Una corte de armonía rota (Acotar, Una corte de rosas y espinas 6) CAPÍTULO 22 #3
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CAPÍTULO 22 #3

—La Elain a la que conoces y quieres murió en el Caldero.

—Nunca la había oído expresarse de ese modo; jamás le había visto tanto enfado en su expresión—.

La Elain a la que conoces y quieres ha sido una desgraciada estos últimos años; se ha sentido sola y olvidada, como si no fuera más que un pensamiento de última hora para todos vosotros mientras os vais por ahí de aventuras y os enamoráis de vuestras parejas.

—¿Quieres vivir aventuras? —la retó Nesta impertérrita—. Estupendo. Ahí tienes la puerta. Al otro lado hay un mundo repleto de criaturas a las que les encantaría poder matarte. De hecho, ten. —Chasqueó los dedos.

Me sobresalté cuando Ataraxia y otra espada cayeron al suelo con un repiqueteo. Rezumaban magia; una magia vasta y terrorífica que solo mi hermana mayor podría haberles imbuido.

—Elige —la desafió Nesta—. Será mejor que salgas armada ahí fuera.

Elain se apartó de las espadas y retrocedió hasta que acabó con la espalda pegada a la puerta.

—Apártalas de mi vista —le siseó a nuestra hermana.

Nesta no le hizo ni caso. En lugar de eso, con un movimiento de cabeza…

Se me entrecortó la respiración cuando otra espada cayó con un golpe sordo sobre la alfombra. Gwydion.

La espada negra absorbió la luz matutina y las otras armas parecieron estremecerse en respuesta.

Rhys debía de habérselas entregado. «¿Por qué?».

Aunque el motivo daba igual, estaba claro que no lo había hecho para que las utilizase contra Elain.

—¿Quieres vivir una gran aventura? —Nesta señaló a Gwydion—. Llévatela ahí fuera. Todavía no hemos tenido la oportunidad de ponerla a prueba. Sé útil. Tenemos un sinfín de enemigos de los que nos encantará que nos libres.

—No me refería a eso —replicó Elain, que se apretaba contra la puerta con tal fuerza que era un milagro que la madera no cediese—.

Hablo de que todos parecéis conformes con encomendarme que cuide del bebé o que me encargue del jardín o que me dedique a la repostería o a organizar las fiestas.

Parece que es lo único que queréis de mí, y nunca me pedís que haga otra cosa…

—¿Qué tiene eso que ver con que te tirases a Azriel? —espetó Nesta.

—Nesta —protesté. Me temblaban las manos, aunque no era capaz de explicar del todo por qué.

¿Va todo bien? , me preguntó Rhys a través del vínculo.

Sabía que, si se lo pedía, aparecería en un segundo. Lo más probable era que, al notar lo tensa que estaba, ya hubiese dejado a Nyx a cargo de Ana.

Es solo una riña entre hermanas , le respondí.

Ten cuidado.

No me hacía falta preguntar por qué. O saber que Rhys seguramente se quedaría en la habitación de nuestro hijo hasta que la conversación llegase a su fin por el mismo motivo por el que yo había ido corriendo hasta allí la noche anterior.

Elain nunca había manifestado ningún poder aparte de sus habilidades como vidente, pero ella también había entrado en el Caldero.

Y este le había concedido… dones. Jamás la habíamos presionado lo suficiente para saber qué más podría emerger.

Por lo que sabía, ella tampoco se había puesto a prueba a sí misma.

—Lo que tiene que ver con que me lo tirase —dijo Elain escupiendo esa última palabra—, cosa que no hice … —aclaró marcando bien ese «no».

—Pues poco te faltó —la interrumpió Nesta.

A Elain se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¿Qué quieres de mí? —Abrió los brazos—. Antes de todo esto, tenía un futuro. Estaba enamorada de un hombre…

—Graysen no te merecía.

—Tú no eres nadie para juzgarlo —replicó Elain al tiempo que le daba un puñetazo a la puerta que tenía detrás, y luego se apoyó la mano en el pecho agitado—. Yo lo amaba, y él a mí…

—Eso no era amor; ni siquiera se le asemejaba —arremetió Nesta—. No si el hecho de que tu cuerpo pasara de humano a fae cambió lo que sentía por ti. El amor no se viene abajo por esas cosas.

—No, solo se viene abajo cuando traicionas a tu corte y a tu pareja al prestarle la Máscara a una extraña —contraatacó Elain.

No sabía si sentirlo por Nesta o si aplaudir a Elain por haberse defendido, aunque fuera con un golpe bajo.

El poder que Nesta empezó a acumular a su alrededor cual tormenta en ciernes me puso la piel de gallina. Yo me preparé para hacerle frente, para interceptarlo. Si su poder se materializaba en forma de llamas plateadas, yo utilizaría el hielo del corazón de la Corte Invierno para sofocarlas.

—Cassian y yo ya lo hemos superado.

Elain negó con la cabeza. No por lo que Nesta había afirmado, sino para sí misma.

—No debería estar aquí —dijo desanimada mientras echaba un vistazo a la abolladura que había dejado en la pesada puerta de madera tallada del estudio.

Seguía sin ser consciente de la fuerza de su cuerpo fae—.

Creía que había encontrado mi lugar, que tenía un futuro con Azriel, pero…

—Nos observó a Nesta y a mí con expresión desolada—.

