Capítulo 8 #4
—En el libro hay cuatro reinos fae —explico—. Ellender al oeste, Hydratta al sur, Solistine al este y Thermia al norte. Ellender es el reino más grande, gobernado por el rey fae Thorne. En realidad, el reino de Thorne se llama Vernallis y Ellender es como llamamos al continente en su conjunto.
—Está bien —murmura ella despacio, mirándome con escepticismo—. Entonces estamos en Vernallis. Bien. Pero sigo sin entender cómo llegué aquí.
—Hay docenas de portales entre nuestro mundo y el tuyo. Hay uno en la mina de Ironhill.
—Espera, ¿en serio? —pregunta—. Pero esa mina lleva ardiendo décadas.
—Eso descubrí. Y me pregunto si el fuego lo provocó el propio portal o si lo iniciaron a propósito para impedir que alguien lo usara.
—Entonces, ¿secuestraron a Nana usando ese portal?
Niego con la cabeza.
—No tengo idea de cómo llegó Isabelle hasta aquí. Yo estaba en Dyaspora.
—Belle llegó por su cuenta —interviene Odessa—. Su padre era minero y cruzó accidentalmente el portal de Ironhill, donde el rey Thorne lo tomó prisionero. Belle lo siguió y aceptó quedarse como prisionera del rey a cambio de la libertad de su padre.
—Dios… tengo tantas preguntas para cuando vuelva a casa —murmura Alix.
—¿Sabes qué se me acaba de ocurrir? —interrumpe Kastian, siguiendo claramente su propio hilo de pensamiento.
Volteo a verlo.
—¿Qué?
Kastian observa a Alix como si la viera por primera vez.
—¿Estamos seguros de que ella no es pariente del rey Thorne?
Me quedo helado.
—¿Qué demonios dices?
—Pues… —Kas ladea la cabeza, alzando las cejas—. El rey está enamorado de su abuela.
— Posiblemente enamorado —lo corrijo enseguida—. No sabemos si ese fue el motivo.
—Pero sí sabemos que se conocían —se suma Odessa, luciendo tan presa del pánico como me siento yo.
Miro a Alix. El horror me recorre como un viento gélido. No. Ni de broma … No puede ser pariente de Thorne, porque entonces sería mi… ¿sobrina nieta? Alix no se parece a Thorne, pero bueno, tampoco se parece su otro…
El estómago se me revuelve, seguro de que voy a vomitar.
—Ey… —Alix levanta ambas manos—. De verdad necesitan aprender a terminar sus frases. Nunca tengo idea de qué están hablando.
Kastian, siempre sensato, se inclina hacia ella.
—¿Hay alguna posibilidad de que el rey Thorne sea tu abuelo?
Ella se atraganta, ahogándose con lo que parece una risa. Un momento después ya no puede contenerse y estalla en carcajadas.
—No tiene maldita gracia —exclamo.
—Sí la tiene —jadea—. Primero, Ellender resulta ser real, y ahora creen que soy mitad fae. ¿Qué clase de historia de Wattpad es esta?
—Es posible —dice Odessa.
—No, en realidad no lo es —responde Alix, todavía intentando contener la risa—. Miren, incluso ignorando el hecho de que definitivamente no soy mágica de ninguna manera, las cuentas no cuadran. Mi mamá no nació sino hasta casi diez años después de cuando dicen que Nana estuvo aquí.
—¿Quién es su padre? —pregunto, necesitando estar completamente seguro.
—No es asunto tuyo, pero era un tipo común y corriente de Ironhill.
Persiguió a Nana durante años hasta que ella aceptó casarse con él y después fueron bastante miserables juntos.
A Nana le gustan los libros y la jardinería, pero mi abuelo era muy aficionado a la caza y no era un tipo especialmente agradable en general.
Nada sorprendente, de hecho. Las mujeres de mi familia tienen pésimo gusto para elegir hombres.
—Y vaya que sí —coincide Odessa, lanzándome una mirada.
Echo la cabeza contra el respaldo del asiento, tan aliviado que no me importa que mi prima me esté insultando. Alix no sabe que Thorne es mi hermano ni que acabo de ver mi vida entera desfilar ante mí, pero todos los demás aquí sí lo saben. Kastian me da una palmada conciliadora en el hombro.
—Necesito un poco aire —murmuro, empujándome para ponerme de pie.
En cuanto me incorporo, siento con claridad el movimiento del tren. Me tambaleo y arrugo la frente, de pronto consciente de la velocidad a la que viajamos. Al volver la vista hacia la ventana, distingo una sombra oscura que pasa velozmente por el cristal.
—¿Qué estás mirando? —pregunta Kastian.
Niego con la cabeza, entrecerrando los ojos para mirar la oscuridad más allá de la ventana.
—Nada… —murmuro—. Pero ¿a qué velocidad crees que vamos?
Kas arruga la frente.
—Ni idea. ¿Por qué?
Alix pone cara de confusión y pega la nariz a la ventana, mirando afuera.
—Ahora que lo mencionas, sí parece que vamos muy rápido. No lo noté porque los trenes de alta velocidad son todos así, pero… ¿no estamos en una locomotora de vapor?
Como si fuera una respuesta, el enorme gato de Alix empieza a arañar el interior de su canasta, emitiendo un sonido más parecido a un aullido que a un maullido.
—Voy a preguntarle al revisor —declaro, abriendo la puerta del compartimento.
De pronto, el tren se sacude con violencia. Tropiezo y extiendo un brazo para sostenerme del marco de la puerta.
—¿Qué diablos…?
Suena un chirrido metálico, como si algo raspara con fuerza, y el vagón vuelve a sacudirse.
Odessa grita; su voz se mezcla con otros alaridos que hacen eco por el pasillo, desde otros compartimentos.
Sin pensarlo y sin intentar averiguar qué está pasando, me lanzo hacia Alix y la cubro con todo mi cuerpo.