Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 22
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CAPÍTULO 22

La puerta se abrió con tanta fuerza que Vivian levantó la cabeza antes de que Mia pudiera anunciar a nadie.

Chase entró con la ira de Dios en su mirada, cruzó el despacho y arrojó el abrigo sobre el sillón antes de dirigirse a su escritorio.

—Vas a cancelar ese viaje.

Vivian lo observó furiosa, ¿cómo se atrevía?

Había imaginado muchas veces cómo sería volver a verlo después de casi un mes. En ninguna de esas escenas Chase Mercer aparecía en su oficina con la respiración alterada y dispuesto a darle órdenes antes siquiera de saludarla.

Cerró el documento que estaba revisando.

—Buenas tardes para ti también.

—Me importa una mierda la cortesía ahora mismo. Elena acaba de decirme que te invitó a las Bahamas.

Vivian arqueó una ceja.

—Supongo que eso explica tu entrada triunfal.

Chase apoyó las dos manos sobre el escritorio y se inclinó hacia ella.

—Vas a decirle que no.

La postura le resultaba demasiado conocida. Chase utilizaba su voz y aquella mirada cuando quería reducir una negociación a sus términos. Con Vivian nunca había funcionado demasiado bien.

Ella se levantó despacio.

—¿Y desde cuándo decides tú adónde voy?

—Desde que sé lo que Elena está intentando hacer.

Vivian rodeó el escritorio y apoyó una cadera contra la mesa, y lo observó fijamente.

Chase se incorporó y se apartó unos pasos del escritorio, dejándole espacio frente a la mesa.

—Entonces ya sabes que no es una invitación social.

Aunque me gustaría entender por qué una clienta que lleva casi un mes trabajando con Sloane considera indispensable mi presencia antes de tomar una decisión sobre su futuro contigo.

Chase endureció el gesto, y caminó hacia la ventana. Vivian esperó mientras él contemplaba la avenida varios pisos más abajo, con las manos en los bolsillos del pantalón.

—Elena sacó algunas conclusiones que no me gustan.

—Eso explica tu humor. No su invitación a las Bahamas.

Él volvió la cabeza.

—Quiere vernos juntos.

Vivian elevó las cejas.

—¿Para qué?

Chase regresó hacia ella, pero esta vez se detuvo antes de llegar al escritorio.

—Porque cree que hay algo entre nosotros.

Vivian pensó en la mañana en casa de Chase, pero se obligó a regresar al presente.

—¿Y qué le hizo pensar eso?

Chase podía contarle la conversación completa, pero hacerlo significaba exponer algo que todavía no estaba dispuesto a poner entre los dos. Lo que había ocurrido durante el concierto le pertenecía demasiado.

—Hizo un comentario sobre ti que no me gustó y se lo dejé claro.

Vivian lo miró.

—¿Me defendiste?

Él resopló, irritado.

—Estaba hablando de tu trabajo —señaló con los dientes apretados—. Claro que te defendí.

La satisfacción apareció antes de que Vivian pudiera impedirla.

No necesitaba la aprobación de Chase para saber qué clase de profesional era, pero había algo profundamente agradable en imaginarlo frente a Elena, incapaz de quedarse callado cuando alguien cuestionaba su trabajo .

En el fondo, sentía curiosidad por conocer el comentario que había provocado aquella reacción, aunque su orgullo le impedía seguir preguntando.

Después de un mes intentando convencerse de que él había conseguido colocarla fuera de su vida con una facilidad que ella todavía no encontraba, descubrir que su nombre era capaz de arrancarle aquella reacción le devolvió una pequeña parte del orgullo que había dejado en la casa de Lincoln Park.

—Gracias.

La palabra pareció desconcertarlo.

—No lo hice para que me dieras las gracias. —Chase se pasó una mano por el cabello—. Ese no es el punto.

—Entonces dime cuál es.

Vivian tomó aire despacio antes de volver toda su atención hacia él.

Chase la miró fijamente. Un mes no había cambiado el efecto que ella tenía sobre su cuerpo.

Allí estaba de nuevo, a pocos pasos, con el cabello cayéndole sobre los hombros y esa expresión que siempre conseguía hacerlo sentir como si acabara de perder una discusión que todavía no había empezado.

Maldita fuera. Él había venido a impedir un viaje. Nada más.

—Elena quiere comprobar una sospecha y tú no tienes por qué prestarte a eso.

—Eso lo decidiré yo.

—Vivian…

—No. —Ella levantó una mano antes de que continuara—. Entraste aquí diciéndome que cancelara un viaje sin preguntarme qué había decidido. Llevas semanas tomando decisiones por los dos. ¡Ya tuve suficiente!

Chase se separó unos pasos.

—No sabes por qué hice lo que hice.

Durante ese tiempo Vivian había repasado aquella mañana demasiadas veces. La decepción y la vergüenza por su comportamiento al haberse abierto a un hombre que claramente no lo merecía afectaba su ego y su orgullo.

—Me dejaste creer que todo lo que ocurrió entre nosotros había sido un error que podías corregir regresando a tu plan original —dijo finalmente—. Ahora apareces en mi oficina porque Elena sospecha que no fue tan sencillo, y vuelves a decidir qué debo hacer.

Chase cerró los ojos. Había sabido que aquella conversación llegaría en algún momento. Lo que no había previsto era cuánto iba a detestar escuchar de su boca lo que él mismo había provocado.

