Capítulo 16 #4
De pronto recuerdo que, a principios de la semana, Alix preguntó por libros. Había olvidado por completo llevarla a la biblioteca, ya que casi no ha salido de su habitación desde entonces. Mierda, ¿habría podido evitar esto si lo hubiera recordado?
Al darse cuenta de que su excusa no resulta muy creíble, Alix me mira por segunda vez. No creo que sea consciente de que lo está haciendo, pero esta vez estoy seguro de que Thorne lo nota.
—Es culpa mía —suelto de golpe, sin tener idea de qué diré a continuación.
Los ojos de Thorne se entrecierran hacia mí.
—¿Tu culpa? Explícate.
«Maldita sea. Mierda. Hijo de…».
—No me gusta que Isabelle deambule; hace mi trabajo mucho más tedioso.
Su expresión se vuelve peligrosa.
—¿De verdad crees que tu comodidad importa?
—Siempre. —Le lanzo una sonrisa, sabiendo que lo irritará, quizá lo suficiente como para que olvide lo que le despertó sospechas.
Thorne arruga la frente y vuelve a tomar el tenedor, reanudando la cena.
—Llévala a la biblioteca de ahora en adelante.
Casi me río de alivio.
—Por supuesto. Lo que usted diga.
Para mi enorme alivio y sorpresa, el resto de la cena transcurre sin incidentes. Alix parece aburrida, y Thorne, molesto, pero al menos la mirada suspicaz ha desaparecido.
Cuando Alix termina su postre, por fin me aparto de la pared y me coloco junto a su silla. Ella se levanta, le da las buenas noches a Thorne y avanzo rígido a su lado hasta la puerta.
—Ashwater —me llama Thorne—. Un momento.
Me giro hacia Alix.
—Espera afuera un instante.
Ella se encoge de hombros y sale del comedor, cerrando la puerta tras de sí. Me doy vuelta y le dedico a mi hermano una mirada de aburrimiento.
—Thorne. ¿Qué puedo hacer por ti?
Mi hermano hace una mueca, pero no dice nada.
Me llama por mi apellido casi por la misma razón por la que yo uso su nombre de pila: quiere recordarme que, aunque estamos emparentados, nunca estaré en la línea de sucesión al trono, y a mí me gusta recordarle que, haga lo que haga, jamás podrá librarse de mi existencia.
Estoy seguro de que la razón por la que nunca me corrige cuando lo llamo por su nombre es porque no quiere llamar la atención sobre ese asunto.
Esa es también, casi con toda certeza, la razón por la que no quiso que me ejecutaran hace tantos años: mi muerte habría legitimado la amenaza que represento para él y su corte.
Todo ese peso flota en el aire entre nosotros cuando se acerca.
—¿Te estás divirtiendo? —pregunta.
—¿A qué te refieres?
—¿Estás disfrutando tu regreso a la corte?
Me contengo para no soltar una réplica burlona y me recuerdo que él cree que me volví más leal desde que salí de Dyaspora. Aun así, no logro sonar entusiasta. Me encojo de hombros.
—Aquí hay casi tanta nieve como en Dyaspora, pero al menos la comida es mejor.
Parece molesto, pero no insiste.
—Quería preguntarte por Isabelle.
Se me aguzan los oídos.
—¿Qué pasa con ella?
—¿Te ha parecido extraña desde que regresó?
El corazón se me acelera. ¿A qué se refiere? ¿Foulo por fin salió del agujero en el que se había escondido y le contó a Thorne sus sospechas?
—¿Extraña cómo? No la conocía antes, así que no tengo con qué comparar.
Pone cara de desagrado y mira por encima del hombro, buscando a Alix.
—¿Ha parecido asustada?
—¿Asustada? —Me echo un poco hacia atrás, genuinamente sorprendido—. No.
Emite un sonido a medio camino entre un gruñido y un murmullo.
—¿Por qué? —pregunto, esperando que no se note en mi voz cuánto ansío oír su respuesta.
—Me preocupa que haya visto algo que no debía antes de irse, hace tantos años. No ha estado explorando cuando tú la vigilabas, ¿verdad?
Niego con la cabeza.
—Casi no sale de su habitación.
—Bien —dice, distraído—. Hay otra cosa. Necesito conseguirle un regalo de bodas, algo que pueda presentarse en el baile, frente a la corte. ¿Se te ocurre qué podría gustarle?
—La verdad es que no la conozco tan bien como tú.
—¿Cómo es posible, si estás con ella todo el tiempo?
Entrecierro los ojos, confundido. Está hablando de Isabelle, ¿cierto?
¿La mujer que quiso de vuelta tras décadas de separación?
¿La mujer a la que le consiguió un collar encantado para mantenerla inmortal?
¿La mujer por la que me liberó para ir a buscarla?
¿Cómo carajos puede no saber qué regalarle?
A menos que sepa que hay algo distinto en ella.
—Debes saber algo —dice, exasperado.
—Un violín —suelto de pronto.
Entrecierra los ojos.
—¿Sabe tocar ese instrumento?
«Mierda».
—Mencionó que empezó a aprender en los últimos años —miento—. No sé si tenga talento.
Arruga la frente, todavía suspicaz.
—Está bien, entonces.
Recuerdo que Alix comentó que Thorne no parecía interesado en ella y, en ese momento, fui incapaz de procesar nada de lo que decía, más allá de la rabia irracional ante la idea de que ella quizá quisiera coger con mi hermano.
Ahora entiendo a qué se refería. Él claramente no está interesado en ella: se nota en cómo evita estar a su alrededor y en que ni siquiera parece consciente de su presencia.
Yo apenas logro dejar de mirarla el tiempo suficiente para sostener esta conversación, pero Thorne claramente no padece la misma obsesión.
Pero ¿eso significa que hay algo mal en él?
¿O es que hay algo mal en mí?