CAPÍTULO 12 #2
—No te dejes engañar. Cuando tenga algo que decirte, lo hará sin filtro.
Chase habló sin pensarlo.
Elena levantó ligeramente las cejas.
—Entonces tú has tenido más suerte que yo.
Chase dejó la copa sobre la mesa.
—Solo necesitas aprender a leerla.
Elena lo observó, atenta.
—Tú pareces entenderla bastante bien.
Chase miró su plato.
—Sería un tonto si no supiera con quién trabajo.
Había reaccionado demasiado rápido.
Ni siquiera se había dado tiempo para decidir si valía la pena su reacción ante la crítica a Vivian. Había escuchado el comentario sobre ella y algo en él se había tensado de inmediato, empujándolo a responder antes de medir el tono ni a quien tenía enfrente.
Lo que le molestaba era la facilidad con la que Vivian empezaba a atravesar filtros que normalmente funcionaban muy bien, a pesar de que Chase había decidido guardar las distancias.
Chase no acostumbraba a perder el tiempo defendiendo a personas capaces de defenderse solas, mucho menos en mitad de una cita que se suponía debía ayudarlo a encontrar esposa.
Tomó la copa y bebió un poco de agua.
Necesitaba concentrarse.
—Quiero construir una alianza sólida —continuó Elena— y permitir que lo demás se desarrolle con el tiempo. Carezco de interés en acelerar etapas o convertir cada encuentro en una obligación.
La tensión que Chase arrastraba desde hacía días disminuyó.
Elena le ofrecía exactamente lo que había pedido: tiempo y una relación capaz de avanzar sin exigirle una certeza emocional desde el principio.
—Eso coincide con lo que busco.
Por primera vez desde que acudió a Perfect Match, Chase pudo imaginar que el proceso realmente funcionara. Ignoraba si Elena era la mujer adecuada, pero quería descubrirlo. Le resultaba atractiva y no había tenido que esforzarse para mantener la conversación.
Eso bastaba para querer una segunda cita.
Pidieron café. Elena le contó una anécdota sobre una cena en Zúrich durante la cual conversó cuarenta minutos con un hombre al que había confundido con un representante del Banco Central, antes de descubrir que dirigía una cadena de floristerías.
Chase correspondió relatándole la ocasión en que Arthur apareció sin invitación en una negociación para impedirle comprar un edificio que consideraba una aberración arquitectónica.
La risa de Elena fue abierta y cálida.
Cuando se levantaron de la mesa, Chase sabía que quería volver a verla.
• • •
Vivian estaba respondiendo un correo cuando vio salir a Elena del reservado. Bloqueó la pantalla del celular y se puso de pie.
Le bastó observarlos para saber que la cena había ido bien. Elena conservaba la serenidad con la que había llegado, pero su sonrisa era más cálida. Chase caminaba junto a ella con una atención que Vivian ya había aprendido a reconocer.
El empleado del guardarropa ayudó a Elena con el abrigo.
—¿Cómo te sentiste? —preguntó Vivian.
—Mejor de lo que esperaba. Todavía tenemos muchas cosas que conversar, pero quiero volver a verlo.
Era exactamente lo que Vivian esperaba escuchar cuando una presentación funcionaba.
Se sintió mezquina al reconocer la razón: por primera vez desde que había fundado Perfect Match, una pequeña parte de ella deseaba que fracasaran. No porque Elena no fuera adecuada. Simplemente porque, si aquello no funcionaba, él seguiría soltero.
—Te llamaré mañana y revisaremos con calma cómo quieres continuar.
Vivian disimuló con una sonrisa y se obligó a concentrarse en Elena. Sus sentimientos podían ser bastante poco profesionales, pero ella no tenía por qué serlo.
—Tenemos mucho en común —dijo Elena—. Ha sido una buena elección.
Vivian la acompañó hasta la salida. Cuando regresó al lounge, Chase la esperaba de pie junto a la mesa.
—Elena quiere volver a verte —informó.
—Yo también quiero verla —respondió sin vacilar.
Vivian apoyó una mano sobre el respaldo de la silla mientras él le explicaba todas las maravillas de Elena que había percibido durante la cena.
Era la clase de comentario que cualquier profesional deseaba escuchar de un cliente.
Una relación avanzando era, en teoría, una buena noticia.
Significaba que había hecho bien su trabajo.
