Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 33
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CAPÍTULO 33

La primera vez que Vivian llegó a casa de Chase sin una discusión pendiente resultó mucho más intimidante que la vez anterior.

Permaneció dentro del coche con el motor apagado, mirando la fachada iluminada y preguntándose por qué sus manos se negaban a soltar el volante.

Ya conocía aquella casa. Había estado allí después de la gala, celosa y decidida a exigir respuestas.

Entonces había entrado sin miedo a perder nada. Ahora sí tenía algo que perder.

Esa noche, Chase la había invitado a cenar y ella había aceptado porque quería estar con él, y eso la ponía mucho más nerviosa que la cabaña aislada durante la tormenta.

Con el alma en vilo, vio encenderse la luz del porche.

Chase salió de la casa sin chaqueta, con una camisa oscura abierta en el cuello.

Vivian lo vio acercarse por el sendero y apoyó la cabeza contra el respaldo.

—Maldición.

Él golpeó suavemente el cristal con los nudillos. Vivian bajó la ventanilla y se encontró con su expresión divertida.

—Llevas casi cinco minutos estacionada. Si tardas mucho más, vas a ser responsable de lo que le ocurra a la cena.

Vivian lo miró con desconfianza.

—No pongas esa cara. Sé utilizar una cocina sin supervisión.

—Tienes una casa que probablemente cuenta con personal suficiente para alimentar a un equipo de fútbol. No imaginé que fueras a preparar la cena tú mismo.

—En el avión te lo dije. Quería hacerlo yo.

La sencillez de sus palabras le encogió el pecho. Chase abrió la puerta del coche, pero Vivian no se movió enseguida.

Él apoyó una mano sobre el borde y la observó con mayor atención.

—Estás nerviosa.

Vivian soltó el volante.

—La última vez que estuve aquí me fui convencida de que todo estaba por empezar. Después abrí mi correo.

—Fue el peor error que he cometido.

—No fue uno de mis mejores momentos tampoco.

—Entonces tenemos algo en común. Esta noche pienso corregir mi parte.

Chase extendió la mano. Se limitó a esperar con la seguridad de quien sabía que Vivian no había conducido hasta allí para quedarse dentro del coche.

Ella apoyó los dedos sobre los suyos y bajó.

Chase cerró la puerta del auto mientras ella sacaba el bolso del asiento trasero. Él se lo quitó de la mano antes de que pudiera colgárselo al hombro.

Vivian lo miró, pero Chase la tomó de la mano y caminó con ella hacia la casa.

El viento frío le movía el cabello sobre el rostro. Apenas alcanzaron el porche, ella percibió el aroma de algo caliente que llegaba desde el interior.

Chase abrió la puerta, pero en lugar de entrar se volvió hacia ella y le rodeó la cintura.

—Hola —murmuró.

Él inclinó la cabeza y la besó. Su boca se movió sobre la de ella con lentitud, disfrutando del reencuentro. Vivian apoyó una mano en su corazón y sintió las palpitaciones bajo la palma.

—Podrías haber empezado por ahí.

Cuando Chase profundizó el beso, ella lo aferró de la tela de la camisa. El olor de su colonia se mezclaba ahora con el de la cena que escapaba desde la casa. Vivian se apartó lo suficiente para respirar.

—Huele bien.

La sonrisa de Chase apareció muy cerca de su boca.

—Espero que hables de mí.

—Estoy hablando de la cena.

Él volvió a besarla antes de abrir la puerta por completo.

—Entra antes de que tenga que volver a empezar.

Vivian cruzó el umbral junto a él. Reconoció el vestíbulo y la escalera.

La cocina olía a ajo dorado y romero. Había cocinado para ella y eso terminó de derretirla. Sobre la isla había dos puestos preparados, una botella de vino abierta y una fuente que Chase acababa de sacar del horno.

Vivian se acercó a la isla. Observó la fuente y después la mancha de salsa en el antebrazo de Chase.

—Sigo sin creer que lo hagas tú.

Chase tomó una cuchara, recogió un poco de salsa y se la ofreció. Vivian se inclinó para probarla. El sabor de la mantequilla y las hierbas le llenó la boca mientras él esperaba su reacción sin apartar los ojos de ella.

—Está muy bueno —admitió.

La satisfacción apareció en el rostro de Chase antes de que volviera a ocuparse de la fuente.

—Puedes parecer más sorprendida. No voy a ofenderme.

Vivian sonrió y tomó la copa de vino que él había servido.

—No pienso darte ese gusto.

La fuente contenía pollo asado rodeado de vegetales. Vivian observó cómo lo servía, sorprendentemente cómodo entre cuchillos y sartenes.

