CAPÍTULO 18
Vivian condujo hasta Lincoln Park aferrada a una explicación que podía manejar: Chase se había puesto celoso y la discusión había despertado una atracción que ambos llevaban demasiado tiempo ignorando.
La cata de vinos con Elena parecía confirmar que Chase había llegado a una conclusión parecida.
Ahora debían establecer límites. Él continuaba conociendo a Elena y su empresa dirigía el proceso que los había reunido.
Permitir que lo ocurrido en la terraza avanzara significaba comprometer a una candidata que confiaba en Perfect Match y poner en riesgo la objetividad con la que Vivian había construido su reputación.
Eso era lo que planificaba su cerebro; su corazón era otra historia.
No estaba acostumbrada al vaivén de emociones; por esa razón era mejor mantener sus sentimientos en un espacio donde pudiera controlarlos y no brindarlos en bandeja de plata a un hombre que claramente no estaba preparado para lo que ella podía ofrecer en una relación.
Chase abrió la puerta antes de que terminara de tocar.
Vestía pantalones oscuros y una camiseta blanca. Tenía el cabello húmedo y algunas gotas de agua permanecían en su cuello. Vivian lo recorrió con la mirada antes de recordar que había cruzado media ciudad para explicarle por qué jamás debían volver a besarse.
A su cuerpo le importaba bien poco el control de sentimientos y todas las cosas que pensó desde lo ocurrido en la gala.
Chase se apartó para dejarla entrar.
—Preparé café.
Vivian lo siguió hasta la cocina. La casa tenía una calidez inesperada. Una biblioteca ocupaba buena parte de una de las paredes y varias fotografías familiares descansaban sobre una consola. Se detuvo frente a una imagen de Chase con sus hermanos junto a un velero.
Era un espacio habitado, mucho menos rígido que el hombre que vivía allí. En la cocina, Chase sirvió café negro para él y preparó el de Vivian con leche y unas gotas de vainilla.
Ella tomó la taza cuando la dejó delante. Chase ya había tomado su café y se apoyaba contra la isla. Decidió empezar ella antes de que su presencia y su maldito olor la distrajeran .
—Los dos sabemos lo que ocurrió en la gala. Existía una atracción y la situación con James terminó de empujarnos. Creo que lo mejor es dejarlo ahí.
—Traías el discurso preparado.
—Tuve cuatro días para prepararlo.
—Se nota.
Vivian bebió un sorbo. Chase dejó la taza a un lado y la observó con una tranquilidad que empezaba a irritarla.
—Además, parece que tú tampoco perdiste demasiado tiempo pensando en lo ocurrido.
Él frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
—Evelyn se comunicó con Elena para confirmarle una cata privada el jueves. Dos lugares para una bodega de Napa que, por lo visto, no son precisamente fáciles de conseguir. Así que yo creo que…
—No tengo idea de qué estás hablando —interrumpió Chase, con el ceño fruncido.
Vivian había imaginado lo que Chase podría decirle durante el camino hasta Lincoln Park, pero aquello la tomó por sorpresa.
—Elena sí, de hecho, está bastante entusiasmada porque había mencionado esa bodega durante una de sus cenas y entendió que tú lo recordaste.
—Mierda. —La confusión desapareció poco a poco del rostro de Chase—. Creo que ya sé qué pasó.
Sacó el teléfono del bolsillo y buscó un número. Vivian lo observó sin intervenir mientras esperaba que respondieran.
—Evelyn, necesito que me aclares algo. ¿La semana pasada te pedí conseguir dos lugares para una cata de vinos con Elena?
La respuesta debió de ser bastante más extensa de lo que esperaba, porque Chase dejó caer la cabeza y se pasó una mano por el cabello húmedo.
—Sí, ahora lo recuerdo. Fue después de nuestra última cita… No, no hiciste nada mal. Seguiste exactamente la instrucción que te di.
Vivian bajó la mirada hacia su café. Durante todo el desayuno había imaginado a Chase ocupándose personalmente de aquella reserva, recordando lo que Elena le había contado y organizando una cita especial unos días después de besarla en una terraza.
Descubrir que la explicación era otra debería haberle producido alivio.
En cambio, la dejaba sin una de las razones que había utilizado para convencerse de que aquella visita tenía sentido.
Chase terminó la llamada y dejó el teléfono junto a su taza.
—Elena me habló de esa bodega la semana pasada. Le pedí a Evelyn que averiguara si podía conseguir una reserva y lo olvidé por completo. La confirmación llegó mientras estaba de viaje y Evelyn hizo lo que le había pedido.
