Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 43
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CAPÍTULO 43

El timbre sonó dos veces. Vivian dejó sobre la isla las verduras que había picado para la cena, por si a Chase se le ocurría aparecer, y caminó hacia la entrada.

Había pasado el día esperando sus noticias.

Después del mensaje enviado desde el Langham, todas sus llamadas terminaron en el buzón de voz.

Abrió la puerta y la inquietud que llevaba horas acompañándola adquirió una forma concreta. Chase conservaba el traje de la mañana y llevaba la corbata metida en un bolsillo de la chaqueta. El cansancio le marcaba el rostro, pero fue su manera de mirarla lo que la dejó inmóvil.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Vivian, extendiendo una mano hacia él—. Llevo toda la tarde intentando hablar contigo.

Chase esquivó el contacto y entró en el apartamento. Vivian cerró despacio. Aquel movimiento deliberado para evitar que lo tocara la puso en guardia.

—Harrington no apareció —soltó él mientras sacaba varias hojas dobladas del bolsillo interior de la chaqueta—. Alguien relacionado con el consorcio de Keller se comunicó con él y la reunión se canceló.

—¿Cómo se enteraron?

Chase lanzó los papeles sobre la isla. Algunas páginas resbalaron por el mármol y cayeron al suelo.

—Quizá puedas explicármelo tú.

La acusación estaba en sus manos cerradas junto a los costados y en el esfuerzo visible que hacía para contenerse.

—¿Qué significa eso?

—Significa que Adrian Keller es cliente de Perfect Match. —La voz de Chase se quebró bajo la rabia—. Tu cliente.

La frase le vació el aire. Un escalofrío la recorrió entera mientras bajaba la mirada hacia las hojas dispersas y reconoció las fechas de sus reuniones, junto a varias fotografías de Keller entrando al edificio de la agencia.

—Sí —admitió—. Está en mi cartera de clientes.

Chase soltó una risa amarga y se pasó una mano por la boca.

—Mírame.

Vivian levantó los ojos.

—En la cena de premios dijiste que no lo conocías —continuó él—. Lo hiciste mientras Keller te observaba con la seguridad de un hombre que ya llevaba semanas reuniéndose contigo.

—Estábamos rodeados de personas. Keller acababa de recordarme que su proceso era confidencial y yo no podía revelar que trabajaba con la agencia.

—Siempre tienes una razón para justificarte.

El desprecio de la frase le encendió la sangre.

—¡Tengo una obligación profesional! —La voz se le elevó, traicionando los nervios.

—¿Y conmigo qué tenías? —Chase apoyó ambas manos sobre la isla y se inclinó hacia ella—. Saliste de aquella gala conmigo y me escuchaste hablar del hombre que casi destruyó mi carrera. Aun así, decidiste guardar silencio.

—Intenté decírtelo esa misma noche. Empecé a explicar por qué se había acercado y me interrumpiste. Estabas tan cegado por el odio que dejaste de escucharme. Después tuve miedo de volver a intentarlo.

Vivian quiso acercarse, pero Chase dio un paso atrás.

—¡Tuviste una semana! —La palma de su mano golpeó la isla y una copa se estremeció cerca del fregadero—. ¿En qué maldito momento pensabas contármelo?

Vivian soportó cada palabra sin apartar los ojos.

—A la mañana siguiente de la cena pedí que Sloane se hiciera cargo de su proceso.

Keller se negó a trabajar con otra persona y yo revisé sus antecedentes.

Todo estaba en orden. Me convencí de que podía separar el trabajo de nuestra relación.

No podía arriesgar más la empresa después de lo ocurrido con Elena.

Chase tomó una de las páginas y la sostuvo entre los dos.

—Keller te escribió anoche a las diez treinta y nueve. Diecisiete minutos después, su consorcio sabía que Mercer intentaba reunirse con Harrington. Esta mañana consiguieron el nombre del hotel apenas salí de tu apartamento.

Vivian reconoció la hora. Había visto la notificación durante la cena y le había contestado mientras Chase recogía los platos.

—Era un mensaje sobre su proceso. Puedo enseñártelo.

Sacó el teléfono y lo dejó frente a él.

—¡Revísalo! Mira cuándo abrí el correo, qué respondí, mis llamadas y cada mensaje que he intercambiado con Keller.

Chase ni siquiera bajó la vista.

—No pienso registrar tus cosas para averiguar si la mujer que duerme conmigo volvió a convertirme en el último imbécil de la habitación.

La comparación la hizo retroceder.

—¡Entonces mírame y pregúntame!

Chase apretó la página hasta arrugarla entre los dedos. La angustia en su rostro le rompió el corazón a Vivian.

—¿Le dijiste algo sobre Harrington?

—Nada. Keller jamás escuchó ese nombre de mí.

Vivian sostuvo sus ojos, esperando que su palabra bastara. La duda en su expresión fue suficiente.

—No me crees —murmuró.

—¡No sé qué demonios creer! —Lanzó la hoja sobre la isla y se apartó—. Esta mañana mi padre me preguntó quién conocía la reunión y tuve que darle tu nombre. Horas después descubrí que llevabas semanas viendo a Keller y que me mentiste delante de él.

—Protegí la confidencialidad de un cliente durante un evento público. Debí insistir en apartarme cuando Keller rechazó trabajar con Sloane. Debí hablar con mis socias y encontrar otra solución.

