Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

Desde el extremo opuesto de la terraza, Adrian Keller permaneció inmóvil junto a una de las columnas.

Había salido para responder una llamada y se disponía a regresar al salón cuando reconoció a Chase Mercer. La mujer que estaba con él era la misma que había llegado del brazo de James Pearson y que Margaret Mercer había recibido con una familiaridad inesperada.

Keller retrocedió lo suficiente para quedar oculto por la columna.

No alcanzaba a escuchar lo que decían, pero la discusión resultaba evidente. Vivian hizo ademán de marcharse y Chase la detuvo con unas palabras que Keller no llegó a oír.

Entonces Mercer le sujetó el rostro y la besó.

Keller levantó ligeramente las cejas. La mujer permaneció inmóvil antes de responder al beso. Chase le rodeó la cintura y, a partir de ahí, cualquier posibilidad de confundir el encuentro con una conversación privada desapareció.

Keller miró hacia el salón.

Conocía a Mercer lo suficiente para saber que perder el control en una terraza, durante una gala donde se encontraban su familia y buena parte de las personas con las que hacía negocios, no era habitual en él.

Esperó antes de regresar al interior. No necesitaba saber más para comprender que aquella mujer tenía alguna importancia.

Un destello apareció en algún punto por encima de ellos, breve y blanco, reflejado quizá en los ventanales del nivel superior. Keller alzó la vista por instinto, pero no distinguió nada entre las luces del edificio y el movimiento de los invitados que circulaban por las galerías interiores.

Podía haber sido una cámara.

• • •

En el nivel superior, uno de los fotógrafos acreditados bajó la cámara y revisó la pantalla. Había estado tomando imágenes generales del evento cuando un movimiento en la terraza llamó su atención. Amplió una de las fotografías.

Chase Mercer aparecía de perfil, con una mano en el rostro de una mujer vestida de verde agua mientras la besaba. Pasó a la siguiente. En esa, ella lo abrazaba y Chase la sujetaba por la cintura.

El fotógrafo permaneció mirando la imagen antes de apagar la pantalla y continuar con su trabajo.

• • •

Phillip llevaba buena parte de la gala observando a Chase.

Su sobrino había conversado con representantes de las empresas invitadas y acompañado a Margaret cuando ella se lo pidió. Cumplía con sus obligaciones con la misma corrección de siempre, aunque su atención regresaba con demasiada frecuencia hacia la misma mujer.

Phillip conocía a James Pearson. Un abogado competente, con una reputación limpia y suficientes contactos para moverse con comodidad entre aquella clase de invitados.

La mujer que lo acompañaba, en cambio, le resultaba desconocida.

Margaret la había recibido con afecto. Chase también parecía conocerla.

Cuando Pearson apoyó una mano en la espalda de la mujer para conducirla hacia otra parte del salón, Chase perdió el hilo de la conversación que mantenía. La pausa fue mínima y enseguida retomó lo que estaba diciendo.

Phillip sí la advirtió. Continuó observándolo durante algunos minutos. Chase no volvió a cometer el mismo error, pero cada cierto tiempo buscaba a la mujer entre los invitados.

Phillip bebió un sorbo. Aún ignoraba quién era, pero pensaba averiguarlo.

Phillip nunca había necesitado una razón única para odiar a Chase.

Durante años había vivido convencido de que Mercer le debía una posición mayor de la que había conseguido y de que William, su propio hermano, había recibido demasiado espacio dentro de una empresa que él también consideraba suya.

Chase terminó heredando buena parte de ese resentimiento.

Primero fue el sobrino arrogante al que Phillip esperaba ver fracasar tarde o temprano; después, el hombre más joven que empezó a ganarse el respeto de la junta y a ocupar una posición que su tío llevaba años creyendo merecer.

Cada acierto de Chase convirtió aquella rivalidad en algo más personal.

Lo ocurrido con Lakeshore fue la primera grieta importante que Phillip encontró, y desde entonces se aferró a ella con una paciencia casi obstinada.

