CAPÍTULO 23
Había querido una explicación y ahí estaba. Chase se había alejado porque para él era importante lo ocurrido entre ellos. Debería haberla hecho sentir mejor, pero no lo consiguió.
La puerta lateral se abrió y Sloane entró seguida de Juliet. Sus amigas conocían demasiado bien la oficina, y también a Vivian, para necesitar una explicación sobre la silla desplazada o la expresión que seguramente todavía llevaba en el rostro.
—Me crucé con Chase en el pasillo —dijo Sloane al acercarse—. Por la cara que llevaba, supongo que la reunión no terminó precisamente bien.
Vivian regresó detrás del escritorio. Tomó la pluma que había dejado antes de la llegada de Chase y la sostuvo entre los dedos, aunque ya sabía que no iba a volver al documento.
Podía contarles que Chase se oponía al viaje y dejarlo ahí. Había hecho algo parecido durante semanas. Esa tarde acababa de reprocharle a él que decidiera por los demás qué verdades podían soportar. Resultaba difícil continuar haciendo exactamente lo mismo con sus propias socias.
—Elena me invitó porque sospecha que existe algo entre Chase y yo.
El gesto de Sloane cambió. Juliet se sentó despacio frente al escritorio. Vivian dejó la pluma.
—Nos besamos en la gala.
Aquel beso había pertenecido a Vivian, a la mujer que llevaba demasiado tiempo fingiendo que Chase Mercer no podía alterar su buen juicio, pero también alcanzaba a la directora de Perfect Match que todavía llevaba su expediente aquella noche.
Sloane apoyó una mano sobre el respaldo de la silla.
—Por eso me entregaste el caso.
Vivian asintió.
—Pensé que apartarme sería suficiente. —Su propia explicación sonó razonable hasta que vio la expresión de Sloane—. Debí contárselo —admitió antes de obligarla a decirlo.
La tensión en el rostro de su amiga cedió un poco.
—Sí. Somos tus socias, Vivian. Si algo personal toca un expediente, necesitamos saberlo mientras ocurre, no cuando una clienta empieza a hacer preguntas.
La vergüenza le calentó el rostro porque Sloane tenía razón. Vivian se había convencido de que podía mantener separados dos mundos que, desde el momento en que besó a Chase, ya habían dejado de estarlo.
Juliet la observaba con una curiosidad que intentaba moderar por respeto.
—Supongo que la gala no explica por sí sola la manera en que Chase acaba de salir de aquí.
Vivian cerró los ojos y decidió terminar de una vez.
—Fui a su casa después. En mi defensa, quería dejar las cosas ahí, pero no ocurrió.
La sorpresa de Juliet fue inmediata. Sloane cerró los ojos para reorganizar mentalmente las últimas semanas.
Vivian casi sonrió.
—Pueden guardar sus preguntas. Él me envió un correo después, diciendo que seguiría conociendo a Elena y ahí terminó todo.
Al menos eso había creído. Ahora sabía muchas más cosas y no tenía idea de qué hacer con ellas. La certeza seguía produciéndole una mezcla incómoda de satisfacción y rabia.
Sloane se sentó finalmente. Vivian les relató lo ocurrido, las sospechas de Elena, la defensa de Chase que había desembocado en la invitación a las Bahamas. Evitó contar el resto de la conversación.
—Elena quiere verme antes de decidir qué hace con él —continuó—. Y voy a ir.
Sloane la estudió antes de hablar:
—Revisaré el expediente completo. Quiero comunicaciones y cada decisión tomada desde que asumí el caso. Si Elena tiene alguna duda sobre Perfect Match, responderemos con hechos.
Aquello alivió algo dentro de Vivian.
—De acuerdo.
—Y lo personal lo respondes tú —añadió Sloane—. Como Vivian.
Esa parte resultaba bastante más difícil.
Juliet se levantó y rodeó el escritorio hasta quedar junto a ella.
—Nadie está cuestionando que hayas actuado de mala fe, pero no vuelvas a dejarnos fuera cuando algo así pueda alcanzar a la agencia.
