Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

Vivian esperó hasta que uno de los organizadores apartó a James para consultarle algo antes de abandonar el salón principal. Atravesó una de las galerías laterales del museo y salió a la terraza interior.

El aire de la noche le rozó los hombros desnudos y alivió parte del calor acumulado bajo las luces del salón. Apoyó las manos sobre la baranda y respiró despacio.

Había intentado disfrutar la velada con James y durante buena parte de la noche lo consiguió. Él era atento y divertido cuando se relajaba. Lo que no conseguía ignorar era que Chase llevaba horas instalado en algún rincón de su conciencia.

Lo encontraba cada vez que levantaba la mirada: hablando con alguien y fingiendo una indiferencia que se desmoronaba en cuanto James le ponía una mano en la espalda.

Después de varios días tratándola como un punto más de su agenda, parecía bastante molesto al descubrir que otro hombre disfrutaba de su compañía.

La puerta se abrió detrás de ella.

Vivian permaneció de espaldas. El rumor de las conversaciones escapó desde el salón y volvió a apagarse cuando la puerta se cerró.

No necesitó mirar para saber quién era. Lo supo por su presencia, por esa forma en la que el aire parecía cambiar cuando él estaba cerca.

Pero, sobre todo, lo supo por su olor, que había intentado olvidar.

Una mezcla de piel y algo que solo pertenecía a él.

El mismo que aquella noche se había quedado atrapado en su memoria.

Apretó los dedos contra la baranda y respiró profundamente antes de hablar.

—¿Viniste a tomar aire o encontraste otro motivo para mirarme como si estuviera haciendo algo indebido?

—Quiero saber qué está pasando con Pearson.

Vivian se volvió despacio. Él se había detenido a poca distancia, con una mano dentro del bolsillo del pantalón y la tensión marcada en su gesto. Toda la cortesía que había mantenido durante la gala había desaparecido.

—Mi vida privada no es asunto de mis clientes —dijo, intentando que su voz sonara mucho más indiferente de lo que sentía.

Si él había decidido tratarla como una simple empleada, perfecto, le daría la misma cortesía profesional. Él arqueó una ceja, sorprendido por su actitud.

—James me invitó y yo acepté. Eso es lo que está pasando.

—¿Y eso es todo?

—¿Esperabas un informe detallado? —ironizó.

Chase le sostuvo los ojos antes de bajarlos hacia el vestido. El recorrido fue breve, pero Vivian lo sintió casi como un contacto. Cuando volvió a mirarla, parecía todavía más irritado.

—Quizá me pareció curioso verte tan cómoda con él.

—¿Cómoda?

—Sí, desde que llegaron apenas ha apartado las manos de ti.

—¿Y qué te importa?

—No te confundas… solo estoy haciendo una observación.

—Para alguien a quien no le importa, pareces bastante interesado.

—Aunque deberías tener cuidado con James… él es… —El tono despreocupado no consiguió ocultar del todo el filo de sus palabras—. No confío en él.

—¿Y desde cuándo eres tú quien decide en quién debo o no debo confiar?

—Desde que sé cómo piensa un hombre cuando invita a una mujer hermosa a una fiesta.

—¿Y eso te molesta?

Él guardó silencio.

—Porque, si te molesta, podrías decirlo —continuó ella—. Sería mucho más sencillo que pasar semanas tratándome como si no significara absolutamente nada para ti.

—No sabes de qué estás hablando.

—Entonces deja de actuar como si James estuviera intentando quitarte algo.

Los ojos de él se clavaron en los suyos.

—¿Y si lo está intentando?

La indignación consiguió que Vivian olvidara cualquier intención de mantener la calma.

—¡Qué descaro! Llevas días comportándote como si una conversación conmigo pudiera alterar todos tus planes y ahora sales detrás de mí porque mi acompañante me toca.

Chase miró hacia los ventanales.

Había salido a la terraza sabiendo que no tenía ningún derecho a pedirle explicaciones.

Se lo repitió mientras la seguía y volvió a hacerlo cuando la tuvo delante.

Había sido él quien decidió poner distancia.

Se convenció de que unas semanas bastarían para recuperar el control que comenzó a perder desde que Vivian apareció en su vida por segunda vez.

Aquella noche descubrió lo poco que había conseguido.

La vio entrar del brazo de Pearson y algo desagradable se instaló en su estómago impidiéndole respirar. Durante horas había observado a aquel hombre inclinarse hacia ella con una familiaridad que Chase no podía reprocharle porque Pearson no estaba haciendo nada malo.

Eso era parte del jodido problema.

—Llevo toda la puta noche viéndolo tocarte.

Vivian abrió los ojos, furiosa. La frase quedó entre ellos, sin intento de disimulo.

—¡Pues te aguantas! James puede ponerme una mano en la espalda o besarme si se me da la gana. ¡Ninguna de esas decisiones te corresponde!

Los ojos de Chase cambiaron.

—¿Te ha besado?

Vivian soltó una risa breve.

—No pienso responder a eso.

Negó con la cabeza e intentó pasar a su lado.