No necesitaba destruirlo de golpe; le bastaba con conseguir que la junta empezara a preguntarse si Chase Mercer era tan sólido como parecía.

• • •

Keller esperó hasta encontrarse dentro del automóvil para realizar la llamada. El vehículo acababa de incorporarse al tráfico cuando Phillip respondió.

—¿Ocurrió algo?

—Acabo de ver a Chase besando a una mujer en la terraza. —Hubo un breve silencio al otro lado—. También vi un destello en el nivel superior. Puede que fuera una cámara, no sabría decirte de quién.

Phillip respondió sin vacilar.

—¿Quién era?

—No lo sé. La mujer llegó con James Pearson.

Phillip recordó a la mujer del vestido verde agua y la atención con que Chase la había seguido durante toda la noche.

—¿Estás seguro de lo que viste?

Keller miró las luces del centro de Chicago deslizarse sobre la ventanilla.

—Bastante.

Phillip guardó silencio.

—Averigua quién es.

Keller sonrió.

—Imaginé que dirías eso.

La llamada terminó. A Keller le importaba poco a quién besara Chase Mercer en una terraza.

Lo interesante era que Phillip llevaba meses pendiente de cada movimiento de su sobrino y, por primera vez en mucho tiempo, Keller acababa de ver a Chase hacer algo que parecía tener muy poco que ver con los negocios.

• • •

El tintineo de las copas de mimosas y el murmullo de los demás comensales se oían bajo la lluvia que golpeaba los ventanales del bistró.

Era lunes, tres días después de la gala, y Vivian se encontraba con Juliet y Sloane en el mismo lugar donde las tres compartían su desayuno mensual desde hacía años.

Vivian llevaba varios minutos removiendo la espuma del café cuando Sloane le quitó la cucharilla y la dejó sobre el plato.

—Si sigues así, vas a convertirlo en mantequilla.

Vivian levantó la mirada. Juliet la observaba desde el otro lado de la mesa con una preocupación mucho menos disimulada, mientras Sloane acercaba hacia ella el plato con las tostadas que no había tocado.

—Dormí mal —dijo—. Se me pasará.

Juliet envolvió su taza con ambas manos.

—Seguramente, pero llevas diez minutos castigando ese café y has comido medio bocado. Puedes contarnos qué ocurrió o podemos hablar de cualquier otra cosa.

—No ocurrió nada, en serio; será una de esas virosis que dan cuando empieza el cambio de estación.

Vivian tomó su propia taza y Sloane tomó aire antes de responder.

—Debes cuidarte, querida, y tomar tus vitaminas. —Levantó la copa de mimosa en señal de brindis—. ¿Qué tal James? Háblanos de la gala.

Vivian le lanzó una mirada que no consiguió intimidarla.

—La gala fue más complicada de lo que esperaba.

—¿Por James? —preguntó Sloane.

Vivian negó con la cabeza.

—James fue encantador. Por eso me resultó todavía más incómodo hablar con él después. Le dije que prefería dejarlo ahí. Aceptar otra invitación habría sido injusto cuando sé que mi interés no alcanza para ofrecerle algo distinto a una amistad.

Juliet extendió una mano sobre la mesa y apretó brevemente la suya.

—Hiciste bien. Que un hombre te agrade no significa que tengas que sentir algo más o dar el siguiente paso si no sientes lo mismo.

—Lo sé.

Sloane empujó de nuevo el plato hacia Vivian.

—Ahora come algo. El resto puede esperar hasta que decidas si quieres contarlo.

Vivian tomó una de las tostadas para evitar que continuaran vigilándola.

Estuvo a punto de hablarles del beso. Tendría que contarles, en algún momento, que Chase la había besado en la terraza y que, cuando él comenzó a apartarse, fue ella quien lo agarró de la chaqueta y lo atrajo de nuevo.

Después de eso resultaba bastante difícil culpar únicamente a los celos de Chase o a una discusión que se les había ido de las manos.

