CAPÍTULO 31
Vivian salió detrás de Chase y esperó mientras el conductor acomodaba el equipaje en la parte trasera del vehículo. Antes de subir, miró de nuevo hacia la cabaña.
Se detuvo. Era absurdo sentir nostalgia por un lugar en el que había pasado tan poco tiempo. Había llegado deseando encerrarse en el dormitorio para mantenerse lejos de Chase y ahora abandonaba aquellas paredes sabiendo que nada volvería a ser igual cuando llegaran a Chicago.
—¿Olvidaste algo? —preguntó Chase.
Vivian miró hacia la terraza.
—Comprobaba si tu amiga había vuelto para despedirse.
Él siguió la dirección de sus ojos y entendió enseguida.
—Ahórratelo.
—Después de la conexión que tuvieron, esperaba verla tomando el sol junto a la puerta.
Chase abrió el vehículo.
—Estaba calculando cómo alejarla sin hacerle daño.
—Con un vidrio de por medio.
—Era enorme, Vivian.
Ella entró con una sonrisa.
—Lo sé. Nunca olvidaré el tamaño que alcanzó en tu versión de los hechos.
Chase cerró la puerta y rodeó el automóvil.
Durante el trayecto hacia el pequeño aeropuerto, las cabañas desaparecieron detrás de la vegetación y el mar surgió por momentos entre los árboles. Chase revisó los mensajes que acababan de entrar en su teléfono. Vivian hizo lo mismo.
La normalidad había regresado con una lista de correos, llamadas perdidas y mensajes de Sloane, Juliet y Clara. Todo lo que durante aquellos días había permanecido suspendido volvía a reclamar su atención.
Contestó a su hermana para decirle que estaba bien y que se verían cualquier día de la siguiente semana. Cuando levantó la cabeza, encontró a Chase observándola.
—¿Buenas noticias?
—Clara estaba a punto de organizar un operativo internacional para localizarme.
—¿Ya sabe que sobreviviste?
—Sí. He omitido algunos detalles sobre las condiciones del encierro.
Los ojos de Chase descendieron lentamente hasta sus piernas antes de regresar a su rostro.
—Has hecho bien. Podría llevarse una impresión equivocada.
—No estoy segura de que fuera equivocada.
Él no contestó, pero la curva que apareció en su boca permaneció allí hasta que llegaron al aeropuerto.
El vuelo de regreso no se parecía en nada al de ida. Estaban los mismos asientos enfrentados y la misma mesa que ambos habían utilizado como frontera, pero Chase estiró una pierna hasta rozarle deliberadamente la pantorrilla.
Vivian levantó la vista del correo que estaba leyendo.
—Esa pierna está en mi lado.
—Después de dos noches compartiendo cama, me sorprende que todavía reclames unos centímetros.
—Veo que esas dos noches te dejaron demasiada confianza.
—Dormí bastante poco, pero aproveché muy bien el tiempo.
La frase le produjo un calor inmediato bajo la blusa. Vivian miró el teléfono, aunque las palabras del correo habían dejado de tener sentido.
Chase le dio tiempo antes de hablar de nuevo.
—¿Cuándo vas a reunirte con Sloane y Juliet?
La pregunta devolvió a Vivian al motivo por el que llevaba casi veinte minutos evitando abrir los mensajes de sus socias.
—En cuanto lleguemos. Esto tengo que explicárselo en persona.
—¿Y cuánto tardará en quedar resuelto?
Vivian hizo un cálculo rápido. Debía contarles lo de Nueva York, el beso de la gala y todo lo ocurrido en la cabaña. Después tendrían que revisar las condiciones del contrato de Chase y formalizar que ella dejaba de intervenir en el caso.
—La conversación será hoy. Lo demás puede tomar uno o dos días.
Chase asintió.
—Dime qué noche puedes, pero quiero una cita contigo, Vivian. Una de verdad. Sin utilizar una reunión de trabajo para conseguir que te sientes frente a mí. Podrías ir a mi casa.
La naturalidad de la propuesta la desconcertó más de lo que habría querido admitir.
—Vaya, vaya, señor Mercer, me gusta cómo ha sonado eso.
—Y eso que todavía no te he dicho lo que pienso cocinarte.
Vivian sonrió.
—Creo que podré mañana en la noche.
Chase apoyó los antebrazos sobre la mesa. Se le borró el gesto de diversión, aunque su voz continuó serena.
—Nos tomaremos el tiempo que necesites para ordenar lo profesional, pero quiero que sepas que no pienso convertir esto en una relación que solo exista dentro de mi casa. No voy a actuar como si apenas nos conociéramos cada vez que aparezca alguien que nos conozca.
Vivian no desvió los ojos y tomó sus manos; entrelazó sus dedos. La diferencia de tamaño era evidente. Le acarició el dorso y detalló sus uñas cortas y bien cuidadas.
