Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 14 #2
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CAPÍTULO 14 #2

—Vivian no es Sabrina, Chase. Y antes de que empieces a discutir conmigo, sé que nunca has dicho que lo sea. Solo te recuerdo que esa mujer todavía no te ha dado un solo motivo para desconfiar de ella.

Chase expulsó el aire antes de exponer sus pensamientos.

—No desconfío de ella. Desconfío de lo que ocurre conmigo cuando dejo que alguien ocupe demasiado espacio.

Aquello sí hizo callar a Marcus.

Chase tomó la botella de agua y se sirvió un poco. Había tardado demasiado en admitir incluso para sí mismo que el riesgo que veía en Vivian nunca había sido Vivian.

El teléfono continuaba boca abajo junto a su mano.

—Voy a seguir viendo a Elena. Me gusta y quiero saber adónde puede llevarnos esto. Lo que está ocurriendo con Vivian no cambia eso.

Marcus lo miró de frente, sin parpadear.

—Entonces ya tomaste una decisión.

—Sobre Elena, sí.

La precisión hizo que Marcus levantara ligeramente una ceja, pero tuvo el buen juicio de no comentar.

Chase tomó el vaso de agua.

Sobre Vivian, en cambio, no tenía la menor idea de qué hacer.

• • •

El viernes por la tarde, Chase llevaba casi veinte minutos intentando terminar un informe cuando Phillip apareció en la puerta de su oficina, más delgado que su hermano William, con el cabello gris perfectamente peinado y la expresión que solía utilizar cuando llevaba información destinada a alterar los planes de otra persona. Chase lo conocía muy bien.

—Si vienes a recordarme que esta noche debo asistir a la gala, mi madre ya lo hizo dos veces.

Phillip cerró la puerta y se acercó al escritorio con una serie de documentos dentro de una carpeta.

—Margaret tiene motivos para insistir. Has cancelado los últimos dos eventos y algunas personas empiezan a notarlo.

—Me relaciono con ellas cuando existe algo concreto que discutir.

—Entonces esto te interesará.

Chase reconoció el logotipo antes de que su tío abriera el documento. Su mano se detuvo sobre el informe.

Habían transcurrido dieciocho meses desde la última vez que se sentó frente a los representantes de aquel consorcio en Nueva York.

En esa reunión intentaron imponer condiciones inadmisibles y, cuando comprendieron que pensaba rechazarlas, sacaron a relucir la negociación que Chase había abandonado seis meses antes y lo que le había costado a la empresa.

Chase recordaba las ventanas orientadas hacia el río y el momento exacto en que comprendió lo que estaban haciendo.

Aquellos hombres no tenían ningún interés en las razones que lo habían llevado a actuar de esa manera.

Solo habían encontrado un punto vulnerable y pretendían utilizarlo para conseguir mejores condiciones.

Terminó arrojando los documentos sobre la mesa antes de decirles exactamente lo que pensaba de su oferta.

Esa misma noche conoció a Vivian.

Durante semanas tuvo que escuchar que su reacción había sido imprudente. Pocos parecieron considerar igualmente cuestionable que el consorcio hubiera utilizado un episodio de su vida privada como herramienta de negociación.

—Creí que habíamos cerrado ese asunto.

Phillip acomodó los documentos sin apresurarse.

—Quieren reunirse de nuevo. Aseguran que están dispuestos a revisar las condiciones que provocaron el desacuerdo.

Chase se recostó en la silla.

—Querían intervenir en nuestras decisiones. Cuando me negué, intentaron presionarme utilizando mi vida privada. No veo ninguna razón para volver a sentarme con ellos.

—La operación sigue siendo importante para Mercer. Negarte siquiera a escuchar una nueva propuesta será difícil de justificar ante la junta.

Chase miró a su tío a los ojos. Phillip sabía perfectamente por qué aquella negociación había terminado y cuánto le había costado después defender su reacción.

—Si las condiciones cambiaron, las revisaré. Eso no significa que vaya a aceptar una reunión.

Phillip deslizó el dosier hacia él.

—Entonces revísalas.

Chase apartó el informe que estaba leyendo y tomó los documentos. A primera vista, la propuesta parecía más prudente. Habían reducido algunas exigencias y eliminado las referencias directas a la participación que pretendieron obtener dieciocho meses atrás.

Bastaron unos minutos para descubrir una cláusula que les permitía intervenir en determinadas decisiones estratégicas.

Devolvió las páginas a la carpeta.

—Quieren exactamente lo mismo. Solo encontraron una forma menos evidente de escribirlo.

Phillip pasó la vista por la cláusula.

—Puede negociarse.

—También puede rechazarse.

Phillip permaneció tranquilo, aunque la manera en que tamborileaba la superficie del escritorio delató una tensión que antes no estaba allí.

—Si te niegas a retomar las conversaciones, algunos miembros de la junta podrían interpretarlo como otra reacción personal.

El rostro de Chase se endureció. Ahí estaba. Dieciocho meses después, el consorcio seguía contando con que el fracaso de Lakeshore pudiera utilizarse para empujarlo hacia una negociación que no convenía a Mercer. Lo que Chase no esperaba era escuchar el mismo argumento de boca de su tío.

—Mis decisiones empresariales se sostienen con números. Si alguien quiere cuestionarlas, que traiga los suyos.

Phillip no apartó los ojos.

—La percepción también importa. Después de Lakeshore, deberías saberlo mejor que nadie.

Sintió la vieja irritación subirle por el pecho.

Phillip había encontrado la forma de mencionar aquellos veinte millones cada vez que necesitaba empujarlo hacia una decisión .

Chase había abandonado la negociación de Lakeshore por razones que prefirió no hacer públicas, y las pérdidas, que cuestionaron su criterio ante la junta, las recuperó en menos de un año.

Entrelazó las manos sobre el escritorio.

Phillip solía insistir cuando consideraba que existía una oportunidad importante, pero aquella propuesta parecía interesarle más de lo razonable.

—¿Desde cuándo estás tan empeñado en concederles una segunda oportunidad?

Por primera vez desde que había entrado, Phillip tardó un instante en responder.

—Desde que rechazarla puede darte más problemas que escucharla.

Las condiciones seguían siendo perjudiciales para Mercer y Phillip las había leído antes de entrar en su oficina. Aun así, llevaba varios minutos intentando convencerlo de que aceptara la reunión.

—Los términos siguen siendo inaceptables.

Phillip cerró la propuesta.

—Les informaré que has rechazado la reunión. Piénsalo antes de que la propuesta llegue a la junta por otro camino.

Chase se levantó.

—Si llega por otro camino, recibirá la misma respuesta.

—Esperemos que no termines convirtiendo esto en otra batalla personal.

La puerta se cerró detrás de él. La insistencia de Phillip podía explicarse por la presión de la junta, pero algo no encajaba. Conocía los términos y sabía que Chase encontraría aquella cláusula en cuanto revisara la propuesta. A pesar de todo, había venido personalmente a defender la reunión.

Tomó el móvil. Otro mensaje de Margaret le recordaba que la gala comenzaba en menos de dos horas. Dejó el dispositivo sobre el escritorio y volvió a mirar la puerta cerrada. El consorcio seguía buscando una forma de entrar en Mercer y Phillip parecía demasiado interesado en abrirles la puerta.