Vivian miró a sus dos amigas. Había pasado años construyendo Perfect Match con ellas y, aun así, cuando las cosas se complicaron con Chase, había reaccionado como si proteger la empresa significara esconder lo que estaba ocurriendo.
Tal vez no era tan distinta de él en algunas cosas como le habría gustado creer.
—No volverá a pasar.
Sloane recogió la tableta.
—Bien. Ahora intenta trabajar. Voy a revisar el viaje.
Cuando ambas salieron, Vivian regresó al documento abierto.
Leyó dos veces el mismo párrafo sin comprenderlo.
Contigo llevo un tiempo sin saber una mierda.
La frase debería devolverle la tranquilidad que había estado ausente esas semanas. No era tan fácil. En cualquier otro hombre habría podido sonar como una excusa. En Chase, que había llegado a Perfect Match con un contrato a prueba de sentimientos, se parecía demasiado a una confesión.
Vivian cerró el archivo. Era inútil volver al trabajo otra vez.
• • •
Sloane regresó una hora más tarde.
Por la expresión de su rostro, Vivian supo antes de que hablara que había un problema.
—El equipo de Elena envió el horario definitivo. Quiere hablar contigo antes de la recepción de mañana viernes. Tu vuelo llega demasiado tarde.
Vivian consultó el itinerario.
—Cámbialo.
—Ya busqué. Con tan poca anticipación no hay un vuelo comercial que te deje en la isla a tiempo.
Vivian se reclinó en la silla.
Había aceptado asistir porque Elena lo había solicitado como clienta y porque aparecer tarde después de aquella petición enviaría un mensaje que Perfect Match no necesitaba.
—Tiene que haber alguna alternativa.
Sloane no dijo nada. Vivian levantó los ojos.
—No me gusta esa cara.
—La asistente de Chase llamó. Chase se ofreció a llevarte.
—Por supuesto que sí —respondió ella con sorna—. Chase Mercer debe de querer tener el control desde antes de poner un pie en la maldita isla.
—Su avión sale mañana a las tres. Llegan con tiempo suficiente para el traslado a la isla.
La idea de permanecer varias horas encerrada con Chase apenas veinticuatro horas después de aquella pelea resultaba casi ofensiva.
Vivian se levantó y caminó hasta la ventana. Había pasado semanas manteniendo la distancia. Ahora la logística, con un sentido del humor bastante cuestionable, pretendía sentarlos juntos en un avión privado.
—No voy a encerrarme cuatro horas con él después de lo que ocurrió aquí.
—Eso mismo le dije.
—¿Y qué respondió?
—Que imaginaba que preferirías llegar nadando, pero su avión sigue siendo la única manera de presentarte ante Elena esa misma noche.
La frase conservaba el tono de Chase incluso repetida por otra persona.
—Busca otra opción.
—Ya lo hice antes de venir. Esta es la única que garantiza que llegues a tiempo.
Vivian apoyó una mano sobre el cristal.
Su orgullo podía permitirse muchas cosas. Poner a Perfect Match en una posición incómoda por evitar unas horas junto a Chase no era una de ellas.
—Dile a su asistente que acepto porque el horario de Elena no me deja alternativa.
—Eso mismo dejaré registrado.
Vivian volvió la cabeza.
—Quiero mi habitación en un hotel lejos de la casa de Elena.
Sloane sonrió por primera vez desde que había entrado.
—Eso ya estaba previsto. —Se recostó contra el escritorio y suspiró—. También puedo pedir una isla distinta.
Vivian casi se rio.
—No me tientes.
Sloane salió con el teléfono en la mano.
Cinco minutos después, el móvil de Vivian vibró.
Chase.
El chófer te recogerá mañana a las ocho. Pasamos directamente a la terminal privada.
Ni una palabra sobre la discusión. Chase Mercer había regresado al idioma que mejor conocía.
Vivian leyó el mensaje y escribió:
Estaré lista.
Al día siguiente tendría que sentarse frente al hombre al que acababa de llamar cobarde y compartir con él varias horas de vuelo. Tal vez el verdadero desafío del viaje empezaría bastante antes de llegar a las Bahamas.