Una corte de armonía rota (Acotar, Una corte de rosas y espinas 6) CAPÍTULO 23 #2
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CAPÍTULO 23 #2

Sabía que se refería a El que dice la verdad. Seguía en la casa de la ciudad, tirada en el rincón al que la había arrojado. Y allí se quedaría, para siempre. Pero el comentario de Erebos lo intrigó lo suficiente como para preguntar:

—¿Qué oyes exactamente cuando está cerca?

Erebos ladeó la cabeza de sombra en un movimiento reptiliano.

—Un canto fúnebre. Un lamento. Un grito. —Razón de más para dejar de lado el arma. Para no volver a desenvainarla jamás. Erebos se estremeció de placer—. Una canción de canciones.

Con eso tenía más que suficiente.

—Puedes retirarte —ordenó Az.

Con un último y anhelante suspiro, Erebos se desvaneció en volutas de niebla negra.

—Que la Madre le conceda sus negras bendiciones, cantor de sombras.

Y desapareció.

Az se frotó los ojos aliviado. Confiaba en que Erebos no le tocara un solo pelo pelirrojo a Lucien. Aun así… Dioses, odiaba tener que lidiar con aquella cosa.

Erebos había visto a El que dice la verdad en múltiples ocasiones a lo largo de los siglos, pero jamás había mencionado que cantase. ¿Era aquello otro cambio provocado por la interferencia de Bryce Quinlan?

No importaba. Az jamás volvería a empuñar o a llevar encima aquella daga.

Regresó al sofá y se dejó caer en él mientras sus sombras acudían a enroscársele alrededor de los pies y las rodillas, como si levantasen la cabeza para mirarlo a la cara.

Él las ignoró y se dedicó a contemplar la alfombra ajada por los años.

Como si pudiera traspasar con la mirada la tela, la montaña, y ver directamente el pozo en el que rezaba por que Bryaxis estuviera dormitando en aquel momento.

O puede que solo aguardase con paciencia a su próxima víctima.

El mismísimo miedo había vuelto a su hogar en la montaña.

Sí, ahora había unas cuantas valquirias que se interponían entre ese monstruo y la ciudad, pero si ni siquiera Nesta había podido contra Bryaxis el día anterior, ¿qué podían hacer ellas?

Peor: la última vez que Bryaxis había residido allí, la Casa había sido solo… una casa. Ahora Nesta la había convertido en algo Hecho. En algo con consciencia. Poderosa. ¿Cómo afectaría a Bryaxis morar ahora en su interior?

Había demasiadas posibilidades, ninguna de ellas buena.

Y si Clotho seguía impidiéndoles entrar en la biblioteca por el momento, las respuestas tendrían que esperar.

Aunque no era que tuvieran prisa por enfrentarse a Bryaxis.

Solo uno de ellos había sido capaz de plantarle cara y luchar y, a pesar de ello, Bryaxis había salido intacta.

«No le hables en ese tono», le había espetado Nesta a Rhys la noche anterior. Le tenía tan poco miedo al alto lord como a Bryaxis.

Sintió una punzada en el pecho, cortesía de algo parecido a la culpa. Nesta lo había defendido. Se había enfrentado a Rhys aun siendo consciente de que el alto lord estaba peligrosamente cerca de estallar con violencia.

Nesta no debería haber malgastado saliva.

Sin embargo… A lo mejor lo había hecho porque ella sabía, de primera mano, lo que era ser el objeto de la ira de Rhys.

Sabía lo que era que la apartaran y verse obligada a ser testigo de lo unidos que seguían los demás.

Nesta lo entendía, y pese a que Az se había portado fatal con ella en los últimos tiempos, había luchado para defenderlo.

No tenía ni idea de qué significaba aquello para él. Cassian también seguía dirigiéndole la palabra, pero los demás…

Estaba claro que Mor no iba a volver a hablarle hasta al cabo de un tiempo. Al igual que Rhys. Y que la Madre lo salvase cuando todo aquel embrollo llegara a oídos de Amren. Az se frotó el cuello y el movimiento activó las agujetas que sentía en el abdomen.

Debería hablar con Elain. Quizá en algún lugar al aire libre para no ceder a ningún tipo de tentación. Pero deberían hablarlo e intentar resolver la situación. Aunque Az no tenía del todo claro cuál era la situación o qué quería él, salvo a ella.

Rhys no lo entendería, no del todo. De modo que, si deseaba desterrarlo a alguna parte, allá él. Elain lo acompañaría. Se marcharían y que al cabrón de Rhys le fuera bien en la próxima guerra.

Que se fueran todos a la mierda por tratar de interponerse entre ambos, por no entender algo tan obvio. Una pequeña parte de él se revolvió ante aquella idea.

Una pequeña parte de él quiso agarrarse a sí mismo por los hombros, sacudirlo y rugir.

Pero ¿qué otra cosa le quedaba, aparte de aquella abrasadora luminosidad que era su relación con Elain? Ella hacía que sus sombras desapareciesen, conseguía que huyeran. ¿Cómo era posible que los demás no comprendieran la bendición que suponía eso para él?

Él era muerte y ella, vida. Mientras que su alma estaba sucia y manchada de sangre, la de Elain era prístina, esmeralda.

Quizá la odiosa esposa de su padre tuviera razón: Azriel era un demonio y deberían haberlo ahogado al nacer.

Si había aprendido algo gracias al reciente ataque de Bryaxis era que, muy en el fondo, seguía siendo ese mismo monstruo; seguía siendo capaz de hacer cosas que sus amigos no se plantearían jamás, ni en un millón de años.

Sus sombras se le apoyaron en los hombros, en el regazo. El mundo se opaca , le advirtieron. La oscuridad del invierno acecha desde todas las direcciones…

Las desterró con una mueca en la que les enseñó los dientes. Ellas se escabulleron de nuevo a los rincones de la habitación.

Buscaría a Elain. Hablaría con ella cuando todo el mundo hubiese tenido tiempo para calmarse. Juntos, Elain y él trazarían un plan.

Y lo arreglarían todo.