Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 35 #2
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CAPÍTULO 35 #2

Al entrar en Midtown, Vivian bajó un poco la ventanilla. El olor de la comida callejera y el paso acelerado de la gente le devolvieron de golpe una ciudad que había recordado únicamente durante la noche.

Chase dejó de revisar el teléfono y la contempló mientras ella seguía con la mirada a un ciclista que acababa de atravesar entre dos taxis.

—Llevas varios minutos sonriendo. Empiezo a sospechar que aceptaste acompañarme por Nueva York y que yo solo fui una excusa conveniente.

Vivian cerró la ventanilla cuando el viento le desordenó el cabello.

—Me gusta la ciudad. La última vez no estaba en condiciones de disfrutarla, pero eso no significa que quiera reducirla al recuerdo de una habitación de hotel. Además, tú pasarás buena parte de la tarde encerrado en una reunión. Tendré tiempo de decidir cuál de los dos me interesa más.

Chase deslizó una mano sobre el asiento y la apoyó en la rodilla de ella.

—Procura llegar a una conclusión favorable antes de esta noche. Las entradas para el teatro no admiten cambios de acompañante.

Se quedaron en silencio. Sus dedos permanecieron sobre la pierna de Vivian y su mano se movió distraídamente por la tela del pantalón mientras él miraba la ciudad.

Aquel gesto sencillo despertó en ella una intimidad que poco tenía que ver con el flirteo.

Chase podía estar preocupado por la reunión y atento a los mensajes que no dejaban de llegarle, pero una parte de él seguía allí, conectada con ella.

El hotel se levantaba cerca de Central Park South. Atravesaron un vestíbulo de piedra clara y enormes arreglos de flores blancas. Mientras un botones se ocupaba del equipaje, Chase recogió las tarjetas de la suite y la condujo hacia los ascensores.

Vivian agradeció que no fuera el mismo hotel donde habían pasado la noche tiempo atrás. Chase, como si adivinara sus pensamientos, dijo:

—No quería alojarnos en el lugar donde nos conocimos. Bastantes cosas de este viaje van a recordarnos aquella noche sin necesidad de dormir en la misma habitación.

Ella alzó los ojos hacia él. Chase había pensado en eso antes de reservar. Había imaginado cómo se sentiría ella al cruzar aquel vestíbulo y había decidido ofrecerles un espacio que no perteneciera al pasado.

—Gracias —dijo, y rozó con los dedos la manga de su abrigo—. No sé si me habría molestado, pero prefiero averiguarlo sin tener que entrar allí.

Chase cubrió los dedos de ella con los suyos.

La suite tenía un dormitorio amplio y ventanales que ofrecían una vista parcial de Central Park.

El verde todavía dominaba las copas, pero en algunos extremos aparecían los primeros tonos dorados.

Abajo, el tráfico avanzaba junto al parque y las personas parecían pequeñas figuras arrastradas por la corriente de las aceras.

Vivian dejó el bolso sobre una butaca y caminó hasta el ventanal.

—La vista es preciosa.

—La elegí pensando que trabajarías mejor aquí mientras estoy en la reunión. También pedí que instalaran otro escritorio para que no tuvieras que convertir la mesa del comedor en una extensión de Perfect Match.

Vivian se volvió despacio. Cerca de la ventana había un escritorio con una silla ergonómica y los accesorios necesarios para conectar su portátil.

El detalle era poco romántico y exactamente el tipo de atención que podía conmoverla más que unas flores o una joya.

Había recordado que ella también debía trabajar.

—Cuando dijiste que podría hacer la entrevista desde el hotel, no imaginé que organizarías una oficina.

Chase se quitó el abrigo y lo dejó sobre el respaldo de una silla.

—Sé que tu trabajo no desaparece porque hayas decidido acompañarme. Necesitabas un lugar apropiado para hacerlo.

Vivian recorrió con los dedos el borde del escritorio.

La facilidad con que Chase había pensado en ella y en lo que podía necesitar durante el viaje le produjo una calidez imprevista.

Él seguía siendo un hombre acostumbrado a organizarlo todo a su manera, pero esta vez había hecho espacio para que ella pudiera conservar la suya.

No estaba segura de que él comprendiera cuánto había cambiado. Chase consultó la hora y recogió los documentos de la licitación.

—El automóvil vendrá por mí dentro de cuarenta minutos. La reunión puede prolongarse, pero estaré de regreso antes de las seis. La obra empieza a las siete y media y prefiero que tengamos tiempo de comer algo antes.

La rigidez regresó a sus hombros cuando abrió el maletín para comprobar los documentos. Vivian lo observó ordenar una vez más unas páginas que seguramente conocía de memoria.

—Has preparado cada argumento que puedes presentar y llevas toda la semana repasándolo. Lo que te preocupa no es olvidar una cifra.

Chase dejó las manos sobre el maletín abierto.

—El presidente del fondo participó en la evaluación preliminar. Pedirle que respalde la revisión equivale a pedirle que reconozca que el comité pudo favorecer una propuesta sin examinarla lo suficiente. Las personas que ocupan esas posiciones no disfrutan admitiendo que algo se les escapó.

Vivian se acercó. Le alisó la corbata y acomodó el cuello de la camisa, aunque ninguno de los dos necesitaba realmente aquella corrección.

—Entonces no le pidas que admita un error. Muéstrale el riesgo de adjudicar el proyecto sin comprobar por qué las dos ofertas coinciden en puntos que solo conocía tu equipo. Si siente que está protegiendo al fondo, te escuchará antes de ponerse a defender al comité.

Chase la miró con atención. Vivian reconoció el instante exacto en que dejó de recibir sus palabras como un gesto de apoyo y empezó a valorar el argumento.

—Debería llevarte conmigo.

—No. Yo tengo una entrevista y tú no necesitas entrar allí acompañado por la mujer que organiza matrimonios. Bastante difícil será explicar por qué tus competidores conocen tus cifras.

La mano de Chase se cerró alrededor de su cintura y la acercó hasta que el maletín abierto quedó olvidado a un lado.

—No organizas matrimonios. Diriges una empresa que averigua qué quiere la gente incluso cuando se esfuerza en ocultarlo. Eso podría ser útil esta tarde.

Vivian le acomodó la corbata con cuidado y dejó la mano sobre el nudo. La tensión seguía marcada en la forma en que Chase sostenía los hombros.

—Tú ya sabes qué quiere ese hombre. Solo tienes que permitirle conservar la impresión de que llegó a la conclusión por sí mismo.

Una sonrisa breve apareció en la boca de Chase.

—Eso ha sido despiadado.

—Ha sido práctico.

Él inclinó la cabeza y la besó. No hubo prisa en su boca a pesar de la reunión que lo esperaba. La sujetó con fuerza suficiente para pegarla a su cuerpo, y Vivian percibió el calor que guardaba bajo el traje y el roce frío del reloj contra la parte baja de su espalda.

Cuando Chase se apartó, mantuvo la frente apoyada contra la de ella.

—Volveré antes de las seis. Si la reunión sale mal, necesitaré unos minutos para dejar de pensar en ella antes de llevarte al teatro.

—Y si sale bien, también. No he venido hasta Nueva York para pasar la noche escuchándote hablar de márgenes y comités.

—Haré lo posible por recordar que tengo otros intereses.

La forma en que la miró dejó bastante claro cuáles eran, pero no intentó convertirlo en otra promesa. Le dejó un último beso en la frente y salió.

Vivian esperó hasta oír cerrarse la puerta. Sobre el portaequipajes, su maleta descansaba junto a la de Chase. Los documentos de ambos ocupaban extremos distintos de la sala.