Capítulo 23 #4
El corazón me late con fuerza y el calor me inunda por dentro mientras terminamos de desvestirnos y me meto en la tina. Tras un instante de indecisión, Daemon se sumerge en el agua detrás de mí y me atrae contra su pecho.
En el momento en que nuestras pieles se tocan, siento que todo mi cuerpo se relaja, incluso más que por el agua caliente.
Durante varios largos momentos, nos quedamos ahí sentados, sin decir nada.
«Podría hacer esto todos los días».
Sé que no debería pensar así, pero no puedo evitarlo.
Puedo imaginar con facilidad un futuro en el que paso las tardes sentada en un silencio cómodo con Daemon, sin sentir la necesidad de llenar el aire con charlas ansiosas.
Es un futuro que deseo y, sin embargo, no logro ver ningún mundo en el que eso sea posible.
¿Y si él regresara conmigo al mundo humano?
Ya vivió ahí antes; sería difícil, pero posible.
¿Pero qué pasaría con sus amigos? ¿Con Odessa y los chicos, que poco a poco se están convirtiendo también en mis amigos?
—¿En qué estás pensando? —pregunta Daemon.
—En demasiadas cosas —respondo, casi sin aliento.
Él suelta una risa suave y siento cómo su pecho vibra contra mi espalda. Sin pensarlo demasiado, alza una mano y la desliza con pereza a lo largo de mi cabello.
—¿Crees que el rey hizo esto a propósito?
Siento que se mueve y puedo notar la tensión en su voz.
—¿A qué te refieres?
Jugueteo con los dedos en el agua, tratando de encontrar las palabras exactas.
—Me refiero a que… ustedes se odian. ¿Crees que quiso venir a tu casa para que, al final, yo me acostara con él…?
Daemon gruñe, interrumpiéndome.
—No quiero pensar en eso.
—Justamente —insisto—. ¿Crees que, de algún modo, sabe lo nuestro? ¿Que está intentando fastidiarte?
—Lo dudo. —Suspira y envuelve con más fuerza sus brazos tatuados alrededor de mí, hundiendo la cara en el hueco de mi cuello desde atrás—.
Me gustaría pensar que a Thorne le importa más su reino como para desperdiciar los últimos días que le quedan para salvarlo involucrándose en juegos mentales juveniles solo para joderme, pero no lo tengo en tan alta estima.
Fue maldecido porque no le importa nadie más que él mismo, y al parecer, un siglo no bastó para arreglarlo. No le importa la corte.
—Entonces, ¿por qué no crees que esto tenga que ver contigo?
—Porque si supiera que me importa que intentara cogerte, lo habría hecho durante la cena, frente a mí.
Me atraganto.
—¿Qué?
—Perdón —dice Daemon, sin sonar en absoluto arrepentido—. Pero, dicho sin rodeos, cuando la maldición comenzó, dos tercios de los ataques más brutales fueron obra suya. Su lado instintivo es violento y brutal.
—Como una bestia —murmuro, pensando en Un reino de espinas .
Puedo imaginar sin dificultad al rey cometiendo atrocidades bajo la influencia de la maldición.
Aunque nunca ha sido violento conmigo —a menos que uno cuente los gritos—, hay algo torcido en su mirada.
Una sensación instintiva que me haría dar media vuelta y marcharme si lo viera en la calle, sin importar lo guapo que sea.
Si el rey Thorne hubiera sido quien estaba fuera de mi puerta el día que descubrí lo de la maldición, sé que todo habría sido distinto.
Por otro lado, está Daemon, que no parecía muy diferente mientras la maldición estaba activa. Que me miraba igual que siempre. Que solo quería protegerme…
—¿Cómo funcionan los vínculos de las almas gemelas? —suelto de repente.
Él se pone rígido detrás de mí y su mano se inmoviliza en mi cabello.
—Ese sí que es un cambio de tema abrupto. ¿Por qué preguntas?
En realidad, a mí no me parece tan abrupto. Se siente exactamente como lo que debería preguntar, como lo que debí haber preguntado días atrás.
—Solo responde la pregunta. Lo mencionaste antes, pero no lo explicaste de verdad. ¿Cómo funciona?
Se mueve otra vez, pasando los dedos varias veces por mi cabello, como si usara el gesto para encubrir lo que piensa. Juraría que el aire vibra entre nosotros.
—En realidad nadie lo sabe —dice al fin—.
El consenso general es que los vínculos no son predestinados ni preelegidos; se forman con el tiempo, por lo general a partir de conexiones emocionales intensas o de experiencias compartidas.
No todos los matrimonios en Ellender están vinculados, pero la mayoría sí, ya sea desde el inicio o después de un tiempo.
Podemos salir con alguien o tener parejas casuales, pero, si no se forma un vínculo, la mayoría de las criaturas fae pasa página y continúa buscando.
—Entonces, una vez vinculados, ¿nunca puedes estar con nadie más?
—No creo que alguien vinculado quiera siquiera intentarlo, pero he oído que provoca un asco extremo y, a menudo, dolor si lo intentas.
—¿Qué se siente? Me refiero al vínculo.
Permanece en silencio otro largo segundo y lo oigo aspirar aire antes de hablar:
—Tendrías que preguntárselo a alguien vinculado. Yo solo podría suponerlo.
El corazón se me encoge.
No sé si quiero creer que está mintiendo o si me alegra que no haya soltado algo descabellado… como que quizá yo sea su alma gemela.