CAPÍTULO 2 #2
Chase la tomó de la cintura para ponerla de pie y la giró con suavidad.
Cuando le apartó el cabello de la nuca y sus dedos rozaron la cremallera, Vivian contuvo el aire antes de escuchar el cierre bajar.
El vestido cayó al suelo y ella se dio la vuelta para mirarlo.
Chase no dijo nada. Se alejó un par de pasos para poder apreciarla y recorrió su cuerpo despacio con gesto ávido y ardiente.
—Eres jodidamente perfecta.
La forma en que lo dijo hizo que Vivian metiera un dedo en la cintura de su pantalón desabrochado y lo atrajera de nuevo hasta pegarlo a su cuerpo. Chase le sujetó la nuca y la besó antes de que ella pudiera provocarlo otra vez.
El borde del colchón chocó contra las piernas de Vivian y ambos terminaron sobre la cama.
—Llevo horas queriendo hacer esto —murmuró, recorriéndole el rostro con la mirada antes de bajar hasta su cuerpo.
Había una advertencia en su voz, pero Vivian volvió a moverse contra él.
Chase se apartó lo suficiente para mirarla.
Volvió a besarla, esta vez sin la paciencia de antes. Vivian sintió la mano de él deslizarse por sus pechos y regresar después a su cintura para atraerla contra él.
—Quiero tocarte —dijo contra su boca—. Quiero saber cómo hueles cuando no tengo una barra de por medio. Quiero quitarte esa ropa y dejar de imaginar cómo eres debajo.
La franqueza le encendió la piel.
Vivian lo aferró por la nuca y lo besó antes de que pudiera seguir hablando. Sentía el pulso desbocado, la respiración de Chase mezclándose con la suya y aquella excitación que llevaba demasiado rato creciendo entre los dos.
—Esto es una locura —susurró.
Chase la miró.
—Probablemente.
—Nunca pierdo la cabeza.
—Yo tampoco suelo llevarme a mujeres que se ríen de mí a la habitación de hotel.
Vivian soltó una pequeña risa, pero desapareció en cuanto él volvió a besarla, abarcándole los pechos para besar uno y luego el otro.
—Pero te deseo —admitió ella entre jadeos, mientras acariciaba su cabello—. Mucho.
Chase levantó la mirada y la contempló con intensidad.
La mano que tenía en su cintura se cerró con más fuerza.
—No sabes cuánto necesitaba escucharte decir eso.
Vivian fijó sus ojos en él. Chase sonrió antes de agasajarla otra vez.
A partir de ahí desaparecieron las bromas durante un buen rato.
Los dedos de Chase se metieron entre sus piernas y empezaron a acariciarla con suavidad. Descendió besando su piel hasta posicionarse a la altura de su entrepierna.
—Suave y húmeda, quiero saber si sabes, así como te siento —murmuró contra su sexo y luego la miró con sonrisa malvada. Tomó la pierna de ella, llevándola a su hombro.
—Quiero que pases un buen rato y que te corras en mi cara.
La primera llamarada de placer llegó cuando la lengua de Chase se movió sobre su sexo.
Más tarde, cuando Chase buscó protección en la mesa de noche, Vivian se incorporó y tomó el envoltorio de sus manos.
Él la observó mientras ella lo abría y se lo colocaba.
La sonrisa de Chase duró poco.
Cuando volvió sobre ella, el humor cedió ante algo mucho más intenso.
Vivian sintió su peso y la tensión de sus músculos bajo las manos. Lo rodeó con las piernas y dejó de pensar. Él se colocó entre sus piernas y entró en ella con un empuje que los dejó inmóviles a los dos. Vivian sintió la presión de su cuerpo llenándola y clavó los dedos en sus hombros.
Chase apoyó la frente contra la suya. La tensión endurecía su expresión.
—Dame un segundo.
La necesidad que escuchó en su voz le provocó una satisfacción casi tan intensa como sentirlo dentro. Movió las caderas y lo recibió un poco más.
