CAPÍTULO 22 #2
Vivian soltó una risa amarga.
—Claro que para ti sí. Porque cuando se trata de ti, todo tiene que caber en una categoría que puedas controlar.
Se separó del escritorio y caminó unos pasos. Estaba cansada de que Chase utilizara sus temores para justificar las decisiones que tomaba por los dos.
—Tú decidiste apartarme sin explicarme nada. Y, cuando Elena empezó a notar que algo no encajaba, viniste aquí a impedir que yo apareciera y complicara todavía más el plan que te construiste.
Chase acortó la distancia entre ambos.
—¡No sabes de qué mierda estás hablando!
Vivian sostuvo su mirada. Habría podido detenerse ahí. Una parte de ella incluso le aconsejó hacerlo. Pero ya no tenía ninguna intención de facilitarle otra salida.
—No es tan sencillo.
—Contigo nunca es sencillo cuando tienes que hablar de lo que sientes.
A Chase se le endurecieron las facciones.
—No conviertas esto en una acusación.
—¿En qué quieres que lo convierta? ¿En una felicitación por la forma en que has manejado todo?
Él dio otro paso.
—Te estoy intentando explicar por qué hice lo que hice.
—No —interrumpió ella—. Estás intentando conseguir que lo entienda para que deje de cuestionarlo.
Chase se quedó mirándola.
—No tienes idea.
Vivian clavó los ojos en los suyos.
—¡Te equivocas! Sí lo sé. —Se acercó un poco más—.
Sé que te aterra sentir algo que no puedas convertir en una cláusula y mantener bajo control.
Prefieres una mujer que encaje en tu vida sin obligarte a tocar ninguna parte que todavía te duele, y llevas años llamando prudencia a lo que en realidad es miedo.
Chase movió la cabeza en un gesto de negación y apretó los dientes antes de hablar.
—Ten mucho cuidado.
Vivian sintió la advertencia y, aun así, no retrocedió.
—Eres un cobarde, Chase.
Él quedó inmóvil. La palabra consiguió lo que ninguno de los gritos había logrado. Solo permanecieron frente a frente, respirando con fuerza, mientras la furia de Chase parecía concentrarse en un punto exacto detrás de sus ojos. Vivian sabía que acababa de cruzar una línea.
También sabía que era verdad.
—Tener miedo después de lo que te hicieron es comprensible. Lo cobarde es dejar que ese miedo siga decidiendo por ti. Sabrina te traicionó una vez y desde entonces organizas tu vida para asegurarte de que nadie vuelva a tener suficiente importancia como para hacerte daño.
—¡No voy a arriesgar todo lo que construí solo para demostrarte que puedo hacerlo mejor!
La violencia de sus palabras confirmó más de lo que Chase pretendía.
Vivian negó con la cabeza.
—¡Entonces no lo hagas! Quédate detrás de tus contratos y cásate con una mujer por la que nunca tengas que perder la cabeza. Pero deja de decir que me apartaste únicamente para protegerme. ¡También estabas protegiendo la parte de ti que Sabrina dejó aterrada!
Chase apartó los ojos y respiró por la nariz. La furia seguía allí, aunque ahora se mezclaba con algo que Vivian conocía demasiado bien: la incomodidad de verse obligado a mirar una verdad que habría preferido seguir evitando.
—No sabes lo que estás pidiendo.
—¿Qué estoy pidiendo?
Él abrió la boca, pero no respondió.
Vivian dio un paso hacia él.
—Exactamente. No te estoy pidiendo que abandones tu empresa ni tus planes. Ni siquiera te estoy pidiendo que me elijas. —Se quedó en silencio—. Te estoy pidiendo que dejes de mentirte.
Chase no apartó los ojos de su rostro.
—No puedo dejarte entrar, Vivian. Ya lo intenté y mira dónde estamos.
Ella lo observó, cansada de aquella forma suya de convertir cada consecuencia en una prueba de que había tenido razón desde el principio.
—¿Dónde estamos? Yo estoy aquí porque sigues empeñado en decidir qué puedo o no soportar y tú acabas de entrar a mi oficina para prohibirme un viaje. Nada de eso ocurrió porque yo estuviera en tu vida. Ocurrió por la forma en que decidiste manejarlo.
Chase la interrumpió enseguida.
—No sabes qué siento por Elena.
Vivian estuvo a punto de responder, pero se contuvo.
Pensó en todo lo que le había escuchado decir sobre aquella relación desde que Elena apareció en su vida.
Compatibilidad, conveniencia, expectativas claras.
Una mujer que encajaba en lo que él buscaba y una relación capaz de desarrollarse dentro de unos márgenes conocidos.
Nunca entusiasmo.
Nunca deseo.
—No —dijo finalmente—, y empiezo a pensar que tú tampoco. Cada vez que hablas de Elena es como si describieras una buena decisión. Nunca como una mujer que deseas tener en tu vida.
Chase volvió a acercarse.
