Una corte de armonía rota (Acotar, Una corte de rosas y espinas 6) Nesta & Cassian #4
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Nesta & Cassian #4

—Tienes una puñetera opinión sobre absolutamente todo el mundo. ¿Por qué no le dices a Elain que va a casarse con un monstruo?

—Puede que todos los machos seáis monstruos.

Si algún hombre le había hecho daño, Cassian no la culpaba por aquella opinión. A pesar de ello, sus siguientes palabras fueron cortantes:

—Se merece a alguien mejor.

—Pues claro que sí —repuso ella fría e inexpresiva.

Cassian insistió, sencillamente porque fue incapaz de controlarse.

—¿Y qué mereces tú?

Ella esbozó una lenta sonrisa y, en efecto, se parecía a un gato salvaje preparándose para matar.

—Más que a un bastardo sin título, eso seguro.

«Zorra».

—Eres una aliada increíble, Nesta —replicó sin embargo, arrastrando las palabras—. Recuérdame que la próxima vez te traiga un libro sobre estrategia militar. Puede que así tengas alguna posibilidad.

Ella le lanzó una mirada fría y apática.

—Es más fácil así, ¿verdad? —susurró Cassian, que volvió a reducir la distancia que los separaba, sin que le importase si alguien los veía a través del ventanal—.

Esgrimes las palabras y la frialdad a modo de armadura para impedir que nadie vea en qué te equivocaste y a quién le fallaste, además del hecho de que no te preocupaste hasta que fue demasiado tarde.

En los ojos de Nesta ya solo se distinguía odio, no quedaba ni rastro del deseo oculto que le había trastocado los sentidos a Cassian.

—Pues bien, Nesta Archeron, yo lo veo. Y también percibo a la chica aburrida y consentida…

A pesar de que ella se movió increíblemente deprisa para ser una humana, sus gestos seguían siendo lo bastante lentos como para que él bloquease el ataque.

Cassian la agarró por la rodilla que había levantado y que ya estaba a pocos centímetros de sus pelotas, y apretó lo suficiente como para hacerla sisear.

—Eso ha sido un golpe bajo —le reprochó con una media sonrisa—. Ven a jugar conmigo, Nesta, y te enseñaré posturas mucho más interesantes para que un macho acabe de rodillas.

Ella intentó librarse de su agarre, pero Cassian no se lo permitió. Nesta se balanceó hacia atrás y él la sujetó por la cintura y la pegó a su cuerpo para impedir que cayese por la ventana. Se rio con disimulo cuando se vio envuelto por sus faldas.

—¿Se puede saber qué escondes debajo de todo esto?

Ella recuperó el equilibrio lo suficiente como para apartar la rodilla y obligarlo a soltarla.

—Lárgate de mi casa.

Cassian se limitó a esbozar una amplia sonrisa.

Nesta se abalanzó sobre él, quien creyó que iba a estrangularlo, por lo que la agarró de las muñecas, pero…

Ella le acunó la cara con las manos, frías y firmes sobre sus mejillas, y tiró de él hacia abajo para lograr que se agachase.

A Cassian se le entrecortó la respiración cuando Nesta bajó la mirada hasta su boca y descendió para quedar a su nivel, apretando los suaves pechos contra él. «Estúpido, estúpido, estúpido…».

Le daba igual. Cuando ella se puso de puntillas y le acercó la boca, decidió que todo lo demás le importaba una mierda…

El dolor le explotó entre las piernas y lo dejó sin aire en los pulmones en cuanto la maldita rodilla de Nesta acertó de lleno en el blanco.

Cassian retrocedió a trompicones mientras soltaba una retahíla de improperios. Ella se rio entre dientes y lo miró desde arriba en el instante en que él cayó de culo en una butaca, aferrándose el estómago e intentando poner en orden sus pensamientos…

—Sois todos iguales —le reprochó Nesta, imperiosa como la noche y tan gélida como la aurora—. Quizá tu inmortalidad te vuelve más predecible.

—Serás… —jadeó él.

Una risa ronca escapó de esos labios. Unos labios que Cassian había estado preparado para saborear, para devorar…

—No, las reinas no se han puesto en contacto —declaró Nesta, que ya se dirigía hacia la puerta—. No me han dicho absolutamente nada.

Cassian quiso obligar a sus piernas a moverse, pero el dolor, que aún no se había desvanecido, le inmovilizaba las rodillas.

—Mandaré la carta mañana a primera hora.

—Nesta se detuvo con la mano en el pomo y lo miró por encima del hombro—.

No tienes ni idea de quién soy, ni de lo que he hecho, ni de lo que quiero.

Y ya que estamos… La próxima vez, que venga otro.

Si vuelvo a verte aparecer, gritaré tan fuerte que los criados acudirán corriendo a comprobar qué sucede.

Cassian se la quedó mirando con la boca abierta. El dolor se había atenuado lo suficiente como para ponerse en pie con dificultad.

Sin embargo, Nesta ya había desaparecido pasillo adelante, donde un sirviente le dijo algo y ella le respondió con un murmullo.

Cassian se marchó un minuto después. No por la puerta principal, sino que se coló como pudo por la maldita ventana de su dormitorio, como un ladrón en plena noche. Se lanzó al cielo antes de que el susurro de sus aleteos despertase la curiosidad de nadie.

No sobrevoló la casa en círculos. Sentía la atención de Nesta sobre él cuando puso rumbo al muro. Pese a que la magia lo volvía invisible, notaba sus ojos de un azul grisáceo clavados en él.

La sensación lo persiguió durante todo el camino de vuelta a Velaris.