Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

Chase esperó a que terminara el último movimiento antes de acomodarse en el asiento.

Cuarenta minutos de música de cámara no habían conseguido modificar la opinión que mantenía desde hacía años.

Seguía sin entender cómo cuatro instrumentos podían producir algo tan solemne durante tanto tiempo sin que nadie sintiera la necesidad de pedir un whisky.

Vivian se habría reído.

El pensamiento apareció sin permiso. Le había confesado su escaso entusiasmo por aquella clase de música en una de esas conversaciones que, en su momento, parecieron insignificantes y que ahora regresaban cuando menos las necesitaba. Volvió la atención hacia Elena.

Ella escuchaba a los músicos con una concentración completamente distinta a la suya. Había orgullo en su expresión y, cuando el cuarteto llegó al final, fue una de las primeras personas en ponerse de pie.

Chase hizo lo mismo.

No necesitaba disfrutar de Schubert para comprender lo que aquella noche significaba para ella.

La presentación reunía a un grupo reducido de benefactores y colaboradores de la fundación, y durante las últimas semanas Elena le había hablado varias veces del programa que financiaban en escuelas públicas. Los cuatro músicos que acababan de tocar colaboraban con el proyecto.

Cuando los aplausos terminaron y las conversaciones comenzaron a extenderse por el salón, Elena se volvió hacia él.

—Sobreviviste.

Chase tomó una copa de la bandeja de un camarero.

—Nunca estuvo en duda.

—Has mirado el reloj tres veces. —Elena soltó una risa—. Podías haberme dicho que no te gustaba.

—Lo habrías descubierto esta noche de todas formas. Además, quería verlo.

Elena arqueó una ceja.

—¿El concierto que acabas de admitir que no disfrutas?

—Tu trabajo con la fundación. —Observó a los músicos y a la gente—. Es admirable lo que haces.

Ella asintió complacida. Chase bebió un trago de vino.

Elena era todo lo que él había querido cuando se presentó en Perfect Match.

Durante más de un mes él había intentado conocerla de verdad, sin intervención de la agencia.

La cata había sido agradable. También el almuerzo que compartieron unos días después.

Aquella noche había aceptado entrar en un mundo que claramente significaba mucho para ella.

Nada resultaba difícil entre los dos, pero Chase empezaba a comprender que la ausencia de dificultad no era lo mismo que desear quedarse.

—Ven —dijo Elena—. Quiero presentarte a alguien.

Chase dejó que lo condujera hacia un grupo reunido cerca de las ventanas.

Más tarde, cuando la mayoría de los invitados se había dispersado por el salón, Elena y Chase encontraron un rincón algo más tranquilo cerca de la terraza.

—Sloane me escribió esta mañana —comentó Elena—. Quería saber cómo me había sentido después de nuestras últimas citas.

Chase asintió.

—Hay algo que todavía no termino de entender de Perfect Match.

—¿Qué cosa?

—Vivian. —Elena sostuvo la copa entre los dedos, ajena a la tensión de Chase—.

Sloane lleva mi expediente desde hace casi un mes y todo ha sido mucho más sencillo con ella.

A veces tengo la impresión de que Vivian se implica demasiado.

Como si le costara mantenerse al margen de lo que ocurre con sus clientes.

—Porque le importa la gente —contestó él de inmediato.

Elena levantó la mirada. Chase dejó la copa sobre la mesa.

—Y eso no significa que no sepa hacer su trabajo. Vivian es una buena persona y una profesional excepcional. Se toma en serio a quienes entran en esa agencia porque entiende que no están contratando un servicio cualquiera. Le están confiando una parte importante de su vida.

—No he dicho que sea mala en lo que hace —replicó, sorprendida por el tono de voz utilizado por Chase.

—Has insinuado que no sabe mantener los límites.

—Solo digo que a veces parecía demasiado involucrada. Para alguien que se gana la vida tomando decisiones sentimentales por otras personas, esperaba un poco más de distancia.

Chase se metió las manos en los bolsillos.

El comentario le molestó más de lo razonable.

Vivian podía discutir hasta agotarlo y convertir una reunión en una batalla si creía que él estaba intentando imponer solo sus reglas, pero jamás había tratado la vida de nadie como un expediente que debía resolver.

Se negó a preguntarse por qué necesitaba corregir a Elena con tanta vehemencia. Era más sencillo decirse que estaba protegiendo a Vivian de un juicio injusto y dejarlo ahí. Debió hacerlo; en cambio…

—No tienes idea de lo que estás hablando.

Las palabras se le escaparon antes de que pudiera contenerlas. Elena levantó ligeramente las cejas.

—¿Perdón?

—Vivian no toma decisiones sentimentales por nadie. Puede decirte si dos personas son compatibles y puede organizar todo este maldito proceso, pero nunca ha pretendido decidir por mí ni por ti.

Elena guardó silencio y Chase siguió hablando antes de pensarlo dos veces:

—Y si conmigo se implicó tanto fue porque yo le hice la vida imposible en cada paso. Llegué a Perfect Match con un documento de veinte páginas diciéndole cómo tenía que buscarme esposa, rechacé varias de sus sugerencias y le cuestioné casi todo; aun así, ella siguió haciendo su trabajo.

