CAPÍTULO 8
El sedán se detuvo frente a una residencia de piedra clara, protegida del movimiento de Gold Coast por una verja de hierro y una hilera de árboles maduros.
Vivian bajó detrás de Chase y se ajustó la chaqueta deportiva. Todavía intentaba comprender en qué momento una conversación sobre candidatas había terminado convirtiéndose en un desayuno con el abuelo de su cliente.
Un hombre de cabello cano y traje oscuro los recibió en el vestíbulo.
—Buenos días, señor Chase. Su abuelo lo espera en el solárium y lleva quince minutos amenazando con servirse otra taza de café si usted continúa retrasándose.
Chase soltó una risa.
—Entonces llegué a tiempo para impedírselo. Thomas, la señorita Cole desayunará con nosotros. ¿Puedes mostrarle dónde puede refrescarse mientras me cambio?
—Por supuesto.
Chase se volvió hacia ella antes de dirigirse a la escalera.
—Tengo ropa aquí. Tardaré diez minutos.
—Puedo sobrevivir ese tiempo sin supervisión.
Él miró hacia el pasillo que conducía al solárium.
—Arthur suele aprovechar mi ausencia para obtener información que después utiliza durante años.
Chase permaneció estudiándola, quizá reconsiderando la prudencia de dejarla a solas con su abuelo. Al final subió la escalera.
Vivian siguió a Thomas por un corredor de madera oscura. La casa tenía una calidez que no había esperado. Había muebles que parecían haber pasado de una generación a otra y fotografías familiares en las paredes.
Una imagen de Chase a bordo de un velero la obligó a detenerse.
Tendría unos diez años. Estaba despeinado por el viento y sostenía un pequeño trofeo mientras un hombre mayor, Vivian supuso que era el abuelo, lo sujetaba por un hombro.
Lo sorprendente era su sonrisa, abierta y despreocupada.
Vivian la había visto aparecer en Nueva York cuando se burló de sus zapatos y él decidió reírse en lugar de ofenderse.
—Ganó aquella regata por diez segundos —comentó Thomas.
—Imagino que él recuerda cada uno.
—Su abuelo asegura que fueron veinte. Llevan veintitrés años discutiéndolo.
Vivian sonrió y continuó detrás del hombre.
Después de lavarse las manos y arreglarse el cabello frente al espejo del baño de invitados, envió un mensaje a Juliet para comunicarle que Chase había elegido conocer primero a Camille. Aún faltaba confirmar la disponibilidad de la candidata, pero convenía empezar a organizar la presentación.
Arthur estaba sentado ante una mesa redonda cuando Vivian llegó al solárium. La luz de la mañana atravesaba los ventanales y caía sobre las viandas y una cafetera de plata que alguien había colocado fuera de su alcance.
—Señor Bennet, la señorita Vivian Cole —anunció Thomas.
Arthur levantó la cabeza y se puso de pie apoyándose en el bastón. Cerca de los ochenta, conservaba la espalda erguida y una viveza en los ojos azules que explicaba buena parte de las advertencias de Chase.
—Mucho gusto, señor Bennet. Lamento aparecer sin aviso —dijo Vivian mientras se acercaba—. Su nieto decidió que una reunión de trabajo podía continuar durante el desayuno.
Arthur tomó la mano que ella le ofrecía y la observó con curiosidad.
—Entonces ya descubrió que Chase considera cualquier hora y cualquier lugar apropiados para resolver un asunto pendiente. Aunque debo admitir que esta es la primera vez que una de sus decisiones mejora mi desayuno.
Vivian sonrió.
—Y, por favor, llámame Arthur. Me parece injusto mantener las formalidades después de que Chase te haya arrastrado hasta aquí tan temprano.
—Vivian, entonces.
Arthur le indicó la silla situada a su derecha y esperó a que se sentara. Una empleada se acercó para servirle café.
—Supongo que conseguir un hueco en su agenda requiere cierta perseverancia.
—Digamos que ninguno de los dos quiso esperar hasta el viernes.
Arthur la observó por encima de las gafas.
—Chase nunca ha tenido demasiada paciencia para esperar cuando quiere resolver algo.
Vivian acercó la taza y aspiró el aroma del café.
—Tiene opiniones bastante firmes sobre cómo deben hacerse las cosas. Todavía intento averiguar cuánto escucha cuando alguien piensa distinto.
—Escucha más de lo que admite. Primero necesita asegurarse de que la conversación no es una batalla que está perdiendo.
Arthur le ofreció el jugo de naranja.
—Margaret y yo le enseñamos a navegar porque necesitaba descubrir que existen cosas imposibles de controlar. A los diez años creyó que ya sabía lo suficiente para sacar el velero sin ayuda y terminó golpeándolo contra el muelle. Imagino que mi hija no esperó que Chase fuera tan testarudo.
—Thomas olvidó mencionar esa parte.
—Thomas lleva demasiados años protegiendo su reputación.
—Me alegra saber que alguien lo hace —intervino Chase desde la entrada—, porque tú pareces decidido a destruirla antes de que desayunemos.
Vivian volvió la cabeza.
Chase había cambiado la ropa deportiva por unos pantalones oscuros y una camisa azul claro con las mangas remangadas. Tenía el cabello húmedo y el rostro relajado de una manera en que nunca lo había visto.
—Le estaba ofreciendo contexto a tu invitada —explicó Arthur.
Chase ocupó la silla frente a Vivian y sirvió café en la taza de su abuelo. Después acercó un pequeño recipiente con medicamentos.