—¿Crees que puedo darte un segundo? —preguntó antes de soltar un gemido profundo.
Algo cambió en el rostro de Chase. La sujetó por la cadera y empezó a moverse sin la contención que había intentado mantener.
Vivian levantó las piernas para rodearlo.
Cada embestida la desplazaba sobre la sábana y ella se aferró a su espalda , sus tendones se contrajeron brevemente cuando lo acarició.
En un momento chocaron los dientes. Chase perdió el ritmo cuando Vivian le mordió el hombro y ella tuvo que acomodarse porque una hebilla olvidada bajo su espalda comenzaba a molestarle. La lanzó al suelo y él se rio contra su cuello.
Después volvió a entrar en ella y la risa desapareció.
—Así —pidió Vivian—. No cambies.
Chase mantuvo el movimiento. Ella sintió que el placer volvía a concentrarse dentro de su cuerpo, más lento esta vez, empujado por el peso de él y por sus gemidos ásperos junto al oído.
Cuando Vivian cerró los ojos, Chase le sujetó el rostro.
—Quiero verte.
Ella lo miró. El hombre que tenía encima no sabía que era Vivian Cole. Para él solo existía la mujer que lo recibía entre las piernas.
Por una noche, eso era todo lo que ella quería ser.
El orgasmo la alcanzó con los ojos abiertos. Chase pronunció su nombre y perdió el control al sentirla contraerse. Hundió el rostro en su cuello y la penetró una última vez antes de quedarse rígido sobre ella.
Permanecieron abrazados, respirando con dificultad.
Chase se apartó para quitarse el condón y regresó enseguida. Se dejó caer a su lado, tiró de Vivian hasta acomodarla sobre su pecho y pasó un brazo por su cintura.
• • •
Mucho después, Vivian estaba tumbada sobre Chase, escuchando cómo sus palpitaciones recuperaban poco a poco un ritmo normal.
—Definitivamente —dijo él—, esta ha sido la mejor parte de mi semana.
Vivian sonrió sin levantar la cabeza.
—Después de escuchar cómo comenzó, la competencia no era demasiado exigente.
Chase sonrió entre dientes y le besó la sien.
La noche no terminó allí. Más tarde compartieron la ducha y regresaron a la cama con el cabello mojado. Cuando Manhattan comenzó a apagarse detrás del ventanal, volvieron a buscarse sin hablar de la mañana siguiente.
• • •
Vivian despertó antes del amanecer. La habitación conservaba el calor de la noche.
Chase dormía de costado, con un brazo extendido hacia el espacio que ella acababa de abandonar.
Ella se sentó al borde de la cama. Tenía el cuerpo cansado y la boca sensible, pero por primera vez en semanas se sintió en paz.
Revisó sus mensajes en el móvil. Tenía uno de su hermana: «Emma preguntó por la abuela otra vez. No supe qué decirle».
Sus sobrinas seguían haciendo preguntas y la ropa de su madre permanecía donde ella la había dejado porque nadie se atrevía todavía a guardarla.
Volvió la cabeza hacia Chase, que continuaba dormido.
En la penumbra parecía más joven y mucho más accesible que cuando lo había visto entrar en el bar.
Podía despertarlo y darle su número. Quería volver a verlo.
Quizás había sido el sexo o las horas que habían pasado hablando después.
Podía quedarse a desayunar y averiguarlo, pero entonces tendría que decirle su verdadero nombre.
Volver a ser Vivian Cole significaba permitir que aquella noche entrara en la vida de la que había querido escapar durante unas horas. Todavía no estaba preparada.
Se vistió sin encender la luz y recogió los zapatos y el bolso. Al llegar a la puerta volvió a mirarlo. Estuvo a punto de regresar. Después miró el teléfono que todavía sostenía en la mano y abrió la puerta.
Se marchó sin despedirse.