Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 36
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CAPÍTULO 36

La reunión con Graham Ellison se prolongó algo más de una hora.

El presidente de Northbridge Capital escuchó la exposición sin interrumpir y revisó las dos propuestas mientras Chase señalaba los ajustes que Mercer había realizado durante las últimas horas de la licitación.

Keller había modificado exactamente los mismos apartados y ofrecido lo necesario para superarlos sin sacrificar una parte significativa del margen.

Chase evitó acusar al comité o exigir que revocaran la recomendación.

Siguió el consejo de Vivian y presentó la revisión como una protección para el fondo.

Si las coincidencias eran producto de un análisis legítimo, una evaluación independiente lo confirmaría.

Si alguien había entregado información confidencial, adjudicar la oferta de Keller sin investigarlo podía comprometer todo el proyecto.

Ellison permaneció varios minutos comparando las cifras antes de cerrar ambos documentos.

—Puedo retrasar la entrega del informe definitivo durante treinta días —concedió—.

Para abrir una revisión formal necesitaré algo más que similitudes entre las propuestas.

Entrégame una prueba de acceso no autorizado o una conexión verificable entre alguien de Mercer y el consorcio de Keller, y solicitaré que un equipo independiente examine el proceso antes de la decisión final.

Si no encuentras nada, el comité continuará con la adjudicación.

Chase había esperado disponer de más tiempo, pero aceptó la condición. Ellison no le estaba prometiendo recuperar el proyecto; le ofrecía la oportunidad de demostrar que las ofertas no habían competido en igualdad de condiciones.

Llamó a Marcus en cuanto salió de la reunión.

La auditoría había detectado varias copias de la propuesta descargadas fuera del horario habitual, aunque todas correspondían a personas autorizadas.

Tendrían que revisar dispositivos y movimientos financieros hasta identificar algo que pudiera sostenerse frente al comité.

—Tenemos treinta días —le informó Chase mientras esperaba el ascensor—. Amplía el equipo si es necesario. No quiero una sospecha conveniente ni un nombre que podamos utilizar para tranquilizar a la junta. Necesito saber quién entregó la información y cómo llegó hasta Keller.

Marcus le aseguró que lo llamaría cuando tuviera algo verificable.

Dentro del ascensor, Chase revisó los mensajes acumulados durante la reunión. Entre los correos de su equipo encontró uno de Vivian.

Terminé la entrevista. Espero que tengas buenos planes para después del teatro, porque pienso recuperar todas las horas que llevamos separados.

Chase leyó el mensaje con una sonrisa. Había conseguido un mes para salvar la licitación y el resto dependía ahora de Marcus. Por primera vez desde el lunes, podía guardar los documentos sin sentir que estaba renunciando a algo.

Le escribió a Vivian para avisarle que regresaba al hotel.

Aquella noche, al menos, Nueva York les pertenecía.

• • •

Vivian oyó la tarjeta deslizarse por la cerradura mientras se colocaba un pendiente frente al espejo del dormitorio. Había terminado la entrevista con una candidata y conseguido pasar casi una hora sin mirar el teléfono para comprobar si él había escrito.

Salió al salón cuando Chase cerraba la puerta. Llevaba el abrigo abierto sobre el traje y el maletín de trabajo en la mano. El cansancio seguía marcado en su rostro, aunque la tensión de aquella tarde había disminuido.

Él levantó la vista y se detuvo al verla.

Vivian había elegido un vestido verde oscuro, de mangas largas y tela suave, que se ajustaba a su figura antes de caer por debajo de las rodillas. Todavía estaba descalza y llevaba el cabello recogido a medias, con algunos mechones sueltos alrededor del rostro.

La mirada de Chase descendió lentamente hasta sus pies y volvió a subir. Dejó el maletín junto al sofá sin apartar los ojos de ella.

—Tengo que cambiarme y acabas de convertir esa tarea en algo bastante más difícil.

Vivian terminó de asegurar el pendiente.

—Puedes empezar por contarme cómo salió la reunión. Después decidiré si mereces llegar a tiempo al teatro.

Chase atravesó la sala y se detuvo delante de ella.

Le apoyó una mano en la cadera mientras con la otra le apartaba el cabello del hombro.

El beso que dejó cerca de su boca fue lento y cálido, muy distinto al saludo que Vivian esperaba de un hombre que acababa de pasar varias horas defendiendo una licitación.

—Ellison retrasará el informe durante un mes —explicó sin alejarse—. Para solicitar la revisión formal, debemos demostrar que alguien accedió a la propuesta y entregó la información al consorcio. Las coincidencias entre las ofertas despertaron su interés, pero no bastan para detener el proceso.

Vivian lo observó con atención. No parecía satisfecho, pero tampoco llevaba en el rostro la furia de una derrota.

—Conseguiste que aceptara examinar el riesgo sin obligarlo a defender la decisión del comité. Eso era lo que necesitabas hacer hoy. Las pruebas dependen ahora de la auditoría.

