Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 41
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CAPÍTULO 41

Vivian estaba sentada en la cama con el computador sobre las piernas, evaluando a una de las candidatas de Keller.

A la mañana siguiente de la gala había intentado transferirle el expediente a Sloane, pero Adrian rechazó el cambio.

Lo hizo con suficiente cortesía para que la amenaza quedara apenas insinuada: había solicitado trabajar con Vivian y esperaba que la agencia cumpliera lo acordado.

Si decidían modificar unilateralmente el proceso, sus abogados sabrían cómo interpretar el contrato.

En otro momento, Vivian habría aceptado el riesgo.

Después de Elena, no podía darse ese lujo.

Perfect Match acababa de atravesar una situación demasiado delicada para añadir una disputa contractual con un cliente como Keller.

Buscó cualquier razón objetiva que justificara apartarlo del proceso y volvió a encontrarse con lo mismo: nada que pudiera utilizar sin revelar que el verdadero problema llevaba el nombre de Chase Mercer.

Así que siguió trabajando con él.

Debió contarles a Sloane y Juliet por qué quería apartarse. También debió encontrar una forma de hablar con Chase antes de que el silencio se convirtiera en una mentira todavía mayor.

En cambio, llevaba una semana posponiendo ambas conversaciones.

El teléfono vibró otra vez en su mano.

—¿Sigues trabajando? —preguntó Chase cuando ella respondió.

Habían hablado esa mañana. Él tendría reuniones hasta tarde y habían acordado cenar juntos al día siguiente. Su voz sonaba agotada.

Vivian cerró el computador.

—Llevo veinte minutos leyendo lo mismo. Creo que podemos afirmar que dejé de trabajar hace rato.

La imagen de Chase recorriendo las oficinas de Mercer a aquella hora, todavía vestido con el traje de la mañana y la paciencia reducida al mínimo, le arrancó una sonrisa.

Había pasado tres días en Washington durante aquella semana. Regresó la noche anterior y Vivian fue a su casa y permaneció con él hasta bastante tarde. Esa mañana, antes de que ella saliera, Chase le había dicho que probablemente volvería a quedar atrapado en la oficina.

Aun así, escucharlo conseguía que la distancia de unas cuantas calles le pareciera excesiva. Escuchó cerrarse una puerta al otro lado de la línea y después la campanilla de un ascensor.

—¿Cómo fue el día? —preguntó mientras apartaba los informes.

Hubo una breve pausa. Cuando Chase respondió, el sonido del ascensor había desaparecido.

—Una mierda hasta que escuché tu voz —dijo con un tono más bajo—. Eres la mejor parte de mi jodido día.

El calor le llegó al corazón con una facilidad que todavía la sorprendía. Vivian pasó los dedos por el borde del computador cerrado.

—Siento lo de tu día, pero me gusta ocupar ese puesto.

—Nadie se acerca a disputártelo.

La contestación fue tranquila. Chase parecía limitarse a decir algo que para él ya era indiscutible, y eso la conmovió más de lo que habría conseguido cualquier declaración elaborada.

Vivian apoyó la cabeza contra el cabecero.

—Acabo de salir. Por lo menos una de las reuniones sirvió para algo. Los abogados encontraron una posibilidad para impugnar la licitación de los hospitales.

Vivian se enderezó.

—¿Pueden recuperar el contrato?

—Primero tenemos que detener la adjudicación. Uno de los miembros del comité cuestionó cómo se presentaron las ofertas y aceptó reunirse conmigo. Si conseguimos que registre formalmente sus objeciones, podremos exigir una revisión del proceso.

Chase habló con la firmeza del hombre que ya había examinado cada posibilidad. Vivian conocía lo suficiente su forma de trabajar para imaginar las horas que llevaba encerrado con sus abogados.

—¿Qué falta?

—Convencerlo de que firme. Está dispuesto a escucharnos, pero cuestionar al resto del comité puede costarle caro.

