Una corte de armonía rota (Acotar, Una corte de rosas y espinas 6) CAPÍTULO 18 #3
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CAPÍTULO 18 #3

—Ven aquí —le dijo mientras la cogía de la mano.

Nesta notó la calidez de sus firmes dedos—.

No dudes ni te preocupes nunca por esto.

—Los señaló a ambos—. Aunque discutamos, y te garantizo que esta no ha sido nuestra última pelea, siempre encontraremos el camino de vuelta hacia el otro.

Hacia nosotros, Nes. Porque te amo, y tú a mí, y eso seguiría siendo verdad incluso aunque no fuéramos pareja. Siempre. Para siempre.

Nesta asintió, sin palabras, y Cassian tiró de ella para sentársela en el regazo. La miró a los ojos mientras se posicionaba en su entrada. Le colocó las manos en las caderas con delicadeza y la hizo descender sobre él con suavidad.

Las lágrimas de Nesta volvieron a aflorar con el primer roce del miembro de Cassian en el interior de su cuerpo. Su hogar, su hogar, su hogar…

Cassian apartó las manos de las caderas y le acunó la cara. La besó con tanto amor que a ella la sorprendió que semejante intensidad no le destrozase el cuerpo. Abrió la boca para él, lo dejó entrar y, cuando entrelazaron las lenguas, Nesta bajó del todo.

Cassian gimió y se quedó muy quieto.

—Joder. —Echó la cabeza hacia delante para apoyarla en el hombro de su pareja—. Joder…

—Sí, eso es lo que intento —se burló ella elevando las comisuras de los labios.

Él tomó dos grandes bocanadas de aire con cierta dificultad y sacudió las alas antes de levantar la cabeza.

Una sonrisa perversa le iluminaba la cara.

Alzó las caderas para enterrarse más en ella y el jadeo de Nesta resonó por toda la habitación.

Cassian le cubrió la boca con los labios, como para engullir ese sonido.

Y, cuando él volvió a meterle la lengua en la boca, Nesta empezó a moverse.

Aunque solo habían pasado unas pocas semanas, por algún motivo se le había olvidado lo grande que la tenía Cassian, la perfección con que la llenaba. Se le había olvidado lo que sentía cuando él la abrazaba con fuerza y ternura a la vez, permitiendo que se moviera al ritmo que ella deseara.

Cassian emitió otro gruñido desde el fondo de la garganta y, a Nesta, ese sonido le reverberó por todo el cuerpo, por el alma. Él le agarró las caderas con más fuerza y ese fue su único aviso antes de cambiar de posición para colocarse encima.

El mundo se inclinó. Cuando volvió a su lugar, Nesta estaba tumbada de espaldas y Cassian estaba sobre ella, a pocos centímetros de su rostro, mientras sus alas bloqueaban las luces inmortales.

—Te amo —le dijo sacándosela casi por completo.

Volvió a penetrarla con la suficiente fuerza como para que ella se deslizase unos centímetros por el colchón.

Cassian le cogió las rodillas y le abrió aún más las piernas al tiempo que la embestía más fuerte, más profundo.

Dioses, iba a explotar. Necesitaba más, lo necesitaba dentro de sí para siempre, porque no podía haber nada más que la hiciese sentir tan bien…

Cassian se pasó una de las piernas de Nesta alrededor de la cintura e hizo algo increíble con las caderas mientras volvía a metérsela. Ante el gemido que se le escapó a ella, le dijo en un tono suave:

—Así, Nesta. Muy bien.

La pura satisfacción masculina que oyó en su voz, el saber que se pertenecían el uno a la otra, y que él y solo él podía darle esa clase de placer…

El orgasmo la hizo estallar y Nesta fue vagamente consciente de estar clavándole las uñas en la espalda y de que Cassian se convertía en el centro de todo su universo.

Él volvió a penetrarla con embestidas fuertes y profundas y, cuando se le aceleró la respiración, Nesta supo que no le faltaba mucho, supo que se moría por correrse dentro de ella, pero que seguiría follándosela si ella quería otro orgasmo, que no pararía nunca si con eso la satisfacía.

Ese pensamiento la impulsó a meter la mano entre sus cuerpos para acariciarle los testículos, suaves, que le rozaban el sexo con cada empellón.

Levantó la mirada hacia Cassian mientras se los apretaba.

Así pudo disfrutar del placer de ver cómo tragaba con fuerza antes de estallar y correrse en su interior.

Esa imagen hizo que se le contrajera el sexo alrededor de su miembro y la llevó a igualar las embestidas frenéticas de las caderas de Cassian mientras este la llenaba con su semen.

Hasta que ella también se corrió otra vez, sin dejar de abrazarlo con fuerza para que sus corazones latiesen juntos en un vaivén que existiría incluso cuando aquel mundo llegase a su fin.

Y cuando ambos se quedaron quietos, cuando sus respiraciones fueron lo único que se oía en la habitación, Nesta siguió impidiéndole que se la sacara. Cassian se apoyó en los codos y se incorporó lo suficiente para estudiar su expresión.

