CAPÍTULO 13 #2
Vivian sonrió y tomó asiento. Él sirvió el café antes de cortar uno de los rollos de canela.
—Clara también me contó que saliste a cenar con un abogado.
Vivian levantó la vista.
—Mi hermana debería trabajar en inteligencia. Recopila información y la distribuye antes de que los implicados sepan que existe un informe.
—Le pregunté si seguías trabajando demasiado. Ella creyó oportuno tranquilizarme con la noticia de que habías aceptado una invitación que carecía de clientes y expedientes.
Vivian rodeó la taza con las manos.
—Se llama James. Trabaja en el mismo edificio de la agencia y llevaba tiempo invitándome a salir. Cenamos la semana pasada; es agradable.
Su padre partió el rollo y colocó una mitad en cada plato.
—Eso suena prometedor. Ve por ello, hija. Ya es hora de que vivas tu propia historia de amor. Emparejas gente; es justo que busques tu pareja.
—Me invitó a la gala de la Fundación Harrington este viernes. Su firma participa en la organización, pero todavía no sé si llevaré las cosas más lejos.
Su padre frunció el ceño.
—No sabrás si es el adecuado si no lo intentas. —Tomó un sorbo de café y dejó la taza sobre la mesa—. Tu madre hacía una donación a la Fundación todos los años.
—La he mantenido desde que murió, aunque nunca he asistido a la gala.
Él sonrió con cierta melancolía.
—Ella tampoco. Decía que podía ayudar sin ponerse un vestido de noche y escuchar discursos mientras se enfriaba la cena.
—Su padre pasó el dedo por el borde de la taza, entretenido con el recuerdo—.
También desconfiaba de cualquier evento benéfico donde se gastara más en flores que en la causa que pretendía apoyar.
Vivian soltó una risa.
—Eso sí parece suyo.
—Habría considerado la donación y la fiesta dos asuntos distintos. Ve con James y disfruta la noche.
Durante los meses posteriores a la muerte de su madre, Vivian había evitado esa clase de eventos por el duelo.
Las reuniones y las cenas relacionadas con la agencia resultaban fáciles de justificar.
Arreglarse para pasar una noche agradable con un hombre pertenecía a una vida que había dejado en suspenso.
Tal vez había llegado el momento de recuperarla.
Subieron al estudio después de terminar el café. La luz de la tarde entraba por una ventana orientada hacia el jardín y caía sobre varias cajas apiladas junto a la estantería. Vivian se sentó en el suelo y abrió la primera.
Encontró programas de conciertos y fotografías familiares guardadas dentro de sobres marcados con fechas. Su padre ocupó el sillón cercano y comenzó a revisar una caja con documentos.
En la segunda apareció una imagen de los primeros meses de Perfect Match.
Sloane, Juliet y ella posaban frente a su primera oficina. El letrero estaba ligeramente torcido y las tres sonreían con el entusiasmo nervioso de quienes habían invertido todos sus ahorros en una idea que todavía podía fracasar.
Vivian giró la fotografía.
En el reverso, su madre había escrito:
El día en que Vivian decidió construir algo propio.
Recorrió las palabras con la yema del dedo.
—Mamá guardó esto.
Su padre dejó los documentos y se acercó.
—Guardó todo lo relacionado con la agencia: las entrevistas y hasta un artículo donde confundieron el apellido de una de tus socias. Decía que algún día querrías recordar cómo habías empezado.
Vivian contempló los rostros jóvenes de la fotografía.
—Durante los primeros seis meses estuvimos convencidas de que terminaríamos endeudadas hasta el cuello.
—Tu madre jamás lo creyó. Se quejaba de tus horarios y después les contaba a sus amigas lo orgullosa que estaba de ti.
Vivian bajó los ojos. Podía escucharla señalando las fallas del letrero y exigiendo que contrataran a alguien capaz de instalarlo derecho. También podía imaginarla guardando aquella fotografía sin decirle nada.
El móvil vibró dentro del bolso.
Vivian levantó la cabeza antes de controlar el impulso.
Acabo de confirmar nuestra mesa para el viernes. Paso por ti a las siete y media. Si prefieres que nos encontremos directamente en el Art Intitute, dímelo.
Vivian leyó el mensaje y sonrió.
Puedes pasar por mí. Estaré lista.
Perfecto. Me alegra que hayas aceptado venir conmigo.
La sonrisa permaneció en sus labios antes de dejar el teléfono junto a la caja. Su padre la observaba desde el otro lado del estudio.
—¿El abogado?
—Está organizando los detalles de la gala.
—Parece considerado.
Vivian guardó la fotografía sobre una pila aparte.
—Lo es. Tiene una manera tranquila de tomarse las cosas y me gusta.
Su padre apoyó una mano sobre la caja que tenía delante.
—Hablas de él como si estuvieras dando referencias profesionales; no hay emoción.
Vivian continuó lo que estaba haciendo mientras meditaba en las palabras de su padre.
—Dirijo una agencia matrimonial —añadió—. Evaluar personas es un hábito difícil de abandonar.
—Una cena tampoco tiene que convertirse en una decisión importante. Basta con que disfrutes estar con él.
Vivian devolvió la caja que organizaba a su puesto.
Se guardó para sí cuánto espacio había comenzado a ocupar otro hombre en sus pensamientos. También que llevaba varios días esperando una llamada que nunca llegaba y que la gala le ofrecía la oportunidad de demostrar, sobre todo a sí misma, que podía seguir adelante.
—Disfruté nuestra primera cena —respondió—. Por ahora, eso basta.
Su padre la observó con curiosidad y regresó a los documentos.
—Entonces empieza por ahí.
Continuaron revisando las cajas hasta que la luz comenzó a desaparecer detrás de los árboles. Antes de marcharse, Vivian se detuvo en el porche y contempló las macetas vacías alineadas frente a la entrada.
—Podríamos ir al vivero la próxima semana. Ignoro qué flores escogía mamá, pero encontraremos algunas que también te gusten a ti.
Su padre siguió la dirección de su mirada.
—Tu madre cambiaba de idea cada estación. Creo que nos perdonaría si hacemos lo mismo.
Vivian sonrió y lo abrazó antes de bajar los escalones.
Cuando llegó al automóvil, guardó la fotografía de Perfect Match dentro del bolso y volvió a leer el mensaje de James.
El viernes iría a la gala con un hombre que había sido atento desde el principio. Lo demás tendría que dejar de importarle.