CAPÍTULO 37 #2
—Creí que habíamos acordado que te comportarías en público —murmuró ella, cubriendo sus dedos antes de que ascendieran.
Chase le sostuvo los ojos mientras entrelazaba la mano con la suya.
—Me estoy comportando. Llevo toda la cena pensando en esa cremallera y todavía no he intentado bajarla.
• • •
Vivian sintió que el calor le alcanzaba el cuello.
Conservó la mano de él atrapada bajo la mesa y terminó el vino sin apartar los ojos de él.
El movimiento de su dedo era lento, casi inocente, pero el cuerpo de Vivian ya conocía demasiado bien esos dedos para dejarse engañar.
La sensación se concentró bajo la palma de él y se extendió por la cara interna de sus muslos hasta instalarse en su vientre.
Lo deseaba con una constancia que todavía conseguía sorprenderla.
No necesitaba grandes preliminares. Chase podía rozarla durante una cena o mirarla mientras bebía vino y despertar en ella las mismas ganas.
Vivian recordaba la aspereza de su mandíbula contra la piel y podía anticipar la presión de sus manos bajándole la cremallera.
La memoria se ocupaba de completar cada caricia que él dejaba a medias.
Cerró los dedos alrededor de su muñeca antes de que avanzara bajo el vestido.
—¿Quieres que nos saltemos el club?
Los ojos de Chase se oscurecieron, aunque su mano no se movió.
—Quiero bailar contigo. También quiero pasar el resto de la noche sabiendo que, cuando regresemos al hotel, seré yo quien baje esa cremallera. Así que vamos a ir al club y tú tendrás que soportar la espera conmigo.
La firmeza tranquila de su voz aumentó el calor que Vivian ya sentía. Soltó su muñeca y llevó la copa a los labios, preguntándose cómo se suponía que iba a concentrarse en la música después de aquello.
Después caminaron varias calles hasta un club instalado en el sótano de un edificio de ladrillo.
El lugar era pequeño, con mesas redondas alrededor de una pista de baile y una barra iluminada al fondo. La banda ya tocaba cuando entraron. Una cantante de voz grave interpretaba una canción rápida mientras varias parejas se movían cerca del escenario.
Chase dejó los abrigos en el guardarropa y condujo a Vivian hasta la mesa. Esperó a que terminaran la primera copa antes de levantarse y ofrecerle la mano.
Ella la aceptó con una curiosidad que no intentó ocultar.
—Llevo desde ayer preguntándome si exageraste tus habilidades para convencerme de venir.
Chase la acompañó hasta la pista y deslizó una mano por su espalda.
—Mi madre hizo que todos aprendiéramos antes de empezar a asistir a los eventos de la familia. Según ella, un hombre puede sobrevivir a una conversación aburrida, pero nunca se recupera de pisar públicamente a su pareja.
Vivian apenas tuvo tiempo de reír antes de que él la guiara hacia el centro. Chase se movía con seguridad, atento al ritmo y al cuerpo de ella. La hizo girar y continuó sin mirar sus pies una sola vez.
Vivian sabía bailar, pero con Chase no necesitaba anticipar el movimiento.
La mano apoyada en su espalda le indicaba cuándo acercarse y la presión de sus dedos bastaba para conducirla.
Había algo profundamente sensual en la forma en que Chase la guiaba y en esa cercanía que convertía cada giro en una excusa para volver a su cuerpo.
—Tu madre hizo un trabajo excelente —reconoció cuando él volvió a atraerla.
—Le encantará saber que finalmente apreciaste una de sus decisiones.
Bailaron dos canciones antes de regresar a la mesa.
Más tarde la banda redujo el ritmo y la voz de la cantante adquirió un tono más íntimo cuando anunció And I Love Her, y el pianista dejó caer los primeros acordes.
No era la versión ligera de los Beatles, sino un arreglo lento, con cadencia de bolero y una voz profunda que recordaba a Julio Iglesias. Chase volvió a llevarla a la pista.
