CAPÍTULO 48
La noticia llegó a Perfect Match poco después de las cuatro de la tarde. Juliet fue la primera en leer el correo y tardó exactamente diez segundos en abandonar su despacho.
—Necesito que vengan las dos.
Vivian alzó la vista del informe que estaba revisando.
—Estoy terminando algo.
—Ya no.
Sloane apareció detrás de Juliet.
—¿Nos demandaron?
—¿Por qué siempre asumes lo peor?
—Porque cuando pones esa cara suele haber abogados involucrados.
Juliet ignoró el comentario y dejó el portátil sobre el escritorio de Vivian.
—Lean.
Perfect Match había sido elegida como la mejor empresa de servicios de matchmaking del Medio Oeste.
Vivian leyó el encabezado. El reconocimiento provenía de una de las publicaciones empresariales más importantes del sector y llegaba acompañado de una invitación a la ceremonia anual que se celebraría en Chicago unas semanas más tarde.
—¿Ganamos? —preguntó Sloane.
Juliet sonrió.
—Ganamos.
El grito de Sloane consiguió que dos personas asomaran la cabeza desde el pasillo.
Vivian apenas tuvo tiempo de levantarse antes de encontrarse atrapada entre las dos.
Juliet, que normalmente conservaba cierta dignidad incluso en las celebraciones, terminó abrazándolas mientras Sloane anunciaba que aquello requería champaña y que cualquier argumento relacionado con el horario laboral sería ignorado.
En menos de veinte minutos había una botella abierta en la sala de reuniones, varias personas de pie alrededor de la mesa y una segunda botella enfriándose para celebrar con todo el personal.
Vivian levantó su copa cuando Juliet improvisó un brindis. Debería haberse sentido completamente feliz y lo estaba.
Perfect Match era de ellas. La habían construido y defendido.
Después de Keller, a quien le habían cancelado el contrato sin mayores explicaciones, y de la posibilidad de que alguien utilizara la empresa para fines que no tenían nada que ver con aquello para lo cual había sido creada, el reconocimiento tenía un sabor especialmente satisfactorio.
Vivian miró a Sloane reír con una de las coordinadoras y sintió una oleada de orgullo.
Su primer impulso fue buscar el teléfono y escribirle a Chase.
Quería contárselo y escuchar la manera segura en que él le diría que jamás había dudado de que ocurriría.
Quería discutirle que no podía saberlo, que existían otras empresas excelentes, y verlo encontrar algún argumento absurdo para demostrar que, naturalmente, él tenía razón.
Desde que Chase había entrado en su vida, se había convertido en la persona a la que quería contarle las cosas pequeñas antes incluso de decidir que eran importantes. También las grandes.
Vivian bloqueó el teléfono.
—¿Qué haces?
Levantó la cabeza. Sloane la observaba desde el otro lado de la mesa.
—Nada.
—Estabas escribiendo.
—Sí, a mi padre y a Clara —mintió.
La celebración continuó. A las seis y media, cuando el último empleado salió y Juliet empezó a recoger las copas, Vivian regresó a su despacho. Se sentó, abrió el correo del reconocimiento otra vez y sintió exactamente la misma necesidad.
Tomó el teléfono. Esta vez escribió antes de pensarlo demasiado.
Hoy Perfect Match fue elegida como la mejor empresa de matchmaking del Medio Oeste.
Vivian vio aparecer los tres puntos casi de inmediato.
¿Me estás diciendo que finalmente reconocieron lo que yo llevo meses sabiendo?
Una sonrisa le tiró de los labios.
¿Y qué llevas meses sabiendo tú?
Que Perfect Match es la mejor.
Vivian soltó una risa baja.
Estamos felices. Sloane abrió champaña a las cuatro de la tarde y Juliet fingió durante unos cinco minutos que aquello le parecía poco profesional.
¿Y tú ? ¿Estás feliz?
Vivian se quedó mirando la pregunta. La sonrisa se le suavizó.
Mucho.