—Entonces comprendo tu preocupación —dijo ella, permitiéndose una sonrisa—. Persuadir a las personas nunca ha sido tu mayor talento. Sueles entrar en una habitación convencido de que todos reconocerán tu superioridad intelectual en cuanto te vean.

La risa baja de Chase alivió parte del cansancio de su voz.

—Funcionó contigo.

—Tú necesitaste una tormenta, una cabaña aislada y algo de alcohol. No conviertas un caso excepcional en prueba de tu encanto.

—Prefiero pensar que mi encanto tuvo alguna participación.

—Fue una contribución modesta. —Ella sonrió contra el aparato—. Estoy protegiéndote de una confianza excesiva antes de una reunión importante.

Chase tardó en contestar.

—Precisamente sobre eso… Tengo que cancelar nuestra cena de mañana.

La sonrisa de Vivian desapareció. Miró la agenda abierta sobre la mesa de noche.

—¿La reunión será por la noche?

—A las siete de la mañana, en el Langham. Si presenta la objeción, pasaré el resto del día con los abogados preparando el recurso y no sé a qué hora terminaré.

Vivian deslizó la mano por la cubierta del computador. Chase había pasado tres días de aquella semana de viaje y habían conseguido verse el día anterior; quién sabe cuándo podrían verse de nuevo.

—Podemos cenar otro día —respondió, procurando que la decepción no se instalara en su voz.

—Sé que podemos. Eso no significa que me guste cancelarte.

La sinceridad de Chase debilitó el malestar antes de que llegara a crecer.

—A mí tampoco me gusta, pero entiendo que tienes que hacerlo. ¿Por qué van a reunirse en un hotel?

—El miembro del comité no quiere entrar en las oficinas de Mercer ni dejarse ver con nuestros abogados. Reservamos una sala privada para mantener la reunión fuera de las agendas. Si la firma ganadora se entera antes de que presente la objeción, puede presionarlo para que se retire.

El pensamiento de Vivian fue inmediatamente hacia Keller.

—¿Crees que Adrian podría enterarse?

Hubo una breve pausa. Pronunciar su nombre con tanta naturalidad había sido un error.

—Keller tiene contactos —contestó Chase, y la frialdad que apareció en su tono borró el momento de ligereza—. No voy a permitir que vuelva a anticiparse a nosotros.

Vivian bajó los ojos. Debía decirle que Keller era cliente de Perfect Match y que al día siguiente volvería a sentarse frente a él.

Sin embargo, Chase ya se preparaba para una reunión capaz de decidir el futuro de la licitación y ella no podía revelar información protegida por la agencia durante una llamada.

Otra postergación. Una más que, al paso que iba, le iba a ocasionar una úlcera estomacal.

—Tengo que cancelar mañana —continuó Chase—, pero quiero verte esta noche. Estoy saliendo del estacionamiento y puedo llegar a tu apartamento en treinta minutos.

Vivian miró el espacio vacío a su lado en la cama.

—Ven. Pediré algo de comer.

—Yo llevo la cena. Tú procura mantenerte despierta hasta que llegue.

La llamada terminó y, casi cuarenta minutos después, sonó el timbre.

Chase apareció con el abrigo abierto sobre el traje oscuro y la corbata floja. Llevaba una bolsa de papel en una mano y una botella de vino en la otra. El cansancio le marcaba el rostro, pero sus facciones se relajaron cuando vio a Vivian.

—Prometiste treinta minutos —le recordó ella mientras se hacía a un lado.

—El restaurante insistió en cocinar la comida antes de entregármela. Intenté explicarles que me esperabas, pero se mantuvieron firmes.

Vivian sonrió y cerró la puerta. Chase dejó lo que llevaba sobre la isla de la cocina y le rodeó la cintura.

El beso tuvo la lentitud de quien por fin encontraba algo que había esperado durante todo el día. Vivian le quitó la corbata mientras él mantenía una mano en su espalda, acercándola hasta que la rigidez de sus hombros comenzó a ceder.