Ella le regaló una sonrisa que rara vez enseñaba a nadie más. Lo besó una vez en la boca, dos. Y susurró:

—De haber sabido que entregarle la Máscara a Bryce significaría que acabarías follándome así, le habría ofrecido también el Arpa y la Corona.

Él sonrió con suficiencia, se levantó de la cama y la alzó en brazos sin esfuerzo alguno.

—Uy, Nesta, si solo acabo de empezar —murmuró mientras la llevaba hasta el sofá.

Feyre

—Sigue dormido —me dijo Rhys en voz baja mientras se acercaba, silencioso cual felino, a la butaca donde me hallaba sentada, delante de la chimenea de nuestra habitación—.

Por lo que he podido percibir, Madja tiene razón: su mente ya se ha reorganizado para identificar lo que ha pasado hoy como una especie de pesadilla.

No lo recordará. El miedo no le dejará huella.

Yo seguí contemplando cómo las llamas lamían aquellos fragantes troncos.

—Debería acercarme a la Casa del Viento y sacar a Bryaxis a rastras de la biblioteca. Encerrarla en la Prisión y tirar la llave.

Había conseguido serenarme durante la tarde y la cena, pero la rabia esclarecedora que sentía había seguido hirviendo a fuego lento. Sin embargo, solo podía dejarla salir a la superficie en aquel momento, con mi pareja.

Rhys se dejó caer en la butaca que había enfrente de la mía y también se puso a observar las llamas.

—Te ayudaría a hacerlo.

—Es como si Bryaxis supiera que la biblioteca era el único sitio en el que podía esconderse de nosotros.

—Ha pasado suficiente tiempo con las sacerdotisas, con Clotho, sobre todo, como para entenderlas. Es posible que contara con que le mostrasen compasión.

Al fin desvié la mirada hacia mi pareja. No me molesté en parecer ni medianamente civilizada al decir:

—Encontraré la forma de matarla. No me importa cómo o por qué ha aparecido hoy. La mataré.

—Por supuesto, pero sopesa lo que ha ocurrido.

Ha venido a por nosotros. ¿Y si la ha mandado alguien?

Parecía… diferente de cuando escapó después de la guerra.

Más oscura. —Las estrellas habían desaparecido de sus ojos color violeta—.

Seguro que la creciente influencia de Koschei en el mundo ha tenido algo que ver.

Otro argumento más para reconstruir el muro. Para erigir múltiples muros. Nuestros enemigos estaban creciendo, adaptándose, volviéndose más malvados. Y, hablando de enemigos…

—¿Y qué hay de Hybern? —pregunté—. Puede que tengan algo que ver con que Bryaxis haya acabado aquí hoy.

—Puede —reconoció—. Nos piden una reunión para hablar de una alianza, no llegamos a ningún lado con Tarquin y la Corte Verano, de modo que nuestra lista de aliados se reduce, y de repente aparece Bryaxis y nos aterroriza…

¿Por qué? ¿Para que cale la apremiante necesidad de conseguir apoyo y que estemos más dispuestos a llegar a un acuerdo con Hybern?

—Si es cosa suya, reduciré a escombros esa isla —prometí de forma amenazante.

—Repito: cuenta conmigo. Pero esperemos a saberlo con certeza. A lo mejor podemos enviar a Az y a sus espías para descubrir qué está pasando en Hybern. Ha ocurrido en un día demasiado señalado como para que se trate de una mera coincidencia.

—No sé si ni siquiera puedo sentarme a la misma mesa que quien esté gobernando Hybern ahora mismo.

—Ya somos dos —confesó Rhys—. Y menos después de lo que he… —Dejó la frase a medias y yo sentí el corazón en un puño por él, pero cambió el rumbo de la frase—: Bryaxis utiliza su don con una destreza alarmante.

Tenía algunas conjeturas sobre lo que podría haberle enseñado a Rhys, pero pregunté:

—¿Qué has visto?

Él tragó saliva con fuerza.

—Voy a necesitar… unos días antes de poder hablar del tema.

Asentí, aunque el horror se adueñó de mi estómago. Teniendo en cuenta lo que había visto yo, me hacía una idea de lo que podía haber afrontado mi pareja.

Nos quedamos en un silencio que ninguno de los dos se sintió inclinado a romper. ¿Qué más quedaba por decir?

Una nueva entidad residía en mi cuerpo tras los acontecimientos de ese día, algo que me había arrancado un trozo del alma y había anidado en el hueco.

De vez en cuando abría las fauces y rugía, y los sonidos que emitía eran los gritos de pánico de Nyx.

El eco se alargaba sin fin y esa cosa que habitaba ahora en mí se enterraba aún más en mi interior.

Y, mientras el fuego devoraba los troncos y dejaba que la madera ardiese hasta quedar reducida a cenizas, sin molestarme en añadir más, me pregunté si Clotho estaría en lo cierto y no todo era lo que parecía.

Al margen de si Hybern estaba involucrado en esto o no, puede que el ataque de Bryaxis fuese un regalo para mí. Un regalo que necesitaba desesperadamente, aunque yo no fuera consciente de ello.

Porque ahora sabía lo que tenía que hacer. Y no me asustaba ni lo más mínimo.