Una corte de armonía rota (Acotar, Una corte de rosas y espinas 6) Nesta & Cassian #3
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Nesta & Cassian #3

Un tronco se movió en la chimenea y crepitó cuando las brasas explotaron e inundaron de luz la estancia.

Se había quedado mirando fijamente al guerrero fae. Él parpadeó y entreabrió un poco la boca.

Cassian se inclinó hacia ella y Nesta echó la cabeza hacia atrás para dejar el cuello al descubierto y darle vía libre mientras él le rozaba la garganta con la nariz.

Cassian

Que la Madre y el Caldero se apiadasen de él.

Menuda mujer.

«Nesta».

Cassian era incapaz de retroceder para alejarse del límite que los separaba de forma tan clara.

En cierto momento le habían entrado ganas de estrangularla, pero cuando leyó en su expresión el terror que su pasado le provocaba, la calma asesina que lo había invadido lo asustó incluso a él mismo y entonces…

Entonces todo se detuvo, con ambos en pleno ojo de la tormenta, y allí estaba ella.

Y había visto cómo los pensamientos de Nesta se arremolinaban en sus ojos azul grisáceo, como si se tratara de humo al otro lado de un cristal.

Había detectado cómo giraban los engranajes de la astuta mente que se hallaba tras ese rostro, el mismo que llevaba semanas sin lograr sacarse de la cabeza.

De modo que sencillamente… se había movido.

Y Nesta había echado la cabeza hacia atrás, concediéndole así acceso a su cuello.

Hasta el último instinto de Cassian cobró vida con un rugido tan violento que se vio obligado a reprimirlos todos con brutal contundencia para no acabar de rodillas, suplicando una caricia, suplicando cualquier migaja.

En vez de eso, se inclinó y le rozó un lado del cuello con la punta de la nariz.

Suave… Tenía la piel increíblemente suave, y muy delicada.

Cassian detectó el aroma de la sangre mortal que corría por sus venas.

Se llenó los pulmones con el olor de aquella mujer, un aroma que consiguió que empezara a empalmarse, como si se hubiera aferrado a una parte intrínseca de su ser y le hubiese hundido las garras.

«Nesta, Nesta, Nesta».

Ella cerró los ojos y emitió un ruidito jadeante cuando Cassian rozó con los labios la zona por la que acababa de pasar la nariz.

A él estuvieron a punto de cederle las rodillas cuando Nesta hundió la mano en su ropa de cuero. Intentó no pensar en la sensación que le provocaría esa mano en otras partes del cuerpo. Apretándolo, acariciándolo.

«Más, más, más», clamó su cuerpo.

Cassian ladeó la cabeza y la besó en otra zona, más cerca de la mandíbula en esta ocasión.

El pulso errático de Nesta era como el aleteo de un colibrí, pese a que su cuerpo estaba tenso y relajado en todos los lugares apropiados y al rubor que se extendía por sus magníficos pechos.

Eran lo bastante grandes como para llenar las manos de Cassian y para que hundiera la cara en ellos hasta que ella le suplicase…

El pulso de Nesta tamborileó bajo su boca. Sacó la lengua para acariciarle aquel punto.

Fue esa caricia la que provocó que ella se apartase de un salto.

Nesta se estrelló contra el panel de madera con tanta fuerza que Cassian extendió la mano en su dirección. No obstante, se fijó en que se llevaba la mano a la garganta, lívida y ojiplática.

Cassian se adelantó al veneno que sabía que estaba a punto de escupirle y le soltó:

—Parece que estás un poco tensa últimamente, ¿eh, Nesta?

Ella se apartó la mano de la garganta y siseó en respuesta:

—¿Eso que acabas de hacer es algún tipo de magia fae?

Él soltó una carcajada.

—En absoluto. Aunque me halaga que lo creas.

Aunque Nesta echaba chispas por los ojos, soltó una risita pensativa por lo bajo.

—Vaya —dijo cuando pasó junto a él y se dirigió a la ventana con un andar tranquilo y calculado—. Si un guerrero fae bastardo es capaz de algo así, no me extraña que mi hermana se relacione con los altos lores.

«Zorra».

Era una zorra por insultarlos así, tanto a Feyre como a Cassian.

—¿Qué te molesta más, Nesta? ¿Lo mucho que lo deseabas o que haya sido un bastardo sin título el que te ha hecho sentir esas cosas?

—Ha sido un invierno muy largo. Supongo que, cuando hay hambre, no hay pan duro.

Nesta estaba levantando un muro tras otro, su postura se volvió más rígida y…

¿Por qué le importaba? ¿A él qué más le daba?

Ya tenía bastante con lo que lidiar. Añadir a la mezcla a una mortal a la que le quedaban unas pocas décadas antes de que las cosas entre ambos se volvieran raras era…

una estupidez. Y, además, no había que olvidar el asunto de tener que dar explicaciones a todo el mundo.

A Mor. Se le heló la sangre.

Cassian no era estúpido. Sabía que Azriel y ella eran…

Lo que quiera que fuesen. Sabía que su amigo llevaba enamorado de Mor desde el preciso instante en que ella había aparecido pavoneándose en el campamento de guerra ilyrio hacía cinco siglos.

Y Cassian se había puesto celoso de las tímidas miradas que Mor le había lanzado a Azriel durante esas primeras semanas y del hecho de que su querido amigo y hermano…

prestase atención a otra persona. Porque, desde el momento en que ella había aparecido, Azriel había cambiado.

De forma muy sutil, pero Cassian sabía que su amigo ya no les pertenecía solo a Rhys y a él.

De modo que, cuando Mor le había pedido que se acostase con ella… Había accedido. Como el imbécil estúpido y celoso que era, había accedido. Y se había arrepentido tras esa primera embestida, cuando tomó consciencia de la virginidad de Mor y de las monumentales consecuencias de la decisión de esta.

No obstante, ella se había alejado y Azriel no se había lanzado, y…

Mor seguía interponiéndose entre ambos. En algún punto intermedio entre amiga y amante.

Cassian la apreciaba como si fuera de la familia, pero…

Se había odiado a sí mismo cuando había visto la expresión de Azriel después de que todo ocurriese.

Y luego por lo que le había ocurrido a Mor a manos de su propia familia.

Cassian había tenido amantes, algunas le duraron una noche y otras, meses, y a Mor nunca le había importado, pero…

Aquella mujer que se hallaba ante él, erguida como una columna de acero y fuego… Cassian no quería hablarle de ella a Mor. No quería contarle cómo le había acariciado el cuello.

—Por el entusiasmo con el que has acogido la distracción, deduzco que las reinas no se han puesto en contacto, así que voy a irme ya —se las apañó para decir.

Mejor marcharse antes de que ella lo castrara del todo.

Chasqueó los dedos y la misiva que había escrito Rhys se materializó en su mano.

La lanzó sobre una mesita baja que le quedaba cerca—.

Envíales esta carta a las reinas cuanto antes.

Nesta paseó la mirada entre el sobre y él, y se cuadró de hombros.

—Diles a mi hermana y a ese nuevo alto lord que se ha buscado que la próxima vez manden a otro.

Cassian esbozó una sonrisa salvaje en la que enseñó todos los dientes.

—Y tú dile a tu otra hermana que preferiríamos tratar con ella.

—No metas a Elain en esto. Cuanta menos relación tenga con los de tu especie, mejor.

—¿Por qué dejas que se case con ese imbécil prejuicioso? —se le escapó.

—Tiene buenos motivos para odiar a los tuyos. Como todos.

—Eso son sandeces, y lo sabes.

—Creía que ya te ibas.