CAPÍTULO 11
El miércoles de la semana siguiente, la actividad en Perfect Match disminuyó lo suficiente para que Vivian pensara que conseguiría salir de la oficina mucho más temprano.
Soñaba con un baño de burbujas y comida china, pero la esperanza duró hasta que Clara apareció en recepción acompañada de Sofía y Emma y el aspecto de quien llevaba media ciudad recorrida a contrarreloj.
A diferencia de Vivian, llevaba el cabello castaño oscuro y casi siempre recogido de cualquier manera cuando estaba con las niñas.
Había heredado los mismos ojos color miel de su madre, aunque ahí terminaba buena parte del parecido.
Clara tenía facciones más suaves y una expresividad que hacía prácticamente inútil preguntarle qué estaba pensando porque sus gestos hablaban por ella.
—Antes de que me digas que no puedes, la clínica adelantó mi cita y Steve está atrapado en una reunión al otro lado de la ciudad. Regresaré en menos de dos horas.
Vivian miró a sus sobrinas. Sofía llevaba un cuaderno de dibujo bajo el brazo y Emma abrazaba un conejo de felpa por una oreja mientras examinaba la oficina con la familiaridad de quien ya había estado antes en aquel lugar.
—No tenía intención de negarme. Acabas de mejorar considerablemente mi tarde.
Clara sonrió y le dio un beso rápido en la mejilla.
—Sabía que eras mi hermana favorita.
—Soy tu única hermana. No deberías felicitarte demasiado por la elección.
Media hora después, Vivian estaba sentada en una banca del pequeño parque situado a dos calles de la agencia. Sofía dibujaba a su lado mientras Emma recorría el césped recogiendo hojas que, de acuerdo con algún criterio incomprensible para ella, merecían ser llevadas a casa.
El móvil vibró dentro del bolso.
Chase Mercer
Terminé antes una reunión cerca de tu edificio. Necesito revisar algo contigo. ¿Tienes algo de tiempo?
Vivian vigiló que Emma no se acercara demasiado al sendero antes de responder.
Habla con Juliet. No estoy en la oficina.
La contestación apareció casi de inmediato.
¿Dónde estás?
En el parque de la calle Cuarta, haciendo de niñera. Mi hermana tuvo una cita médica de última hora.
Vivian esperaba que Chase se comunicara con Juliet. Segundos después recibió otro mensaje.
Estoy cerca.
Sostuvo el aparato, algo sorprendida porque no recordaba haberlo invitado y, sin embargo, la noticia de que venía le produjo una satisfacción inmediata que intentó achacar al aburrimiento de llevar media hora sentada en aquella banca.
La excusa no era demasiado convincente.
Un sedán negro se detuvo junto a la acera y Chase bajó del auto vestido con un traje oscuro y una corbata de lunares. Era la ropa apropiada para reunirse con inversionistas, pero desentonaba por completo entre los cochecitos y los padres agotados que cargaban mochilas de colores.
Vivian lo siguió con la mirada mientras cruzaba el sendero. Estaba demasiado guapo; de nada le valía negarlo. El traje le sentaba de una manera que justificaba que varias mujeres voltearan a mirarlo y, después de la noche compartida, Vivian conocía bastante bien lo que había debajo.
Que se lo pierdan las demás, pensó con un resabio de orgullo mal disimulado.
Ahí estaba otra vez aquella jodida noche, apareciendo con demasiada facilidad últimamente.
Bastaba con ver el nombre de Chase en la pantalla del celular o encontrarlo en un correo para que algún recuerdo regresara cuando menos lo necesitaba.
Apartó la vista hacia Emma antes de que él llegara a la banca.
Chase podía tener una cita con otra mujer y recordarle cada dos días que era su cliente; a su cuerpo parecía importarle bastante poco.
—Por tu expresión, deduzco que no esperabas verme.
Vivian alzó los ojos.
—No esperaba verte aparecer en un parque infantil vestido para una junta directiva.
—La reunión terminó cerca. No tuve tiempo de cambiarme para la ocasión.
Sofía levantó la cabeza del cuaderno y lo examinó de arriba abajo con la curiosidad pintada en su expresión.
—Tía Vivi, ¿él es tu novio?
Vivian no alcanzó a abrir la boca antes de que Emma regresara corriendo desde el césped.
—La tía Vivi no tiene novio.
—¿Tía Vivi? —repitió Chase.
Había algo distinto en su tono. Vivian lo reconoció enseguida.
—Ellas me llaman así desde siempre.
Chase descubrió que aquel nombre que ella le había dado, año y medio atrás, no le pertenecía únicamente a esa noche.
Después se inclinó un poco para quedar más cerca de la altura de las niñas.
—Me alegra que hayamos aclarado lo del novio antes de presentarnos. Me llamo Chase y trabajo con su tía.
Sofía cerró el cuaderno sobre el lápiz y lo dejó en la banca.
—¿En Perfect Match?
—Sí. Su tía está ayudándome con un asunto importante.
Emma abrazó el conejo contra el pecho.
