Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

El jueves por la noche, Marcus Croft encontró a Chase en uno de los reservados del bar del Langham. Había un vaso de whisky sobre la mesa y un teléfono colocado boca abajo junto a él.

Marcus ocupó el asiento contrario y llamó al camarero.

—Cuando recibí tu mensaje pensé que habías encontrado la forma de callar a Phillip sin recurrir al asesinato, o que querías celebrar el cierre exitoso de una operación. Por esa cara, descarto la segunda opción.

Chase esperó a que el camarero tomara el pedido y se alejara.

—Phillip está reuniéndose por separado con varios miembros de la junta. Todavía carece de los votos para bloquear mi ratificación, pero lleva semanas buscando algo que le permita presentar mi vida personal como un riesgo para la empresa.

La sonrisa de Marcus desapareció.

—¿Encontró algo?

—Si lo tuviera, ya lo habría utilizado. Me preocupa la seguridad con la que se mueve. Actúa como si supiera que tarde o temprano conseguirá lo que necesita.

Marcus se acomodó contra el respaldo.

—¿Qué quieres que investigue?

—Sus inversiones y cualquier operación en la que haya participado durante los últimos cinco años. Tu empresa puede llegar a información que jamás aparecería en una revisión superficial. Necesito hechos: un conflicto de intereses o una decisión que sea incapaz de justificar frente a la junta.

El camarero regresó con el whisky de Marcus. Él esperó hasta que volvieron a quedarse solos.

—Phillip es cuidadoso, pero nadie mueve tanto dinero sin dejar algún rastro. Si ha favorecido a una empresa vinculada con él o escondido una participación, lo encontraré.

—Hazlo sin involucrar a Mercer Development Group. Quiero pruebas antes de que sospeche que estamos observándolo.

Marcus bebió un trago.

—Me encargaré. Ya que estamos hablando de personas que deberían preocuparnos, ¿qué ocurrió con la licitación de hace dos semanas?

Chase observó el interior del vaso antes de tomar otro trago.

—La ganó Keller.

Marcus dejó el whisky a medio camino.

—¿Adrian Keller?

—Su consorcio presentó una oferta apenas inferior a la nuestra en la última ronda. Lo suficiente para desplazarnos sin sacrificar el margen.

Marcus conocía a Keller desde hacía años.

En Chicago resultaba difícil moverse entre desarrollo inmobiliario y capital privado sin cruzarse con él.

Además, estaba al tanto de lo ocurrido dos años atrás.

Había reconstruido una carrera que durante un tiempo pareció condenada a desaparecer y lo hizo con una agresividad que muchos confundían con paciencia.

—Keller rara vez entra en una operación si duda de poder ganarla —dijo—. Y cuando pierde, se asegura de que alguien lo recuerde.

Chase lo sabía de primera mano.

—Puede haber presentado una propuesta mejor y nada más. Aun así, la diferencia fue demasiado precisa.

Marcus se inclinó hacia él.

—Lleva un año reuniendo capital y asociándose con empresas bastante más grandes que Keller North. Parece decidido a dejar las operaciones medianas. Eso es lo único que he escuchado y todavía carezco de pruebas para convertirlo en una teoría.

—Averigua quién está detrás del consorcio.

Marcus soltó una respiración divertida.

—Hace menos de cinco minutos me encargaste investigar a tu tío.

—Confío plenamente en tu capacidad para hacer dos cosas al mismo tiempo.

—Te recuerdo que tu fe en mí siempre aparece acompañada de una factura considerable.

Chase ignoró el comentario y tomó el whisky. Marcus lo observó antes de mirar hacia el teléfono.

—Ahora cuéntame qué ocurre con Elena Rostova. Phillip y Keller difícilmente explican por qué has revisado esa pantalla tres veces desde que llegué.

—Elena y yo nos hemos visto dos veces más. Estamos organizando otra cena para la próxima semana y todo avanza como debería.

—Encontraste a la mujer que cumple con lo que pediste. Deberías estar satisfecho.

—Lo estoy.

Su amigo volvió a mirar el teléfono.

—Entonces supongo que esperas un mensaje suyo. Debo reconocer que jamás imaginé que fueras a engancharte tan rápido. ¿Ya te acostaste con ella?

Chase apartó el aparato unos centímetros.

—Todavía no hemos llegado a eso. —Señaló el teléfono—. Estoy esperando la confirmación de una reunión de mañana.

Marcus bebió con una expresión que dejaba claro cuánto creía aquella explicación.

—¿Qué ocurre con Vivian?

Chase sostuvo el vaso entre los dedos antes de responder. Había sabido que Marcus terminaría llegando hasta allí; lo sorprendente era que hubiera tardado tanto.

—Decidí establecer cierta distancia. Vivian dirige la agencia que contraté y yo estoy conociendo a una mujer que me interesa. Seguir buscándola fuera del proceso empezaba a complicar una situación que no tenía por qué ser complicada.

Croft apoyó un brazo sobre la mesa y lo estudió en silencio.

