Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 34
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CAPÍTULO 34

Habían pasado dos semanas desde que Vivian y Chase regresaron de la isla.

La primera semana se fue entre el cierre formal de su proceso con Perfect Match y los encuentros que conseguían acomodar después del trabajo. La cena en casa de Chase había disipado cualquier duda sobre lo ocurrido entre ellos: lejos de la cabaña, continuaban buscándose con la misma intensidad.

El lunes siguiente, Chase tuvo que salir de Chicago por trabajo.

Vivian creyó que la distancia les permitiría bajar el ritmo.

En cambio, él la llamó cada noche desde el hotel y aquellas conversaciones terminaron ocupando un lugar demasiado agradable al final de sus días.

Hablaban hasta tarde, muchas veces sin otro motivo que escucharse, y Vivian empezó a descubrir cuánto lo extrañaba cuando no podía tocarlo.

Chase regresaría aquel viernes por la tarde.

Adrian Keller llegó a Perfect Match con la puntualidad que Vivian empezaba a asociar con él.

Vivian había seleccionado tres perfiles y los tenía abiertos en la tableta cuando él entró.

—Esta vez sí tengo algo que mostrarle.

Keller tomó asiento frente al escritorio y cruzó una pierna.

—Después de tantos correos, esperaba que al menos una candidata hubiera sobrevivido a sus filtros.

—Sobrevivieron tres. Que alguna quiera conocerlo es otro asunto.

La sonrisa de Keller apareció un instante. Vivian abrió el primer perfil y giró la tableta hacia él.

—Claire Sullivan tiene treinta y ocho años, arquitecta, divorciada y sin hijos. Vive en Nueva York, pero viaja con frecuencia por trabajo. Le interesa una relación estable, aunque dejó muy claro que no piensa precipitar ninguna decisión para adaptarse a la agenda de otra persona.

Keller leyó el perfil completo antes de detenerse en la fotografía.

—Quiero conocerla.

Vivian apoyó el bolígrafo sobre la mesa.

—¿Qué le ha interesado?

Él volvió a mirar la pantalla antes de responder.

—Tiene una vida que parece gustarle. No está esperando que llegue alguien a organizarla por ella.

La explicación coincidía con lo que Vivian había empezado a advertir en sus correos. Pasó al segundo perfil.

—Rebecca Hale tiene treinta y siete años, una hija adolescente y vive aquí, en Chicago. Trabaja en consultoría estratégica. No contempla mudarse durante los próximos años, así que la distancia tendría que negociarse si las cosas avanzaran.

Keller dedicó más tiempo a leer el resumen.

—Eso no me impediría conocerla.

—En su primer formulario indicó que prefería a alguien de Nueva York.

—Era una preferencia, no una condición. Viajo a Chicago con suficiente frecuencia y, si conociera a alguien compatible, decidiríamos entre los dos qué resulta viable.

Vivian hizo una anotación. Al menos Keller no parecía buscar a una mujer dispuesta a desmontar su vida antes de la primera cita.

El tercer perfil pertenecía a una candidata de treinta y seis años, sin hijos, con una agenda flexible y disposición para trasladarse si la relación llegaba a requerirlo. Keller recorrió la información con la mirada y le devolvió la tableta casi enseguida.

—Con ella no.

Vivian esperó algo más. Pero Keller guardó silencio, apoyó la tableta sobre el escritorio.

—Necesito saber por qué. No encontrarla atractiva también es una razón válida.

—No tiene que ver con su aspecto. —Keller señaló la parte del perfil dedicada a sus expectativas—. Está dispuesta a mudarse y acomodar su agenda. Ni siquiera sabe quién soy todavía y ya parece preparada para adaptarse.

—Quizá solo quiso dejar abiertas sus posibilidades.

—Puede ser. Pero las otras dos establecieron con claridad lo que no están dispuestas a sacrificar. Prefiero empezar por ahí.