—Entonces Elena cree que el jueves van a ir juntos. Para ella no es una reserva que apareció por casualidad, Chase. Cree que escuchaste algo que le interesaba y te ocupaste de conseguirlo.
Él asintió despacio. La molestia que Vivian había visto aparecer al principio ya no estaba dirigida hacia Evelyn.
—Y tiene motivos para creerlo. El error fue mío. Ahora me corresponde explicarle que las cosas cambiaron.
Chase alzó la vista.
—Antes de que digas algo de Perfect Match, la conversación con Elena voy a tenerla yo. Fui yo quien aceptó conocerla y quien cambió de opinión. Hablaré con ella hoy.
Vivian sintió que la explicación preparada durante el trayecto desde su casa se desmoronaba sin remedio.
—Supongo que lo ocurrido en la gala tuvo algo que ver con ese cambio de opinión.
Chase la miró fijamente, decidiendo cuánto estaba dispuesto a dejarle saber.
—Vivian, el viernes te vi llegar con otro hombre y pasé buena parte de la noche intentando convencerme de que me daba igual . No me dio igual. Ni un poco.
Hizo una pausa. Por primera vez, la miró sin esconderse detrás del orgullo.
Vivian permaneció inmóvil.
—Tú me dijiste cosas que probablemente merecía escuchar y yo hice lo único que llevaba semanas deseando hacer. —Respiró hondo por la nariz antes de continuar—. Desde entonces no he conseguido pensar en otra cosa.
Vivian abrió los labios para decir algo, pero Chase continuó antes de que encontrara las palabras.
—Así que no, sentarme el jueves frente a Elena y fingir que todavía estoy interesado en descubrir si podemos construir algo juntos no forma parte de mi forma de ser.
No cuando llevo semanas actuando como un idiota mientras intento convencerme de que lo que siento por ti puede desaparecer si simplemente lo ignoro.
—Dio un paso hacia ella—. No puedo pedirte que no salgas con alguien; tampoco puedo reclamarte nada porque nunca te he dicho que seas mía, pero no voy a seguir fingiendo que no me importa cuando otro te toca.
—Chase…
Sus ojos se clavaron en los de ella.
—Porque me importa, Vivian. Me importa más de lo que debería.
Más de lo que me resulta cómodo admitir.
—Su voz se quebró, pero no miró hacia otro lado—.
Y estoy cansado de comportarme como si esto no significara nada solo porque admitir lo contrario implica aceptar que, en cualquier momento, podrías decidir que no quieres lo mismo.
Chase respiró hondo.
—Así que sí. Estoy cabreado y probablemente estoy siendo un completo imbécil porque estoy celoso.
Una sonrisa amarga apareció en sus labios.
—Pero al menos esta vez estoy siendo un imbécil honesto.
Vivian había ido hasta Lincoln Park convencida de que ambos podían dejar aquel beso atrás. Ahora lo tenía frente a ella, esperando una respuesta, y no sabía qué hacer con todo lo que acababa de escuchar. Se acercó hasta quedar frente a la encimera.
—Chase, no tienes idea de cuánto significa para mí que me digas todo esto. Y quiero que sepas que tampoco he podido quitarte de mi cabeza. Pero acabamos de salir de una situación bastante complicada, y me asusta que tomemos decisiones de las que podamos arrepentirnos cuando las cosas se calmen.
—No estoy pidiéndote que decidas nada hoy, Vivian. Solo quería que supieras lo que me pasa contigo, porque seguir fingiendo que entre nosotros no ocurre nada ya me estaba volviendo loco.
A Vivian le golpeaba el corazón con fuerza. Había llegado dispuesta a defender la conveniencia de mantener las distancias y ahora apenas encontraba razones para seguir haciéndolo.
—Llevo cuatro días recordando el beso y ayer me molestó descubrir que tenías una cita con Elena. ¿Eso es suficientemente claro para ti?
Una sonrisa apareció en la boca de Chase.
—Mucho más de lo que esperaba.
La satisfacción que descubrió en su rostro consiguió irritarla.
—No te muestres tan pagado de ti mismo. Sigo pensando que involucrarnos es una pésima idea.
—Lo sé. —Chase rodeó la isla y se detuvo frente a ella—. Pero hay algo que quiero que tengas claro. Cuando estaba con Elena, por mucho que intentara concentrarme en nuestra conversación, terminaba pensando en ti.