—Te ves agotado —murmuró ella al separarse.

—Hace dos minutos estaba peor.

Vivian acarició la barba que empezaba a oscurecerle la mandíbula.

La frase la conmovió por la sencillez con que había sido dicha.

Chase se encargó de desempaquetar la comida: un risotto aún humeante y unas tajadas finas de roast beef que llenaron la cocina de un aroma apetitoso.

Cenaron en la barra, compartiendo el vino y una conversación mucho más ligera.

Hablaron de la manía de Chase por el café amargo a deshoras y de la ironía de sus agendas imposibles.

Él le contó lo indispensable y escuchó algunos asuntos de la agencia mientras terminaban el risotto y buena parte de la botella.

Vivian evitó mencionar a Keller y, como si lo hubiera conjurado, le entró un mail suyo.

En cuanto Chase se levantó para ayudarle a recoger los platos, ella tecleó que no le escribiera a esa hora y que lo hablarían en su oficina.

Aquella cobardía comenzó a pesarle más cuando él habló de lo mucho que la había extrañado durante el viaje.

—La próxima vez quiero que vengas conmigo —dijo Chase mientras recogía las copas—. Podemos quedarnos un día más cuando terminen mis reuniones.

Vivian lo observó moverse por su cocina como si llevara haciéndolo mucho más de una semana.

—¿Eso significa que ya estás planeando nuestro próximo viaje?

—Significa que pasé tres noches en un hotel pensando que habría sido mejor encontrarte allí cuando regresara de trabajar.

Dejó las copas junto al fregadero y se acercó para besarla. Cerca de las once y media, Chase consultó el reloj y fue por su abrigo.

—Tengo que dejarte dormir. Te llamaré cuando termine la reunión.

Vivian vio el cansancio que intentaba disimular y calculó el trayecto hasta su casa, las pocas horas que pasaría en la cama y la facilidad con que volvería a levantarse para revisar los documentos.

—Quédate.

Chase mantuvo la mano sobre el picaporte y volvió la cabeza hacia ella.

—Tengo que llegar al Langham antes de las siete.

—Desde aquí puedes ir directamente. —Vivian tomó el abrigo que él llevaba sobre el brazo y volvió a colgarlo—. El traje que dejaste la semana pasada está en mi armario. Lo llevé a la tintorería junto con la camisa.

La sorpresa desplazó el agotamiento de su apariencia.

—¿Guardaste mi ropa?

—También tienes algunas cosas en el baño. Me cansé de encontrarlas repartidas por el dormitorio.

Chase se acercó despacio.

—¿Tengo un cajón?

—Medio. No pienso desalojar toda mi ropa porque hayas dejado un cepillo de dientes.

Él le rodeó la cintura y la observó con una satisfacción que Vivian habría preferido no encontrar tan atractiva.

—Medio cajón es un comienzo bastante serio.

—Es una medida de organización doméstica. Mañana puedes convertirla en lo que quieras después de salvar tu licitación.

Chase bajó la frente hasta apoyarla contra la de ella. El aire que exhaló le rozó la boca.

—Gracias por pedirme que me quedara.

Sus palabras le deshicieron algo en su interior. Vivian le pasó los brazos alrededor del cuello y lo besó con suavidad.

—Ven a dormir. La alarma sonará a las cinco y media y no pienso escuchar tus quejas.

Chase la estudió en silencio durante un segundo interminable. La tensión en su rostro cedió un poco, reemplazada por esa intensidad penetrante que a Vivian siempre le erizaba la piel.

—Si me quedo, Vivian… no estoy seguro de que terminemos durmiendo esas seis horas.

Una sonrisa perspicaz y desafiante apareció en los labios de ella.

—Tengo maquinillas nuevas de afeitar; será mi mejor oferta.

Chase la siguió hacia el dormitorio con una mano apoyada en su cintura.

Por esa noche, Vivian dejó que la cercanía de su cuerpo aplazara todo lo que todavía no se atrevía a contarle.