Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 19
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CAPÍTULO 19

Marcus lo esperaba en una sala privada de las oficinas de Croft.

Junto a él se encontraba Andrew Caldwell, el abogado al que recurrían cuando una negociación exigía discreción absoluta y el nombre del cliente debía permanecer fuera de cualquier documento.

Ni siquiera Daniel Bell, el abogado de confianza en la empresa de Chase, tenía idea de las fotografías.

En la pantalla instalada sobre la pared aparecía una fotografía tomada desde uno de los niveles superiores del Art Institute.

Vivian estaba contra el muro de piedra de la terraza y Chase se inclinaba sobre ella. Una de sus manos rodeaba su cintura; la otra se perdía entre su cabello. Los dedos de Vivian permanecían cerrados sobre la tela de su esmoquin.

La imagen había capturado algo que Chase apenas había comenzado a aceptar esa mañana. La forma en que la sostenía hacía imposible atribuir aquel beso únicamente a la discusión que lo había precedido, y la manera en que Vivian le correspondía tampoco dejaba mucho espacio para interpretaciones.

Chase permaneció de pie.

—Dijiste que Phillip había localizado al fotógrafo.

Marcus se apoyó contra el borde de la mesa.

—Después de la gala empezó a preguntar quién había cubierto los niveles superiores y la terraza.

Ignoramos si los vio salir o si el fotógrafo buscó primero un comprador.

Lo único comprobado es que esta mañana uno de los hombres que suele utilizar Phillip para este tipo de asuntos ya estaba negociando por las imágenes.

Chase volvió la atención hacia la pantalla.

—¿Phillip recibió alguna?

Andrew abrió la carpeta que tenía delante.

—Todavía no. El fotógrafo comprendió lo que había captado y se negó a enviar una copia antes de acordar el precio. Phillip sabe que existe una imagen del beso, pero nunca tuvo el archivo en sus manos.

—¿Cuántas tomó?

—Seis. Esta es la más clara, aunque en las demás también se reconoce a Vivian.

Chase contempló su perfil. Bastaba una búsqueda para descubrir que dirigía Perfect Match y, si alguien conseguía relacionarlo con la agencia, no tardarían en aparecer preguntas sobre lo que hacía la directora besando a un cliente mientras su empresa le buscaba esposa.

A él podían acusarlo de acostarse con la mujer que había contratado.

Soportaría las preguntas de la junta y la satisfacción de Phillip.

Vivian tenía mucho más que perder. Había construido una empresa sobre la confianza de personas que pagaban por entregar a Perfect Match una parte de su vida que jamás expondrían en público.

—¿Cuánto quiere?

Andrew consultó uno de los documentos.

—Dos millones por los originales. Tendremos además los derechos exclusivos y un acuerdo de confidencialidad. Deberá entregar las tarjetas de memoria y permitir una revisión de sus equipos para comprobar que no conserva respaldos.

—Págale.

Marcus lo estudió, sorprendido.

—Dos millones es una cantidad absurda por seis fotografías.

—Estoy pagando para que Vivian jamás tenga que verlas publicadas.

Aquella contestación acabó con la discusión.

—La compra se hará a través de una sociedad vinculada a Croft. Tu nombre quedará fuera de los documentos y el fotógrafo firmará el acuerdo antes de recibir el dinero.

—Quiero los originales, cualquier respaldo y cada comunicación que haya mantenido con el intermediario de Phillip.

—Me ocuparé personalmente.

—Y nadie se acerca a Vivian para verificar nada. Su nombre queda fuera del acuerdo.

Andrew asintió y abandonó la sala.

Chase esperó hasta que la puerta se cerró.

—¿Qué más?

Marcus no respondió de inmediato.

Aquello bastó para que Chase lo mirara.

Si el único problema fueran las fotografías, Andrew se habría ocupado de ellas y la reunión habría terminado.

—Dímelo.

Marcus cerró el portátil.

—El hombre que Phillip envió tras las fotografías no se limitó a buscarlas. También hizo preguntas sobre Perfect Match. Quería saber quién manejaba personalmente tu proceso y cuántas mujeres habías conocido. Preguntó específicamente por Elena.

El nombre produjo un cambio inmediato en Chase.

—¿Cómo llegó a ella?

—Eso estamos intentando averiguar. Tu contrato con Perfect Match no está circulando y, hasta ahora, no tenemos ninguna evidencia de que haya salido información de la agencia.

Pero Phillip tampoco necesita tu expediente completo.

Tu relación con Perfect Match no es imposible de rastrear si alguien sabe dónde buscar.

Chase volvió a mirar la fotografía.

—¿Qué pretende hacer?

Marcus se tomó su tiempo antes de responder.

—Lo mismo que siempre hace cuando los hechos no le alcanzan. Utilizar los suficientes para que el resto parezca verdad.

Se acercó a la pantalla.

—Tú contrataste una agencia matrimonial porque buscabas esposa. Phillip puede presentar a Vivian como la mujer que utilizó su posición para involucrarse con un cliente poderoso, mientras otras candidatas participaban en un proceso que supuestamente debía ser imparcial.

Chase tomó aire lentamente, conteniendo su reacción.

—Eso es una mierda y él lo sabe.