—Vaya, parece que la conoces bastante bien —soltó ella, sin apartar los ojos de los suyos.

—Lo suficiente para saber que estás siendo injusta.

—Qué rápido saltaste a defenderla.

Chase frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

—De eso. —Elena le dio un trago a su copa de vino—. De cómo la defiendes.

Él se mantuvo serio.

—No hace falta pensarlo dos veces para defender a alguien cuando sé que lo que dices no es verdad.

Elena dejó la copa sobre la mesa y ladeó ligeramente la cabeza. La molestia había desaparecido de su rostro, reemplazada por interés.

—Entiendo.

—No, no creo que entiendas nada.

—Creo que empiezo a hacerlo.

A Chase no le gustó el comentario.

—¿Qué se supone que estás empezando a entender?

Elena sonrió.

—Que no estás molesto porque yo haya dicho algo injusto sobre Vivian.

Chase permaneció inmóvil.

—Estás molesto porque no toleras que hablen mal de ella.

—Es exactamente lo mismo.

Elena notó cómo cambió el tono de voz de Chase al hablar de Vivian. Se recostó contra el respaldo de la silla y cruzó una pierna sobre la otra.

—¿Desde cuándo te importa tanto lo que piensen de ella?

—No me importa.

—Chase.

Pronunció su nombre con una tranquilidad que consiguió ponerlo todavía más a la defensiva.

—Llevamos suficiente tiempo conociéndonos como para que puedas ahorrarte la mentira.

Él apretó los dientes.

—No estoy mintiendo.

—Si Vivian te diera igual, esta conversación habría terminado un par de minutos atrás.

Chase levantó los ojos hacia ella. El silencio fue respuesta suficiente.

La sonrisa de Elena desapareció lentamente.

Chase sintió cómo algo se le cerraba en el estómago.

—No saques conclusiones de algo que no entiendes.

—Puede que no entienda todo —respondió ella, tomando nuevamente su copa—. Pero acabo de entender algo bastante importante.

—Elena…

—Que cuando hablas de Vivian, no suenas como un hombre defendiendo a una amiga.

Chase se quedó quieto.

Elena bebió un pequeño sorbo y añadió, con una calma casi cruel:

—Suenas como un hombre al que Vivian le importa más de lo que estás dispuesto a admitir.

• • •

Dos días después, Vivian estaba revisando los últimos ajustes de una propuesta para San Francisco cuando su móvil vibró sobre el escritorio.

Al ver el nombre de Elena en la pantalla, levantó la vista.

Desde que había entregado el expediente, cualquier comunicación con ella pasaba por Sloane.

No tenía motivos para llamarla directamente.

Vivian tomó el teléfono y se puso de pie en medio de la estancia mientras Sloane continuaba revisando los documentos.

—Espero no interrumpirte —señaló Elena. A lo lejos se escuchaba el ruido del tráfico.

—No, no interrumpes nada. Dime qué puedo hacer por ti.

—Este fin de semana organizo un encuentro privado en mi casa de las Bahamas. Chase estará allí.

Vivian no respondió enseguida. Había conseguido pasar las últimas semanas sin participar en una sola decisión relacionada con Chase y, de pronto, Elena acababa de devolverlo a la conversación.

—Sloane puede coordinar cualquier asunto que necesites.

Su amiga levantó la vista ante la mención de su nombre.

—No llamo por Sloane. —Elena hizo una pequeña pausa—. Quiero que vengas tú.

Vivian frunció el ceño.

—¿Yo?

—Estoy considerando dar el siguiente paso con Chase y, antes de tomar una decisión definitiva, quiero aclarar algunas cosas contigo.

—Podemos hablar ahora.

—Prefiero hacerlo en persona. —El tono de Elena dejaba poco espacio para discutir—. Mi oficina enviará esta tarde la invitación formal a Perfect Match. Llegarías el viernes y regresarías el domingo.

Vivian apoyó una mano sobre el escritorio.

—Elena, desde hace más de un mes Sloane lleva tu expediente. No veo qué puede aportar mi presencia.

—Yo sí. —Hubo un breve silencio—. Eres una de las directoras de la agencia, Vivian. Dame el gusto. Estoy solicitando que me acompañes durante un fin de semana que puede determinar cómo continúa este proceso.

Ahí estaba la diferencia. Vivian estaba segura de que lo que quería Elena estaba lejos de ser una invitación social. Era una petición de una de las clientas más importantes de Perfect Match.

—Revisaré los detalles cuando llegue la invitación.

—Perfecto.

Vivian estaba a punto de despedirse cuando Elena añadió:

—Y, para evitarte la sorpresa, Chase todavía no sabe que te he invitado.

Vivian cerró los ojos; quiso replicarle que el asunto a lo mejor no saldría nada bien, pero eso implicaría contestar preguntas incómodas. Elena había adivinado la desazón de Vivian y soltó una risa baja.

—Va a ser un fin de semana muy interesante.