—La tía Vivi siempre lee papeles de gente rica.
Vivian cerró los ojos.
—Emma, por favor. Vamos a intentar no avergonzar a nuestro amigo en los próximos cinco minutos.
Chase sonrió y consultó la hora.
—He aprendido que, después de cierto tiempo en un parque, alguien anuncia que tiene hambre.
Emma levantó la mano.
—Yo tengo hambre.
—Entonces llegué en el momento adecuado.
A una cuadra había una pequeña pastelería con fachada de madera y grandes ventanales. Sofía aceptó de inmediato y Emma recogió las hojas que había decidido conservar antes de correr tras su hermana.
Las niñas caminaron delante de ellos hasta llegar al cruce. Emma regresó entonces sobre sus pasos y, sin pedir permiso, metió la mano en la de Chase.
Él ajustó los dedos alrededor de la mano pequeña y esperó con ella a que cambiara el semáforo.
Vivian los siguió mientras Chase reducía el paso para acomodarse al de Emma y escuchaba una larga explicación sobre una compañera del colegio que le había copiado un dibujo. La niña levantó el conejo de felpa para mostrarle la prueba principal.
—Dijo que el conejo era idea suya y le puso otro nombre.
Chase examinó el juguete con aparente seriedad.
—¿Sofía lo vio?
Emma asintió.
—Entonces tienes un testigo.
Vivian soltó una risa.
—No puedo creer que estés convirtiendo una pelea de colegio en un caso. No eres abogado.
—Ella presentó los hechos. Yo solo estoy escuchando.
Emma apretó su mano, satisfecha, y continuó caminando.
Una campanilla anunció su llegada a la pastelería. Sofía y Emma se acercaron a la vitrina y estudiaron las bandejas hasta elegir dos cupcakes de fresa cubiertos con crema y chispas de colores.
Cuando la dependienta terminó de anotar el pedido, miró a Vivian.
—¿Y para ustedes?
—Pastel de limón y café con leche y vainilla —respondió Chase antes de que ella hablara—. Para mí, café negro y dos sobres de azúcar.
Vivian volvió el rostro hacia él mientras entregaba su tarjeta.
—Lo recordaste.
—Fuiste bastante específica frente al lago.
Vivian asintió antes de seguir a las niñas hasta una mesa junto a la ventana.
Cuando llegaron los pasteles, Sofía comenzó a retirar las chispas verdes de su cupcake. Después de reunirlas en una esquina del plato, empujó una hacia Chase.
—Puedes comértela. Las verdes no me gustan.
Él miró el pequeño adorno y después el cupcake, cubierto con todos los colores posibles.
—¿Por qué elegiste uno con chispas si sabías que había algunas que no querías?
—Porque las rosas y las azules sí me gustan. Solo tengo que quitar las verdes.
Chase asintió.
—Entonces hiciste bien. No tenía sentido renunciar a todo lo demás por una parte que podías apartar.
Sofía miró a Vivian con una sonrisa satisfecha.
—¿Ves? Yo tenía razón.
Vivian envolvió la taza caliente entre las manos.
—Lo preocupante es que encontraste a alguien dispuesto a respaldarte.
Chase aceptó la chispa verde y Sofía continuó comiendo. Durante los minutos siguientes, las niñas discutieron sobre sus dibujos y consiguieron dejar crema sobre el bigote del conejo de felpa y la manga de Vivian.
Chase escuchaba relatos que comenzaban en un lugar y terminaban en otro, y terminó limpiando con una servilleta la crema que Emma había dejado sobre el muñeco de felpa.
Clara entró apresurada, guardando unos documentos en el bolso mientras comenzaba a disculparse por la demora. La explicación quedó a medias cuando reparó en Chase. Vivian reconoció la mirada que recorrió el traje oscuro y el lugar que ocupaba junto a sus hijas.
—Clara, él es Chase. Chase, mi hermana.
—Encantada y gracias por alimentar a mis hijas. Espero que no te hayan sometido a un interrogatorio demasiado comprometedor.
—Son muy inteligentes y hacen bastantes preguntas.
Clara miró a las niñas y luego las manchas de crema.
—Eso significa que consiguieron distraerte durante un rato.
Emma intervino antes de que Chase pudiera responder.
—Pero no es el novio de la tía Vivi.
Clara se mordió el interior de la mejilla. Vivian le dirigió una mirada que habría bastado para intimidar a cualquier cliente de la agencia, pero su hermana no era una clienta.
El teléfono de Chase vibró en ese momento.
—Discúlpenme.
Se apartó hacia la entrada para responder. Clara esperó hasta que estuvo fuera de alcance antes de inclinarse hacia Vivian.
—Voy a ignorar por un momento que semejante espécimen podría ocasionar un accidente de tráfico. ¡Qué guapo es! Y por lo visto, mis hijas ya lo adoptaron; ese hombre tiene posibilidades.
Vivian la observó con cautela.
—Es un cliente, Clara.
—Si tú lo dices.
