CAPÍTULO 39
Chase llegó al hotel cuarenta minutos antes de que comenzara la cena y pasó casi todos ellos encerrado con Marcus en uno de los salones privados del segundo piso.
El equipo de Croft había encontrado una copia del archivo de la licitación creada treinta y seis horas antes del cierre de las ofertas. Alguien había accedido a las cifras definitivas cuando solo cinco personas dentro de Mercer debían conocerlas.
—El registro fue alterado —explicó Marcus, inclinándose sobre la pantalla de la tableta—. Podemos recuperar el origen, pero necesito que sistemas conserve los servidores exactamente como están. Si alguien intenta limpiar otra vez el acceso, perderemos la ruta.
Chase revisó los horarios que aparecían en el informe. La oferta de Keller había superado la suya por un margen demasiado cercano a las últimas modificaciones realizadas por su equipo, con el mismo antecedente de la licitación anterior.
—¿Cuánto tiempo?
—Dos semanas para hacer una revisión completa. Quizá menos, si quien entró cometió algún error.
A Chase no le gustaba esperar cuando sabía que alguien estaba metiendo las manos en su empresa, pero presionar a Marcus no haría aparecer una solución antes.
—Tienes acceso a lo que necesites. Nadie fuera de nosotros sabrá que encontraste esa copia.
Marcus cerró la tableta y consultó la hora.
—Deberías bajar. Tu padre ya me escribió dos veces y tu tío lleva veinte minutos preguntando dónde estás.
—Que siga preguntando.
Salieron del salón privado y caminaron hacia el vestíbulo principal.
Chase llevaba el esmoquin desde la oficina y había tenido que cambiarse la camisa después de pasar la tarde revisando informes.
Aquella no era la noche que había planeado.
Debía haber llegado al apartamento de Vivian con tiempo suficiente para verla bajar los últimos escalones y compartir con ella los minutos anteriores a que el resto de Chicago descubriera que estaban juntos.
La recepción ya había comenzado. Grupos de invitados ocupaban el vestíbulo bajo las lámparas de cristal y una fila de fotógrafos esperaba frente al panel con los emblemas de las empresas patrocinadoras.
El cóctel previo a la cena se celebraba en el gran vestíbulo contiguo al salón principal. Las puertas del comedor todavía permanecían cerradas y los invitados se distribuían entre la barra y las mesas altas.
Arthur lo vio llegar y levantó su copa.
—Por fin. Tu madre estaba a punto de mandar una expedición a buscarte.
Margaret observó el lugar vacío a su lado.
—¿Vivian no venía contigo?
—Está en camino. Tuve que enviar el automóvil por ella.
La explicación pareció bastarle. Chase tomó asiento mientras Marcus ocupaba una mesa próxima con otros invitados. Phillip estaba hablando con William, utilizando ese tono mesurado con el que conseguía convertir cualquier comentario en una duda sobre la capacidad de su sobrino.
Chase apenas lo escuchó.
Había dejado el teléfono sobre la mesa y lo miró cuando la pantalla se iluminó. El mensaje del conductor era breve.
La señorita Cole acaba de entrar.
Chase se encontraba con su familia cerca de uno de los ventanales. Levantó la vista.
Ella apareció desde el vestíbulo del hotel con el abrigo doblado sobre un brazo.
Una empleada la acompañó hasta el guardarropa.
El vestido rojo seguía la línea de su cuerpo antes de caer hasta el suelo y se abría sobre una pierna cuando caminaba.
Llevaba el cabello recogido, con algunos mechones suaves alrededor del rostro, y los hombros desnudos bajo la luz de las lámparas.
Chase dejó de escuchar las voces alrededor.
Vivian guardó la ficha y avanzó hacia la recepción. Saludó a una pareja que parecía conocer, pero continuó buscando entre los invitados hasta encontrarlo.
Cuando sus ojos encontraron los suyos, sonrió.
Su Vivian.
La misma mujer que se había quedado dormida con la cabeza sobre su hombro y que, esa mañana, se había reído entre sus brazos como si el resto del mundo pudiera esperar.