—Utilicé casi exactamente tus palabras.

Chase deslizó los dedos por sus nalgas y la acercó un poco más. La tela de su abrigo todavía conservaba el frío de la calle.

—Ellison lleva décadas negociando con hombres que intentan demostrarle que es el más inteligente de la habitación. Le interesó bastante más la posibilidad de proteger al fondo que la idea de corregir un error.

—Porque ninguna persona con poder quiere que le expliquen que se equivocó. Prefieren descubrir a tiempo que evitaron un desastre.

—Debería empezar a llevarte a mis reuniones.

Vivian apoyó las manos sobre las solapas de su abrigo y comenzó a quitárselo.

—Cobro demasiado y ya tienes problemas suficientes con tu junta. Ve a cambiarte antes de que perdamos el primer acto.

Chase permitió que dejara el abrigo sobre el respaldo de una silla, pero cuando Vivian quiso apartarse, volvió a sujetarla por la cintura.

—Todavía tenemos tiempo.

La intensidad de sus ojos verdes hizo innecesaria cualquier explicación.

Vivian sintió la presión de sus dedos a través del vestido y el calor que empezaba a extenderse bajo la piel.

Llevaban varias semanas juntos y su cuerpo continuaba reaccionando a la proximidad de Chase con una facilidad que amenazaba sus mejores propósitos.

—Tenemos tiempo para que te duches y te pongas otra camisa —precisó, aunque no hizo ningún esfuerzo por separarse—. Si empiezas lo que estás pensando, terminaremos viendo la obra desde la segunda mitad.

Chase bajó la boca hasta rozarle los labios.

—Podría vivir con eso.

—Yo no. Quiero saber si tu gusto teatral es tan cuestionable como aquellas primeras condiciones matrimoniales.

La provocación consiguió que él sonriera. Le dio un último beso antes de entrar a tomar una ducha.

• • •

Salieron del hotel media hora después. Chase había cambiado la camisa y sustituido la corbata por otra más oscura, pero conservaba el traje.

Vivian añadió un abrigo ligero y unos zapatos de tacón que le permitían caminar sin tener que apoyarse en él a cada paso, aunque Chase mantuvo una mano en su espalda mientras atravesaban el vestíbulo.

Tomaron una copa cerca del teatro antes de ocupar sus asientos. La sala estaba llena y el murmullo del público creció hasta apagarse cuando se atenuaron las luces.

La obra contaba la historia de tres hermanos obligados a pasar una noche en la casa familiar después del funeral de su padre.

El texto alternaba momentos dolorosos con un humor tan ácido que Vivian se sorprendió riendo en escenas que, minutos antes, parecían destinadas a terminar en tragedia.

Chase permaneció atento durante toda la función.

En algunos momentos buscó la mano de Vivian sobre el apoyabrazos y mantuvo los dedos entrelazados con los de ella hasta el cambio de escena.

Al salir, Broadway estaba cubierta de luces y un viento frío se abría paso entre los edificios. Vivian se cerró el abrigo y aceptó el brazo de Chase mientras caminaban hacia el restaurante donde habían reservado para cenar.

—Detestaste al hermano mayor —comentó cuando dejaron atrás la entrada del teatro—. Cada vez que intentaba hacerse cargo de la situación, te movías en el asiento como si quisieras subir al escenario para despedirlo.

Chase redujo el paso para esquivar a una pareja que se había detenido en mitad de la acera.

—El hombre llevaba veinte años controlando la vida de todos y todavía esperaba que le agradecieran el esfuerzo. Además, pasó el segundo acto intentando resolver con dinero algo que requería una conversación.

Vivian lo miró de lado.

—Eso resulta interesante viniendo de alguien que llegó a Perfect Match con un equipo de abogados y un contrato leonino para organizar su futuro matrimonio.

Chase soltó una risa baja, sin la incomodidad que habría acompañado aquella observación semanas atrás.

—De leonino nada. La diferencia es que yo pagué a profesionales para redactar mis errores. Él los escribió a mano.

Vivian se rio y se acercó más a su costado cuando otra ráfaga de viento recorrió la avenida. Chase cubrió la mano que ella tenía apoyada en su brazo y continuaron caminando sin prisa.

El restaurante ocupaba la planta baja de un edificio antiguo, lejos del tramo más ruidoso del distrito. Tenía las paredes cubiertas de madera oscura y una iluminación cálida que parecía aislarlos del movimiento de la calle.

Durante la cena hablaron de la entrevista que Vivian había realizado aquella tarde y de los lugares que querían visitar al día siguiente.

Chase escuchó sin pedir detalles que pudieran comprometer la privacidad de la candidata.

Se interesó por lo que Vivian buscaba durante una conversación y por la forma en que decidía si dos personas podían construir algo más allá de una primera atracción.