Bien.
Chase no dijo nada más. Vivian dejó el teléfono sobre el escritorio y esperó.
Volvió a revisar el correo y contestó dos mensajes.
Cinco minutos después miró el teléfono: no había más mensajes y aquello empezó a molestarla de una manera completamente irracional.
Chase llevaba días buscando cualquier excusa para hablar con ella, y justo cuando era Vivian quien había iniciado la conversación, decidía descubrir las virtudes de la moderación.
Aguantó otros tres minutos.
¿Eso es todo?
Chase respondió tan rápido que Vivian sospechó que él había tenido el móvil en la mano todo el tiempo.
Estoy intentando respetar tus límites y, para serte sincero, resulta agotador.
Vivian sonrió.
Sobrevivirás .
Ella negó con la cabeza y entonces apareció otro mensaje.
Si me das permiso para saltarme uno de tus límites durante treinta segundos, tengo varias cosas que decir sobre lo orgulloso que estoy de ti.
Vivian leyó la frase lentamente y algo cálido se instaló en su pecho. No necesitaba que Chase estuviera orgulloso de ella, pero había querido que lo estuviera y reconocer la diferencia resultó incómodamente revelador.
Treinta segundos.
El aparato sonó. Vivian lo miró sorprendida. Era Chase. Contestó.
—Eso no era lo que quería decir.
La risa de él llegó al otro lado. Hacía días que no escuchaba su voz por teléfono y la familiaridad del sonido produjo un efecto inmediato.
—Demasiado tarde. El reloj está corriendo.
—Entonces estás desperdiciando tus treinta segundos.
—Estoy orgulloso de ti.
Vivian guardó silencio. La voz de él perdió el humor.
—Mucho. Sé cuánto significa esa empresa para ti y cuánto has trabajado para construirla. Después de todo lo que ha pasado, que hoy alguien reconozca lo que ustedes tres hicieron tiene que sentirse especialmente bien.
Vivian bajó la mirada hacia el correo abierto en la pantalla.
—Se siente bien.
—Te lo mereces.
La sinceridad de sus palabras le calentó el corazón. Entonces comprendió cuánto había extrañado su voz.
—Gracias.
—Se acabaron mis treinta segundos.
Ella sonrió.
—Fueron más.
Vivian giró la silla hacia las ventanas.
La conversación podría haber terminado allí; en cambio, hablaron de la ceremonia que se celebraría en el Grand Ballroom de The Peninsula Chicago.
Chase le contó algo de su día y, sin que Vivian supiera exactamente cuándo ocurrió, dejaron de medir la conversación.
Cuarenta minutos después miró el reloj. Aquello se parecía demasiado a antes y lo había extrañado muchísimo.
—Tengo que irme —dijo finalmente.
Hubo una pausa. Vivian esperó que Chase añadiera algo.
—Buenas noches, Vivi.
—Buenas noches.
Colgó. El mensaje llegó cuando Vivian estaba recogiendo el bolso.
Una copa mañana.
Lo miró. Sonrió ante la pantalla.
Eso ha sonado a orden.
Puedo añadir signos de interrogación si mejoran mis posibilidades.
No las mejoran.
Entonces me ahorraré la puntuación. Insisto: una copa.
Vivian pensó en la caminata de unos días atrás, en todo lo que había sentido teniéndolo cerca y en lo fácil que acababa de resultar hablar con él durante cuarenta minutos. Esta vez no quería decirle que no.
Una, y no significa nada.
Chase respondió de inmediato.
Por supuesto.
Vivian entrecerró los ojos. Conocía demasiado bien a ese hombre.
¿Dónde?
Chase le envió el nombre del hotel. Vivian reconoció, en cuanto lo leyó, la cadena del bar del hotel de Nueva York. Se quedó mirando la pantalla.
¿El bar del hotel?
El bar del hotel.
Chase Mercer…
Hasta mañana, Vivi.
Vivian negó con la cabeza, pero seguía sonriendo.