CAPÍTULO 36 #2
—La mayoría de los clientes cree que viene a hablarnos de la pareja que desea —le explicó ella mientras apartaba la copa para que sirvieran el segundo plato—.
En realidad, terminan mostrándonos la relación para la que están preparados.
Algunas veces las dos cosas coinciden. Otras, debemos conseguir que lo entiendan antes de involucrar a alguien más.
Chase se tomó su tiempo apreciando sus gestos.
—Cuando entré en tu oficina, ¿cuánto tardaste en descubrir que no estaba preparado para lo que decía querer?
Vivian recordó aquella primera reunión y el enfado que había ido creciendo a medida que él defendía un matrimonio diseñado para impedir cualquier imprevisto.
—Lo supe cuando dijiste que el amor no era una condición y cuando hablaste como si sentir algo por la mujer que eligieras fuera un riesgo que debía evitarse.
Chase dejó los cubiertos sobre el plato y la miró con la concentración seria que utilizaba cuando una respuesta le importaba de verdad.
—En ese momento lo era. Había pasado dos años intentando demostrar que una traición no definía mi capacidad para dirigir la empresa. Elegir una mujer con la que pudiera construir una vida tranquila me parecía más sensato que confiar nuevamente en algo que no podía controlar.
—¿Y ahora?
La pregunta salió antes de que Vivian decidiera si quería formularla. Chase no respondió enseguida. Bajo la mesa, apoyó una mano sobre su rodilla y deslizó su mano por la tela del vestido.
—Ahora estoy en Nueva York con una mujer que ha alterado cada uno de mis planes desde que volvió a aparecer en mi vida, y llevo toda la noche pensando que no cambiaría una sola de las decisiones que me llevaron hasta ella.
El ruido del restaurante continuó alrededor de ellos, pero Vivian dejó de escucharlo. Chase había hablado con la misma certeza con la que tomaba las decisiones importantes, y aquello le llegó a un lugar para el que todavía no tenía defensas.
Cubrió la mano de él con la suya.
—Me alegra que me hayas pedido que viniera.
Chase giró la palma para sujetarle los dedos.
—A mí también. Aunque todavía no hemos llegado a la parte en la que descubres si sé bailar.
—Eso será mañana. Esta noche has aprobado la elección de la obra de teatro.
—Me conformaré con el progreso.
Regresaron al hotel después de medianoche. Vivian suspiró, acompasando su paso al de él. Se sentía tan atraída. Chase era muy masculino y muy seguro de sí mismo, no la adulaba, aunque se veía que quería impresionarla.
—Llegamos —dijo, sacando una tarjeta y pasándola por la cerradura magnética.
La puerta se abrió y él la invitó a seguir con un gesto de las manos.
—Hogar, dulce hogar.
Vivian escuchó sus palabras como si llegaran de muy lejos y percibió el calor que su caricia desencadenó bajo su piel cuando él se acercó y le tocó el brazo, sus dedos dispararon electricidad.
Un escalofrío de excitación recorrió su cuerpo; era igual a lo que sentía cada vez que la tocaba.
Chase lo reconoció enseguida y la arrinconó contra la primera pared que encontró.
Se inclinó hacia adelante y la besó. Ella pensó que se derretiría a los pies de Chase.
—Te necesito ahora.
La besó de nuevo, más profundo. Sus manos se enredaron en su cabello y el beso se volvió más y más ardiente, y tan sugestivo que sus pulsaciones se dispararon. Él le acarició los muslos y le subió el vestido hasta llegar a sus nalgas, que apretó sin pausa.
—¿Has pensado en mí durante estos dieciocho meses? —preguntó Chase.
Vivian le acarició la nuca. Podría dejarlo con la duda. Sin embargo, después de todo lo que había ocurrido entre ellos, le apeteció decirle la verdad.
—Más veces de las que imaginas.
Ella le pasó la nariz por el cuello, aspirando el olor de su loción. Él la miró y luego apoyó la frente contra la de ella, soltando una risa breve.
—Vivi, si supieras las veces que he recordado aquella noche…
El susurro de su voz contra su piel le causó estremecimientos.
Vivian sintió una punzada de emoción al escuchar aquel nombre.
Se acercó más a él y rozó el vientre contra su miembro.
Él soltó un gemido sin dejar de besarla.
Le llegó una visión de sus días en la cabaña, desnudos y sudorosos en la cama, él entrando en ella, lo que ocasionó que su deseo se disparara, anticipándolo en su interior, a pesar de que ni siquiera se habían quitado la ropa.