Ahora estaba allí, sola entre decenas de miradas, hermosa y segura, y Chase tuvo que contener el impulso de cruzar el salón de inmediato.
Phillip interrumpió lo que estaba diciendo y siguió la dirección de su mirada. Margaret también vio a Vivian, pero fue la cara de Chase lo que la hizo sonreír.
A él le importó una mierda que lo observaran.
El vestido era una amenaza directa a la poca disciplina que todavía conservaba. Bastó verla avanzar entre la gente para que su cuerpo recordara demasiado bien cómo se sentía ella entre sus manos.
Pero había algo más. Vivian lo había encontrado entre toda aquella gente y sonreía para él mientras se acercaba sin apresurarse, deteniéndose a veces para saludar a quienes encontraba en el camino.
Chase la siguió con la mirada y sintió cómo el deseo le tensaba el cuerpo con un anhelo adolescente.
Conocía el sabor de su sexo y los sonidos que hacía cuando dejaba de contenerse, y saber que aquella sonrisa era solo para él despertó algo todavía más primitivo: un orgullo feroz, casi absurdo, ante la certeza de que, entre toda la gente reunida en el salón, Vivian lo había buscado primero a él.
Quiso apartarla de todos aquellos ojos y llevársela a algún lugar donde nadie más pudiera mirarla.
Varias personas intentaron saludarlo durante el trayecto. Chase respondió con breves inclinaciones de cabeza y siguió avanzando. En ese momento le importaban poco las presentaciones o cualquier obligación de la noche. Quería llegar hasta ella y sentirla cerca.
Vivian lo observó acercarse y la burla empezó a mezclarse con su sonrisa.
—Por tu cara, empiezo a pensar que la asesora se excedió.
Chase se detuvo frente a ella y la recorrió despacio con la mirada. El rojo oscuro acentuaba el tono claro de su piel. El cuello alto del vestido cubría más de lo que él había imaginado durante la semana, aunque dejaba sus hombros completamente desnudos.
—Estoy intentando decidir si debo agradecerle o despedirla.
La risa de Vivian fue baja.
—Tú contrataste el servicio, pero yo escogí el vestido. Emma es inocente.
—Entonces tendré que ocuparme directamente de la responsable.
Chase le acarició la mejilla. La ternura que descubrió en sus ojos terminó de borrar el resto del vestíbulo.
—Estás preciosa.
La sonrisa de Vivian perdió la burla. Después se tomó su tiempo para mirarlo. Sus ojos descendieron por el corbatín y se detuvieron en los hombros antes de regresar a su rostro.
—Tú también estás más guapo que nunca —admitió mientras alisaba con los dedos una de las solapas—. Aunque parece que varias mujeres ya llegaron a la misma conclusión que yo.
Chase siguió brevemente la dirección de su mirada. Cerca de la barra, dos invitadas apartaron los ojos con bastante menos discreción de la que seguramente pretendían. La mano de Vivian continuaba sobre su pecho y sus dedos se habían cerrado un poco sobre la tela.
La satisfacción le llegó demasiado rápido.
—Puedes acercarte más y marcar territorio de la manera que quieras —murmuró, rodeándole la cintura—. No quisiera que siguieran perdiendo el tiempo.
Vivian no apartó los ojos, pero permitió que la atrajera contra él.
—No creo que deba llegar a tanto.
—No me importan las demás. Llevo un buen rato pendiente de esa puerta. Puedes sacar tus propias conclusiones.
—Gracias por las peonías. Solo las mencioné una vez y ni siquiera pensé que estuvieras prestando atención.
—Estaba prestando atención.
Ella lo contempló y deslizó los dedos por el borde de su cuello antes de dejar la mano sobre su hombro.
—También recuerdo que esta noche debía comenzar en mi puerta.
—Lo siento. —Chase cubrió la mano que descansaba sobre su hombro—. Quería recogerte yo.
—Ya estoy aquí. Además, ahora puedo comprobar cuánto control conservas cuando no tienes tiempo para prepararte.
Chase soltó un suspiro mirándola con avidez.
—Muy poco, al parecer.