—Tómatelos antes de empezar a negociar otra taza.
Arthur contempló las pastillas con abierta desaprobación.
—El médico exagera y tu madre disfruta demasiado utilizándote como vigilante.
—Mamá me llama porque la semana pasada decidiste reducir la dosis por tu cuenta.
Arthur tomó los medicamentos y Chase empujó hacia él el vaso de agua sin añadir nada más.
Vivian contempló el gesto. Ella había conocido a un hombre capaz de escucharla durante una de las peores noches de su vida sin tratarla con lástima. Ahora descubría que esa forma de cuidar también aparecía en su relación con Arthur, aunque se ocultara detrás de órdenes y discusiones sobre café.
—Lleva años intentando administrarme como a una empresa con dificultades —dijo Arthur.
Chase levantó los ojos hacia Vivian y luego le acercó el plato de fruta.
—Come algo. Corriste cinco millas.
Arthur reparó en la orden y levantó el ceño.
—Vaya, vaya, es bueno saber que no has perdido tu caballerosidad.
Chase negó con la cabeza mientras Arthur sonreía.
Vivian bajó la mirada hacia su taza, pero cuando volvió a alzarla encontró a Chase observándola.
Su rostro se suavizó. Por un instante regresó el hombre que había conseguido hacerla reír cuando creyó que ya no recordaba cómo hacerlo.
El teléfono vibró junto a su plato y rompió el momento.
Vivian miró la pantalla. Era Juliet.
—Discúlpenme. Necesito atender esta llamada.
Se levantó y salió hacia la galería, dejando a Chase a solas con su abuelo.
• • •
Arthur esperó hasta que Vivian cerró la puerta antes de mirar a Chase.
—¿Quién es?
Chase untó mantequilla en una tostada y mantuvo la vista sobre el plato.
—Ya la oíste. Se llama Vivian Cole.
—También te oí decir que trabajan juntos en un asunto confidencial. Mi pregunta tiene menos relación con su nombre y más con el hecho de que la trajeras a desayunar.
Chase dejó el cuchillo a un lado. Con Arthur cualquier evasiva podía convertirse en un interrogatorio.
—Necesitábamos continuar una conversación. Invitarla fue lo más práctico.
—Podías despedirte después de correr y llamarla más tarde. En cambio, la trajiste a mi casa.
Chase miró hacia la galería. Vivian estaba de espaldas, con el teléfono junto al oído. La coleta se balanceaba cada vez que asentía y el viento movía los mechones sueltos alrededor de su rostro.
—Es buena en su trabajo.
Arthur tomó la tostada.
—No estaba preguntando por su trabajo.
La puerta se abrió antes de que Chase respondiera.
Vivian regresó a la mesa y guardó el móvil en el bolsillo de la chaqueta.
—Discúlpenme. Necesitaba confirmar una reunión pendiente.
Chase levantó la vista.
—¿Quedó resuelto?
—La persona de la que hablamos aceptó. Te enviaré los detalles cuando llegue a la oficina.
Se trataba de Camille. Chase lo comprendió de inmediato.
Mientras él llevaba a Vivian a desayunar con su abuelo, ella organizaba la cena en la que lo presentaría a otra mujer.
Era exactamente lo que había contratado a Perfect Match para hacer.
Aun así, escuchar la confirmación de aquella cena le produjo una incomodidad que no tenía ninguna razón para sentir.
El desayuno transcurrió con más calma de la que Vivian había esperado. Arthur habló de la familia y de un par de anécdotas de Chase que él intentó interrumpir sin demasiado éxito. Para cuando terminaron el café, la conversación había perdido la formalidad de los primeros minutos.
Vivian miró la hora.
—Debo regresar a trabajar. Gracias por recibirme, Arthur.
El anciano se puso de pie y tomó la mano que ella le ofrecía.
—Ha sido un placer, Vivian. Espero que vuelvas en una ocasión menos improvisada.
—Gracias. Yo también lo espero.
Chase se levantó de la mesa.
—Te llevaremos hasta Oak Street. Dejaste tu automóvil allí.
—Puedo pedir un auto y evitarte otro cambio en la agenda.
—Fuiste hasta el lago porque te propuse una reunión a las seis de la mañana y acabaste aquí por una invitación mía. Dejarte donde comenzamos me costará unos minutos.
Vivian se despidió de Arthur y caminó junto a Chase hacia la salida.
Thomas ya los esperaba en el vestíbulo. Al acercarse a la puerta, Chase apoyó una mano en la parte baja de la espalda de Vivian para guiarla. El contacto fue breve, pero ella se tensó bajo sus dedos y se adelantó en cuanto cruzaron el umbral.
Chase retiró la mano.
—Tu abuelo es encantador —dijo Vivian mientras descendían los escalones.
—Mi abuelo acaba de decidir que puede utilizarte para obtener información sobre mí.
—Debiste pensarlo antes de traerme a su casa.
El chofer abrió la puerta trasera. Vivian se detuvo antes de entrar y lo miró.
—Respecto a Camille, la cena podría organizarse para mañana, siempre que ambos estén de acuerdo con el lugar.
La mención de la cita volvió a instalar entre ellos la razón por la que habían pasado la mañana juntos.
—Revisaré los detalles cuando los envíes.
Vivian ocupó su asiento y Chase entró después. Durante el trayecto hasta Oak Street Beach, ella habló de discreción y las condiciones de la presentación. Chase respondió cuando correspondía, aunque una parte de su atención seguía en el desayuno.