—Supongo que por «buscarla fuera del proceso» te refieres a llevarla a desayunar con Arthur y aparecer en un parque para conocer a sus sobrinas. Porque desde aquí parecía que estabas dedicando bastante esfuerzo a encontrar motivos para verla.

Chase le dirigió una mirada poco amistosa.

—Gracias por el inventario —retrucó—. Estuve presente en todos esos momentos.

—Solo intento entender en qué punto descubriste que necesitabas comportarte como un hombre sensato.

La burla hizo que Chase negara con la cabeza antes de llevarse el whisky a los labios.

Marcus podía bromear cuanto quisiera, pero aquella era precisamente la conclusión a la que había llegado.

Elena merecía una oportunidad real y Vivian no podía continuar ocupando un lugar que ninguno de los dos había definido.

—¿Cómo se lo tomó? —preguntó Marcus.

—Perfectamente. No preguntó por qué cambié la manera de manejar las citas ni intentó discutirlo. —Su tono de voz al decirlo hizo que Marcus lo mirara con ese gesto burlón típico de él—. Desde entonces responde cuando hay algo relacionado con Elena y nada más.

Era cierto. Vivian había contestado cada mensaje con una eficiencia impecable.

Eso era lo que él había querido. Una relación profesional sin carreras a primera hora de la mañana ni visitas improvisadas a un parque.

Sin conversaciones que comenzaban por una candidata y terminaban llevándolos a cualquier otro sitio.

Vivian había entendido el cambio sin obligarlo a explicarse. Dejó que Elena y él organizaran sus encuentros directamente y se limitó a responder cuando Chase la mantenía informada.

Había respetado cada límite.

Chase tomó otro trago y dejó el vaso sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.

Lo irritante era descubrir que una parte de él había esperado alguna resistencia. Una pregunta. Una de aquellas observaciones suyas capaces de obligarlo a defender una decisión que hasta ese momento le había parecido perfectamente razonable.

No recibió ninguna, porque Vivian simplemente continuó con su vida y Chase descubrió que ser él quien había cerrado la puerta no hacía más fácil quedarse del otro lado.

Marcus había permanecido callado mientras él bebía. Después miró hacia los ventanales.

—¿Cuánto tiempo llevas sin verla?

Chase no necesitaba hacer la cuenta.

—Desde la primera cena con Elena. Las cosas con Vivian empezaban a moverse en una dirección que podía complicarlo todo y seguir buscando su compañía mientras intentaba construir una relación con otra mujer habría sido una estupidez.

Las luces de Chicago se reflejaban sobre el río detrás de Marcus. Chase siguió el avance lento de una embarcación bajo uno de los puentes. Habían pasado suficientes días para que la decisión empezara a sentirse normal, pero no había ocurrido.

Continuaba encontrando momentos en los que pensaba en escribirle. La mañana anterior había probado un café espantoso durante una reunión y recordó su café con leche con vainilla. Esa misma tarde, al pasar cerca de Montrose Harbor, miró hacia el lugar donde habían comido hamburguesas.

En ninguno de los dos casos tomó el móvil.

—Elena es una mujer que me interesa —continuó—. Nuestras conversaciones funcionan y ambos sabemos qué estamos evaluando. Quiero averiguar si existe suficiente entre nosotros para construir algo real.

—Eso tiene bastante más sentido que muchas de las decisiones que te he visto tomar. Entonces, ¿qué es lo que sigue molestándote? Porque no te veo hecho unas pascuas.

Chase levantó la mirada. Marcus no estaba sonriendo esta vez. Tuvo la tentación de decir que nada.

—Con Elena puedo anticipar hacia dónde avanzamos. Con Vivian, cada vez que creo entender algo, ocurre otra cosa. —Se pasó una mano por el rostro antes de añadir—: Pensé que eso era lo que me molestaba.

Marcus no intentó terminar la idea por él. Chase observó el whisky que quedaba en el vaso.

—La conocí en un momento en que ninguno buscaba nada.

Después volvió a aparecer y pensé que podía manejarlo.

Era una coincidencia incómoda y poco más.

Entonces empecé a querer verla incluso cuando sabía que no iba a ocurrir nada.

Quería escucharla discutir con sus sobrinas y recordar cosas que carecía de motivos para guardar en la cabeza.

Decirlo en voz alta hizo que todo pareciera bastante menos manejable. Marcus bebió un trago antes de apoyar el vaso.

—Eso ya no suena como un problema que puedas resolver simplemente dejando de verla.

Chase soltó una respiración y volvió la atención hacia el río.

—No sé qué clase de problema es. Ese es precisamente el punto.

Escuchó el murmullo del bar y el sonido distante de una copa al chocar contra otra tratando de distraerse, pero no le fue posible.

Había pasado buena parte de su vida tomando decisiones con información incompleta.

En los negocios podía calcular cuánto estaba dispuesto a arriesgar.

Con Vivian ni siquiera sabía qué estaba intentando proteger.

—Ya permití una vez que una relación personal alterara decisiones que afectaron mi familia y la empresa —dijo finalmente—. Conozco el precio y no pienso repetirlo.

Marcus dejó de jugar con el vaso.