encargará de hacer los preparativos para su boda. Quiere que su hermano se case cuanto antes y...
—¿De veras? Entonces... dime algo por favor, ¿Etienne es guapo, se parece a su hermano?
La doncella se mostró reticente, hubo un cambio en su mirada como si estuviera algo inquieta por lo inesperado de la pregunta.
—Es que no se parece señorita. El señorito Etienne es rubio y en cambio su hermano es moreno de ojos muy oscuros... En realidad, ellos no se llevan muy bien, pero... no debí decir eso.
—Está bien, comprendo. Es que sentí curiosidad. Voy a casarme con el hermano del señor de este castillo y no lo he visto jamás—replicó la joven nerviosa.
La criada sonrió comprensiva.
—Pero él estará muy complacido cuando la vea mademoiselle, es usted muy hermosa—le respondió.
Pensó que lo decía por cortesía, en realidad no creía que fuera hermosa.
—El marqués lo dijo mademoiselle, dijo que era muy hermosa señorita y que se ve saludable. Él no ha tenido mucha suerte con su esposa, ¿sabe? Sólo engendró un hijo y lo perdió y luego no volvió a quedar encinta.
—Oh, qué triste.
Angelyn pensó que tampoco había visto a la marquesa el día anterior.
—Sí, es una tristeza para él no poder tener hijos y creo que por eso está feliz de que su hermano vaya a casarse con una dama saludable y bella como usted.
—¿Y cómo es él, mi prometido? —su mente regresaba a su futuro esposo, no podía evitarlo y de repente se animó a ir un poco más lejos y preguntarle a la doncella: —¿Es muy guapo?
Esta sonrió de forma espontánea.
—Creo que es muy guapo, más que su hermano, al menos es lo que todos dicen... El joven Etienne además es muy agradable y bondadoso, será un marido muy bueno para usted, mademoiselle Poitiers.
No tuvo más información que esa, era guapo, amable, y bondadoso.
—¿Y por qué se fue de viaje? ¿Acaso nadie le avisó que vendría? —se quejó entonces.
—Es que tenía asuntos que resolver en París, mademoiselle, por eso. Pero regresará en unos días.
Angelyn no hizo más preguntas, el día comenzaba, pero luego al ver que finalmente se había desatado un vendaval anoche y todo estaba húmedo pensó que ese día no habría mucho para hacer.
Su nueva vida en el chateau de Saint Auxerre comenzaba y no precisamente de la mejor forma: sin su prometido y con esa bendita lluvia.
Ese día se sintió tan aburrida que casi extrañó la compañía de su vieja nana, pero hasta ella se había marchado y debía aceptarlo. Ahora tendría nuevos criados y también una nueva familia.