Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

Vivian llegó a Alinea veinte minutos antes de la hora acordada.

Lo hacía siempre que una cita de Perfect Match requería su presencia. Prefería comprobar personalmente el reservado y verificar que ninguna de las mesas cercanas hubiera sido asignada a alguien capaz de reconocer a los involucrados.

En el caso de Chase, la discreción formaba parte esencial del servicio.

Desde la tarde que compartieron con Sofía y Emma no habían hablado. Aquella misma noche él le escribió para informarle de que Evelyn coordinaría cualquier ajuste relacionado con la cena. Después llegaron dos mensajes sobre el horario y el acceso al restaurante, ambos enviados por su asistente.

El cambio había sido tan evidente que resultaba imposible fingir que no lo había notado. Después de varios días encontrando cualquier excusa para verla, Chase había vuelto a tratarla como la directora de Perfect Match.

Era exactamente lo que debía hacer.

Vivian todavía no decidía por qué le molestaba tanto.

Esa noche había puesto un cuidado especial en su arreglo.

Llevaba un vestido verde esmeralda de líneas sencillas y el cabello recogido.

Había salido directamente de la agencia después de una jornada interminable y agradeció los minutos de tranquilidad mientras esperaba en el lounge con una copa de agua mineral.

Elena había llegado de Ginebra la noche anterior.

Su mudanza definitiva a Chicago estaba prevista para finales de mes y aquella decisión, tomada mucho antes de conocer el perfil de Chase, fue una de las razones por las que Perfect Match la incluyó entre las candidatas.

Las condiciones de confidencialidad ya estaban establecidas y la cena había sido preparada para que ninguno tuviera que preocuparse por algo distinto a conocerse.

A las ocho menos cinco, Chase apareció en la entrada.

Vestía un traje gris oscuro y una corbata color vino. Caminaba con el teléfono en la mano y la expresión concentrada de quien acababa de abandonar un problema que todavía reclamaba su atención. Guardó el móvil al verla.

Sus ojos recorrieron brevemente el vestido antes de detenerse en su rostro.

Vivian esperó algo más. Una sonrisa, cualquiera de esas pequeñas provocaciones con las que había conseguido sacarla de quicio durante los últimos días.

Cualquier cosa que le demostrara que no era la única que había estado pensando en ellos desde el último encuentro.

Pero no. Chase estaba frente a ella con aquella tranquilidad exasperante, como si fueran dos desconocidos que acababan de coincidir en una reunión de negocios, y parecía perfectamente cómodo con ello.

—Buenas noches, Vivian. Evelyn me confirmó que todo está preparado.

La formalidad del saludo consiguió irritarla más de lo razonable.

—El reservado está listo y Elena llegará en unos minutos.

Chase asintió. Vivian, en cambio, se sintió incómoda y se obligó a ignorarlo. No le correspondía sentirse decepcionada. Mucho menos cuando había sido ella quien aceptó las condiciones para trabajar con él y quien se había repetido, una y otra vez, que no debía esperar nada más.

Aun así, una parte de ella había esperado algo, y esa parte comenzaba a sentirse bastante estúpida. Vivian dejó la copa sobre la mesa.

—Evelyn ha sido muy eficiente. Cumpliste al pie de la letra lo que anunciaste en tu mensaje.

Él se mantuvo firme. La alusión era demasiado evidente para fingir que hablaban solamente de la cena.

—Mi agenda se complicó y me pareció más práctico que se encargara de los ajustes.

—Hace dos días encontrabas tiempo para aparecer en un parque y discutir sobre cupcakes con mis sobrinas. Supongo que las prioridades cambiaron.

Un músculo se marcó en la mejilla de Chase.

—Elena ya está en Chicago. Debo concentrarme en la razón por la que inicié este proceso.

Vivian sintió el peso de aquellas palabras y lo recibió con una sonrisa profesional, pero para su corazón no fue tan sencillo.

—Desde luego. Encontrarte una esposa siempre fue la prioridad.

Chase abrió la boca, pero el maître se acercó antes de que pudiera responder.

—La señorita Rostova acaba de llegar.

Vivian se puso de pie.

Las fotografías hacían justicia a las facciones de Elena, aunque apenas sugerían la presencia que imponía al entrar.

Era de cabello oscuro y movimientos seguros.

El abrigo color camel y la ausencia de joyas ostentosas concordaban con lo que Vivian conocía de ella: patrimonio propio, una carrera consolidada y escaso interés en exhibir cualquiera de las dos cosas.

Comprendió por qué Chase reaccionó a su perfil. Elena resultaba aún más impresionante en persona. La mujer se acercó con una sonrisa serena.

—Espero haber calculado bien la hora. El tráfico de Chicago parece empeñado en contrariar cualquier predicción.

—Llegaste en el momento justo —respondió Vivian mientras estrechaba su mano—. Elena Rostova, quiero presentarte a Chase Mercer.

Elena volvió la atención hacia él.

—Me alegra conocerte; creo que ya hemos tenido suficientes intermediarios por ahora.