Había cometido un error terrible. Vivian lo comprendió al ver la decepción debajo de la rabia de Chase. Las lágrimas empezaron a correrle por las mejillas mientras se acercaba.

—Me equivoqué, Chase, pero nunca elegí a Keller por encima de ti.

Él retrocedió antes de que pudiera tocarlo.

—Entonces explícame por qué fui el último en enterarme.

—Porque sabía lo que ese hombre significaba para ti y tuve miedo de que vieras una traición donde había una decisión equivocada.

Fui posponiendo la conversación hasta conseguir que todo pareciera exactamente lo que temía.

—Vivian respiró con dificultad, tratando de contener el llanto—. Keller nunca tuvo mi lealtad. Tú sí.

El rostro de Chase se cerró de golpe.

—Sabrina también tenía explicaciones. Yo defendí cada coincidencia hasta que Keller conoció nuestros movimientos y los encontré juntos.

—No puedes seguir mirándome a través de lo que ella te hizo.

—¡Entonces no debiste ocultarme al mismo hombre que se acostaba con ella!

El grito dejó a Vivian inmóvil. Chase respiró con fuerza y se pasó una mano por el cabello. La furia le había borrado el cansancio del rostro, pero el dolor continuaba allí.

—Me enamoré de ti —dijo de pronto, con la voz áspera—.

Anoche estaba en esta cocina pensando que por fin había encontrado a una mujer a la que podía confiarle mi vida.

Esta mañana salí de tu cama creyendo que contigo podía bajar la guardia.

Ahora tengo que preguntarme si volví a cometer el mismo error.

Vivian trató de acercarse, pero el gesto de Chase la dejó en su lugar.

—Te dejé entrar en mi casa y en una vida que había construido para no necesitar a nadie. —La confesión de Vivian le salió entre lágrimas—. Puedo aceptar que estés furioso porque te oculté a Keller. Lo que me está destrozando es que me mires y veas a otra mujer.

—Sabrina dormía conmigo mientras se acostaba con él.

Vivian sintió que la frase le atravesaba el pecho. Chase comprendió de inmediato hasta dónde había llegado, pero ella levantó una mano antes de que intentara corregirse.

—Acabas de ponerme en la misma cama que ella.

—Vivian, yo no quise decir…

—Sí quisiste. —Se pasó el dorso de la mano por las mejillas—. Viniste dispuesto a castigarme por lo que Sabrina te hizo. Phillip necesitó unas cuantas páginas para convencerte de que el amor que dices sentir por mí no vale la pena.

—Necesito tiempo para averiguar qué ocurrió. ¡Me mentiste!

—Y yo necesitaba que me conocieras lo suficiente para escucharme antes de verme como una traidora.

Chase miró el teléfono que continuaba entre ellos. Pareció dispuesto a tomarlo, pero Vivian ya había comprendido que cualquier prueba llegaría demasiado tarde.

Caminó hasta la entrada y abrió la puerta.

—Vivi…

—No me llames así —pidió, sujetando el picaporte para esconder el temblor de su mano—. Vivi confió en ti desde la primera noche, incluso cuando tuvo miedo. Yo volví a hacerlo y esta vez me quedé.

Chase permaneció inmóvil en medio de la sala.

—Se acabó lo nuestro —dijo Vivian, y pronunciarlo le produjo un dolor físico—.

Te entregué mi confianza y, en cuanto sentiste miedo, me convertiste en tu enemiga.

Cometí un maldito error y no sabes cuánto lo lamento; lo único que quería era protegerte de ese odio que no te deja respirar cuando de Sabrina y Keller se trata.

Él se abotonó la chaqueta sin apartar los ojos de ella. Al pasar a su lado se detuvo, pero Vivian sostuvo la puerta abierta.

Chase salió y ella cerró antes de que llegara al ascensor.

Durante varios segundos no hizo nada. Ni siquiera respiró con normalidad. Tenía una mano todavía cerrada junto al cuerpo y la otra apoyada contra la puerta, como si necesitara sujetarse de algo sólido mientras el resto del apartamento parecía haberse desplazado bajo sus pies.

Las palabras de Chase, frías y definitivas, le atravesaron el alma.

Vivian tragó saliva y pasó el cerrojo con dedos que le temblaron antes de dejar caer la mano.

Al girarse, encontró los rastros de él por todas partes.

El primer sollozo le salió sin permiso. Vivian se llevó una mano a la boca, furiosa consigo misma, pero ya era demasiado tarde. Las lágrimas comenzaron a caer y tuvo que apoyarse otra vez en la puerta hasta recuperar el aire. Ella le había dado una razón para dudar, por culpa del maldito de Keller.

Vivian apretó los párpados. Debió decírselo desde el principio. Había creído que podía manejarlo sola y mantener separado a un cliente de Perfect Match de la guerra privada de Chase Mercer.

Había sido un grave error, pero no era una traición. Se limpió las mejillas con ambas manos y respiró profundamente. No iba a permitir que Chase convirtiera una mala decisión suya en algo que jamás había hecho.

Mucho menos iba a permitir que Adrian Keller utilizara Perfect Match para destruir la reputación que ella, Sloane y Juliet habían tardado años en construir.

Chase Mercer podía creer lo que quisiera.

Ella iba a descubrir qué demonios estaba haciendo Keller dentro de Perfect Match y, cuando terminara, nadie volvería a utilizar su empresa para jugar una guerra que no le pertenecía.