CAPÍTULO 40 #2
Vivian miró de uno a otro. Chase mantuvo la mano sobre su piel para dejar clara su presencia antes de formular la pregunta.
—No sabía que se conocían.
Ella tuvo apenas unos segundos para decidir. Adrian acababa de exigirle la misma confidencialidad que Perfect Match garantizaba a todos sus clientes. Admitir una relación profesional bastaría para que Chase empezara a hacer preguntas que Vivian no podía responder.
—No lo conozco —dijo—. El señor Keller se acercó a saludarme.
Adrian la observó brevemente antes de seguirle el juego.
—Eso hice. La vi sola y me acerqué.
La explicación no redujo la tensión de Chase.
—Ya no está sola.
Ella miró su mano antes de volver a mirarlo.
—No sabía que Vivian venía contigo —dijo Adrian.
—Ahora lo sabes.
Varias personas caminaban cerca de ellos. Una pareja redujo el paso al percibir la tensión y retomó el camino después de mirar a Chase con disimulo.
—No existe ninguna razón para convertir un saludo en un enfrentamiento —añadió Adrian.
—La conversación terminó.
Vivian sintió que el tono de Chase atraía nuevas miradas.
—Eso le corresponde decidirlo a ella —repuso Keller—. A menos que su relación funcione de una manera que desconozco.
Chase avanzó.
—¡Lo que te corresponde a ti es mantenerte lejos de Vivian!
Ella apoyó ambas manos sobre su pecho. Debajo del esmoquin, los músculos estaban tan tensos que parecía dispuesto a apartarla para llegar hasta Keller.
—Ni un paso más —señaló Vivian con los dientes apretados—. Están mirándonos y no vas a montar una pelea en medio de la gala.
Chase bajó los ojos hacia ella, pero la furia no había abandonado su rostro.
A pocos metros, Tristán se había levantado. Marcus dejó su copa sobre la mesa y empezó a acercarse. Phillip seguía sentado, observando la escena con un interés que a Vivian le produjo más inquietud que la rabia de Chase.
Ella lo tomó por el brazo.
—¡Ven conmigo!
Chase permitió que lo condujera fuera del salón, aunque mantuvo la mirada sobre Keller hasta que cruzaron la puerta. Vivian encontró un corredor reservado al personal y entró con él en una pequeña sala de servicio. La música perdió intensidad a medida que se alejaron.
En cuanto quedaron solos, Chase se volvió para encararla.
—¡Lo llamaste por su nombre!
—Tengo que explicarte por qué Keller se acercó. Él es…
—El hombre con quien Sabrina se acostaba.
Vivian sintió que el aire se enrarecía en la pequeña habitación y la respuesta que llevaba preparada desapareció.
—¿Él fue quien…?
—Sí. —Chase se pasó una mano por el cabello, alterando el orden impecable del peinado—. Encontré a Sabrina con Adrian Keller tres semanas antes de la boda. Ella llevaba meses pasándole información de mi negocio.
Vivian apretó el bolso con más fuerza. Hasta ese momento había pensado en Keller como un problema profesional y de pronto tenía el rostro exacto del hombre que Chase odiaba.
Había estado a punto de decirle que Keller era cliente de Perfect Match.
Chase sabría entonces que Adrian había pedido trabajar directamente con ella y que continuarían viéndose mientras la agencia buscaba una pareja para él.
—¿Qué ibas a decirme? —preguntó Chase.
Vivian sintió un miedo feroz a perderlo, a que él encontrara la verdad después y la mirara entonces de la misma manera en que acababa de nombrar a Sabrina.
La verdad le quemó en la boca. Podía decirla ahora y ver qué quedaba después, o ganar tiempo y arreglarlo antes de que Chase supiera cuánto había ocultado. Eligió lo segundo.
—Keller se acercó porque me reconoció. Mi fotografía aparece en la página de Perfect Match y en varias entrevistas sobre la agencia.
Chase la observó.
—Lo llamaste Adrian —insistió.
—Él se presentó con su nombre.
La mentira le dejó un sabor amargo. Vivian sostuvo su mirada y se obligó a permanecer quieta.
—¿Eso es todo?
Pudo corregirlo en ese momento. Bastaba con explicarle que existía un contrato de confidencialidad y que haber ocultado la relación profesional delante de Keller era parte de su trabajo. Entonces recordó la forma en que Chase había avanzado hacia él en medio del salón.
—Eso es todo —respondió en voz baja y evadió su mirada.
Chase continuó observándola y se acercó más a ella. Vivian se aferró al bolso. Le molestaba saber que le estaba dando todas las razones para que desconfiara de ella, pero no se atrevió a decirle la verdad.
—Mírame —dijo él.
Ella lo hizo y la furia regresó a sus ojos de inmediato.
—¡Vi cómo te miraba! Y la manera en que se inclinaba hacia ti y cómo le sonreías. ¿Qué esperabas que hiciera, Vivian? ¿Que me quedara a diez metros fingiendo que me daba igual?
—Viste a un hombre que detestas hablando conmigo y completaste el resto con tu historia.
—Sé cómo se mueve Keller cuando encuentra algo que quiere.
