Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 30
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CAPÍTULO 30

Más tarde, cuando la luz terminó de desaparecer detrás de los ventanales, quedaron envueltos en la manta del sofá. Chase jugaba con un mechón del cabello de Vivian mientras ella descansaba la cabeza, escuchando el latido constante de su corazón.

—Lo que te conté antes de venir aquí sobre Phillip… no era toda la historia.

Vivian levantó la cabeza. Chase seguía mirando hacia los cristales, donde el interior de la cabaña se reflejaba sobre la oscuridad.

—¿Qué faltaba?

Él dejó deslizar el mechón entre los dedos.

—La parte en la que decidí hacer exactamente lo que esperaba de mí.

Vivian se incorporó un poco más, apartándose lo suficiente para verlo.

—¿Perfect Match?

—Sí. Phillip llevaba meses utilizando Lakeshore y lo ocurrido con Sabrina para alimentar las dudas de la junta. Yo sabía lo que estaba haciendo y, en lugar de ignorarlo, decidí quitarle el argumento de las manos.

Vivian vaciló.

—Buscando una esposa.

Chase asintió.

—Nadie me lo pidió. Nadie me puso esa condición. Fue mi decisión.

Aquello cambiaba algo. No los hechos; esos ya los conocía. Cambiaba la forma de mirarlos.

—Así que aquella lista absurda no era solamente una forma de protegerte de otra Sabrina.

—También era una estrategia.

—Por supuesto que lo era.

La ironía no ocultó del todo cuánto le dolió escucharlo. Chase debió notarla, porque dejó de jugar con su cabello.

—No te estoy diciendo que el matrimonio fuera una mentira. Quería una relación estable, con una mujer que conociera las condiciones desde el principio y no pudiera sorprenderme después.

—Una esposa que no tuviera suficiente espacio para hacerte daño —adujo Vivian.

—Eso ya me lo dijiste en tu despacho.

—Sigues sin demostrar que me equivocaba.

Chase le sostuvo los ojos.

—Anoche debería bastarte como demostración —concluyó él.

El calor le subió por el cuello, pero Vivian no apartó los ojos.

—Anoche demostró que sabemos pelear y quitarnos la ropa. No confundas las cosas.

—No las confundo. —La mano de Chase se cerró sobre su cintura—. Si esto fuera solamente sexo, no estaría sentado aquí explicándote por qué llegué a tu oficina con veinte páginas de condiciones. Volvería a Chicago y continuaría con el plan.

—¿Y qué piensas hacer?

—Dejar de fingir.

A Vivian se le detuvo la respiración. Chase no desvió los ojos sin suavizar la expresión ni esconderse detrás de una sonrisa.

—Quiero saber qué somos cuando no haya una tormenta obligándonos a compartir techo. Quiero entrar en tu apartamento porque me invitaste y llevarte a mi casa sin inventarnos una excusa de trabajo.

—Eso no suena muy romántico.

—No estoy intentando ser romántico. Estoy diciéndote que quiero intentarlo.

Vivian bajó la mirada. Habría sabido defenderse de una promesa exagerada, pero Chase hablaba sin dejarse una salida.

—No buscabas una esposa —dijo—. Buscabas una relación que no pudiera sorprenderte.

—Buscaba reducir el margen de error.

—Eso no existe, Chase.

—Ahora lo sé.

Sus dedos abandonaron el cabello de Vivian y recorrieron lentamente su espalda.

—Entré en tu oficina dispuesto a escoger a una mujer con la misma objetividad con que elijo una inversión. Entonces levantaste la cabeza detrás de aquel escritorio y resultaste ser la mujer que llevaba dieciocho meses intentando olvidar.

—No parecías especialmente contento de verme.

—Estaba furioso. —Una sonrisa breve suavizó sus facciones—. También quería cruzar el escritorio y besarte.

Vivian bajó la vista. Recordaba muy bien la forma en que él la había observado aquella tarde.

Chase le sostuvo el mentón y consiguió que volviera a mirarlo.

