Una corte de armonía rota (Acotar, Una corte de rosas y espinas 6) CAPÍTULO 22 #2
82%

CAPÍTULO 22 #2

Pese a todo, las pullas entre ambos me quitaron un peso de encima. Algo había cambiado entre la pareja, algo vital que habían logrado reparar en mitad de tanto miedo.

Aparté aquellos pensamientos alegres y advertí a Rhys:

—Dale unos días. Az finge ser frío como un témpano, pero su mal genio es peor que el vuestro junto. —Los señalé con la cabeza a él y a Cassian, que se encogió de hombros y no lo negó.

—¿Y qué sucede con Lucien? —inquirió Nesta—. ¿Debería ir a hablar con él alguno de nosotros?

—Todavía no —contestó Cassian—. Hay que decidir cómo vamos a enfocar lo que ha ocurrido.

—¿Deberíamos mandar a Elain? —planteé en voz alta—. ¿Para que trate de razonar con él?

A lo mejor valía la pena intentarlo.

Nesta entró en tensión.

—No podemos pedirle eso. No creo que lo hiciera aunque pudiese. Deja que Elain disfrute de un poco de paz.

Asentí. No podía discutírselo.

—¿Crees —le preguntó Cassian a Rhys— que Lucien invocará el Duelo de Sangre?

Yo nunca lo había presenciado, pero conocía de oídas aquel ritual de la Corte Otoño: una pelea formal a muerte que se celebraba cuando alguien ponía en tela de juicio el honor de otro. Albergaba la esperanza de no tener que asistir nunca a uno.

Rhys también se dejó caer sobre la alfombra, cruzó sus musculosas piernas y se colocó a Nyx en el regazo. Nuestro hijo soltó un gorgorito y miró radiante a su padre. Y, pese a sus siguientes palabras, Rhys le sonrió y le besó el pelo negro.

—Considero que Lucien es más inteligente de lo que los demás creen.

Y me parece que sabe que, si se enfrenta a Azriel en un Duelo de Sangre, en un uno contra uno, no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir.

—Le dio otro beso a Nyx en la cabeza mientras nuestro hijo tiraba de un hilo plateado de la chaqueta de su padre, fascinado por los resplandecientes botones repujados de la prenda—.

Si Lucien quiere vengarse, lo hará desde una posición de poder.

—¿Y qué opciones tiene? —preguntó Cassian escéptico—. ¿Va a mandar a Vassa a por nosotros?

—Es posible —respondió Rhys con gravedad.

Al recordar las llamas con las que la reina había abrasado al ejército de Hybern durante la guerra, me estremecí.

—Pero no creo que Vassa accediera —continuó Rhys, al tiempo que le quitaba el botón de la boca a Nyx con delicadeza antes de que pudiera arrancarlo y atragantarse con él.

Nuestro bebé agitó las alas en señal de irritación y lo intentó de nuevo.

Rhys le ofreció el conejo de peluche como alternativa y siguió hablando—: Por salvaje que parezca Vassa, no nos atacaría ni se arriesgaría a hacer daño a algún inocente.

Pero la Corte Otoño… A Beron le encantaría tener una excusa para atacarnos.

Sobre todo, en nombre del hijo del que se había distanciado y que por fin ha vuelto al redil.

—Tú eres la que conoce mejor a Lucien —me interpeló Nesta, y todos me miraron—. ¿Te parece que haría algo así?

Pensé en todo lo que sabía de Lucien, en todo lo que recordaba de mi etapa en la Corte Primavera y de lo que había pasado desde entonces. En la tristeza, el dolor y la soledad que había encontrado al colarme en su mente.

—No creo que Lucien vaya a volver con su padre —contesté—. Por muy cabreado que esté; no le pega nada. Lo odia incluso más que nosotros.

Aunque Beron no fuese su verdadero padre. Ese honor le correspondía a Helion, lo supiera Lucien o no.

Cuando aquella verdad en particular saliese a la luz, quizá cuando Rhys considerase que nos iba a beneficiar más… Dioses, no quería ni pensar en la magnitud de las consecuencias que tendría en todas las cortes.

Como si estuviera de acuerdo conmigo, una ventosidad burbujeante y espantosa salió del culo de mi hijo justo mientras estaba sentado en el regazo de su padre.

Cassian tuvo una arcada. Yo me apresuré a apuntar a Rhys con el dedo.

—Te toca.

Mi pareja hizo una mueca.

—Teniendo en cuenta que creo que ha conseguido que me cayera algo encima…

Me ofrezco encantado a limpiarnos a ambos.

—Se levantó con un movimiento grácil y fuerte, y Nyx, que seguía en sus brazos, le tiró animadamente del pelo.

En efecto, había una mancha enorme, húmeda y apestosa en los pantalones de Rhys.

Y en la parte de atrás de los de Nyx, aunque este agitaba las alas con alegría—.

Apuesto a que te has quedado bien a gusto —le murmuró Rhys a nuestro hijo, que le dio unas palmaditas en la cara a su padre con una mano regordeta, como diciendo: «¡Pues sí! ».

Mi pareja desapareció y solo dejó tras de sí un hedor persistente.

Cassian movió la mano delante de la nariz para despejar el aire.

—A propósito, voy a irme unas horas al Refugio del Viento.

Tengo que informar a Devlon sobre la vuelta de Bryaxis y organizar patrullas adicionales para controlar cualquier movimiento que hagan nuestros enemigos.