Chase le estrechó la mano. Vivian se dio cuenta de que su reacción con Camille había sido distinta, ya que la mirada se demoró un poco más sobre Elena y en su expresión apareció un interés que Vivian reconoció de inmediato.

—Espero que la primera impresión juegue a mi favor —respondió—. Empiezo a sospechar que produzco una impresión más severa de la que pretendía.

Vivian los acompañó hasta el reservado y esperó mientras el camarero servía agua. Elena dejó el abrigo sobre el respaldo de una silla.

—La cena será privada —explicó Vivian—. Esta noche carece de una agenda establecida. Lo que ocurra después dependerá de lo que ambos quieran.

Elena ocupó su asiento.

—Eso resulta bastante más atractivo que otra ronda de formularios.

Chase dirigió una mirada a Vivian.

—¿Te quedarás?

La pregunta sonó estrictamente profesional.

—Estaré en el lounge cuando terminen.

Recogió su bolso y salió del reservado.

• • •

La primera impresión de Chase mejoró a medida que avanzaba la cena.

Elena sabía escuchar y hablaba de su trabajo con la seguridad de quien ya no necesitaba convertir cada logro en una presentación de credenciales.

Él esperaba encontrar a una mujer inteligente.

La comodidad que surgió entre ambos fue una sorpresa agradable.

Elena esperó hasta que el camarero sirvió el primer plato para abordar el motivo de la reunión.

—Prefiero aclarar algo desde el comienzo. La idea de construir una relación de manera racional no me incomoda; he tomado decisiones importantes así durante toda mi carrera. Lo que necesito saber es si buscas una compañera o una mujer capaz de adaptarse a la vida que ya tienes organizada.

Chase dejó los cubiertos sobre el plato.

—Quiero una compañera que conserve las responsabilidades que son importantes para ella. También entiendo que, si decidimos construir algo juntos, ninguno de los dos puede tratar al otro desde la certeza de que su puesto es provisional.

Elena lo observó, interesada.

—Mi trabajo todavía me obliga a viajar bastante. Si esto avanzara, habría momentos en que mi agenda interfiera con la tuya. Necesito saber cómo manejas eso.

—Jamás esperaría que abandonaras tu trabajo cada vez que mi agenda se complicara.

—¿Y estarías dispuesto a modificar la tuya?

Chase tomó la copa de agua antes de responder.

—Lo haría cuando las circunstancias lo justificaran. Estoy buscando una pareja, no una acompañante disponible para todas mis reuniones.

Elena sonrió, más tranquila.

—Esa respuesta es mucho mejor que algunas que he escuchado.

—Imagino que has conocido suficientes hombres dispuestos a reorganizarte la vida.

—Los suficientes para detectar el problema antes del segundo plato.

La observación consiguió que Chase sonriera.

Durante años Elena había trabajado entre Nueva York, Londres y Ginebra porque creyó necesario aceptar cada oportunidad. Ahora podía elegir los proyectos que realmente le interesaban y había decidido establecer su residencia en Chicago.

—La mudanza está programada para finales de mes —explicó—. Continuaré viajando por trabajo, pero esta será mi base.

Chase la observó con mayor atención.

—¿La decisión estaba tomada antes de entrar en Perfect Match?

—Mucho antes. Jamás cambiaría de ciudad por un hombre al que todavía no conozco.

Precisamente porque estoy reorganizando mi vida decidí que era un buen momento para considerar una relación estable.

Aun así, necesito saber qué lugar tendría una pareja dentro de la vida que ya estás organizando —continuó ella—.

Carecería de sentido instalarme aquí para terminar casada con un hombre que solo espera verme en cenas y compromisos públicos.

—Y tampoco tendría sentido pedirte que construyas una vida conmigo sin darte un lugar real dentro de ella.

Elena hizo girar lentamente la copa entre los dedos.

—En ese caso, hablamos el mismo idioma.

La conversación continuó sin esfuerzo. Hablaron de las ciudades donde habían vivido y de la dificultad de conservar una vida privada cuando demasiadas personas se sentían autorizadas a buscar información.

Chase explicó que cualquier acercamiento tendría que permanecer lejos de la atención pública. Quería evitar la participación de su familia y de la prensa hasta que existiera algo concreto que comunicar.

Elena coincidió.

—Si volvemos a vernos, prefiero hacerlo sin explicaciones para terceros. Sería absurdo comenzar asistiendo a eventos o representando una relación que todavía estamos explorando.

Aquella claridad le gustó. Elena entendía la exposición que acompañaba a su apellido, pero tampoco parecía deslumbrada por ella.

—Vivian fue muy cuidadosa al explicarme el proceso —comentó Elena—. Evitó darme una sola opinión personal sobre ti, aunque seguramente ya tiene varias.

Chase tomó la copa tratando de esconder la risa sarcástica que amenazó con aparecer.

—Puedes contar con eso.

Elena sonrió.

—Es difícil saber qué piensa. Tengo la impresión de que podría estar frente a una catástrofe y mantener exactamente la misma expresión.