Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 42
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CAPÍTULO 42

A las seis y cuarenta y cinco, Chase entró al Langham por el acceso lateral.

Había dejado el automóvil media cuadra atrás y llegó solo, como Harrington había exigido.

Después de perder una de las licitaciones más importantes del año por un margen demasiado preciso, habría aceptado condiciones bastante peores con tal de conseguir una revisión.

El vestíbulo comenzaba a despertar. Dos empleados organizaban una estación de café cerca de los salones privados y algunos huéspedes cruzaban hacia la recepción arrastrando maletas. Chase comprobó la hora antes de entrar al ascensor.

Harrington había confirmado a las seis y cuarto. Las puertas empezaban a cerrarse cuando recibió un mensaje de Daniel Bell.

Necesito hablar contigo antes de que subas. Llámame.

Marcó de inmediato.

—Dime que no canceló.

La respiración de Daniel llegó antes que sus palabras.

—Su asistente me llamó hace tres minutos. Harrington no va a presentarse y se negó a explicar el motivo. A las seis y cuarto todavía estaba confirmado, así que algo cambió después.

Chase pulsó el botón del piso siguiente. El ascensor continuó subiendo antes de detenerse.

—Esta reunión no estaba en ninguna agenda y nunca se mencionó por correo. Si hace media hora estaba dispuesto a verme y ahora ni siquiera contesta el teléfono, alguien llegó hasta él.

—Eso parece. Hablé con Marcus; ya está revisando los movimientos del entorno de Keller y las comunicaciones de las personas que conocían el encuentro. Te llamaré en cuanto tengamos algo verificable.

Cortó la llamada y guardó el teléfono. La reunión con Harrington había sido una posibilidad remota frente al tamaño de la operación, pero era lo único que tenían. Alguien se había ocupado de cerrarla minutos antes de que Chase llegara.

El teléfono vibró de nuevo.

Espero que el café del Langham sea mejor que el mío. Suerte.

La tensión cedió al imaginar a Vivian todavía en la cama. Había abierto los ojos cuando él se levantó, después caminó descalza hasta la cocina para prepararle café. Chase había salido de su apartamento con el sabor de su boca todavía presente.

Después te cuento.

Guardó el teléfono y regresó al ascensor.

• • •

A las once y veinte, la sala de reuniones de Mercer mostraba el desgaste de toda la mañana. Había vasos vacíos junto a los expedientes de la licitación y dos cafeteras sobre el aparador. William permanecía de pie cerca de la ventana mientras Daniel terminaba una llamada.

Chase llevaba horas pasando de una oficina a otra. Se detuvo detrás de una silla cuando el abogado dejó el teléfono sobre la mesa.

—La llamada de las seis veintidós salió de una consultora contratada por el consorcio de Keller —informó Daniel—.

El mismo número intentó comunicarse con Harrington ayer por la tarde, antes de que aceptara verte.

Esta mañana hablaron durante nueve minutos.

Doce minutos después, su asistente canceló la reunión.

William se apartó de la ventana.

—Entonces sabían que Harrington estaba dispuesto a escuchar a Mercer.

—Como mínimo —respondió Chase, apoyando ambas manos en el respaldo de la silla—. Con eso bastaba para amenazarlo o prometerle algo. Todavía no demuestra que conocieran el lugar ni la hora.

Daniel tomó una de las hojas que tenía delante.

—Hay algo más. Una fuente de Croft dentro del consorcio envió una copia de un mensaje interno. Se escribió anoche a las diez cincuenta y seis. Menciona a Harrington y una reunión con Mercer prevista para esta mañana.

Chase levantó la cabeza.

—¿A las diez cincuenta y seis?

—Sí. La hora y el lugar del encuentro se acordaron a las ocho cuarenta y siete. Quien escribió el mensaje conocía al menos una parte del acuerdo dos horas después.

William se acercó a la mesa. Mantuvo la voz serena, aunque la preocupación le había endurecido el rostro.

—¿Quiénes lo sabían?

—Daniel, tú, los abogados asignados al recurso y yo. Del otro lado, Harrington y su asistente.

—¿Se lo dijiste a alguien fuera de ese grupo?

Chase sintió el primer tirón de inquietud antes de que la imagen apareciera completa: Vivian apoyada en la isla de su cocina, una copa de vino entre los dedos, escuchándolo hablar del Langham.

Se enderezó.

—A Vivian. La llamé cuando salí de aquí y le expliqué por qué tendría que cancelar nuestra cena. Después fui a su apartamento y me quedé con ella.

Daniel bajó la vista hacia los documentos. William permaneció inmóvil.

—Vivian está fuera de nuestros negocios —dijo finalmente—. Hasta que seguridad termine la revisión, no sirve de nada llenar los vacíos con suposiciones.

Aquellas palabras no consiguieron aliviar la presión del nudo que empezaba a formarse en su estómago.

—Ella no tendría ningún motivo para hablar de esto con Keller.

—Entonces no lo hizo. —William miró a su hijo a los ojos—. Averiguaremos quién tuvo acceso antes de acusar a nadie.

Chase asintió, aunque el recuerdo de la cena de premios ya había regresado. Keller frente a Vivian. La confianza con la que se dirigió a ella.

No lo conozco.