—Estoy más que de acuerdo contigo. Tendremos que ser discretos un par de semanas; podemos ir haciéndolo público sin presión.
—Quería escucharte decirlo.
—Pues ya lo escuchaste. Tampoco quiero ser un secreto, Chase. Solo necesito evitar que parezca que utilicé la agencia para acercarme a un cliente.
—Lo entiendo.
La facilidad con que aceptó volvió a sorprenderla. Chase habría podido ofrecer abogados, dinero o alguna maniobra para acelerar el proceso. En cambio, se limitó a darle el tiempo que necesitara, sin dejar de verla.
El avión inició el ascenso y la conversación quedó interrumpida mientras atravesaban una franja de nubes. Vivian miró por la ventanilla hasta que la isla se redujo bajo ellos y el océano ocupó todo lo que alcanzaba a ver.
Cuando se apagó la señal de los cinturones, Chase se levantó. En lugar de regresar a su asiento después de revisar algo en el compartimento del equipaje, se acomodó junto a ella.
—Hay otra parte de la cita que todavía no hemos discutido.
Vivian giró el rostro. La proximidad de su cuerpo cambió de inmediato la temperatura de aquel lado de la cabina.
—Creía que solo era la cena.
—Después quiero llevarte a la cama. —Chase apoyó una mano sobre su rodilla—. Quiero desnudarte en mi dormitorio y despertarme contigo al día siguiente sin una tormenta que podamos utilizar como excusa.
Su mano ascendió lentamente, deteniéndose cuando alcanzaron el borde de la falda. Vivian sintió el calor de su palma erizándole la piel; no sabía si por sus caricias o sus palabras.
—Estás dando por supuesto que aceptaré.
—Estoy diciéndote lo que quiero.
—Qué considerado.
Chase mantuvo la mano inmóvil. La presión de sus dedos aumentó lo suficiente para que Vivian recordara con demasiada claridad cómo la había tocado sobre la alfombra de la cabaña.
Chase ya iba a retirar la mano, pero Vivian la cubrió con la suya. Él creyó que iba a apartarlo. Ella entrelazó los dedos con los suyos y los llevó unos centímetros más arriba.
La respiración de Chase cambió.
—Eso pensaba.
—No te pongas arrogante. Todavía no he aceptado quedarme en tu casa.
—Pero acabas de darme una razón excelente para insistir.
Vivian se inclinó hacia él y rozó su boca sin llegar a besarlo.
Chase cerró la mano sobre su muslo y acortó la distancia.
El beso fue lento al principio, cargado con todo lo que habían dejado dentro de la cabaña y que, evidentemente, también había subido al avión con ellos.
Vivian lo sujetó por la corbata, manteniéndolo cerca hasta que el ruido de la vajilla al otro lado del separador les recordó que no estaban solos.
Se apartó primero y se arregló la falda mientras Chase volvía a su asiento.
Vivian volvió a abrir los mensajes de Sloane y Juliet. Chicago seguía a varias horas de distancia, pero el tiempo para volverlo a ver acababa de parecerle demasiado largo.
• • •
Cuando el avión inició el descenso sobre Chicago, Vivian dejó el teléfono sobre la mesa.
Lo que la aguardaba al aterrizar llevaba todo el vuelo ocupándole la cabeza.
Desde la ventanilla alcanzaba a distinguir el lago y la cuadrícula de edificios extendiéndose bajo ellos.
Con cada pérdida de altura se acercaba también la conversación que tendría que mantener con Sloane y Juliet.
Chase dejó el documento que estaba leyendo.
—Llevas varios minutos mirando la misma notificación.
—Estoy a punto de explicarles a mis socias que nuestro cliente más importante canceló el proceso y que ahora quiere salir conmigo. Tengo que pensar un poco cómo abordarlo.
—Diles que cancelé porque continuar con Elena habría sido deshonesto. —Chase sostuvo su mirada—. Y que quiero averiguar qué puede existir entre nosotros fuera de esa isla. Las dos cosas son ciertas.
La distinción importaba. Vivian no quería presentarse ante sus amigas como la mujer por la que Chase había descartado a una candidata, aunque sabía que ninguna explicación borraría por completo esa lectura.
—Yo también quiero averiguarlo.
—También soy responsable de lo ocurrido y hablaré con ellas si lo consideran necesario.
—No voy a utilizarte como escudo —retrucó ella.
—No me estaba ofreciendo como escudo. Estoy diciendo que no vas a asumir esto sola.
Vivian bajó la mirada hacia la ciudad. Podía imaginar la cara de Sloane cuando escuchara la historia completa y, por primera vez, la parte profesional no era lo único que la inquietaba.
Antes de viajar, les había prometido que no existían más secretos y les había mentido.