Emma levantó la voz para asegurarse de que Chase, y probablemente media pastelería, pudiera oírla.
—Mamá dice que eres muy guapo.
Clara cerró los ojos. Chase interrumpió la llamada el tiempo suficiente para mirar hacia la mesa. La sonrisa que apareció en su rostro terminó con cualquier posibilidad de que Vivian ayudara a su hermana fingiendo que no había escuchado.
Minutos después, Clara consiguió reunir juguetes y dos niñas parcialmente cubiertas de crema. Sofía se acercó a Chase antes de marcharse.
—Gracias por el cupcake y por comerte las chispas verdes.
Emma levantó el conejo.
—Y por ayudarme con el dibujo.
—Espero que me cuentes cómo termina.
Las niñas salieron con su madre. Vivian recogió su bolso y limpió el resto de crema que Sofía había dejado sobre la mesa.
—No pienso disculparme por mi familia. Sería inútil y volverán a hacerlo.
Chase se puso de pie.
—No tienes que hacerlo. Han sido la parte más interesante de mi tarde.
Salieron de la pastelería. El sol todavía iluminaba las fachadas, mientras caminaban hacia la esquina.
—Elena aterriza mañana por la noche —dijo Chase—. Su equipo confirmó que mantiene la cena del viernes.
—Juliet recibió la confirmación. Todo está preparado para las ocho y el restaurante reservó un espacio discreto.
Después de casi una hora hablando de cualquier cosa menos de Perfect Match, volver a Elena cambió el tono de la conversación.
—Quiero que estés allí cuando termine —dijo Chase—. Con Camille descubrimos cosas que ninguno de los perfiles podía mostrar. Quiero hablar contigo después de conocer a Elena.
Vivian asintió.
—Estaré allí.
El sedán negro se acercó al bordillo. Chase abrió la puerta trasera, pero antes de entrar miró de nuevo hacia la pastelería.
—Tus sobrinas son buenas niñas.
—Lo son. También son indiscretas y muy observadoras.
Chase la contempló en silencio.
—Nos vemos el viernes.
Vivian permaneció junto a la acera mientras el automóvil se incorporaba al tráfico. Después comenzó a caminar hacia Perfect Match. A mitad de la cuadra, su móvil vibró.
James Pearson
Haré un último intento antes de aceptar que llevas un mes evitándome. ¿Cenas conmigo la próxima semana?
Vivian disminuyó el paso.
James trabajaba en una firma de abogados del mismo edificio. Era agradable y había recibido con bastante paciencia cada excusa que ella utilizó para aplazar una decisión que, en realidad, no tenía motivos para continuar evitando.
Escribió antes de concederse demasiado tiempo para pensarlo.
Está bien. Cenemos la próxima semana.
Su contestación llegó poco después.
Me alegra que hayas aceptado. Te escribo mañana y acordamos el lugar.
Vivian guardó el teléfono.
James le simpatizaba; era un hombre atractivo, con quien siempre había resultado fácil conversar. La había invitado varias veces y ella llevaba demasiado tiempo utilizando el trabajo como excusa para rechazarlo. Quizás ya era hora de dejar de hacerlo.
Aun así, resultaba curioso que hubiera aceptado precisamente aquella tarde.
• • •
Al anochecer, Chase preparó el velero con los movimientos aprendidos durante la infancia y dejó que el viento lo alejara del puerto hasta que Chicago quedó reducida a una línea de luces.
Navegar siempre le había servido para ordenar sus pensamientos, pero aquella noche esa actividad no lo estaba ayudando.
Seguía viendo a Vivian en la pastelería, riéndose con sus sobrinas, y recordaba la sorpresa de sus ojos cuando descubrió que sabía cómo le gustaba el café. Ajustó la vela y cambió ligeramente el rumbo.
La reunión cerca de Perfect Match había sido solo un pretexto para verla. Lo había sabido incluso antes de preguntarle a Vivian dónde estaba.
Después de las pocas actividades que habían compartido, como el desayuno con Arthur y las hamburguesas junto al lago, siempre había encontrado una razón para prolongar el tiempo con ella.
Vivian empezaba a ocupar un espacio que él no pensaba concederle a nadie, y no era únicamente el deseo.
La había visto con sus sobrinas y, durante un momento, imaginó niños interrumpiendo conversaciones y a Vivian moviéndose dentro de aquella vida con una naturalidad que ninguna evaluación de Perfect Match habría podido medir.
Esa posibilidad resultaba más peligrosa que la atracción.
Elena llegaría al día siguiente. Si existía una oportunidad de construir con ella la relación estable que buscaba, merecía que él se presentara a la cita con toda su atención. Continuar buscando a Vivian fuera de la oficina era injusto para Elena y para el proceso que él mismo había iniciado.
Chase sacó el móvil, abrió la conversación con ella y escribió:
Evelyn coordinará con la agencia cualquier ajuste relacionado con la cena del viernes. Nos veremos en el restaurante.
Leyó el mensaje antes de enviarlo. Era una distancia que no había necesitado hasta esa tarde.