Capítulo 22 #3
—Alix, no lo hagas. ¿Crees que si ni siquiera puedo hablar contigo con gente alrededor, esto es mejor? No tengo permitido tocarte.
Mi sonrisa traviesa se ensancha.
—Pero no lo estás haciendo tú. Te estoy tocando yo, así que no hiciste nada malo.
Niega con la cabeza y se recuesta, apartando con suavidad mis manos de su hombro.
—Por el amor de Dios, estás intentando matarme. Literalmente . Ya cometí suficientes errores contigo como para que a cualquier otro guardia lo ejecutaran sin juicio. Si alguien viera esto, más nos vale que logre matar a Thorne antes de que él me mate a mí.
Se me corta el aliento. Oigo lo que dice, pero esa pequeña parte rebelde que mantuve escondida tanto tiempo ya se soltó.
Una oleada de emoción y valentía me atraviesa.
—¿Y si tú no me tocaras? —susurro—. ¿Y si solo miraras?
Con una audacia que definitivamente no tenía hace unas semanas, me deslizo por el carruaje hasta su banca.
Sus ojos se abren y vuelve a mirar rápido hacia atrás mientras me subo a su regazo, con las rodillas apoyadas en la banca, a ambos lados de sus muslos.
Mi enorme vestido se abre a nuestro alrededor y sus manos suben a mi cintura por puro instinto.
Me dejo caer sobre su regazo y lo siento ya duro como una roca contra mí. Presiono más, provocándolo.
—Alix —advierte—. No estoy bromeando, carajo. El conductor está justo detrás de mí y el carruaje de Thorne va justo delante de nosotros.
—Entonces estaremos en silencio. De todos modos, mi vestido cubre lo importante.
Apoya la cabeza contra la pared, casi como si le doliera.
—Naciste para atormentarme.
Los tendones de su cuello se tensan y sé que está tan cerca del límite que bastaría un suspiro para empujarlo.
Alzo la mano, tomo el lazo que mantiene cerrado el frente del vestido y tiro de él con deliberación. Se abre, dejando mis pechos al descubierto frente a su cara.
El carruaje pasa por un bache particularmente grande en ese momento.
—Mierda.
Reboto sobre su regazo y él dice algo entre dientes, apretando con más fuerza mi cintura y atrayéndome hacia él. Nuestras miradas se encuentran y entonces se estira para atrapar mi boca con la suya. Jadeo, excitada.
—Está bien, tú ganas —refunfuña Daemon contra mis labios—. Si Thorne se entera y me ejecuta por esto, no importa; de todas formas tú me estás matando.
Un cosquilleo cálido me recorre el cuerpo entero, robándome el aliento, mientras Daemon baja la boca de mis labios por la línea de mi garganta. Raspa mi piel con los dientes, mordisquea con suavidad y al final llega a la parte superior de mi pecho.
Le rodeo los hombros con los brazos y me arqueo para darle mejor acceso.
Su boca caliente cubre un pezón mientras hace rodar el otro entre los dedos. Chispas de placer me atraviesan y aterrizan entre mis muslos.
Me muevo contra él sin proponérmelo del todo.
—Dios —gimo en voz baja—. Podría venirme solo con esto, carajo.
Me mira y se aparta; mi pecho se desliza fuera de su boca.
—¿Con qué?
Vuelvo a mover las caderas contra él para ilustrar mi punto y me inclino para susurrarle al oído:
—Con esto. —Me muevo otra vez—. Anoche estuve tan, tan cerca, incluso antes de que me tocaras. Siento que últimamente siempre estoy al límite.
Suelta un suspiro.
—Mierda, Alix.
Restriego mis caderas contra él de nuevo; la tela áspera de su pantalón le hace cosas deliciosas a mi sexo palpitante. Presiono hacia abajo, frotándome contra el relieve de su erección a través de la ropa.
—¿De verdad crees que te meterías en problemas si ni siquiera me lo metieras, pero yo igual me vengo sobre tu erección?
Murmura algo que no logro entender y tardo un segundo en darme cuenta de que no fue en inglés.
—¿Qué fue eso? Creo que tu traductor mágico falló por un segundo.
Suelta una risa áspera, más parecida a un suspiro.
—Dije: «Eres tan jodidamente sexy que es una tortura». Pero te equivocas con lo del traductor.
—¿Mmm? —Le doy otro beso en el costado de su mandíbula afilada, sin importarme que su barba incipiente me raspe la piel—. ¿A qué te refieres?
Apoya la cabeza contra la pared del carruaje y me observa con una calma casi indolente, mientras sigue manoseándome los pechos y yo me froto contra él. Tarda un momento en responder, claramente distraído.
—Me refiero a que siempre te hablo en tu idioma.
Suelto un jadeo cuando la tela me roza el clítoris de la forma justa y una pequeña descarga de placer recorre la base de mi columna.
—Lo sé. Fox me dijo que, por magia, todos podemos entendernos.
—Eso es cierto… —gime en voz baja cuando el carruaje pasa por otro bache y el movimiento hace que mis caderas choquen con más fuerza contra él, maldice entre dientes y vuelve a empezar—.
Eso es cierto, pero yo también hablo tu idioma.