Chase se movió casi al mismo tiempo y quedaron frente a frente. La cercanía bastó para que Vivian percibiera de nuevo el aroma, arrastrándola de golpe hacia aquella noche que llevaba año y medio intentando enterrar.

—Apártate —susurró.

Pero no sonó como una orden y Chase lo notó. Sus ojos recorrieron lentamente su rostro hasta detenerse en sus labios.

—¿En serio quieres que me aparte?

Vivian levantó los ojos.

—Quiero que dejes de mirarme así.

Chase debería haberlo hecho, pero en lugar de moverse, volvió a mirar su boca.

A Vivian le dio rabia que su cuerpo reconociera aquella mirada antes que ella. El pulso se le aceleró y tuvo que resistir el impulso absurdo de humedecerse los labios.

—¿Así cómo?

—Como si tuvieras algún derecho a estar celoso.

La palabra pareció afectarlo. Celoso.

Chase había evitado llamarlo de esa manera durante toda la noche, como si no ponerle nombre pudiera volver más razonable la necesidad de arrancar la mano de Pearson de su cuerpo cada vez que se le acercaba.

Estaba celoso, sí, jodidamente celoso, y se sentía un imbécil porque él era culpable de la distancia que ahora otro hombre ocupaba.

—Elena te interesa —continuó Vivian—. Fuiste tú quien decidió apartarse para averiguar qué podía pasar con ella. No puedes tratarme durante días como si no existiera y después venir a reclamarme porque otro hombre sí quiso acercarse.

Chase apretó los dientes porque cada maldita palabra era cierta.

También era cierto que había pasado los últimos días pensando en Vivian mucho más de lo que pensaba admitir. Se sorprendía almacenando detalles inútiles sobre una mujer de la que supuestamente intentaba alejarse.

El vestido verde agua dejaba al descubierto uno de sus hombros y buena parte de la espalda. Chase llevaba horas mirándola y recordando cómo se sentía aquella piel bajo la suya.

Había intentado poner distancia para recuperar algo de control, pero cada vez que la tenía cerca, el recuerdo de Nueva York lo asaltaba sin remedio.

Ahora a eso había que adicionarle el imaginarla saliendo de esa gala con otro hombre.

Pearson besándola y Vivian abriéndole la puerta de su apartamento.

—¿Vas a acostarte con él?

Vivian se quedó inmóvil. La furia apareció tan rápido en su rostro que Chase supo, incluso antes de que hablara, que acababa de cruzar una línea.

—¡Vete al infierno!

—¡Ya estoy en él!

—¿Sabes qué es lo que más me molesta? Que no tuviste el valor de decirme nada de esto antes. Decidiste que lo más conveniente era apartarme y esperabas que yo simplemente aceptara el cambio.

Chase sacó la mano del bolsillo.

—Me aparté porque empezaba a buscarte incluso cuando no tenía ninguna razón para hacerlo.

Vivian guardó silencio. Por fin.

Chase soltó el aire que llevaba demasiado tiempo conteniendo.

—Después del parque pasé el resto del día pensando en ti. Después salí con Elena y seguí pensando en ti. Cada vez que intentaba concentrarme en lo que se suponía que estaba buscando, aparecías tú. Así que hice lo único que se me ocurrió.

—¿Ignorarme?

—Sí.

Ella lo miró sorprendida, pero Chase no tenía ganas de suavizar sus palabras.

Sabía que había sido una estrategia de mierda, pero fue la única que encontró cuando comprendió que empezaba a esperar sus mensajes y a comparar con Vivian a una mujer que Perfect Match había seleccionado precisamente porque reunía todo lo que, se suponía, él había pedido.

Se acercó.

Vivian no retrocedió.

—Y no sirvió de nada.

La respiración de ella se alteró. El aire fresco movió un mechón que se había soltado de su peinado.

Él siguió el movimiento hasta la curva de su cuello y recordó su boca en ese mismo lugar.

El gemido ahogado de Vivian en una habitación de hotel.

Sus piernas alrededor de él. La manera en que lo había mirado antes de quedarse dormida.

Dieciocho meses. Qué hijo de puta era el tiempo cuando el cuerpo se negaba a olvidar.

—Chase…

—No.

La palabra salió ronca. No quería escuchar otra explicación sensata. Ya las conocía todas. Elena. Perfect Match. El contrato. Pearson. El hecho evidente de que Vivian no le pertenecía y podía acostarse con quien le diera la gana.

Lo sabía y también sabía que, si ella regresaba al salón en ese momento y Pearson volvía a poner una mano sobre su espalda, iba a necesitar una cantidad obscena de whisky para permanecer sentado y fingir que no le importaba.

Vivian levantó la barbilla.

—No sé qué esperas que haga con todo esto.

—Nada.

—Entonces déjame volver con James.

Eso debía hacer. Entonces, Chase la miró. Los ojos azules todavía estaban encendidos por la discusión. Las mejillas habían adquirido un ligero color y sus labios permanecían entreabiertos. Estaba furiosa con él y nunca le había parecido más hermosa.

Vivian dio un paso y él alcanzó a sentir su perfume cuando pasó a su lado. Pensó otra vez en Pearson besándola.

