Una espina en cada corazón (Encanto 1) Capítulo 1 #3
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Capítulo 1 #3

En el video, mi abuela está sentada detrás de una mesa larga y rectangular, sobre un pequeño escenario.

Incluso con la imagen granulada, se ve hermosa.

Como de sesenta, aunque tiene ochenta y ocho.

Tiene el cabello plateado, largo, recogido en una cola de caballo baja, y una sonrisa amplia y cálida.

La entrevistadora está a su lado, mientras que al fondo mi mamá mira su teléfono.

Alguien da golpecitos al micrófono y la entrevistadora presenta a Isabelle Reading, autora célebre de la novela romántica de fantasía más querida del mundo: Un reino de espinas .

Adelanto diez segundos, demasiado ansiosa para esperar.

—Estoy segura de que le hacen esta pregunta todo el tiempo —empieza la entrevistadora, emocionada—. Pero ¿de dónde sacó la idea para el mundo de Ellender?

—De un sueño —murmuro yo, por costumbre.

Ella soñó con un príncipe bestial en un castillo hecho de rosas y empezó a escribir el libro al día siguiente.

Es una respuesta que conozco bien. Una que he escuchado a Nana dar al menos cien veces, si no es que más.

Pero esta vez no lo hace.

Nana mira al público, entrecerrando los ojos como si las luces brillantes la cegaran. Su amplia sonrisa se desdibuja y levanta una mano para cubrirse los ojos. ¿Se está tambaleando? Después de un largo silencio, la entrevistadora repite la pregunta.

La expresión de Nana se ensombrece.

—Yo lo vi.

La entrevistadora sigue sonriendo.

—Sí, primero vio Ellender en un sueño, ¿cierto?

—No. —La voz de Nana se afila—. Lo vi con mis propios ojos.

Los susurros se propagan entre el público. La entrevistadora pone cara de confusión.

—Bueno, me imagino que debe sentirse real para usted después de tantos años. Han pasado más de cuarenta años desde que publicó su primer libro… ¡toda una vida!

Nana la mira de reojo, pero es como si viera a través de ella; no a ella.

—Era real —dice, con más urgencia esta vez—. Apenas logré escapar.

—Claro —dice la entrevistadora, y su sonrisa se desdibuja mientras intenta recuperar el control de la conversación—. Entonces…

Nana se pone de pie de golpe; su silla rechina al deslizarse hacia atrás en el escenario. Su voz se eleva, presa del pánico.

—Él viene. Ya viene por mí.

En una esquina del encuadre, mamá irrumpe en el escenario. Se inclina y le susurra algo con urgencia a Nana antes de agarrarla del brazo e intentar alejarla del micrófono.

—¡No entiendes! —La voz de Nana se va apagando mientras mamá la arrastra más lejos—. El fuego no lo detendrá para siempre. ¡Las bestias vienen! ¡Él viene!

Cierro el video y me quedo viendo la pantalla negra del teléfono, en un silencio atónito. ¿Qué demonios fue eso?

Siempre supuse que, para ser tan creativa como Nana, había que estar un poco chiflada. Es medio excéntrica, sí, pero nunca pensé que estuviera realmente mal de la cabeza.

Pero ahora, otras cosas raras sobre ella vienen a mi mente.

Como el hecho de que habla de sus personajes ficticios como si fueran personas reales. O que sigue viviendo en Ironhill, Pensilvania, a pesar de la presión de sus vecinos, de la familia y del maldito gobierno de Estados Unidos.

Nana es una de las últimas ocho residentes de un pueblo minero rural en Pensilvania.

Es casi, literalmente, un pueblo fantasma.

Hace décadas, un accidente en la mina provocó un enorme incendio subterráneo que sigue activo hasta hoy.

Vivir ahí es peligrosísimo, pero incluso después de que mi abuelo murió y de que Nana ganó millones con sus libros, se negó a mudarse.

Esa es la casa que mi mamá quiere que vaya a revisar y el hecho de que esté en un pueblo fantasma es, sin duda, la razón por la que ella no quiere ir. Demonios, comparada con mi propia casa ahora mismo, la casa rara y peligrosa de Nana suena como un paraíso…

Espera un momento .

Me incorporo demasiado rápido y me da vueltas la cabeza. La copa se me resbala de los dedos; el vino salpica sobre mis piernas, empapando mi pantalón de mezclilla y mi ropa interior.

—¡Rayos!

Me aparto de la mancha que se expande en la cama y empiezo a caminar de un lado a otro, Desbloqueo mi teléfono con la mano que no tiene vino y, sin pensarlo, llamo a mi mamá.

Contesta al segundo timbrazo.

—¿Bueno?

—H-hola, mamá.

—¿Alixandrea? —Hace una pausa y escucho el chasquido de sus labios—. ¿Estás bien? Suenas… rara.

«Suenas borracha», es lo que quiere decir. «Uff», exclamo para mí misma.

Me aparto un largo rizo castaño de la cara.

—E-estoy bien. Solo quería decirte que cambié de opinión. Con gusto voy a revisar la casa de Nana.

—¿En serio? —Toda la actitud de reproche desaparece de su voz, reemplazada por la misma cantidad de sorpresa que de alivio—. ¿Estás segura?

Cierro los ojos, con la voz aterrada de Nana resonándome en el fondo de mi mente. Él viene . Las bestias vienen .

Tal vez eso debería asustarme, pero no lo hace. Incluso si la casa me vuelve igual de loca que a ella, las «bestias» no pueden ser peores que mi esposo infiel, pronto a ser ex, y mi antigua mejor amiga.

—Estoy completamente segura —digo, y se me escapa el hipo—. Tomaré el primer vuelo a Ironhill mañana por la mañana.