Una elección irresistible (Perfect Match 1) CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

En Perfect Match, la búsqueda de candidatas para Chase había ocupado buena parte de la jornada.

Juliet trabajaba frente a la pantalla principal de la sala de reuniones mientras Sloane revisaba los últimos informes y Vivian descartaba coincidencias que parecían prometedoras hasta que una leía algo más que los porcentajes.

Habían empezado con treinta y siete nombres.

Después de revisar exposición pública y disposición a considerar una relación poco convencional, quedaron solo tres.

—Victoria Sinclair Smyth —anunció Juliet, abriendo el primer perfil—. Treinta y un años y miembro de una familia bastante conocida en Chicago. Se mueve en el mismo círculo social de los Mercer y cumple con casi todas las condiciones.

Sloane levantó la vista.

—Su padre tiene intereses en Halden Capital.

Vivian terminó de leer la información que aparecía en su tableta. El conflicto podía parecer menor al principio, pero bastaba una negociación entre las dos compañías para convertir cualquier cena en una fuente de sospechas.

—Descártala. —Volvió la cabeza para mirarle—. Chase ya tiene suficientes personas pendientes de sus decisiones como para añadir a la hija de un competidor.

Juliet retiró el perfil y abrió el de Camille Laurent. La fotografía mostraba a una mujer de expresión serena y cabello rojizo recogido sobre la nuca. Tenía veintinueve años y había desarrollado su carrera como violonchelista entre París y Estados Unidos.

—Su familia lleva años intentando decidir con quién debería casarse —explicó Juliet—. Camille quiere una relación estable, pero también conservar una vida que le pertenece. Tiene sus propios ingresos y ningún interés en utilizar el apellido de un hombre para abrirse puertas.

Vivian repasó la información recopilada de la entrevista.

Camille valoraba las cenas compartidas y la presencia de su pareja durante los periodos en que permanecía en una misma ciudad.

Aquello chocaba con algunas de las condiciones iniciales de Chase, aunque las modificaciones posteriores dejaban espacio para negociar.

—Busca más compañía de la que él cree estar dispuesto a ofrecer.

Sloane se quitó los lentes y los dejó sobre la mesa.

—Busca un marido, Vivian —contestó Sloane contundente—; resultaría preocupante que quisiera verlo únicamente cuando ambos encontraran un hueco libre en el calendario.

—Chase también busca una esposa, aunque sus términos sean algo fríos.

—Entonces quizá le convenga sentarse frente a una mujer que espere algo más.

Vivian dejó abierto el perfil de Camille. Sloane tenía razón. Una incompatibilidad en el papel podía desaparecer durante una conversación, del mismo modo que una coincidencia perfecta podía venirse abajo antes de que sirvieran la entrada.

—Que siga en la selección.

Juliet pasó a la última candidata y la fotografía de Elena Rostova ocupó la pantalla.

Era una mujer hermosa, pero su atractivo tenía poco que ver con el cuidado de su maquillaje o el corte impecable del traje que llevaba en la imagen.

Había seguridad en su manera de mirar a la cámara, la clase de aplomo que permitía entrar en una sala llena de hombres poderosos sin pedir permiso ni esforzarse por demostrar que pertenecía allí.

Tenía treinta y tres años y trabajaba como consultora financiera en operaciones internacionales. Había construido una carrera entre Nueva York, Londres y Ginebra y conocía el mundo de Chase como para dejarse impresionar por él.

Vivian continuó leyendo.

—Quiere establecer una base permanente en Estados Unidos.

—Está considerando seriamente Chicago —confirmó Juliet—. Su posición dentro de la firma le permite escoger mejor sus operaciones y reducir los viajes. Si encuentra una relación seria, está dispuesta a reorganizar parte de su vida, pero espera lo mismo del hombre con quien se case.

Sloane se inclinó hacia la pantalla.

—Eso puede incomodar a Mercer.

—También puede hacerle bien —repuso Vivian—. Chase necesita una mujer que tenga una vida propia y no espere que él tome todas las decisiones.

La compatibilidad entre ambos era la más alta. Coincidían en cuestiones importantes: los dos entendían las exigencias de una carrera absorbente y buscaban una relación estable sin depender económica ni socialmente de su pareja.

Vivian repasó los resultados.

—El punto delicado será descubrir cómo negocian cuando sus prioridades no coincidan.

Juliet recorrió los resultados con un dedo.

—Elena está dispuesta a construir una vida común. No quiere renunciar a su carrera, pero tampoco le interesa un matrimonio en el que cada uno continúe viviendo como si estuviera solo.

—Entonces vale la pena presentarlos —decidió Vivian.

Chase insistía en que deseaba una mujer independiente, aunque todavía faltaba descubrir cuánto espacio estaba dispuesto a hacerle cuando aquella independencia interfiriera con sus planes.

Vivian volvió a mirar la fotografía. Elena tenía la inteligencia y el carácter necesarios para plantarse frente a él sin quedar reducida a la mujer que acompañaba a Chase Mercer. En términos profesionales, era la clase de coincidencia que justificaba las horas invertidas en la búsqueda.