—No quiero regresar a Chicago y convencerme de que estos días fueron producto del encierro. Quiero estar contigo allí, cuando retomemos nuestras actividades.

Vivian aferró un pliegue de la manta entre los dedos.

—Elena. Antes de que hagamos nada en Chicago, tienes que hablar con ella.

—Lo haré en cuanto regrese la señal. Si no consigo comunicarme, iremos mañana y se lo diré en persona. No habrá otra cita ni continuaré con el proceso.

—No puedes limitarte a cancelar el contrato y empezar a salir conmigo al día siguiente. Eres cliente de Perfect Match y yo dirigía personalmente tu búsqueda. Si esto se conoce, parecerá que utilicé mi posición para acercarme a ti.

Chase retiró la mano de su rostro.

—Eso ya estuvo a punto de ocurrir.

Vivian frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

—En la gala alguien tomó una fotografía de nosotros besándonos. Phillip estaba intentando conseguirla, pero Marcus llegó antes.

Ella se incorporó un poco más.

—¿Qué hizo?

—Compramos los derechos, los archivos originales, las copias y el acuerdo de confidencialidad.

Vivian lo miró con más atención.

—¿Cuánto?

Chase sostuvo su mirada.

—Dos millones.

La cifra necesitó un instante para adquirir sentido.

Vivian conocía hombres capaces de gastar cantidades absurdas sin pestañear, pero esto era distinto.

Eran dos millones de dólares por una fotografía en la que aparecía ella, por impedir que alguien pudiera utilizar aquel beso para perjudicar a Perfect Match o convertirla en un arma contra Chase.

—¿Pagaste dos millones de dólares por una fotografía?

—Pagué dos millones para asegurarme de que Phillip no pudiera utilizarla contra ti, contra Perfect Match o contra mí.

La indignación llegó primero. Chase había tomado una decisión que también la afectaba sin decirle una palabra.

Pero debajo apareció otra emoción mucho más difícil de rechazar.

Cuando ni siquiera sabía qué iba a ocurrir entre ellos, había protegido también aquello que ella había construido con Sloane y Juliet.

La suma seguía pareciéndole una barbaridad; el motivo, en cambio, le tocó un lugar demasiado sensible.

Vivian miró la mano de Chase sobre su cintura.

—La próxima vez que gastes dos millones de dólares en algo que también me involucra, quiero saberlo antes.

—De acuerdo.

Ella volvió a mirarlo.

—Y no puedes tomar decisiones por los dos cada vez que creas que estás protegiéndome.

Chase aceptó el reproche sin desviar los ojos.

—También de acuerdo.

—Gracias. Por lo que hiciste, no por cómo lo hiciste.

Vivian todavía estaba tratando de acostumbrarse a aquella versión suya.

—Phillip puede volver a hacerlo.

—Lo sé.

—Y la próxima fotografía puede llegar a la junta antes de que Marcus pueda comprarla.

—También lo sé.

Vivian guardó silencio. Ahí estaba lo que necesitaba entender.

—Entonces, ¿por qué ahora?

Chase supo a qué se refería.

—Porque ya intenté alejarme de ti para evitar exactamente esto.

—La mano de Chase, que ahora le acariciaba la espalda, la acercó un poco más—.

Phillip sigue siendo un problema. La junta seguirá mirando cada decisión que tome y estar contigo puede darle otra cosa que utilizar contra mí.

Pero esta vez no voy a decidir que perderte es el precio razonable para evitarlo.

Vivian sintió que aquellas palabras llegaban más hondo que cualquier promesa que él pudiera haberle hecho.

Vivian levantó los ojos.

—Eso no se parece mucho al hombre que llegó a Perfect Match con veinte páginas destinadas a eliminar cualquier imprevisto.

—Ese hombre está empezando a descubrir que los imprevistos pueden tener muy buenas piernas.

Ella soltó una risa y le dio un golpe en el pecho.

—Idiota.

—Pero sigo aquí.

Chase recorrió su rostro con la mirada.