La frase terminó de encender el enfado que Vivian contenía desde el salón. Levantó la barbilla. Chase dio otro paso y la agarró de los antebrazos. Los dedos se hundieron en su piel, demasiado fuertes, como si aflojar la presión significara dejarla ir.
—Estás celoso y estás descargándolo conmigo —replicó ella, obligándose a tragar el nudo seco que se le había formado en la garganta, ya arrepentida de no haberle dicho la verdad al comienzo de la discusión.
—¡Claro que son celos! —La confesión salió casi como una acusación—. Estoy celoso hasta los cojones. ¿Eso querías oír? Porque lo estoy y además estoy furioso. Contigo por dejarlo acercarse y conmigo porque todavía el maldito de Keller puede hacerme perder la cabeza después de dos años.
Vivian sintió un tirón bajo el esternón.
—Eso es lo que él quiere, ¿no te das cuenta?
—¡Me importa una mierda lo que ese hijo de puta quiera!, pero no va a rondarte mientras yo esté respirando.
Vivian se percató de que aquello sí podía romperlos, y lo peor era que Chase aún no sabía la mitad. Por primera vez deseó que aquel contrato desapareciera.
—Yo no soy Sabrina —susurró, con la voz temblando apenas una fracción—. No tienes que marcar territorio como si fuera una propiedad.
Chase volvió hacia ella. Apretó los labios, visiblemente contrariado.
—Keller sabía que Sabrina estaba comprometida conmigo. Se acostó con ella de todas formas. Quizá para ti eso no sea suficiente, pero yo conozco el daño que puede causar.
—No está ocurriendo nada.
Chase quería creerle y eso hizo que ella se sintiera de lo peor al ver cómo sus hombros cedieron algo; una parte de él buscaba cualquier excusa para aferrarse a esas palabras.
—Quiero creerte —repuso él con voz ronca—, pero es el hijo de puta de Keller.
—Esa diferencia solo existe para ti. Todos los demás vieron a Chase Mercer perdiendo el control por una mujer otra vez. Exactamente la imagen que Phillip necesita llevar ante la junta.
El nombre de su tío consiguió atravesar la rabia. Chase miró de nuevo hacia la puerta, como si hasta ese momento no hubiera recordado que Phillip había presenciado toda la escena.
—Estaba observándonos —dijo Vivian—. Y parecía encantado.
Chase soltó una maldición entre dientes.
—Marcus averiguará si alguien grabó algo.
—Marcus no puede ir detrás de ti recogiendo los pedazos cada vez que pierdes la cabeza.
Chase se giró hacia ella. La rabia, que parecía haber cedido al escuchar el nombre de Phillip, regresó con tanta rapidez que Vivian supo que había vuelto a tocarlo donde dolía.
—Créeme, Vivian, ya tengo suficiente con Phillip esperando que cometa un error como para necesitar que tú también lleves la cuenta.
La frase le dolió.
—Entonces deja de ponérnoslo tan fácil.
Chase soltó una risa áspera y se acercó. El enojo seguía marcándole el rostro, pero ahora había cansancio mezclado con todo lo demás.
—Acabo de ver al hombre que se acostó con la que era mi prometida rondando a la mujer con la que estoy. Puedes llamarlo un error o una recaída de mierda. Yo solo sé que cuando lo vi mirándote quise apartarlo de ti con mis propias manos.
Vivian sintió otra vez aquella mezcla incómoda de rabia y algo mucho más difícil de rechazar. Chase estaba celoso hasta perder el juicio por ella. Una parte de sí misma habría querido quedarse únicamente con eso.
Pero Keller volvería a verla el lunes. El pensamiento le cayó encima con toda su fealdad.
Chase dio un paso más y la miró directamente a los ojos.
—Y sigo queriendo que te mantengas lejos de él.
Vivian apretó los labios. Aquello podía continuar hasta que alguno dijera algo imposible de retirar o hasta que Chase hiciera la pregunta correcta. Eso la asustaba mucho más.
—No está ocurriendo nada entre Keller y yo.
En parte era cierto y también era una forma cuidadosamente elegida de protegerlo.
Chase la sostuvo con la mirada y Vivian tuvo que hacer un esfuerzo para mantener la suya. Poco a poco, parte de la tensión abandonó sus hombros.
—Te creo.
Vivian bajó los ojos antes de que él pudiera encontrar algo en ellos.
—Tenemos que volver.
Vivian caminó hacia la puerta.
—¿Vas a marcharte?
Vivian se volvió. La pregunta había perdido toda la dureza anterior.
—Voy a regresar a la cena. Todavía no he decidido si al terminar me iré contigo.
Algo se movió en el rostro de Chase, pero asintió. Vivian regresó al salón sin esperarlo.
La música y las conversaciones continuaban como si nada hubiera ocurrido.
Tristán había vuelto a sentarse, aunque siguió con la mirada a Vivian mientras ella se acercaba.
Ocupó su asiento junto a Margaret. Chase regresó poco después y se sentó a su lado sin intentar tocarla.
Arthur retomó una historia sobre unos torneos de golf y Margaret intervino para corregirle una fecha.
Chase mantuvo la vista al frente. Debajo del mantel, dejó una mano abierta sobre el asiento, en el pequeño espacio que los separaba.
Vivian la observó y apoyó la suya sobre ella.
Los dedos de Chase se cerraron con cuidado alrededor de los suyos.