Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 44
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CAPÍTULO 44

A la mañana siguiente, antes de que amaneciera por completo, el impacto de los guantes contra el cuero retumbó en el gimnasio subterráneo.

Chase no había dormido. Regresó a su casa después de que Vivian le cerrara la puerta, pero fue incapaz de permanecer allí con el recuerdo de su voz repitiéndole que todo había terminado.

El saco osciló bajo otro golpe. Chase siguió atacándolo, con la camiseta pegada a la espalda y los guantes empezando a aflojarse.

—Vas a romperte una mano.

La voz de Marcus llegó desde el otro lado del cuadrilátero. Chase lanzó dos golpes más antes de volverse.

—Entonces procura encontrar las respuestas antes de que eso ocurra.

Marcus subió al ring y detuvo el saco con ambas manos. Llevaba ropa deportiva, aunque todavía no había empezado a entrenar.

—Mi equipo lleva desde ayer siguiéndole el rastro a cada persona que conocía la reunión con Harrington.

Tú llevas ese mismo tiempo hablando conmigo únicamente para pedir resultados.

—Dirigió la mirada hacia la mancha oscura que empezaba a extenderse sobre el cuero de uno de los guantes—. Quítate los guantes.

—Todavía no he terminado.

—Sí, Chase. Terminaste hace media hora. Ahora solo estás intentando hacerte daño sin tener que admitirlo.

Necesitaba el jodido dolor, quiso decirle; en cambio, Chase le sostuvo los ojos, tentado de ordenarle que se apartara. Marcus no trabajaba para él y lo conocía desde mucho antes de que su nombre bastara para conseguir obediencia. No se movió.

Chase se arrancó uno de los guantes con los dientes y lo lanzó sobre la banca.

—Vivian terminó conmigo.

Marcus bajó despacio las manos del saco.

—¿Qué hiciste?

La pregunta consiguió que Chase soltara una risa amarga.

—Me alegra saber que empezamos por concederle a ella el beneficio de la duda.

—Hace días me dijiste que estabas enamorado. Hoy pareces dispuesto a demoler el gimnasio. No necesito una investigación para saber que hiciste algo.

Chase se quitó el otro guante. Tenía la venda izquierda manchada de sangre y la piel le ardía debajo, pero agradeció el dolor. Era simple. Podía localizarlo.

—Keller es cliente de Perfect Match —dijo mientras se sentaba en la banca—. Cliente de Vivian. Llevaban semanas reuniéndose y ella me lo ocultó, incluso después de saber quién era para mí.

La cara de Marcus perdió cualquier rastro de ironía cuando Chase le habló del informe que Phillip había llevado a su oficina.

—Eso explica lo que ocurrió en la premiación.

Chase levantó la cabeza.

—¿Qué cosa?

—La forma en que Keller la miró y tu reacción cuando los encontraste hablando. —Marcus tomó asiento frente a él, apoyando los antebrazos sobre las piernas—. Continúa…

—Vivian sabía dónde sería la reunión y Keller le escribió mientras yo estaba en su casa —concluyó Chase, fijando la vista en el suelo—. Cuando la confronté, admitió que me había ocultado quién era su cliente.

Marcus guardó silencio antes de apoyarse en las cuerdas del cuadrilátero.

—Nada de lo que Daniel y mi equipo hemos encontrado conecta a Vivian con el contacto que recibió Harrington —dijo finalmente—. Conocía el lugar, sí, pero también lo conocían Harrington y las personas de su entorno. Estás convirtiendo la parte que te ocultó en una prueba de algo mucho más grave.

—Las horas encajan, Marcus.

—Las horas demuestran cuándo ocurrieron las cosas. Todavía no demuestran quién habló.

Marcus tomó una de las botellas de agua y se la tendió.

—¿Qué prueba tienes de que Vivian le entregó la información?

—Era la única persona fuera de Mercer que conocía el lugar.

—Harrington lo conocía.

—No juegues conmigo, Marcus.

—No lo estoy haciendo. —Marcus dejó la botella a su lado al ver que no la aceptaba—.

Dos equipos conocían esa reunión. El de Mercer y el de Harrington.

Daniel descartó una salida de los servidores de Mercer, pero todavía está revisando llamadas y accesos de ambos lados.

Hasta que termine, solo tienes una coincidencia y un informe que Phillip puso oportunamente sobre tu escritorio.

—Vivian me mintió.

—Te ocultó que Keller era su cliente. Eso fue una estupidez y tienes derecho a estar furioso. Afirmar que vendió información de Mercer exige algo más.

Chase se puso de pie. La banca rechinó contra el suelo.

—¿Qué decía el correo?

Chase guardó silencio. Su amigo lo estudió.

—No lo viste.

—Vivian puso el teléfono delante de mí y me dijo que lo revisara.

—¿Y tú preferiste no hacerlo?

La pregunta le provocó un nuevo impulso de rabia.