Vivian cerró el tercer perfil. Keller había elegido precisamente a las dos mujeres con menos disponibilidad para acomodarse a él, un criterio bastante más revelador que cualquiera de las preferencias anotadas en su formulario inicial.

—Entonces consultaré a Claire y Rebecca. Recibirán su información y después organizaremos las citas. ¿Qué días estará disponible la próxima semana? Si ambas están interesadas, intentaré coordinar las citas dentro de esas fechas.

Keller aceptó la petición sin discutir. Revisaron las fechas de su viaje y reservaron de manera provisional dos noches.

—Esperaré noticias suyas.

Después de acompañarlo hasta la puerta, Vivian regresó al escritorio y envió los perfiles de Keller a Claire y Rebecca. Descartó la tercera opción para futuras propuestas.

Observó la hora. Chase debía haber aterrizado hacía casi cuarenta minutos.

Tenía un mensaje suyo, enviado al bajar del avión.

Ya voy camino a recogerte. Te espero abajo.

Llevaba cinco días deseando verlo y, ahora que unos pisos la separaban de él, el cuerpo parecía haberse adelantado al resto de sus pensamientos.

Cerró la computadora, recogió el bolso y salió de Perfect Match.

Chase estaba junto al automóvil, con un abrigo oscuro sobre el traje y la corbata todavía perfectamente anudada pese a las horas de viaje.

Concentrado en la pantalla del teléfono, tenía el aspecto del hombre que acababa de abandonar una reunión y podía entrar en otra sin necesidad de pasar por casa.

Vivian se quedó mirándolo mientras cruzaba la acera. Su cuerpo reaccionó con una franqueza casi vergonzosa. Recordó la barba raspándole el interior de los muslos y la voz grave con la que había pronunciado su nombre la última mañana que despertaron juntos.

Al verla, Chase guardó el teléfono. La expresión severa con la que contemplaba la pantalla desapareció y una sonrisa lenta le cambió el rostro.

Vivian sintió alivio y la certeza de que él había regresado y estaba allí, esperándola. Caminó con el pulso acelerado. Chase apenas le dio tiempo de llegar hasta él antes de rodearle la cintura y atraerla contra su cuerpo.

—Hola —murmuró ella.

Él respondió besándola. La boca de Chase cubrió la suya con un hambre contenida durante demasiados días.

Vivian se pegó a él, consciente del calor de su pecho y del olor familiar de su piel.

Había imaginado aquel beso durante toda la semana, pero la realidad tenía algo que sus fantasías no habían conseguido reproducir: la manera en que él la sostuvo después, sin apresurarse a soltarla.

Chase rozó su nariz con la de ella y permaneció cerca.

—Te extrañé.

La confesión la conmovió. Vivian deslizó los dedos hasta su nuca y volvió a besarlo, esta vez más despacio.

—Yo también.

Mientras lo decía, comprendió que no hablaba únicamente de su cuerpo ni de las noches que todavía quería pasar en su cama.

Esperaba sus llamadas al final del día con una impaciencia que ya no podía fingir que no existía.

Había empezado a reservar pequeñas cosas para contárselas después y Chase aparecía cada vez más seguido en sus planes, incluso antes de que ella decidiera hacerle espacio.

Jesús.

Se estaba enamorando.

La idea debería haberla impulsado a retroceder. En lugar de hacerlo, Vivian permaneció entre sus brazos, preguntándose si Chase acababa de llegar a la misma conclusión.

—¿Lista? —preguntó él al cabo de un momento.

Vivian lo miró. Habían quedado en pasar juntos el fin de semana.

—Sí. Vámonos.

Chase abrió la puerta del automóvil y esperó a que subiera.

Vivian sabía exactamente lo que deseaba de él aquella noche. Lo nuevo era que empezaba a querer también las mañanas siguientes.

• • •

Una semana después del fin de semana que había compartido con Vivian, Chase terminaba una videoconferencia cuando William entró en su despacho.

Le bastó ver el ceño fruncido de su padre para cerrar el portátil.

—¿Qué ocurrió?