—No fue sencillo.

Vivian soltó una risa breve.

—Eso me tranquiliza muchísimo —contestó ella con sarcasmo, para que le quedara claro.

—No te burles.

—¿Qué esperabas? ¿Que agradeciera saber que sufriste mientras seguías saliendo con ella?

Chase apretó los dientes. Tenía una réplica inmediata y cruel. La dejó morir antes de que llegara a su boca. Caminó hasta la silla frente al escritorio, apoyó una mano en el respaldo y permaneció allí, mirando sus propios dedos.

—Escribí aquel correo tres veces.

Vivian guardó silencio. Él continuó sin mirarla.

—Cada vez terminaba diciendo algo que me obligaba a volver a buscarte. Así que borré todo hasta dejar únicamente lo que necesitaba para mantenerme lejos.

Vivian sintió que algo se removía dentro de ella, pero su orgullo se negaba a llamarlo esperanza.

—Entonces explícame por qué seguiste con Elena.

Chase levantó la vista.

—Porque con Elena sé qué puedo esperar.

Vivian lo observó caminar de nuevo hasta el ventanal.

—Claro que sí, tienes todo el control.

Chase volvió el rostro hacia ella.

—Sé lo que puedo ofrecerle y sé cómo encajaría en mi vida.

—Todo lo que pediste en tus famosas veinte páginas. —Asintió ella con tono de voz bajo—. Conmigo no sabes nada.

Una risa sin humor escapó de Chase.

—¡Contigo llevo un tiempo sin saber una mierda! —La sinceridad de su exclamación consiguió que Vivian se quedara quieta. Él se volvió por completo—. Desde que volví a encontrarte, nada ha resultado sencillo. ¡Nunca sé dónde estoy parado ni qué demonios voy a hacer después!

Vivian lo observó en silencio. En un hombre como Chase, admitir algo así se parecía demasiado a reconocer una derrota.

Él podía enfrentarse a una junta hostil para negociar millones o imponer condiciones con la seguridad de quien siempre encontraba una salida.

Lo que parecía no soportar era no poder anticiparse a sí mismo cuando ella estaba cerca.

Vivian comprendió que quizá eso era lo que más lo asustaba de ella.

—No todo tiene que manejarse.

—¡Para mí sí!

Las palabras le salieron sin pensarlo y Chase se arrepintió de su brusquedad al instante. Se pasó una mano por la nuca y dejó escapar el aire lentamente.

—La última vez que pensé que podía confiar en alguien, mi prometida me era infiel con el hombre que intentaba arrebatarme una negociación.

Vivian lo observó en silencio. Chase desvió la vista.

—Sabrina era mi prometida, la mujer con la que iba a casarme.

Me enteré de las dos cosas casi al mismo tiempo.

Durante dos jodidos días dejé de pensar como el hombre que dirigía una compañía y me convertí en un hijo de puta dispuesto a destruir al tipo que se estaba acostando con ella.

Perdí la batalla y veinte millones de dólares.

Además, le regalé a Phillip la excusa perfecta que hoy sigue usando para cuestionar mi liderazgo en Mercer Development Group.

Era la primera vez que Chase hablaba de aquella traición con ella, dejando escapar una parte de la herida que trataba de esconder bajo cláusulas y planes perfectamente calculados. De pronto, Vivian entendió algo que él todavía parecía empeñado en ocultarse.

—Chase…

—No quiero tu compasión.

La interrumpió antes de que pudiera decir nada más. Su voz se escuchó cansada.

—Quiero que entiendas por qué no pienso repetirlo.

—Se pasó una mano por el rostro y miró hacia otro lado—.

Dentro de poco más de cuatro meses, la junta decidirá si continúo al frente de la empresa.

Si vuelvo a cometer un solo error, esta vez conseguirán quitarme todo lo que construí.

Mi empresa, mi posición… todo lo que llevo años sosteniendo.

—Tú no crees que yo sea Sabrina.

Chase la miró.

—No.

—Entonces no tienes miedo de que te engañe.

Él permaneció callado y ella esperó.

Chase se llevó una mano al bolsillo y miró hacia la puerta cerrada y consideró la posibilidad absurda de marcharse sin responder.

—Tengo miedo de lo que puedo hacer si alguien me importa lo suficiente como para perder la cabeza otra vez.

La confesión fue baja, casi áspera. Vivian sintió que todas las piezas encontraban finalmente un lugar, aunque no fuera uno que le gustara.

Durante semanas había intentado entender por qué Chase podía desearla y, al mismo tiempo, empeñarse en mantenerla fuera de su vida. Por fin comprendía que lo había llevado a actuar así.

—Así que no desconfías de mí. Desconfías de ti.

Chase la miró con ojos brillantes y un rictus amargo en los labios.

—Desconfío de lo que soy capaz de hacer cuando dejo de pensar con la cabeza.

—¿Y qué crees que harías?

—No lo sé. —Chase apretó los labios—. Ese es precisamente el problema. No sé qué haría si vuelvo a llegar al punto en el que alguien puede hacerme tomar decisiones irracionales o conseguir que arriesgue cosas que juré no volver a arriesgar.

Vivian sintió un nudo en la garganta.

—¿Y por eso decidiste que yo era un riesgo que había que eliminar?

—Decidí que eras un riesgo que no podía permitirme.

—No es lo mismo.

—Para mí sí.