Miraos. Es como si nunca hubierais sido humanas.

Como si nunca hubierais vivido al otro lado del muro.

—Elain —intervine mientras Nesta seguía echando humo—, ¿por qué no te sientas?

Ayer fue un día duro para todos, no solo por lo de anoche.

Estoy segura de que lo que quiera que te enseñase Bryaxis te alteró.

Lo que viste era una mentira, solo eso. Vamos a tomarnos una taza de té y a hablar del tema.

—Le lancé una mirada llena de reproche a Nesta—.

No hace falta que lleguemos hoy a ninguna conclusión, pero…

—No quiero estar aquí.

—De acuerdo, podemos ir al salón…

—No —insistió Elain con voz temblorosa—. Ya os lo dije anoche. No quiero estar aquí. En esta casa. En esta ciudad.

—Me temo que… no tenemos ningún otro sitio al que puedas ir.

Mi fijé, por cómo dejó caer los hombros y la cabeza, en que las ganas de pelea la abandonaban. Incluso el color pareció huirle de la piel, del pelo.

—Mi vida tendría que haber sido diferente —murmuró.

—Pero no lo es —contestó Nesta, pese a las llamas plateadas que se le acumulaban en los ojos—. Y puedes regodearte en tu miseria o hacer algo con ella. Pero, hagas lo que hagas, no destruyas todo lo que hemos construido los demás en el proceso.

Elain la miró con sus ojos marrones repletos de una gélida furia. Unos ojos en los que no encontré ni rastro de la hermana cariñosa que conocía.

—Todo el mundo fue indulgente contigo durante un año. ¿Acaso yo no merezco el mismo trato?

—Yo me dediqué a emborracharme y a follarme a toda la ciudad.

No a poner en peligro alianzas clave cuando estamos al borde de la guerra.

Deberíamos habernos pasado la mañana debatiendo qué hacer con Bryaxis y por qué ha regresado.

En vez de eso, la hemos dedicado a buscar la forma de arreglar tu estropicio y de recuperar a uno de nuestros pocos aliados.

Eso no se lo podía discutir.

Elain volvió a negar despacio con la cabeza.

—Ya no sé quién eres. Creo que ni siquiera me gusta la persona en la que te has convertido.

Nesta se miró las uñas, que llevaba más largas que cuando estaba inmersa en su entrenamiento como valquiria.

—Lo mismo digo.

Elain se giró hacia la puerta como un torbellino y dio un portazo al salir.

Por un momento, ninguna dijo nada. Cuando me atreví a mirar a Nesta, descubrí que estaba pálida y tensa. Se dejó caer en el sofá con la vista clavada en las espadas diseminadas por el suelo.

—No estoy de acuerdo con Elain —afirmé vacilante.

Mi hermana levantó la cabeza para observarme. Parecía desdichada. Exhausta.

—Yo sí sé quién eres, Nesta —aseveré, con la esperanza de que percibiera mi sinceridad—. Veo en quién te estás convirtiendo. Lo que hiciste ayer, el modo en que nos defendiste, en que defendiste a Nyx, que te levantaras y fueras tras Bryaxis… Estoy orgullosa de ti.

Nesta tragó saliva.

—¿Y estás orgullosa de este… espectáculo? —Señaló con la mano el lugar donde había estado Elain para que quedara claro que se refería a su pelea.

—Bueno —reconocí mientras me dejaba caer junto a ella en el sofá—, lo de hoy no va a pasar a la historia como uno de nuestros mejores momentos. Aunque… le has soltado unas cuantas verdades.

—De malos modos.

—La práctica hace al maestro. —Dudé, pero luego lancé la precaución por la borda y le cogí la mano.

Tenía los dedos helados. Le di un apretón—.

Creo que Elain está tan acostumbrada a que la defiendas a toda costa en cualquier situación que no está preparada para enfrentarse a una Nesta que no solo defiende a su hermana, sino también a sus amigos.

Una Nesta cuyo mundo es más grande, más rico.

Elain te ha tenido para ella sola durante muchísimo tiempo.

Me da la sensación de que ha entrado aquí esperando que se lo perdonáramos todo y que la defendieras sin dudarlo; sobre todo porque hemos pasado la noche todas juntas.

Y como no ha sido así, han salido a la superficie más sentimientos de los que se esperaba.

Nesta soltó un suspiro largo y cansado.

—Creo que anoche estaba demasiado sorprendida por lo que había ocurrido. Por la mañana, en cambio… Sé que no es justo estar preocupada por los sentimientos de Azriel y no por los de Elain, pero, una vez superado el impacto inicial, tenía muchas cosas que decirle. Y ahora lo he estropeado todo.

—La próxima vez que habléis, díselo —le recomendé—. Puede que todo sea más fácil si las dos sabéis que la otra lo está haciendo lo mejor que puede, aunque no encontréis las palabras adecuadas.

Nesta bajó la mirada hacia nuestras manos entrelazadas. Despacio, cerró los dedos alrededor de los míos.

—¿Cuándo te has vuelto tan sabia? —preguntó—. Sé de buena tinta que no aprendiste este tipo de cosas de nuestra madre.

Resoplé por la nariz. No, desde luego que no. Era plenamente consciente de esa falta de amor, de amabilidad, cada vez que cogía a mi hijo en brazos, cada vez que me prometía a mí misma que sería y lo haría mejor que ella.