Había querido creerle y, hasta ese momento, lo había hecho.

William indicó a Daniel que continuara con la revisión. Chase permaneció junto a la mesa, mirando el mensaje de Vivian en la pantalla de su teléfono sin abrirlo otra vez.

• • •

Phillip apareció en su despacho poco después del mediodía, en cuanto Chase se quedó solo.

Entró sin anunciarse, con un dosier de cuero bajo el brazo y un gesto que Chase conocía demasiado bien. Phillip fingía pesar cada vez que estaba a punto de disfrutar una desgracia ajena.

—Daniel Bell lleva toda la mañana entrando y saliendo de tu oficina y seguridad pidió acceso a los registros de la planta ejecutiva —dijo después de cerrar la puerta—. Supongo que tenemos un nuevo problema entre manos.

Chase permaneció de pie detrás del escritorio.

—¿Quién te habló de que hay algún jodido problema?

—Nadie tuvo que hacerlo. Cuando media planta altera su agenda y tu padre se encierra contigo durante horas, resulta bastante evidente que algo salió mal.

La explicación era posible, aunque la rapidez con que Phillip había aparecido le dejó una molestia difícil de ignorar.

—Si viniste a averiguar qué ocurrió, puedes marcharte. No voy a discutir una investigación abierta contigo.

Phillip cruzó el despacho y dejó el informe sobre el escritorio.

—En realidad, vine a entregarte esto. Puede que no tenga relación con lo que están buscando, pero después de ver a Keller acercarse a Vivian durante la gala consideré prudente investigar sus movimientos.

Chase no lo tocó.

—¿Investigar a Keller o a Vivian?

—A Keller. —Phillip se mantuvo firme con una serenidad estudiada—. Quería saber por qué se acercó a la mujer que te acompañaba y si pretendía utilizarla para provocarte. Lo que encontraron explica por qué parecían conocerse.

—¿Qué encontraron?

Phillip apoyó dos dedos sobre la cubierta de cuero y la empujó hacia él.

—Adrian Keller es cliente de Perfect Match y no trabaja con cualquiera de las socias. Pidió específicamente que Vivian dirigiera su búsqueda. ¿Lo sabías?

—Eso no es asunto tuyo —lo interrumpió Chas e ; el golpe le vació el estómago. Chase mantuvo el rostro inmóvil y leyó las primeras líneas del informe—. Keller es un divorciado que busca pareja y ella hace su trabajo. Sigue.

Phillip asintió con un gesto satisfecho que Chase quiso borrarle de un puñetazo.

Chase pasó a la página siguiente. Había fotografías de Keller entrando al edificio de Perfect Match y una relación de fechas.

—Se han reunido cuatro veces. La primera fue antes de tu accidentado viaje a las Bahamas. Después volvieron a verse tres veces más y la última fue la semana pasada.

Chase recorrió las columnas. Los números permanecieron claros incluso cuando la furia empezó a estrecharle la visión.

Adrian y Vivian.

Recordó la forma en que Keller se había acercado a ella durante la cena de premios. La familiaridad disimulada bajo una conversación cortés. Aquella frase que Chase interpretó como una provocación:

No sabía que Vivian venía contigo.

Vivian sí lo conocía; le había mentido mirándolo a los ojos.

También había intentado hablar cuando llegaron a la sala privada. Chase la interrumpió antes de que pudiera explicarse, cegado por el recuerdo de Sabrina y por las ganas de regresar al salón para partirle la cara a Keller.

Después tuvo una semana entera para decírselo.

—La página tres es la que debería preocuparte —añadió Phillip.

Chase levantó la mirada.

—¡Cierra la puta boca!

Su tío apoyó las manos sobre el escritorio y se inclinó hacia él.

—Keller se reunió por primera vez con Vivian semanas antes de que perdiéramos la licitación. Anoche hubo otro contacto entre ellos.

Chase volvió la página.

El informe incluía la cabecera de un correo enviado desde la cuenta privada de Keller a la dirección directa de Vivian. El investigador había conseguido los datos de una fuente dentro de la empresa de Keller. El contenido no aparecía, únicamente el remitente, la destinataria y la hora.

Diez treinta y nueve de la noche.

Chase hizo el cálculo sin proponérselo. Había llamado a Vivian a las nueve y media y llegó a su apartamento poco después de las diez. Mientras él cenaba con ella y le hablaba de la reunión con Harrington, Keller escribía a su correo.

Diecisiete minutos después, alguien dentro del consorcio supo que Harrington estaba dispuesto a escuchar a Mercer.

Phillip observó cómo los ojos de Chase permanecían fijos en la hora.

—No sé qué ocurrió esta mañana —dijo con cautela—, pero si ese revuelo tiene alguna relación con Keller, quizá deberías averiguar qué decía el correo.

Chase levantó la vista despacio.

—¿Qué acabas de insinuar?

Phillip sostuvo sus ojos, aparentando sorpresa ante la violencia contenida en la pregunta.

—Nada. Te entregué un informe y señalé una coincidencia. Tú eres quien conoce lo que ocurrió después.

—No fue una coincidencia lo que señalaste. —Chase cerró el informe de golpe—. Entraste aquí para acusar a Vivian sin tener una sola prueba y esperabas que yo completara el resto por ti.