Vivian tragó saliva. Le había costado admitir sus propios celos, y ahora Chase acababa de ofrecerle una respuesta a la pregunta que había evitado hacerle.
—Probablemente debamos mantenernos alejados durante un tiempo —murmuró.
Chase bajó la mirada hacia su boca.
—Podemos intentarlo.
La falta de convicción en su voz la hizo sonreír.
—Ni siquiera has conseguido que suene creíble.
Él se acercó un poco más y le quitó la taza de las manos para dejarla sobre la encimera. Después le rozó la mejilla con los dedos. Vivian sintió el calor de su mano y tuvo que contener el impulso de inclinar el rostro hacia ella.
—Hace cuatro días que quiero volver a besarte —admitió Chase.
Vivian le puso una mano sobre el pecho. Bajo la camiseta sintió el latido firme de su corazón y, cuando levantó la vista, él ya estaba inclinándose hacia ella.
Lo besó antes de que pudiera decir nada más.
Chase le rodeó la cintura y la atrajo contra su cuerpo. Vivian se aferró a su camiseta, disfrutando de la presión de sus labios, de sus manos recorriéndole la espalda y de aquella familiaridad que resultaba absurda después de tanto tiempo intentando mantenerse alejados.
Él la levantó y la sentó sobre la isla. Una de las tazas chocó con la otra y derramó un poco de café, pero ninguno le prestó atención. Vivian le rodeó la cintura con las piernas y Chase soltó un sonido ronco contra su boca cuando ella lo atrajo todavía más.
La mano que tenía en su espalda descendió hasta su cadera mientras Vivian deslizaba los dedos bajo su camiseta y acariciaba la piel caliente de su abdomen.
Chase abandonó su boca para besarle la comisura de los labios y el borde de la mandíbula. Cuando llegó al cuello, Vivian inclinó la cabeza y cerró los ojos. Sus dedos se cerraron sobre los hombros de él al sentir el roce de su boca sobre la piel.
El móvil vibró sobre la encimera, pero Chase continuó besándola.
La segunda vibración fue seguida por una tercera, más breve. Él apartó la boca de su cuello y miró la pantalla por encima del hombro de Vivian. Su expresión cambió antes de que ella alcanzara a volverse.
—Es Marcus.
—Puede esperar.
Vivian todavía tenía una mano bajo su camiseta.
—¿Y tiene la costumbre de llamar tres veces seguidas?
—Solamente cuando algo se fue al demonio.
El aparato vibró de nuevo. Chase soltó una maldición y miró el mensaje que acababa de entrar. Vivian percibió el cambio casi de inmediato. La mano que permanecía sobre su muslo se quedó quieta.
—¿Qué ocurre?
—Necesito atenderlo.
La ayudó a bajar de la isla y respondió mientras se alejaba hacia el estudio.
—Habla.
La puerta se cerró detrás de él.
Vivian se apoyó contra la encimera para recuperar el aliento. Se acomodó la falda y después el cabello, aunque sospechaba que ninguna de las dos cosas tenía demasiado arreglo. Había llegado a aquella casa para poner límites. Hasta el momento, su desempeño podía calificarse de desastroso.
La llamada duró poco.
Cuando Chase regresó, la intensidad de hacía unos minutos había desaparecido de su rostro. Seguía descalzo y vestido con la misma camiseta, pero su cuerpo entero había recuperado la tensión que Vivian conocía de las reuniones de trabajo.
—Tengo que salir.
Ella bajó de la isla.
—¿Ocurrió algo?
Chase recogió las llaves que descansaban en un cuenco cerca de la entrada.
—Marcus encontró un asunto que necesita resolver conmigo de inmediato.
—¿Tiene que ver con la empresa?
La pausa fue breve, aunque Vivian llegó a percibirla.
—Todavía necesito confirmar algunos detalles.
Aquella frase estableció una distancia con más eficacia que todas las explicaciones que Vivian había preparado esa mañana. Recogió el bolso y sacó las llaves de su automóvil.
—Entonces será mejor que vaya.
—Lamento interrumpir nuestra conversación así.
Vivian miró hacia la cocina. El café derramado y el mechón de cabello que todavía caía sobre su rostro demostraban que lo interrumpido había sido bastante más que una conversación.
Chase se acercó, pero se detuvo antes de tocarla.
—Te llamaré cuando termine.
Vivian asintió y salió de la casa.
Chase esperó en la entrada hasta verla arrancar, antes de llamar a su chofer para ir a la oficina de Marcus.