Chase volvió a besarla tan profundamente que apenas podía respirar.
No le importó; ella necesitaba más de ese beso que del aire a su alrededor.
Así estuvieron un par de minutos, hasta que Chase empezó a tocarla por todas partes, sin saber por dónde empezar.
La besó en el cuello mientras la desnudaba, distrayéndola tanto que estaba casi desnuda antes de poder darse cuenta. ¿Y la cama? ¿Dónde estaba la jodida cama? Chase parecía no tener intenciones de moverse. En cuanto la tuvo desnuda, se arrodilló ante ella y se abrazó a su vientre.
—¡Dios! —jadeó—. Deseaba hacer esto desde que volví de esa maldita reunión.
Repasó con la nariz su sexo y luego la devoró sin pausa, así como había hecho con la boca.
—Córrete en mi boca —ordenó Chase.
Deslizó el dedo más profundamente y arreció el movimiento de su lengua. Vivian cerró los ojos cuando la primera oleada de placer la atravesó completa y empezó a gemir y a recitar el nombre de Chase en una letanía sin final. Cuando acabó, él se levantó y la alzó.
—Pon las piernas en mi cintura —demandó, tenso—. ¿Cama?
Colocó las manos en el trasero para sujetarla mejor mientras ella lo rodeaba con sus piernas.
—Sí.
Chase la llevó hasta la habitación sin dejar de besarla.
La dejó con delicadeza sobre la colcha y se desvistió con celeridad ante la mirada ávida de ella.
Quería más. Lo quería a él. Tan pronto se bajó los calzoncillos, Vivian percibió el deseo que él sentía por ella en cada centímetro de su firme y tenso cuerpo. Se acostó a su lado.
—¿Estás bien?
—Mejor imposible.
La besó de nuevo y chupó sus pezones hasta dejarlos erectos.
—Chase…
Tomó un condón que estaba sobre la mesa de noche y desgarró el empaque, pero Vivian le quitó el paquete y lo tiró lejos.
—Quiero sentirte sin eso. Tomo la píldora y te quiero dentro de mí ahora mismo.
—Vivi —soltó Chase un resuello—. ¿Estás segura?
—Sí, quiero sentirte así. —Llevó la mano a su pene y lo masajeó con firmeza.
Chase tiró de una de sus piernas para que quedara más abierta y así eliminar la distancia; Vivian sintió cómo poco a poco se abría camino dentro de ella y soltó un jadeo profundo cuando él levantó las caderas y quedó incrustado en su interior.
Comenzó a mecerse sobre ella de manera suave al principio, pero cuando la fricción los humedeció por completo, aceleró el ritmo sin contemplaciones.
Le aferró la cabeza y fijó su mirada en la de ella.
—Eres hermosa, eres perfecta, tan suave y tan jodidamente apretada. Esto es el puto cielo.
Ella apenas podía respirar; ya estaba en su cielo desde hacía rato. Se sentía mareada de excitación. La fricción era increíble y un haz de luz la consumía mientras veía estrellas de placer.
Él la siguió enseguida, murmurando palabras calientes y estallando en una liberación que parecía no tener fin.
Se abrazaron fuertemente luego, mientras normalizaban la respiración. Vivian acarició los pectorales de Chase, que respiraba más relajado.
—Vivi, eso ha sido…
Se quedó callado unos momentos.
—Lo sé —dijo ella, pensando que Chase era lo mejor que le había ocurrido en mucho tiempo.
Soltó otro suspiro y se dijo que le daría unos minutos; se moría por repetir lo anterior.
Un rato después, cuando Vivian salió del baño, él, en la cama, revisaba en el teléfono la hora a la que abriría el servicio de habitaciones.
—¿A qué hora quieres desayunar? —preguntó mientras ella se acomodaba a su lado—. Si vamos a caminar todo el día, no aceptaré que intentes sobrevivir únicamente con café.
Vivian apoyó la cabeza sobre su hombro y miró la ciudad encendida detrás de los ventanales.
—A las nueve. Y quiero huevos y una cantidad indecente de café.
Chase programó el pedido antes de dejar el teléfono sobre la mesa. Después apagó la lámpara y la atrajo contra su cuerpo.
Vivian acomodó la cabeza bajo su barbilla y sonrió al sentir cómo él enlazaba los dedos con los suyos sobre las sábanas.