Vivian sintió su respiración cerca de la frente, el calor que desprendía su cuerpo y esa familiar conciencia física que siempre aparecía en el peor momento posible.
—Porque lo que siento no puede dirigir mi vida.
—Nadie te está pidiendo que la dirija.
—Entonces, ¿qué quieres?
—Nada. —Vivian sintió el aumento de los latidos de su corazón.
Él frunció el ceño.
—Vivian…
—No quiero que elijas entre Elena y yo. Tampoco que abandones Perfect Match y mucho menos que tires por la borda todo lo que construiste.
Se acercó un poco más.
—Solo quiero que, por una vez, dejes de organizar tu vida alrededor de todo lo que podría salir mal.
Chase sabía que estaba siendo un cínico, pero no podía ofrecer su corazón en bandeja.
—No puedo darte lo que quieres.
La frase le dolió, aunque de una manera distinta a como habría dolido semanas atrás. Vivian lo miró con una mezcla de incredulidad y cansancio.
—Jamás te pedí nada.
Chase abrió la boca, pero ella continuó antes de que pudiera interrumpirla.
—Si Elena es lo que quieres, adelante. Pero no conviertas tu elección en un sacrificio por mí. Si estás renunciando a averiguar qué podría existir entre nosotros, hazte al menos el favor de admitir que lo haces porque tienes miedo.
Chase la miró con una dureza casi física.
—Y tú tienes demasiada facilidad para hablar de riesgos cuando no eres quien puede perderlo todo.
La acusación consiguió que Vivian se irguiera.
—¿De verdad crees que eres el único que arriesga algo?
Chase guardó silencio.
Vivian señaló el espacio que los rodeaba.
—Perfect Match es mi empresa. San Francisco todavía necesita cada dólar que podamos conseguir y Elena es una de nuestras clientas más importantes.
Si decide que este proceso no funciona, tendré que responder ante mis socias, revisar cada decisión que tomamos y asumir las consecuencias.
Y mañana voy a subirme a un avión para enfrentar una situación que no busqué porque la mujer con la que estás intentando construir una relación ha descubierto que basta pronunciar mi nombre para que dejes de comportarte como el hombre que se sienta frente a ella.
Chase se pasó ambas manos por el cabello.
—Por eso no quiero que vayas.
—Y por eso voy a ir.
La miró con furia.
Vivian no apartó los ojos.
—Elena tiene derecho a decidir qué quiere hacer con su vida después de conocer la verdad que considere necesaria. Tú también, pero no volverás a decidir por mí qué puedo saber, dónde puedo estar o qué riesgo estoy dispuesta a correr.
Chase dio media vuelta y golpeó con el puño cerrado el respaldo de la silla. Esta se desplazó varios centímetros sobre la alfombra.
—Si vas a esa isla, Elena va a observar cada maldito movimiento que hagamos.
—Que observe.
Él volvió hacia ella.
—Puede decidir terminar conmigo.
A Vivian le incomodó descubrir cuánto le agradaba aquella posibilidad.
—Esa decisión le pertenece. Si termina el proceso y en algún momento quieres continuar buscando esposa, Perfect Match hará el trabajo para el que nos contrataste.
La manera en que Vivian insistía en tratarlo como un cliente terminó de irritarlo.
—No estoy hablando de encontrar otra candidata.
Vivian se quedó quieta. Por primera vez desde que había entrado, Chase pareció darse cuenta de lo que acababa de decir. Ninguno de los dos intentó corregirlo.
Él recogió el abrigo del sillón.
—Vas a ir de todas formas.
El cansancio había empezado a mezclarse con la rabia.
—Sí.
Chase masculló una maldición, agarró el abrigo y caminó hacia la puerta. Puso una mano sobre el picaporte, pero no llegó a girarlo.
—Claro que tuve miedo.
Vivian no respondió. Él siguió de espaldas.
—Cuando Phillip empezó a preguntar por ti después de la gala, no iba a quedarme esperando a descubrir hasta dónde pensaba llegar con su mierda. Hice lo único que se me ocurrió para mantenerte fuera.
El nombre hizo que Vivian se detuviera.
—¿Quién es Phillip? Lo has nombrado varias veces.
—Mi tío —dijo Chase, bajando el tono de voz a un murmullo peligroso—. Estuvo en la gala. Sabía que habías llegado con James Pearson, sabía cómo funciona Perfect Match y dejó muy claro que había estado observándonos a los dos. Es una de las personas que hará lo que sea por verme caer.
Vivian sintió que la rabia cedía apenas. No lo suficiente para perdonarlo.
—Debiste decírmelo.
Chase bajó la cabeza.
—Lo sé.
Aquellas dos palabras le costaron más que cualquiera de sus gritos.
Abrió la puerta.
—Pero eso no significa que me guste que vayas.
Vivian apoyó una mano en el escritorio.
—No tiene por qué gustarte.
Chase la miró una última vez y salió sin despedirse. Vivian dejó caer los hombros.
—Maldito seas —susurró.