La mano de Chase descendió hasta su cintura. Vivian giró ligeramente para mirar hacia el panel de prensa y el movimiento reveló la espalda del vestido.
La tela empezaba pocos centímetros por debajo de la mano de Chase. Hasta allí, su piel quedaba descubierta.
Sus dedos se detuvieron.
Vivian volvió el rostro y encontró la mirada de él sobre su espalda.
—No preguntaste.
Él se acercó hasta rozarle el oído con la boca. El perfume de Vivian y la memoria demasiado reciente de cómo se sentía bajo sus manos le hicieron maldecir en silencio el resto de la noche que aún tenía por delante.
—Llevo toda la semana imaginando ese vestido y no se me ocurrió preguntar si tenía espalda.
Vivian sonrió.
—Eso demuestra que no puedes anticiparlo todo.
—No parece una lección apropiada para darme en público.
Vivian se volvió hacia él. La mano de Chase permaneció apoyada sobre su piel.
—Tendrás que comportarte.
Él recorrió con los dedos la curva de su cintura.
—Llegaste sola y vestida así. Bastante mérito tiene que todavía sigamos en el vestíbulo.
Vivian estaba a punto de responder cuando Chase le sostuvo el rostro. La mirada de ella descendió hacia su boca y sus dedos se hundieron en el cabello de su nuca, acortando la distancia entre los dos.
Él la besó.
Fue un beso breve, pero la firmeza con que la sostuvo dejó clara la intimidad entre ellos. La boca de Vivian se abrió bajo la suya durante un instante y, al separarse, permaneció cerca, respirando el mismo aire.
Varios flashes iluminaron el vestíbulo.
Vivian miró hacia los fotógrafos situados junto al panel. Dos de ellos acababan de girar las cámaras en su dirección.
—Supongo que ya no tendremos que explicar demasiado.
—Esa era la idea.
Chase le ofreció el brazo.
—Podemos saltarnos las fotografías oficiales y esperar a que abran el salón.
Vivian contempló el panel, donde otra pareja acababa de ocupar su lugar frente a los logotipos del gremio. Después acomodó la mano sobre el brazo de Chase.
—He venido contigo; démosles de qué hablar.
Chase cubrió los dedos de ella con los suyos y la condujo hacia el panel. Los fotógrafos los llamaron por su apellido apenas ocuparon su lugar. Vivian volvió ligeramente el cuerpo hacia él y Chase apoyó la mano sobre su espalda desnuda.
Los flashes se sucedieron durante unos segundos.
Cuando se apartaron, uno de los directivos de la asociación se acercó a recibirlos.
—Mercer, quería saludarte antes de que abrieran el salón. —El hombre dirigió una mirada interrogante hacia Vivian—. No creo que hayamos tenido el gusto.
Chase sintió cómo ella se preparaba para presentarse, pero se adelantó.
—Vivian Cole, mi pareja.
Las palabras salieron sin esfuerzo.
Vivian alzó los ojos hacia él. La presión de sus dedos aumentó ligeramente sobre su brazo antes de que saludara al directivo.
A pocos metros, Phillip los observaba con una copa en la mano. Su mirada pasó de Vivian a Chase y permaneció allí el tiempo suficiente para que Chase comprendiera que acababa de registrar algo que intentaría utilizar más adelante.
Chase sostuvo los ojos de su tío sin retirar la mano de la espalda de Vivian.
Había pasado demasiado tiempo erigiendo su vida alrededor de aquello que otros podían convertir en un arma. Esa noche no pensaba esconderla para facilitarle el trabajo a Phillip.
Se inclinó hacia Vivian.
—Ven. Hay alguien que lleva rato esperando saludarte.
Ella siguió la dirección de su mirada y encontró a Arthur levantando la copa desde el otro extremo del vestíbulo.
—Tu abuelo parece satisfecho de verme.
—Lleva veinte minutos preguntando cuándo llegabas. Mi madre ha sido más discreta, aunque no creo que le dure mucho.
Vivian sonrió al ver que Margaret también la saludaba con la mano. Chase apoyó la palma en la parte baja de su espalda y la condujo hacia su familia sin apartarse de ella cuando algunas miradas los siguieron.