Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 40
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CAPÍTULO 40

Arthur fue el primero en recibir a Vivian cuando llegaron a la mesa. Permaneció sentado, pero extendió ambas manos hacia ella con una confianza que habría resultado excesiva en cualquier otro hombre.

—Al fin llegas. Empezaba a pensar que mi nieto iba a obligarnos a pasar toda la noche soportándolo sin ayuda.

Vivian se inclinó para besarlo en la mejilla.

—Entonces llegué a tiempo. Todavía parece convencido de que sabe comportarse en público.

—No empieces a defenderlo tan pronto —advirtió Arthur, aunque la sonrisa le había ensanchado el rostro—. Después se vuelve imposible.

Chase apartó la silla destinada a Vivian mientras su madre se acercaba a saludarla. Margaret la besó en la mejilla y admiró el vestido.

—Estás bellísima. Chase no nos dijo que vendrías hasta hace dos días.

—Quería asegurarme de que no pudiera cambiar de opinión —explicó él.

Vivian volvió el rostro hacia Chase. El brillo divertido de sus ojos le dejó claro que aquella afirmación tendría consecuencias cuando estuvieran solos.

William la recibió con mayor sobriedad, aunque su bienvenida fue sincera.

Después Chase la presentó a Tristán, que se había levantado al otro lado de la mesa.

El parecido entre los hermanos era evidente en la estatura y el cabello oscuro, pero Tristán tenía los ojos de Margaret y una manera menos contenida de sonreír.

—Me alegra conocerte por fin —dijo, estrechándole la mano—. Mi abuelo lleva semanas mencionándote cada vez que alguien se queja del carácter de Chase.

Vivian miró a Arthur.

—Eso explica por qué me ha recibido como si hubiera llegado para prestar un servicio público.

Arthur soltó una carcajada y Chase apoyó una mano en la espalda desnuda de Vivian para conducirla hacia su asiento.

Phillip estaba sentado junto a William. Esperó a que Vivian ocupara su lugar para saludarla. Su cortesía era impecable, como siempre, pero la atención con que la observó no tenía nada de casual.

—Señorita Cole. He leído sobre la expansión de Perfect Match a la Costa Oeste. Una apuesta ambiciosa.

Vivian dejó la servilleta sobre su regazo.

—Lo es. San Francisco tiene un mercado distinto al de Chicago y todavía estamos ajustándonos.

—Eso suele ser lo interesante de los proyectos nuevos —dijo Phillip—. Todo parece sencillo mientras responde al plan. La verdadera prueba empieza cuando algo se desvía.

Vivian sostuvo su mirada.

—Y ahí es donde se demuestra quién sabe adaptarse sin perder el rumbo.

Arthur escondió una sonrisa detrás de su copa. Chase miró a su tío.

Phillip inclinó la cabeza.

—En eso estamos de acuerdo.

La ceremonia comenzó antes de que la conversación pudiera avanzar.

Las luces del salón disminuyeron y un presentador ocupó el escenario.

Durante el primer bloque se entregaron reconocimientos relacionados con proyectos de desarrollo urbano y liderazgo empresarial.

Mercer recibió dos menciones; William subió por una de ellas y Chase por la otra.

Cuando regresó a la mesa, Vivian lo esperaba con una sonrisa que consiguió que el aplauso del salón le importara bastante poco. Ella se inclinó hacia él mientras tomaba asiento.

—Estuviste muy solemne.

—Era un discurso de agradecimiento.

—También parecías a punto de despedir al pobre hombre que convirtió Mercer en mer-sér.

—Lo hizo dos veces, Vivian.

Vivian ocultó la risa detrás de la copa de champaña. Chase dejó la mano sobre su rodilla por debajo del mantel y sintió cómo ella acercaba la pierna a la suya.

La cena transcurrió con más facilidad de la que él había previsto.

Vivian conversó con Margaret sobre la apertura de San Francisco y escuchó a Tristán contar una anécdota familiar que Chase habría preferido mantener en el olvido.

Cuando Arthur se quejó del tamaño de la entrada, ella le cedió parte del pan sin llamar la atención y continuó escuchando a William con naturalidad.

Chase la observó mientras hablaba con su padre.

¿Cuándo había dejado de importarle aquella lista de condiciones sobre la clase de mujer que podía compartir su vida? Ninguna decía cómo debía sentirse tener a la directora del proceso junto a su familia ni explicaba por qué resultaba tan fácil buscar su mano debajo de la mesa.

Vivian entrelazó los dedos con los suyos sin interrumpir la conversación.

Phillip vio el gesto.

Chase también vio que lo había visto y mantuvo la mano donde estaba.

Después del postre, los invitados abandonaron poco a poco las mesas antes del último bloque de premios. Algunos se acercaron al bar; otros aprovecharon la pausa para saludar a conocidos. Vivian miró hacia una pareja situada cerca del escenario y pareció tardar en reconocerla.

La mujer fue la primera en verla. Sonrió de inmediato y se levantó para llamarla con la mano.

Vivian se volvió hacia Chase.

—Son antiguos clientes de Perfect Match. Cerramos su expediente hace casi tres años y no los he visto desde entonces. Voy a saludarlos antes de que vuelva a empezar la ceremonia.