La satisfacción le duró poco.

No le gustó imaginarlo sentado frente a ella, prestándole esa atención absoluta que podía hacer que una mujer olvidara cuanto sucedía alrededor. Tampoco le gustó recordar que conocía el efecto de aquella mirada por experiencia propia.

Apartó la fotografía y regresó a los resultados.

—Enviaremos los perfiles de Camille y Elena. Prefiero presentarle dos candidatas con posibilidades reales antes que incluir una tercera para aparentar que tiene más opciones.

Juliet comenzó a preparar los archivos encriptados. Las dos mujeres habían autorizado el intercambio de información básica; sus datos personales continuarían protegidos hasta que aceptaran las respectivas presentaciones.

—¿Por cuál crees que se decidirá? —preguntó mientras revisaba por última vez los permisos.

Vivian comparó ambos perfiles. Camille ofrecía la elegancia y la discreción que Chase había solicitado, además de una calidez que podía obligarlo a abandonar algunas de sus reglas. Elena, en cambio, entraría en su mundo sin dejarse absorber por él.

—Elena.

Sloane observó a Vivian, pero tuvo la prudencia de guardar cualquier comentario.

Cuando sus socias salieron de la sala, Vivian observó de nuevo la fotografía de Elena en la pantalla. Había aceptado el caso convencida de que encontrar una mujer compatible con Chase Mercer sería la parte más difícil del encargo.

Elena Rostova acababa de demostrarle que aquella mujer existía. Ahora necesitaba descubrir si Chase estaba preparado para ella.

• • •

A las cinco y cuarto, Chase llamó a Vivian desde su despacho.

Había revisado dos veces la información recibida a través del enlace encriptado.

Camille Laurent parecía cumplir buena parte de sus condiciones, aunque su evaluación revelaba un interés por la vida en pareja que podía convertirse en una fuente constante de desacuerdos.

Elena Rostova, en cambio, comprendía las exigencias de una carrera absorbente porque la suya también lo era.

—¿Encontraste algo que te preocupe? —preguntó Vivian al atender.

—Camille espera una convivencia bastante más cercana de la que planteé.

—Camille valora la compañía. Eso es distinto a depender de una pareja para organizar su vida.

Chase amplió la fotografía de la candidata.

Era una mujer atractiva y acostumbrada a los mismos ambientes que él frecuentaba.

En otras circunstancias, quizá habría prestado mayor atención a su rostro.

Sin embargo, escuchaba la voz de Vivian al otro lado de la línea y la situación tenía algo de irracional: la mujer que todavía aparecía en sus recuerdos le estaba explicando por qué debía conocer a otra.

—Puedo reunirme con Camille —concedió—, aunque Elena parece más compatible con lo que busco.

—Sobre el papel —precisó Vivian—. Los perfiles nos ayudan a descartar incompatibilidades evidentes. El resto solo se descubre cuando dos personas se sientan frente a frente.

Chase se recostó en el asiento. La escuchó mover algo sobre la mesa antes de continuar.

—Elena tiene otro inconveniente. Vive entre Nueva York, Londres y Ginebra. Resulta difícil construir una relación estable con alguien que pasa buena parte del año en un avión.

—Su situación ha cambiado. Está considerando establecerse en Chicago y está dispuesta a reorganizar parte de su vida si encuentra una relación que lo justifique. Esperará lo mismo del hombre con quien se comprometa.

Vivian habló con tranquilidad, pero Chase reconoció el punto exacto hacia el que pretendía llevarlo.

—Nunca he dicho que mi esposa deba acomodarse a todas mis decisiones.

—Tu primera propuesta decía algo muy parecido, aunque tus abogados utilizaron más páginas.

Chase giró la silla hacia los ventanales.

El sol de la tarde se reflejaba en los edificios vecinos y todavía tenía varios documentos pendientes de revisión.

Discutir sobre las intenciones de Elena Rostova sin haber cruzado una palabra con ella tampoco parecía una manera productiva de terminar la tarde.

—Necesitamos hablar de esto en persona.

—Estoy de acuerdo.

—Mi agenda está ocupada hasta el viernes.

Evelyn le había reprogramado la agenda después de lo ocurrido con la última licitación.

—La primera presentación debería quedar definida antes. Camille y Elena también tienen agendas y merecen saber si avanzarás con el proceso.

Chase abrió el calendario. Podía mover alguna reunión, pero eso significaba involucrar a Evelyn en cambios que prefería evitar. Sus mañanas comenzaban temprano y el único espacio sin compromisos estaba reservado para correr.

—Mañana salgo a correr a las seis desde Oak Street Beach —dijo después de una breve pausa—. Si necesitas resolverlo antes del viernes, podemos hablar mientras corro.

El silencio al otro lado de la línea le indicó que Vivian intentaba decidir si hablaba en serio.

—¿Estás proponiendo una reunión de trabajo a las seis de la mañana?