Mierda.

La sujetó por el brazo y ella se volvió de inmediato. Él bajó los ojos hacia su boca al verla tomar aire y, sin pensarlo un segundo más, le sujetó el rostro con ambas manos, atrapándola en un espacio donde ya no cabían las dudas, antes de besarla con una urgencia feroz.

Semanas de deseo reprimido y frustración contenida estallaron al fin, sin frenos ni reservas. Cuando la pegó a su cuerpo, Vivian abrió los labios bajo los suyos y él profundizó el beso con una necesidad que llevaba demasiado tiempo conteniendo.

La conocía. Ese fue el pensamiento que lo golpeó cuando sintió la lengua de ella rozar la suya. Conocía la forma en que respiraba cuando empezaba a perder el control y la presión de sus dedos cuando quería acercarlo más.

Ahora la tenía otra vez entre sus brazos.

Vivian deslizó una mano hasta su nuca y Chase sintió sus uñas entre el cabello. El pequeño tirón le arrancó un sonido ronco.

—Joder, Vivian.

Volvió a besarla. La espalda desnuda encontró la piedra fresca y Chase interpuso una mano para evitar que se golpeara.

La palma quedó extendida contra su piel.

Exactamente donde había pasado toda la noche viendo la mano de Pearson.

La satisfacción que sintió fue tan primitiva que debería haberle avergonzado.

No ocurrió.

Deslizó la mano por su espalda y Vivian se arqueó contra él.

Chase apretó la boca contra la suya mientras la otra mano bajaba hasta su cintura sobre el satén verde.

Quería más, mucho más. Quería meter las manos debajo de aquel maldito vestido y averiguar si su cuerpo también recordaba todo lo que él no había conseguido olvidar.

Su boca descendió por la mandíbula de Vivian. Ella dejó escapar el aire cuando llegó debajo de su oreja. Chase se detuvo. Recordaba eso: el modo en que cambiaba su respiración cuando la besaba justo allí. Volvió a hacerlo.

Vivian apretó los dedos sobre sus hombros.

—Sabes exactamente lo que me haces.

La voz le salió entrecortada. Chase levantó el rostro lo suficiente para mirarla.

—Lo recuerdo todo.

Vivian dejó de moverse. Aquello tuvo un efecto distinto al beso, ya que durante dieciocho meses se había convencido de que aquella noche permanecía únicamente en su memoria. La expresión de Chase acababa de decirle otra cosa.

—Aun así, decidiste ignorarme.

La acusación llegó más baja esta vez, pero dolió más. Chase apoyó la frente contra la suya.

Había deseado recuperar el control. Volver a la clase de vida en la que podía anticipar las consecuencias antes de actuar. Tenía a Vivian contra una pared en una terraza del Art Institute mientras su cita la esperaba dentro.

El control por el que había querido regir su vida acababa de irse al demonio.

—Me aparté porque sabía que, si volvía a tocarte, una vez no iba a bastarme.

Vivian lo miró. Chase volvió a besarla.

Esta vez no hubo rabia. La besó más despacio, pero con una necesidad que resultó todavía más difícil de contener. Vivian respondió de la misma manera y ninguno pareció recordar que existía algo más allá de aquella terraza.

El teléfono vibró dentro del bolso de Vivian; no le prestaron atención.

La segunda vibración consiguió atravesar el deseo. Vivian levantó el rostro. Chase permaneció cerca, respirando con dificultad, con una mano todavía en su cintura.

Ella sacó el teléfono; era James.

La subasta está empezando. ¿Dónde estás?

La realidad regresó de golpe. Vivian respiró hondo. James la estaba esperando dentro y acababa de besar a Chase sin importarle el amable abogado.

Apoyó las manos sobre su pecho y él retrocedió inmediatamente.

—Tengo que volver.

Chase se pasó una mano por el cabello. El gesto terminó de desordenar lo que los dedos de Vivian habían empezado.

—Vivian…

—Ahora no.

Guardó el teléfono y trató de recuperar el aliento.

—James no merece que desaparezca en mitad de una gala mientras me escondo contigo en una terraza, y Elena tampoco merece que sigas viéndola mientras haces esto conmigo.

Chase la miró en silencio.

Por primera vez desde que salió detrás de ella, los celos habían desaparecido de su expresión. Vivian recogió el mechón que se había soltado de su peinado y se acomodó el vestido. Los dedos le temblaron y eso la enfureció todavía más.

—Averigua qué demonios vas a hacer con eso.

Abrió la puerta y regresó al interior.

La música y las conversaciones la envolvieron de nuevo. Los camareros continuaban circulando entre los invitados y desde el salón principal llegaba la voz de quien anunciaba el comienzo de la subasta. Vivian caminó despacio.

Sus labios conservaban el calor de Chase.

La piel bajo su oreja todavía ardía y podía sentir sobre la espalda el recorrido de unas manos que no eran las de James.

Había querido que Chase dejara de esconderse detrás de aquella maldita distancia.

Acababa de conseguirlo y no tenía idea de qué iba a hacer con eso.