—Fuera bromas. Este hombre sabe lo que puede costarle y quiere hacerlo de todas formas.

Vivian sostuvo sus ojos antes de volver al asunto que todavía tenían que resolver.

—Entonces necesito hablar con Sloane y Juliet y apartarme formalmente del caso. Ellas también tienen derecho a decidir cómo manejarlo. La agencia les pertenece tanto como a mí.

—Hazlo. Firmaré lo que corresponda y respetaré la decisión que tomen sobre el proceso.

• • •

Al día siguiente, el automóvil del resort que los llevaría al aeropuerto esperaba frente a la cabaña.

La tormenta había desaparecido por completo y el sol volvía a reflejarse sobre el océano, aunque las ramas caídas y la arena acumulada contra los escalones conservaban las huellas de los días anteriores.

Dentro, las maletas estaban listas junto a la puerta y los teléfonos no dejaban de vibrar desde que recuperaron la señal.

Vivian terminaba de ajustarse la chaqueta de lino frente al espejo cuando vio a Chase detenerse en uno de los correos. La calma que había conservado durante el desayuno desapareció.

—Es de Elena. Tuvo que viajar anoche a Ginebra por una reestructuración en su firma. Estará allí las próximas dos semanas; acaba de llegar a su hotel.

La noticia le aflojó a Vivian una presión que llevaba instalada bajo las costillas desde que despertó. Dispondrían de tiempo para regresar a Chicago y hablar con Sloane y Juliet antes de que Chase tuviera que enfrentarse a Elena.

Él abrió la aplicación de videollamadas.

—¿Vas a llamarla ahora?

—Sí. No pienso esperar dos semanas para corregirlo; ya hemos perdido mucho tiempo.

Vivian se volvió hacia él.

—Chase, si vas a contarle lo que ocurrió aquí, quizá debería salir.

—Primero le diré que estás conmigo. Elena decidirá si quiere que te quedes.

Marcó antes de que Vivian pudiera responder. Mientras esperaba, se acercó al ventanal. Ella permaneció junto al sofá, lo bastante lejos para no aparecer en la pantalla.

La imagen de Elena surgió unos segundos después. Estaba sentada ante una mesa de hotel, con el cabello recogido y el portátil abierto junto a una taza de café. El cansancio se notaba alrededor de sus ojos, pero su voz sonó serena.

—Chase. Me alegra que hayas visto el correo. Intenté comunicarme anoche, pero supuse que seguirían sin señal.

—La recuperamos hace poco. Antes de hablar, quiero que sepas que Vivian está conmigo. Puedo pedirle que salga si prefieres que conversemos en privado.

Elena guardó silencio. Sus ojos se desviaron hacia algún punto fuera de la pantalla.

—No hace falta. Si esto tiene que ver con Perfect Match, su presencia sería razonable. Aunque sospecho que no me llamas únicamente para hablar del contrato.

Chase sostuvo el teléfono con una mano.

—Voy a terminar el proceso, Elena. No habrá más citas ni voy a avanzar hacia una propuesta formal. Quería decírtelo yo antes de que la agencia iniciara los trámites.

Elena cerró el portátil con lentitud.

—¿Has cambiado de opinión sobre mí?

—No se trata de algo que hayas hecho. Aceptaste el proceso con honestidad y yo dejé de corresponderte de la misma manera.

Los dedos de Elena se quedaron quietos sobre la tapa del ordenador.

—Tiene que ver con Vivian.

Chase no intentó eludirlo.

—Sí.

Vivian sintió el impulso de apartarse, pero hacerlo en ese momento habría sido otra forma de esconderse.

—Entonces eran verdad mis sospechas el día del concierto —dijo Elena—. Mi intuición nunca falla.

—Sí, creo que fue evidente.

Elena retiró la mano del portátil y se recostó en la silla. La compostura seguía intacta, aunque algo había cambiado en sus facciones.

—Lo recuerdo perfectamente.

Chase bajó el teléfono unos centímetros antes de volver a sostenerlo a la altura del rostro.