William empujó la puerta hasta cerrarla y avanzó hasta el escritorio. Llevaba unos documentos en la mano, pero no se los entregó de inmediato.

—El comité recomendó adjudicar el proyecto de los hospitales al consorcio de Keller.

Chase se puso de pie. Su padre se refería a una licitación con un importante consorcio de la salud que iba a construir hospitales en todo el país.

—¿Recomendó o adjudicó?

—La decisión debe ser adjudicada dentro de tres semanas. Hasta entonces, cualquiera de los participantes puede solicitar una última revisión técnica si demuestra que existen razones suficientes.

William dejó los documentos sobre el escritorio.

Chase tomó la primera hoja y empezó a revisar las cifras.

El consorcio había reducido los costes de construcción lo necesario para superar la propuesta de Mercer, pero había protegido los márgenes en los mismos puntos donde ellos habían cedido durante la última negociación.

Demasiadas coincidencias.

—Conocían nuestros límites.

—Eso parece —admitió William—. Sin embargo, una oferta ajustada no bastará para que el comité reabra el proceso. Necesitamos señalar una irregularidad concreta.

Chase pasó a la siguiente página. Habían trabajado durante cuatro meses en aquella propuesta. Los estudios preliminares y el diseño del plan de expansión habían consumido cientos de horas. También era la segunda licitación importante que perdían frente al mismo grupo.

—Solicitaremos la revisión.

—Primero tenemos que sostenerla con algo más que una sospecha.

Chase levantó la vista.

—El jueves me reuniré en Nueva York con el presidente del fondo que financia la expansión. No puede modificar la recomendación del comité, pero puede exigir que se revisen las inconsistencias antes de la adjudicación.

William asintió.

—Tendrás que llevarle pruebas.

—Las tendré. —Chase cerró el documento y lo dejó sobre el escritorio—. Quiero una revisión de todos los accesos y las reuniones relacionadas con nuestra propuesta durante las últimas seis semanas. Lo haré fuera de los canales habituales y sin involucrar todavía a seguridad interna.

—¿Vas a llamar a Marcus? —preguntó William.

—Él puede investigar sin alertar a la persona que está filtrando información.

—Si existe esa persona.

La cautela de su padre era razonable, pero Chase ya había visto lo suficiente. Keller no se había limitado a presentar una oferta mejor. Había apostado la cantidad exacta para vencerlos sin sacrificar un dólar innecesario.

—Dos propuestas perdidas ante el mismo consorcio y dos ofertas calculadas para anticiparse a nuestros límites. Si es una casualidad, Marcus lo comprobará.

William apoyó una mano sobre el respaldo de la silla situada frente al escritorio.

—Hasta que tengas pruebas, no hagas ningún movimiento contra Keller ni contra nadie de la junta. La revisión se celebrará dentro de dos semanas. Si conviertes una sospecha en una acusación antes de tiempo, les darás un motivo para descartarnos definitivamente.

Chase miró a su padre a los ojos.

—Esta vez no voy a reaccionar sin saber contra quién estoy peleando.

William asintió.

—Procura recordarlo cuando estés en Nueva York.

Su padre se despidió y Chase tomó el teléfono sobre el escritorio con la intención de llamar a Marcus, pero el aparato parpadeó antes de que marcara. Era un mensaje de Vivian.

Superé la reunión de las cuatro con un cliente muy difícil. Merezco una copa de vino. ¿A qué hora llegas?

Chase contempló la pantalla. La sola visión de su nombre provocó que la tensión en su cuerpo cediera un poco; con el informe de la licitación abierta sobre la mesa, la realidad volvía a exigirle el control absoluto.

Respondió con la brevedad de quien tiene la cabeza en dos lugares a la vez.

Se complicó la tarde en la oficina. Te veo en tu apartamento a las ocho.

Dejó el teléfono sobre la madera y apretó el puente de su nariz. No quería llevar la mierda de la empresa al espacio de Vivian, pero sabía que esconderle el tono de su humor sería imposible.