Esta vez no hubo giros ni espacio entre ellos. Vivian apoyó una mano sobre su hombro y Chase cerró el brazo alrededor de su cintura. Se movieron despacio, rodeados por otras parejas, mientras las notas del piano se mezclaban con el rumor de las conversaciones.
Vivian sintió la respiración de Chase junto a su sien. La mano que descansaba en su espalda subió hasta su nuca y los dedos se deslizaron entre su cabello. Cuando ella levantó el rostro, él la contemplaba con un gesto sereno.
Chase dejó de moverse al terminar la canción. Le sostuvo el rostro entre las manos, sin besarla todavía.
Vivian lo miró con esa quietud que aparece cuando una mujer deja de defenderse de lo que siente.
La ternura le suavizó la boca y dio a sus ojos un brillo vulnerable.
Permaneció entre sus manos, con el rostro inclinado hacia él y la respiración suspendida, como si en aquel instante no existiera ningún lugar más seguro.
Conocía esas manos. Conocía la firmeza con que la sujetaban y la manera en que Chase la acercaba cuando necesitaba comprobar que seguía allí.
La certeza llegó envuelta en una calma inesperada.
Lo amaba.
No supo en qué momento había ocurrido. Quizá mientras él empezaba a hacerle espacio en una vida que antes organizaba para mantener a todos a distancia. Quizá cuando ella dejó de sentir la necesidad de protegerse cada vez que Chase la miraba. Lo único indiscutible era que ya no estaba cayendo.
Había llegado.
El dedo de Chase recorrió lentamente su pómulo. Vivian vio la pregunta formarse en sus ojos, pero él no la pronunció. Se inclinó y apoyó la frente contra la de ella, respetando algo que parecía haber comprendido sin conocer todavía su nombre.
Cuando la banda comenzó la siguiente canción, Vivian rodeó su cuello con los brazos y volvió a moverse entre sus manos.
• • •
Cerca de la medianoche, el automóvil avanzó hacia el hotel por calles todavía llenas de gente. Vivian descansaba contra el hombro de Chase, con una mano enlazada a la suya sobre el asiento.
El tráfico los obligó a detenerse varias veces. Al pasar cerca de Bryant Park, Vivian levantó la cabeza y miró hacia un edificio al otro lado de la avenida.
Chase siguió la dirección de sus ojos. La entrada del hotel, donde se habían conocido, conservaba el mismo toldo oscuro y las luces doradas que recordaba de aquella noche.
Vivian se incorporó para verlo mejor y lo observó hasta que el automóvil volvió a ponerse en movimiento.
—Durante mucho tiempo pensé que recordaría esa noche por todo lo que intentaba olvidar cuando entré en el bar —dijo al fin—. Ahora, cuando miro ese hotel, solo consigo pensar en ti.
Chase bajó la mirada hacia sus manos unidas.
La expresión de Vivian mientras bailaba regresó a él con claridad pasmosa, porque nunca la había visto mirarlo con aquella ternura.
Comprendió entonces que llevaba semanas esperando encontrar el límite de lo que sentía, convencido de que todavía podía observar la relación desde una distancia segura y decidir hasta dónde permitiría que avanzara.
La distancia había desaparecido.
Vivian ya formaba parte de sus días. Había empezado a buscarla cuando algo salía mal y a imaginarla dentro de planes que antes solo lo incluían a él.
Estaba enamorado hasta las trancas. La certeza no le ocasionó el temor a la pérdida de control que lo había llevado a desconfiar durante años de cualquier sentimiento demasiado intenso.
Estaba sentado junto a la mujer que había alterado cada una de sus convicciones y, por primera vez, no quería recuperar ninguna.
Chase levantó las manos entrelazadas y besó los dedos de Vivian.
Ella lo miró, pero él todavía necesitaba unos minutos para comprender todo lo que acababa de admitir ante sí mismo. Le pasó un brazo por los hombros y la acercó hasta sentirla acomodarse contra su costado.
El automóvil continuó hacia el hotel mientras las luces de Nueva York se deslizaban sobre las ventanas.
Dieciocho meses atrás, la ciudad se había quedado con Vivian. Esta vez, Chase sabía que se la llevaría consigo.