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Te mentí un poco al inicio de nuestra conversación, cariño.
Creo que, en parte, sí maté a mis exnovios, pero mi responsabilidad en ello es como la de alguien que pisa hormigas al caminar.
Ese era el curso que debían tomar los acontecimientos para que nuestras almas descansaran.
Es curioso ¿no? En la vida, al igual que el oxígeno, la comida y el agua, la muerte también puede llegar a ser necesaria.
En ocasiones, para que algunos vivan, otros deben morir.
A veces, me pregunto cuál es el sentido de todo eso.
¿Por qué estamos aquí y vivimos lo que vivimos…
¿Eh? ¿Japunda? No, ella no despareció. Después de la muerte de Samir, la ira que albergaba en su corazón fue drenándose.
Su aspecto, que antes transmitía oscuridad y podredumbre, comenzó a iluminar todo a su paso.
Su rostro se volvió tan hermoso que me hizo pensar que esa clase de belleza no puede florecer en estos tiempos tan aciagos para la humanidad, donde las almas albergan tanta destrucción, odio y egoísmo.
Como una guardiana, Japunda me ha acompañado en cada momento difícil de mi vida.
No sé por qué se quedó conmigo, pudiendo ir a descansar.
Algún día, cuando llegue mi hora, se lo preguntaré.
Dime loca si quieres, pero no puedo esperar a conocerla, a preguntarle tantas cosas, a abrazarla por su valentía y persistencia.
Por cierto, cariño, espero que no te asustes, pero Japunda ha estado con nosotros todo este tiempo en la habitación. Le agradas. Lo sé porque sonríe cuando te ve. Creo que está contenta con mi elección de marido. Debe saber que me amas tanto como yo a ti.
Gracias por escucharme, amor. Ahora, si me disculpas, voy a fumar en el balcón.
¿Sabes? Quisiera tirarlos. Me tomaría cinco segundos verlos desparecer en el inodoro.
El problema es que tengo miedo de que el dolor no se vaya con ellos.
Durante muchos años, ambos se volvieron compañeros inseparables.
Pienso en el cigarrillo y el dolor como si fueran Tom y Jerry, no me preguntes por qué. No lo sé.
Tienes razón, tengo que intentarlo. Solo así sabré si soy capaz de seguir adelante.
Es gracioso, ¿no crees? Que esta cosita tan pequeña haya mantenido a Samir vivo.
Ni si quiera en la muerte ha dejado de hacerme daño, el muy hijueputa.
Lo peor de todo es que yo se lo he permitido.
Pero no más. Quiero aprovechar los años que me quedan de vida para celebrar que, después de batallar por mi alma, salí victoriosa, y mi premio es la libertad.
He contado mi pasado.
Ahora es tiempo de dejarlo ir.