Mucho menos quería explicar por qué, después de dieciocho meses, besar a Chase le había resultado tan familiar.

—Gracias —dijo.

Juliet se limitó a mirarla, pero no insistió.

Sloane tampoco. Durante un rato hablaron de Perfect Match.

Una candidata había cancelado tres entrevistas consecutivas porque consultaba cada decisión con su astróloga, y Sloane estaba intentando determinar cuánto tiempo más pensaba permitir que Mercurio retrógrado manejara su agenda.

Vivian empezaba a relajarse cuando Sloane tomó un sorbo de café y pareció recordar algo.

—Por cierto, Elena escribió esta mañana.

La tostada se detuvo a medio camino de la boca de Vivian.

—¿Ocurrió algo?

—Todo lo contrario. Tiene otra cita con Chase el jueves.

Vivian dejó la tostada sobre el plato.

—¿Ya la organizaron?

—Evelyn se comunicó con ella esta mañana. Consiguió dos lugares para una cata privada que hará una bodega de Napa en Chicago. Por lo visto, Elena le había contado a Chase que quería probar sus vinos y las entradas son difíciles de conseguir.

Vivian miró su café. Eso no era una mesa reservada en cualquier restaurante. Chase había recordado algo que Elena le había contado y había organizado la siguiente cita alrededor de ello.

—Parece que las cosas avanzan con nuestros chicos; si siguen así, será el emparejamiento del año —comentó Juliet.

Vivian tardó un poco en responder.

—Eso parece.

Sintió una molestia absurda y se enfadó consigo misma por permitirla. ¿Qué esperaba? Chase había contratado a Perfect Match precisamente para conocer mujeres.

La noche de la gala se había puesto celoso al verla con James. Habían discutido y la atracción que arrastraban desde Nueva York terminó imponiéndose al sentido común. Eso no convertía un beso en una promesa.

Sloane la observaba.

Vivian tomó la taza e insistió en su argumento antes de que Sloane volviera a hablar.

—Estoy algo resfriada, ya te lo dije.

Sloane pareció considerarlo.

—Está bien, pero tampoco tienes que resolver hoy todo lo que te ronda por la cabeza.

Vivian bebió un sorbo.

—No estoy intentando resolver nada.

Juliet sonrió detrás de su taza.

—Entonces hemos vuelto al principio.

—Exactamente.

Sloane dejó escapar una risa y, por fortuna, cambió de tema.

Vivian participó en la conversación lo suficiente para que sus amigas dejaran de observarla, aunque la cata continuó ocupando un lugar incómodo en sus pensamientos. Elena estaba entusiasmada con una cita que parecía haber sido preparada especialmente para ella.

Quizá Vivian había pasado demasiadas horas intentando encontrar un significado que no estaba allí.

Chase podía desearla y seguir queriendo conocer a Elena.

Ella podía desearlo y saber que involucrarse con él era una pésima idea. Quería dejar claro que aquel beso podía quedarse en la terraza, producto de una atracción que ninguno de los dos había terminado de superar.

La cata con Elena parecía demostrar que él ya lo había entendido así.

Cuando sus amigas se marcharon, ella permaneció unos minutos más frente a la ventana. La lluvia había borrado los contornos de los edificios al otro lado de la calle y el café se enfriaba entre sus manos.

Dejó la taza sobre el plato y sacó el móvil. Escribió el mensaje antes de concederse tiempo para cambiar de opinión.

Necesitamos hablar. ¿Puedes verme mañana antes de ir a la oficina?

El mensaje llegó menos de un minuto después.

Estoy en Washington. Regreso esta noche. Mañana a las ocho.

Vivian leyó el mensaje dos veces. Chase no había preguntado de qué quería hablar ni intentado retrasar la conversación.

De acuerdo.

Guardó el aparato y recogió el bolso. Hasta la mañana siguiente podía preparar argumentos y decidir qué sucedería con el proceso de Elena. Lo difícil sería recordar cualquiera de esas decisiones cuando volviera a tener a Chase delante.