—Por supuesto, pero también sabe que no necesita demostrarlo antes de hacer daño.

Chase apartó los ojos de la pantalla y caminó hacia el ventanal sin ver los edificios que lo circundaban. Unas horas antes Vivian estaba frente a él; habían admitido lo que sentían. La había besado con esa sensación de hambre insaciable que ya relacionaba con ella.

Había salido de aquella casa creyendo que Marcus necesitaba resolver algún problema de su empresa.

Ahora veía el nombre de Vivian en medio de una guerra que llevaba años librando con Phillip.

No permitiría que la alcanzara, que los pozos negros de su vida llegaran hasta ella.

Prefería sacrificar lo que estaba iniciando.

Dio la vuelta y caminó por la oficina mientras pensaba en otra solución, pero no se le ocurrió ninguna.

—Perfect Match podría desmentirlo —se aventuró Chase.

—Sí, pero tendría que hacerlo después de que alguien pusiera en duda la integridad de sus procesos, y una empresa como esa no vende únicamente resultados, Chase.

Vende confianza. Sus clientes entregan información sobre sus familias y asuntos que probablemente no conocen ni sus amigos.

Si consigues que uno de ellos dude de cómo se maneja esa información o de los límites entre quienes dirigen la agencia y sus clientes, tienes un gran problema.

Chase pensó en Sloane y Juliet, en la expansión a San Francisco que Vivian había defendido incluso cuando los números empezaron a complicarse.

Recordó también la manera en que ella hablaba de la empresa.

Nunca como un negocio que había resultado rentable, sino como algo que las tres habían levantado juntas y que protegía con una ferocidad que él empezaba a conocer demasiado bien.

—Todavía no sé cuánto sabe. Precisamente por eso te llamé antes de que hicieras cualquier movimiento.

Chase volvió la cabeza.

—Pensaba llamar a Elena hoy para terminar nuestros encuentros.

—Entonces espera.

Chase se volvió por completo.

—Hace unas horas le dije a Vivian que lo haría.

—Y hace unas horas ninguno de los dos sabía que Phillip estaba preguntando por Elena, y casi llegaron a su poder unas fotografías que los habrían jodido a los dos.

Marcus regresó a la mesa y abrió el portátil. En la pantalla apareció una sucesión de nombres y horarios que Chase miró con desgana.

—Si hoy terminas con Elena, cierras el proceso con Perfect Match y dentro de unos días alguien vuelve a verte con Vivian, le entregas a Phillip una historia demasiado fácil de vender.

Chase frunció el ceño.

—Una historia sigue sin ser una prueba.

—No necesita probarla para hacer daño. Le basta con conseguir que alguien empiece a hacer preguntas.

Marcus giró el portátil hacia él.

—Piénsalo desde afuera. Si esas fotos salen a la luz, Phillip puede hacer parecer que tu relación con Vivian empezó mientras ella todavía dirigía tu proceso y tú seguías viendo a Elena. Con eso le basta para cuestionar a los dos.

—¡Maldita sea!

—Entonces, Perfect Match tendría que empezar a explicar cómo funciona tu proceso, cuándo conociste a cada candidata, quién tuvo acceso a tu información y en qué momento cambió tu relación con Vivian. Exactamente el tipo de preguntas que una agencia como esa no quiere respondiendo en público.

Chase miró de nuevo hacia la fotografía.

Marcus continuó:

—Y eso es solamente con lo que sabemos que tiene ahora. Si sigue escarbando, puede encontrar algo más útil. Contratos, la expansión… No sabemos dónde va a detenerse.

Chase pensó en San Francisco.

En una sede que todavía necesitaba tiempo para sostenerse por sí misma y en lo poco que haría falta para complicar una situación que Phillip ni siquiera sabía que existía.

—Necesito a Perfect Match fuera de esto, Marcus.

—Esa es la idea. Quiero encontrar por dónde está entrando antes de que llegue hasta allá.

Chase apoyó las manos sobre la mesa. Ahora lo entendía.

Comprar las fotografías resolvía una parte del problema. Lo demás exigía tiempo. Tiempo para descubrir cuánto sabía Phillip y evitar que una historia sobre un beso terminara llevándolo hasta asuntos de Perfect Match que podían causar un daño mucho mayor.

—¿Cuánto tiempo necesitas?

—Unos días, tal vez semanas, y mientras tanto nada que confirme la historia que está intentando construir. No cierres el proceso de golpe, no empieces a aparecer con Vivian y déjame averiguar hasta dónde llegó.

Chase permaneció callado. Aquella mañana le había dicho que cancelaría la cita con Elena.

Si unas horas después cerraba el proceso matrimonial y empezaba a ver públicamente a la directora de la agencia que lo había llevado durante las últimas semanas, Phillip tendría todo lo necesario para insinuar que aquella relación había comenzado antes.

—¡Joder!

Marcus apoyó los antebrazos sobre la mesa.

—Comprar las fotografías nos da tiempo, pero necesitamos saber cuánto ha averiguado y a quién piensa llevarle la historia. Hasta entonces, cualquier cambio brusco juega a su favor.

Chase volvió hacia la pantalla y observó a Vivian entre sus brazos.