Chase siguió la dirección de su mirada. La pareja esperaba a Vivian con una alegría que no parecía producto de una relación comercial.

—Ve, yo procuraré que mi abuelo no se beba tu vino mientras no estás.

—Ya se lo terminó.

Arthur continuó bebiendo sin mostrar el menor remordimiento. Vivian negó con la cabeza y se alejó entre las mesas.

Chase la siguió con los ojos.

La clienta la abrazó antes de que pudiera terminar de saludarla.

Su esposo hizo lo mismo y, pocos segundos después, la mujer sacó el teléfono.

Vivian observó la pantalla y se llevó una mano al pecho.

La sonrisa que apareció en su rostro fue tan abierta que Chase supo que se trataba de algo importante antes de que ella se inclinara para abrazarla de nuevo.

—Deben ser buenas noticias —comentó Margaret, que también miraba hacia ellos—. Parece que Vivian hizo bien su trabajo.

Aquello era Perfect Match para ella, comprendió Chase. La pareja que continuaba unida tres años después y una imagen borrosa en la pantalla de un teléfono.

Vivian se despidió unos minutos más tarde y se acercó a la barra por una copa de champaña.

Un hombre se interpuso en su camino junto a una de las columnas. Llevaba un esmoquin negro y sostenía un vaso de whisky. Vivian se detuvo al reconocerlo.

Adrian Keller.

Chase sintió que los dedos se le cerraban alrededor de la copa.

Keller dijo algo que él no alcanzó a escuchar. Vivian respondió con una familiaridad que no correspondía a dos personas que acababan de ser presentadas. El otro hombre sonrió y se acercó un poco más para oírla por encima de la música.

Durante un instante, Chase volvió a ver un anillo sobre la mano de Sabrina. Recordó la puerta abierta de una habitación que no debía estar ocupada y a Keller abrochándose la camisa con una tranquilidad que todavía podía despertar en él unas ganas brutales de partirle la cara.

La última vez que Keller se había cruzado en su vida, la junta seguía recordándole el costo de haberse retirado de aquella negociación antes de tiempo: veinte millones de dólares.

Ahora Keller estaba frente a Vivian.

—Parece que la señorita Cole y Keller ya se conocían —observó Phillip desde el otro extremo de la mesa.

Chase dejó la copa sin responder. Se puso de pie con tanta rapidez que la silla golpeó el borde de la mesa.

Margaret pronunció su nombre, pero él ya se había apartado.

• • •

Vivian esperaba cerca de la barra cuando una voz conocida la hizo volverse.

—Señorita Cole.

Adrian Keller se detuvo frente a ella. Llevaba un esmoquin negro de corte impecable y la misma expresión serena con la que había revisado cada uno de los perfiles que Vivian le presentó durante las últimas semanas.

—Señor Keller. No esperaba encontrarlo en Chicago este fin de semana.

—Cambiaron la fecha de una reunión y decidí aprovechar el viaje. —Adrian bajó la voz—. Espero que mi vinculación con Perfect Match continúe siendo confidencial.

Vivian no desvió los ojos.

—Por supuesto. Nadie sabrá por mí que es cliente de la agencia. Aunque acercarse a saludarme en una sala llena de personas relacionadas con su industria dificulta un poco mi trabajo.

Adrian miró alrededor. La música y las conversaciones protegían el espacio entre ellos, pero varias personas conocían a Vivian por las fotografías tomadas a su llegada con Chase.

—Pasar de largo después de reconocer a la mujer más hermosa de la fiesta habría sido una descortesía.

El cumplido fue pronunciado con suficiente naturalidad para parecer inofensivo. Vivian conocía demasiado bien a los hombres para confundir naturalidad con inocencia.

—Podía haber sido descortés por una noche. Habría protegido mejor su secreto.

La sonrisa de Keller apareció despacio.

—Tendré que recordarlo la próxima vez.

Vivian bebió un sorbo de champaña y dejó que el silencio estableciera el límite que él parecía dispuesto a poner a prueba.

—Revisé los perfiles que me envió —continuó Adrian—. Hay una mujer con la que me gustaría avanzar. Podemos hablar el lunes, en su oficina.

—Le pediré a Mia que coordine la cita. Ahora debería regresar con mis conocidos antes de que alguien se pregunte por qué llevamos tanto tiempo conversando.

Keller inclinó la cabeza, pero antes de apartarse miró por encima del hombro de Vivian.

—Creo que ya se lo están preguntando.

Ella siguió la dirección de sus ojos.

Chase caminaba hacia ellos con los ojos fijos en Keller. No respondió a ninguno de los saludos que recibió por el camino y la actitud con la que se acercaba borró cualquier rastro de diversión del rostro de Vivian.

Adrian dejó el vaso sobre la barra.

—Imagino que tampoco sabe que soy cliente suyo.

—Nadie ajeno a la agencia conoce la identidad de nuestros clientes, Adrian.

—Entendido.

Vivian no tuvo tiempo de prepararse antes de que Chase llegara hasta ellos y apoyara una mano firme sobre su cintura.

La fuerza de sus dedos y la rigidez de su cuerpo le advirtieron que conocía a Keller. En su rostro había una furia contenida que ella jamás le había visto, ni siquiera durante las peores discusiones entre ambos.

—Keller.

Adrian le sostuvo la vista.

—Mercer.