—No iba a registrar sus mensajes como un marido celoso.

—Pero sí estabas dispuesto a acusarla de traición sin leer el correo que ofrecía enseñarte.

Chase avanzó hacia él. Marcus se levantó, aunque no adoptó una postura defensiva.

—Mide bien lo que vas a decirme.

—Lo estoy midiendo desde que entré —respondió Marcus, sosteniéndole la mirada—. Si hubieras abierto ese mensaje y no hubieras encontrado nada, habrías tenido que considerar la posibilidad de estar equivocado. Era más fácil marcharte creyendo que Vivian era otra Sabrina.

El nombre cayó como si el saco que acababa de golpear le hubiera devuelto el golpe.

—No sabes de lo que hablas.

—Sé lo que te ocurre cuando te sientes acorralado. Empiezas buscando explicaciones y terminas reuniendo todo lo que confirme aquello que ya decidiste creer.

Chase volvió la cara. Sobre una de las paredes, el espejo le devolvió una imagen que apenas reconoció: los ojos enrojecidos por el cansancio y las manos lastimadas colgando junto al cuerpo.

Cerró los dedos y el dolor de los nudillos le subió por el brazo.

—Ella sabía lo que Keller me había hecho y siguió viéndolo.

Marcus asintió con lentitud.

—Eso tendrán que resolverlo si alguna vez vuelve a hablarte, pero su silencio no demuestra que filtrara la reunión.

—No va a hablarme.

La certeza con la que lo dijo hizo que Marcus guardara silencio.

—¿Qué le dijiste?

Chase sintió otra vez la misma rabia y frustración que había llevado al apartamento de Vivian.

—Le recordé que Sabrina dormía conmigo mientras se acostaba con Keller.

Marcus cerró los ojos y dejó escapar el aire por la nariz.

—Jesús, Chase.

—No necesito que me digas que fue un gran error. Lo supe en cuanto vi su cara.

—Y aun así te marchaste.

—Ella me echó y terminó conmigo.

Marcus tomó la toalla abandonada sobre la banca y se la lanzó al pecho.

—Yo habría hecho lo mismo.

Chase atrapó la tela y permaneció callado. La rabia seguía allí, pero ya no conseguía protegerlo de la imagen de Vivian sujetando el picaporte con las lágrimas corriéndole por el rostro.

—Phillip sabía exactamente qué mostrarme —admitió al fin—. Keller y las horas.

—Por eso estoy revisando sus movimientos —dijo Marcus, bajando la voz—. El seguimiento a Keller pudo ser legítimo, pero quiero saber quién lo ordenó y qué cojones tiene que ver Phillip en todo esto. También estamos verificando cada contacto alrededor de Harrington.

Chase se pasó la toalla por la cara.

—¿Has encontrado algo?

—Varias cosas que no me gustan y ninguna que pueda demostrar todavía. Dame dos días más.

—No pienso acercarme a Vivian mientras exista una duda.

—Hazle ese favor —replicó Marcus—. Después de lo que le dijiste, presentarte sin haber aclarado lo ocurrido solo serviría para herirla otra vez.

Chase lo miró con dureza, pero esta vez no encontró fuerzas para discutir.

Recogió los guantes y caminó hacia los vestidores.

Había llegado al gimnasio intentando convencerse de que su reacción había sido inevitable, de que cualquier hombre habría unido las mismas piezas y llegado a la misma conclusión.

Ahora debía convivir con una posibilidad mucho más difícil de soportar.

Tal vez Phillip no le había entregado una prueba; a lo mejor le había entregado un arma y Chase había elegido contra quién utilizarla.

• • •

Vivian llegó a Perfect Match antes de las siete. Había pasado buena parte de la noche en el sofá porque entrar en el dormitorio significaba encontrarse con la camisa de Chase en uno de los cajones y su maquinilla junto al lavabo.

Sloane y Juliet la esperaban en su despacho. El mensaje que les envió cerca de la medianoche decía:

Chase y yo terminamos. Necesito hablar con ustedes antes de abrir.

Juliet se levantó en cuanto la vio y la abrazó. Vivian cerró los ojos contra su hombro. Había conseguido llegar hasta allí sin llorar, pero el afecto de su amiga abrió la herida.

—Cuéntanos qué ocurrió —pidió Sloane cuando las tres se sentaron.

Vivian apretó las manos sobre el regazo.

—Todo empezó con Keller.

Las dos la miraron.

—¿Qué tiene que ver Adrian con Chase? —preguntó Juliet.

—Es el hombre con quien Sabrina lo engañó. También estaba involucrado en una negociación que Chase abandonó hace dos años.

Sloane tardó unos segundos en reaccionar.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde la noche de la gala de premios. Chase me lo contó después de encontrarnos hablando con él. A la mañana siguiente te pedí que asumieras su expediente, pero no te expliqué la verdadera razón.