Que había leído correctamente a sus clientes y conseguido que dos personas estuvieran dispuestas a darse una oportunidad.
Esta vez, sin embargo, le costó un poco más sonreír.
—Me alegra mucho —dijo, y se obligó a que su voz sonara sincera.
Lo era. Al menos, una parte de ella lo era. La otra estaba ocupada sintiendo algo mucho menos noble.
Celos.
La palabra apareció en su cabeza con una claridad desagradable. Vivian la apartó de inmediato. No tenía derecho, y mucho menos después de haberle prometido a Chase que encontraría para él a la mujer adecuada.
Ella era su casamentera y él era su cliente, y eso debía ser suficiente para mantener sus sentimientos en control, pero le gustaba Chase.
Tal vez llevaba tiempo fijándose en detalles que una mujer sensata habría ignorado, como la facilidad con la que conseguía hacerla reír y esa expresión que aparecía en sus ojos cuando bajaba la guardia.
Fuera como fuera, ya no podía fingir que aquella atracción no existía.
Además, Chase no le había dado motivos para creer que sintiera lo mismo; parecía perfectamente cómodo cumpliendo el propósito para el que había acudido a Perfect Match.
—¿Te atrae?
La pregunta formaba parte de su trabajo. Esa explicación debía bastar.
Chase sostuvo su mirada.
—Sí. Elena me atrae.
Los dedos de Vivian se cerraron con más fuerza alrededor del bolso.
—Entonces hablaré con ella mañana. Si deciden volver a encontrarse, Evelyn puede coordinar tus horarios con la agencia.
Una alteración mínima cruzó el rostro de Chase.
—Evelyn ya no tendrá que intervenir. Elena y yo intercambiamos nuestros números. Podemos organizar directamente las próximas citas.
Vivian asintió. El procedimiento permitía que los clientes asumieran el control de sus encuentros una vez realizada la presentación.
—Perfecto. Escríbeme cuando necesiten orientación o quieran revisar algún aspecto del proceso.
Chase apoyó una mano sobre el respaldo de la silla.
—Vivian, que Elena y yo podamos organizarnos no significa que tengas que desaparecer.
Ella levantó los ojos hacia él.
Dos días atrás Chase había decidido poner distancia entre ellos y Vivian había intentado convencerse de que era lo mejor. Lo que no esperaba era echar de menos sus mensajes y esa facilidad con la que invadía espacios en su vida. Ahora, después de cenar con Elena, pretendía acercarse otra vez.
Le dolió. Mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir. Que se jodiera, quiso decírselo enseguida, pero años de tratar con clientes difíciles salieron al rescate y Vivian consiguió sostenerle la mirada sin mostrar lo que le pasaba por dentro.
Ahora él no podía regresar después de una cena con Elena y esperar encontrarla disponible para lo que se le antojara. Ella no era una muñeca de poner y quitar a su antojo. Él era un cliente de su empresa, uno de los más importantes, y haría muy bien en recordarlo.
—Fuiste bastante claro en tu mensaje.
—Intentaba concentrarme en esta cita.
—Y salió bien. —Vivian guardó el teléfono en el bolso—. Encontraste una mujer que te atrae y quieres volver a verla. Yo diría que funcionó.
Chase se tensó ante el tono indiferente de Vivian.
—Sabes que no estoy hablando de eso.
Vivian no apartó los ojos.
Por supuesto que lo sabía. Ese era precisamente el inconveniente.
—Cuando tengas algo que comunicarme sobre Elena, escríbeme.
Recogió el bolso y comenzó a caminar hacia la salida.
—Vivian…
Ella se volvió.
—Hicimos una buena elección, Chase. Deberías estar satisfecho.
Vivian salió del restaurante sin esperarlo. El aire de la noche le golpeó el rostro cuando cruzó hacia el estacionamiento y buscó las llaves dentro del bolso.
Había hecho bien su trabajo y Perfect Match había conseguido exactamente lo que él les había pedido.
Solo que Vivian ya no estaba segura de querer celebrarlo.
Llegó hasta su auto y antes de entrar, recordó el mensaje de James: saldría a cenar con un hombre atractivo; debería concentrarse en eso.
Dejó el bolso en el asiento del copiloto.
Chase quería concentrarse en Elena. Perfecto.
Ella también tenía una cita.