—¿Desde cuándo lo haces?

—Desde que empecé a vivir solo. Sé seguir una receta y distinguir la sal del azúcar. No tiene demasiado mérito.

—Después de saber que diriges una corporación, imaginaba que delegabas el uso del horno.

—Delego lo que otra persona puede hacer mejor. Esta receta todavía no me ha derrotado.

Vivian señaló su brazo.

—Tienes salsa.

Chase miró la mancha y tomó el paño que ella le ofrecía.

—Gajes del oficio.

La normalidad del gesto le produjo una calidez inesperada. No había personal entrando y saliendo ni una mesa preparada para impresionar. Solo Chase sirviendo la cena que había cocinado para ella.

Él llenó las copas y levantó la suya.

—Por nuestra primera cita sin una emergencia meteorológica.

Vivian rozó su copa con la de él.

—La noche apenas comienza. No descartaría nada, y sería una segunda cita; recuerda Nueva York.

Cenaron en la isla de la cocina. La comida estaba realmente buena, aunque Vivian esperó hasta la mitad del plato para admitirlo. Chase no celebró la victoria; le sirvió un poco más mientras ella todavía protestaba que no era necesario.

La conversación avanzó sin esfuerzo. Hablaron del trabajo acumulado durante el viaje y de la llamada de Clara, que había amenazado con instalar una aplicación de localización en el teléfono de Vivian.

Chase le contó que Marcus había enviado tantos mensajes durante la tormenta que terminó contactando al piloto para comprobar que seguían vivos.

Cuando acabaron, Vivian llevó su plato hasta la isla. Chase abrió el lavavajillas y ella se quedó a su lado, observándolo recoger las copas.

—Sloane confirmó que la tarifa inicial de tu contrato no se devolverá.

Chase colocó un plato en la bandeja inferior.

—Es lo que establece el acuerdo.

—La agencia no completó el proceso.

—Porque yo decidí retirarme.

—Podrías solicitar una excepción.

Chase cerró el lavavajillas y se volvió hacia ella.

—¿Se la concederías a cualquier otro cliente que cancelara después de un mes de trabajo?

—No.

—Entonces tampoco debes concedérmela a mí.

—La situación no es comparable.

—Precisamente porque ahora existe algo entre nosotros, tienes que aplicar las mismas condiciones. Devolverme el dinero sería tratarme de manera diferente.

Vivian apoyó una mano en el borde de la isla. Había pasado parte del día convencida de que aceptar la tarifa completa podía interpretarse como una ventaja obtenida gracias a su relación con Chase. Él acababa de mostrarle la lectura contraria.

—Sigue resultándome incómodo.

—Puedes sentirte incómoda y cumplir el contrato al mismo tiempo.

El comentario fue tan propio de él que Vivian estuvo a punto de discutir únicamente por no concederle el punto.

Chase debió notarlo.

—Si la abogada de Perfect Match encuentra una cláusula que obligue a devolver parte de la tarifa, aceptaré lo que determine. Si no la encuentra, se queda como está. La agencia hizo el trabajo y yo tomé la decisión de terminarlo.

—No quiero que pagues para protegernos.

—No lo hago. Pago porque firmé un contrato.

No hubo arrogancia ni intento de comprar una solución. Chase estaba haciendo exactamente lo que le había pedido desde el principio: respetar las reglas de Perfect Match.

Vivian soltó el borde de la isla.

—De acuerdo.

Él asintió y no cometió el error de mostrarse satisfecho por haber ganado la discusión.

Una hora después, Vivian estaba descalza en el sofá del salón. Había dejado los zapatos junto a la mesa y mantenía un vaso de agua entre las manos mientras Chase buscaba algo de música en su reproductor.

—¿Alguna preferencia? —preguntó él.

—Algo tranquilo. He tenido suficientes emociones por hoy.

Chase eligió una lista de reproducción y se sentó a su lado. Pasó un brazo alrededor de sus hombros y la atrajo hacia él. Vivian se acomodó contra su costado, con las piernas recogidas sobre el sofá, mientras la música llenaba suavemente el salón.

Hablaron un rato, sin un tema en particular, hasta que Chase le tomó una mano y comenzó a acariciarle distraídamente el dorso.

Ella había llegado preparada para manejar el deseo. No había previsto lo fácil que resultaría sentarse a su lado y permitir que la casa dejara de parecer territorio ajeno.

Cuando Chase le besó el cabello, Vivian cerró los ojos y se acercó un poco más. Solo disfrutó de estar allí, entre sus brazos.