—Y cuando Keller se negó a continuar conmigo, aceptaste seguir atendiéndolo —recordó Sloane; la sorpresa había endurecido su voz—. ¿Chase lo sabía?

Vivian negó con la cabeza.

—Creí que podía mantener el proceso de Keller separado de mi relación con él. Me equivoqué.

No intentó defenderse. Había repetido esas palabras durante toda la noche y seguían siendo insuficientes.

—Phillip, su tío, descubrió que Keller era cliente de la agencia —continuó—.

Le entregó a Chase un informe con las fechas de nuestras reuniones y la hora del correo que Keller me envió mientras Chase estaba en mi apartamento.

Como la gente del consorcio conoció la reunión con Harrington y después consiguió el nombre del hotel, Chase pensó que la información había salido de mí.

Juliet frunció el ceño.

—¿Le mostraste el correo?

—Le entregué mi teléfono. Podía revisar mis mensajes y las llamadas. No quiso mirarlo.

Las lágrimas le llenaron los ojos antes de que pudiera contenerlas. Vivian apartó el rostro, molesta consigo misma, pero Juliet ya le había tomado una mano.

—Le juré que no había dicho nada —añadió con la voz quebrada—. Me miró como si quisiera creerme y no pudiera. Después me comparó con Sabrina.

Sloane dejó escapar una maldición y se levantó. Caminó hasta el ventanal, furiosa, antes de volverse.

—Cometiste un error al ocultarle lo de Keller. Eso no le daba derecho a acusarte de vender información de su empresa.

—Lo sé. También sé por qué tuvo miedo. —Vivian se secó una lágrima, aunque otra ocupó su lugar—. Lo que no puedo aceptar es que decidiera castigarme por lo que hizo otra mujer.

Juliet apretó sus dedos.

—¿Cómo terminó la discusión?

Vivian tragó saliva. Esa era la parte que todavía no sabía recordar sin sentir que algo se le desgarraba por dentro.

—Me dijo que estaba enamorado de mí, el peor momento para decirlo, y después terminé la relación.

El despacho quedó en silencio.

—Dios, Vivian —murmuró Juliet antes de volver a abrazarla.

Vivian apoyó la frente en su hombro y permitió que las lágrimas cayeran. Amaba a Chase. Habría dado cualquier cosa por impedir que el miedo de él los llevara hasta allí, pero no podía construir una relación con un hombre que necesitaba pruebas para aceptar su palabra.

—No quiero que lo conviertan en un monstruo —dijo cuando logró separarse—. Está herido y actuó desde el peor lugar posible. Aun así, quiso hacerme daño y lo consiguió.

Sloane regresó hasta ellas. La rabia seguía visible en su semblante, aunque su voz se suavizó.

—Puedes entenderlo y seguir negándote a aceptar lo que hizo. Una cosa no borra la otra.

Vivian asintió. Juliet le acercó la caja de pañuelos y esperó a que se limpiara el rostro antes de volver al asunto que también comprometía a la agencia.

—Phillip obtuvo información sobre nuestras reuniones con demasiada facilidad. Necesitamos averiguar de dónde salió.

—Y por qué Keller insistió en trabajar contigo —añadió Sloane—. Apenas habían tenido cuatro citas profesionales cuando se negó a que yo asumiera su proceso.

Vivian miró a sus socias.

—No quiero cancelar su contrato todavía.

Sloane comprendió enseguida.

—Si lo hacemos, cerrará cualquier vía para descubrir qué buscaba.

Juliet se levantó y caminó hasta el escritorio.

—Podríamos darle información que solo exista para él. Si llega a Mercer, sabremos quién está conectado.

—Tiene que parecer un rumor externo —dijo Vivian—. Perfect Match no maneja información corporativa y Keller desconfiaría si aparecemos con detalles sobre Mercer.

Juliet tomó su teléfono.

—Puedo hablar con Julián Vance; se reúnen dos veces a la semana a jugar pádel. Si deja caer algún comentario durante el juego, el rumor llegará a Keller sin pasar por nosotras.

—Después necesitará confirmarlo —señaló Sloane.

Las dos volvieron la mirada hacia Vivian. Keller ya debía saber que ella y Chase habían terminado. Cuando se reunieran, esperaría encontrar a una mujer humillada y furiosa. Por desgracia, esa parte no tendría que interpretarla.

—Yo me ocuparé de la confirmación —decidió—. Mantendré la cita y dejaré que crea que mi resentimiento me hizo hablar más de la cuenta.

—Necesitamos una información falsa que Phillip no pueda ignorar —dijo Juliet mientras desbloqueaba el teléfono—. Algo capaz de obligarlo a moverse.

Vivian se puso de pie. Tenía los ojos hinchados y seguía sintiendo la ausencia de Chase como un dolor físico, pero Keller había llevado su guerra hasta la empresa que ellas construyeron.

—Entonces busquemos algo que los dos estén deseando creer —dijo—. Y esperemos a ver quién se delata primero.