—No tengo ninguna justificación. Debí decirte la verdad aquella noche y terminar el proceso entonces. Te pido disculpas.

—Habría sido lo correcto. —Elena respiró hondo y miró hacia la ventana de su habitación—. ¿Ocurrió algo entre ustedes durante este viaje?

Chase buscó los ojos de Vivian desde el otro extremo de la cabaña. Ella no encontró una razón para pedirle que volviera a mentir.

—Sí.

Elena asintió despacio; acababa de confirmar algo que ya sabía.

—Entonces terminar las citas es la única decisión decente.

Me parece bien que hayas sido tú quien llamara, pero no confundas eso con gratitud.

Entré en este proceso conociendo las condiciones.

No esperaba que me escogieras por obligación, Chase.

Esperaba que no me mantuvieras dentro mientras deseabas a otra mujer.

—Tienes razón. Lo siento.

—Yo también. Creí que, al menos, estábamos siendo sinceros.

No hubo reproche en su voz, y precisamente por eso Vivian sintió con mayor fuerza el alcance de lo que habían hecho. Elena no era una candidata descartada en una carpeta. Era una mujer que había confiado en las reglas que Perfect Match prometía proteger.

Elena volvió a abrir el portátil.

—Quiero que Sloane se encargue de cerrar mi participación. A partir de este momento, prefiero que Vivian no intervenga en ninguna comunicación relacionada conmigo. También necesito confirmación escrita sobre el tratamiento de mi información personal conforme a lo establecido en el contrato.

—Así se hará —respondió Chase—. Asumiré personalmente cualquier consecuencia derivada de mi decisión. Perfect Match cumplió con lo acordado.

Elena se mantuvo firme.

—Durante nuestras citas tuve la impresión de que no buscabas conocer a una mujer. Intentabas reducirla a una serie de comportamientos que pudieras anticipar. Supongo que eso ya no te resultó posible.

Los ojos de Chase se dirigieron otra vez hacia Vivian.

—No.

—En ese caso, espero que esta vez no mientas cuando las cosas dejen de estar bajo tu control.

Elena se despidió sin dramatismo y finalizó la llamada.

Chase bajó el teléfono y miró hacia la puerta.

Vivian lo observó incómoda, consciente de la parte que le correspondía asumir.

Había perdido objetividad al involucrarse con Chase; sus sentimientos terminaron atravesándose en un proceso que debía haber manejado con mucho más cuidado.

El motor del automóvil continuaba encendido afuera y, junto a la puerta, las notificaciones seguían iluminando las pantallas de sus otros teléfonos.

—Merecía que le dijeras la verdad desde la gala —dijo al fin, todavía mortificada.

—Sí, pero no puedo volver atrás. En ese momento tampoco tenía las cosas tan claras.

Chase guardó el móvil en el bolsillo interior de la chaqueta.

—Sloane tendrá que encargarse de Elena y del cierre de tu contrato —continuó Vivian—. Yo voy a apartarme formalmente del caso. Cuando lleguemos a Chicago, tendremos que explicarles todo a ella y a Juliet.

—Lo sé. Firmaré lo que necesiten y no reclamaré ninguna devolución. La agencia hizo su trabajo; fui yo quien incumplió las condiciones del proceso.

Vivian recogió el bolso que había dejado sobre el sofá.

—Esto acaba de complicarse bastante.

—Ya estaba complicado. La diferencia es que Elena dejó de estar en la mitad, pero no cambiaría los días compartidos contigo en esta cabaña por nada del mundo.

Ella le sonrió con ternura.

—Esa sonrisa tuya será mi perdición; en otras circunstancias te daría lo que me pidieras.

Chase tomó la maleta de Vivian antes de abrir la puerta.

Después extendió la mano hacia ella. El teléfono volvió a vibrar antes de que Vivian pudiera contestarle.

El automóvil seguía esperándolos y Chicago se encontraba a varias horas de distancia, con todas las explicaciones pendientes.

Ella miró la mano que él le ofrecía y terminó enlazando los dedos con los suyos antes de salir de la cabaña.