Una espina en cada corazón (Encanto 1) Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

Sin previo aviso, su mano sale disparada y se planta en la pared detrás de mi cabeza, dejándome acorralada. Se inclina hasta que su boca queda a escasos centímetros de la mía y muestra los dientes.

—Entonces debería tener cada maldito minuto de tu atención.

Aspiro una bocanada de aire, sorprendida. Encuentro su mirada y mi pulso retumba en mi garganta y… más abajo.

No se me escapa que Daemon está igual de enojado ahora que Thorne cuando me encontró, pero con Daemon no he pedido disculpas ni una sola vez. No siento la necesidad de hacerme pequeña frente a él, ni de decir lo que sea con tal de terminar la discusión.

Mientras tanto, se supone que debo actuar como si estuviera enamorada del rey, pero entre él y yo no hay ninguna chispa. En cambio, cada vez que Daemon y yo discutimos, hay fuego suficiente como para incendiar todo el castillo.

Por un instante, mis ojos se deslizan hacia su pulso, visible y palpitando en su cuello, y me imagino lo fácil que sería ponerme de puntas y lamer ese punto.

—Aléjate. No puedes estar tan cerca de mí cuando cualquiera podría pasar.

Su mirada brinca a mis labios por una fracción de segundo.

—De pronto estás muy interesada en decirme lo que no puedo hacer.

Mi corazón vuelve a acelerarse. Carajo, ya ni siquiera sé de qué estamos hablando. ¿Esto es sobre Claudette, o sobre el rey, o sobre Daemon y yo? ¿De qué se supone que estoy enojada?

Daemon se alza sobre mí, respirando con fuerza.

Hay una energía cruda, un poder que emana de él en oleadas.

Estoy casi segura de que debería estar temblando, intimidada por su dominio.

Y, si me conozco, si fuera cualquier otro hombre, así sería.

Estaría aterrada. Pero, en cambio, me siento desafiante. Exaltada. Excitada.

Mi pulso late con fuerza en mi vientre y respiro con dificultad. Mi piel se siente hipersensible y juraría que hay electricidad chispeando entre nosotros. Desde el momento en que abrió la boca, esta discusión se ha sentido menos como una pelea y más como un preludio.

En algún punto de los pasillos resonantes del castillo, escucho voces a lo lejos, y el sonido es como un balde de agua fría sobre mi cabeza.

Daemon mira hacia donde provienen las voces, pero no parece tan afectado como yo. No se aleja. Al contrario, se acerca apenas un poco más, lo suficiente para que sienta el calor de su cuerpo en todas partes.

Miro a mi alrededor, al pasillo vacío. No podemos seguir parados así. Y, más aún, no podemos seguir discutiendo; la tensión es tan alta que está a punto de romperse aquí mismo.

Cierro los ojos, ya medio arrepentida.

—Mira… —me paso una mano por el cabello—. Lamento si esto se volvió un problema más grande de lo que debía.

—¿Lamentas qué? —exclama, y el calor de su mirada se enfría, reemplazado por confusión.

—Lo siento —repito, sabiendo que esa palabra es exactamente la que desactivará la situación—. Todo está bien. El rey se enojó porque entré en su ala privada o lo que sea…

Un gruñido retumba en su pecho.

—¿Entraste dónde?

—En su ala privada. Me perdí, pero no pareció notar nada raro en mí, así que creo que todo va a estar bien. Probablemente deberías buscar a Foulo y fingir que pasó algo serio, por si el rey pregunta.

—Alix, qué dia…

—En fin —sigo, hablando por encima de sus protestas—. De ahora en adelante, si estás ocupado, puedes mandar a Fox, Jett o Kastian para que me vigilen.

Daemon me mira con furia desde arriba, aún tan cerca que sería facilísimo cerrar la distancia entre nosotros. Algo oscuro parpadea en su mirada.

—¿Preferirías que ellos te vigilaran en vez de mí?

—En realidad no me importa. Quiero sobrevivir el próximo mes. Estoy segura de que tus amigos pueden encargarse de que no me muera durante unas horas mientras tú estás ocupado.

—¿Ocupado con qué? —espeta—. ¿Por qué sigues diciendo eso? Lo único con lo que estoy ocupado es contigo.

—Ya sabes… con Lynette.

«Uf, eso fue mezquino. Conozco su nombre».

De algún modo, todo esto se volvió sobre mis asuntos: mi matrimonio, mis estándares de cómo quiero ser tratada y el trauma que salió a flote en cuanto perdí su atención en favor de otra mujer. Lo cual tampoco es del todo justo.

—Quise decir Claudette —me corrijo.

«Estoy calmada. Curada. Para nada tóxica».

Daemon parece confundido, al borde de la frustración.

—Claudette y sus hermanas son solo conocidas de hace tiempo. Es una corte pequeña y hay un grupo aún más pequeño de nosotros menores de doscientos años. Ella solo estaba saludando.

La parte mezquina de mí quiere preguntar si ese saludo tuvo un final feliz, pero me contengo.

—Está bien. No tienes que explicarte conmigo.

—Aparentemente sí, porque no me dejas hacer mi trabajo.

—¿Y cuál es exactamente?

—Protegerte.

—¿Protegerme de qué? —digo de golpe—. Por lo que puedo ver, las únicas veces que casi muero han tenido que ver contigo, así que no necesito que estés encima de mí todo el tiempo. Manda a tus amigos a vigilarme o no lo hagas, pero no actúes como si te debiera algo.

Con eso, lo aparto de un empujón por última vez y camino sola hacia mi habitación.

Definitivamente no estoy calmada, ni curada, ni racional.