Sobre todo para que estén atentos a cualquier rumor de problemas en Hybern.

—Mientras se levantaba, le hizo un gesto a mi hermana y flexionó sus poderosas alas—. ¿Me acompañas, Nes?

A juzgar por su tono pícaro, me hice una idea de lo que podría pasar cuando estuvieran en el aire. Es decir, si el frío, que no dejaba de intensificarse, no les impedía desnudar ciertas partes.

—Después de lo de ayer —respondió mi hermana, cuyas mejillas se tiñeron de un leve rubor—, necesito descansar un poco.

—¿Y por qué estás tan dolorida? —la provocó él—. ¿Es que por fin has hecho ejercicio de verdad?

Me mordí el labio para no soltar una carcajada.

Nesta se puso todavía más roja. Aun así, levantó la cabeza y le dijo a su pareja:

—Pásate a ver cómo está Emerie. Estaba bastante nerviosa después de lo de ayer y no tuve oportunidad de hablar con ella antes de que se marchase.

Cierto, porque mi hermana estuvo con Madja, que había tenido que soldarle los huesos.

Sentí un nudo en el estómago. Nesta se comportaba como si no importase, pero lo había hecho sin pensárselo dos veces. Para salvarnos. Para salvar a mi hijo.

Cassian asintió, cual general que recibiera órdenes de su reina, y se agachó para besarla en la coronilla. Luego hizo lo mismo conmigo.

—Nos vemos para cenar.

Después de lanzarle a su pareja un guiño lascivo que me dejó claro que ella iba a ser su cena, cerró la puerta al salir. Me giré de inmediato hacia mi hermana con una sonrisa enorme en la cara.

—No empieces —me advirtió Nesta, aunque seguía teniendo los ojos brillantes.

Estaba feliz; al menos, en aquel aspecto. Levanté las manos para calmarla. Ella esbozó una sonrisa ladeada y echó un vistazo al cielo que se colaba por la ventana. Su mirada risueña desapareció y la sustituyó una contemplativa.

Estaba claro que quería decir algo, de modo que le concedí tiempo para encontrar las palabras.

—Creo que deberías visitar a Azriel —expresó por fin—. Alguien tendría que ir para ver cómo se encuentra.

Sopesé la preocupación que detecté en su rostro y que tanto me sorprendió, incluso a aquellas alturas. La Nesta con la que había crecido, incluso la de hacía un año, no se habría preocupado jamás por nadie que no fuera Elain.

Por eso le pregunté con toda la naturalidad posible:

—¿Por qué no vas tú?

—Tú eres su alta lady —respondió restándole importancia a mi pregunta—. Anoche Rhys se comportó como un tirano —«en eso tiene razón», pensé—, y puede que, si su alta lady habla con él, Azriel se sienta… menos solo.

—De acuerdo —cedí—. Pero tú…

La puerta se abrió una rendija y me puse de pie al instante en cuanto vimos a Elain aparecer en el umbral. Llevaba un vestido sencillo de color rosa palo y el pelo retirado de la cara; parecía más cansada y mustia de lo que la había visto nunca.

Ella cerró la puerta en silencio y su voz sonó completamente hueca cuando manifestó:

—Voy a acabar de preparar el jardín para el invierno, pero primero quería disculparme por cualquier deshonra que hayan podido causar mis acciones a mi familia y a mis amigos.

—¿Deshonra? —solté de forma abrupta—. Elain, no es ninguna deshonra.

Miré a Nesta, pero mi hermana seguía sentada y observaba a Elain con una intensidad y una seriedad que solía reservar para quienes no eran miembros de la familia.

Elain la miró a los ojos. Se fijó en su expresión. Y le espetó en un tono que nunca la había oído emplear:

—¿Qué?

Era evidente que Nesta estaba eligiendo las palabras con sumo cuidado. Probablemente para evitar herirla o angustiarla más de lo necesario…

—Tu pareja estaba bajo el mismo techo. Y tú no pudiste tratarlo con la dignidad y el respeto que merece y abstenerte de ponerle las manos encima a Azriel.

Me atraganté al oír las frías y afiladas palabras de Nesta. Ante el hecho de que su amabilidad y su preocupación fueran destinadas a Azriel y no a nuestra propia hermana.

Elain apretó los labios con fuerza.

—Lucien no es nadie para mí.

—Eso no es justo —le reprochó Nesta en un tono venenoso pero tranquilo—. Ni siquiera has intentado conocerlo mejor.

—¿Y por qué debería molestarme? —Elain soltó una risotada anodina. Horrible—. Yo no quería este vínculo. No soy como vosotras, que os enamorasteis de vuestras parejas. A mí me entregaron a él, como si fuera un objeto cualquiera, en contra de mi voluntad y sin tener en cuenta mis deseos.

—Eso no te lo discuto. —Nesta se levantó con la elegancia y la seguridad de una guerrera—.

Y tienes todo el derecho a rechazar el vínculo.

Si eso es lo que decides, te apoyaré hasta mi último aliento, Elain.

Pero de lo que te hablo es de tener un mínimo de decencia.

Técnicamente sigues siendo su pareja, y él te trata con el respeto que se profesan los miembros que la forman, mientras que tú…

—Negó con la cabeza despacio. La aversión que sentía se reflejó en su expresión e impregnó cada una de sus últimas palabras—: La Elain que conozco y quiero jamás le habría hecho algo así.

Otra risotada desprovista de humor.