Me desterraron al Reino Unido, ¿recuerdas?
¿Cómo crees que podía hablar contigo en tu mun do si no lo supiera?
Ah. No me había detenido a pensar en eso. Tal vez por eso tiene un acento distinto al de los demás: porque en realidad me habla directamente y no a través de esa extrañeza mágica que lo traduce todo.
Me inclino hacia atrás un momento, pensativa.
—Entonces, ¿qué idioma hablarías si no fuera el mío?
Desliza las manos hasta donde mis muslos se encuentran con mis caderas y me sujeta a través de la tela del vestido, hundiendo los pulgares en la carne suave bajo mis huesos de la cadera. Me jala hacia adelante y tengo que cubrirme la boca para ahogar un gemido.
—Vernalí —responde al fin—. Es muy parecido al idioma que conoces como francés. Seguro hubo alguna influencia fae en algún punto de tu historia para que se parecieran tanto.
—Muéstramelo. Quiero oírlo.
—¿Ahora? —pregunta enfáticamente, rozando con el pulgar uno de mis pezones endurecidos.
Asiento. No estoy segura de si será capaz de mostrármelo o si Ellender traducirá esas palabras como todas las demás, pero quiero intentarlo. Por alguna razón, necesito saber cómo suena en su lengua natal.
Llevo la mano entre los dos y lo acaricio a través del pantalón; el dorso me roza mi propia humedad. Estoy tan excitada que, si desabrochara su cinturón, podría entrar en mí sin esfuerzo.
Daemon gime profundo, desde el fondo de la garganta.
— Tu es tellement belle que je ne peux pas me contrôler en ta présence .
—Me gusta.
Jadeo mientras lo froto con más fuerza y vuelvo a dejar besos a lo largo de su mandíbula.
—Alix, no —dice en mi idioma, intentando apartar mi mano—. Mi control está por los suelos y no puedo cogerte en este carruaje.
—De hecho, sí podrías. —Ladeo la cabeza—. Di algo más en tu idioma.
Lo hace, y las palabras salen mezcladas con un gemido, mientras desabrocho el botón de su pantalón.
— Je suis amoureux de toi, mais tu vas être ma mort .
—¿Qué significa eso?
—Que eres un demonio hermoso enviado a mi mundo para torturarme.
No sé si habla en serio, pero aun así deslizo la mano bajo la cintura de su pantalón y paso los dedos por su miembro duro.
—Si de verdad quieres que pare, lo haré. Pero si no… voy a rodear tu miembro con la mano y voy a arrastrarlo contra mi clítoris. Y luego voy a clavarte en mí y montarte hasta que los dos nos vengamos con toda esa gente allá afuera…
—Por el amor de los dioses, Alix.
—O puedo parar.
Me aprieta todavía más contra él y deja caer la cabeza en el hueco de mi cuello. Gruñe bajo, abre la boca y hunde los dientes en mi piel.
—No te atrevas a parar.
Hago exactamente lo que prometí: vuelvo a meter la mano bajo el vestido, tomo su miembro y lo saco, apretando apenas y pasando el pulgar por la punta.
Él emite un ruido de satisfacción y yo sonrío mien tras guío su cabeza hasta mi entrada, rozando primero mi clítoris palpitante varias veces.
Luego me alineo y me deslizo hacia abajo en un movimiento rápido.
Daemon vuelve a maldecir en vernalí.
—Silencio —le recuerdo—. No querrás que Thorne te oiga.
Cierra los ojos y vuelve a apoyar la cara en mi cuello para amortiguar la voz mientras sigue murmurando entre dientes.
Sintiéndome poderosa por primera vez en mucho tiempo, levanto las caderas y marco un nuevo ritmo. El calor vuelve a acumularse, irradiando desde la base de mi columna, bajando por mis piernas hasta los dedos de los pies, que se contraen dentro de los zapatos.
— Tu te sens tellement bien, Pêches. Je ne désirerai jamais personne d’autre que toi .
Se me escapa un gemido cuando nuestros cuerpos chocan una y otra vez, y siento el orgasmo apenas fuera de alcance.
Daemon me sujeta de las caderas y me ayuda a ir más rápido, levantándome y estrellándome contra él con tanta fuerza que casi lloro de placer.
Me toma la cabeza por detrás y jala mi boca hacia la suya, besándome y ahogando mi grito justo cuando el placer, al rojo vivo, finalmente me recorre por dentro. Cada músculo de mi cuerpo se contrae y lo siento tensarse cuando mi orgasmo lo empuja al límite.
— Je pense que tu es mon alma gemela —dice, rompiendo nuestro beso.
Todo mi cuerpo está relajado e indolente, pero al oír esas palabras abro los ojos de par en par y me aparto de él.
—¿Qué pasa, Duraznito? —pregunta en inglés.
—Eh… nada —respiro—. Solo creí haber oído algo, pero no importa. No creo que nadie nos haya escuchado.
Él asiente, tranquilo con esa explicación.
Pero no es nada .
No sé cómo funciona la magia ni por qué puedo entender algunas cosas y otras no, pero, al parecer, no existe una traducción directa para «alma gemela», porque escuché esas palabras con total claridad.
Y me da miedo pensar en lo que siento al respecto.