CAPÍTULO 18 #2
—Te amo —confesó Nesta con la cara enterrada en su cuello y temblando de los pies a la cabeza—.
Por eso estaba enfadada contigo esta mañana, porque necesitaba que anoche volvieras a casa para poder decírtelo a la cara.
Te amo y siento lo que pasó con la Máscara.
Todavía hay muchas cosas que no entiendo sobre el Tesoro, muchas cosas que me aterran más de lo que me atrevo a expresar, pero es que sentí que tenía que dársela.
Fue como si percibiese que la Máscara necesitaba ir allí, aunque sea el objeto más poderoso del Tesoro.
Aunque a mí me perturbe utilizarla. Así que te pido perdón por no avisarte antes, no tuve tiempo y estaba intentando hacer lo correc…
—Para.
Cassian le echó la cabeza hacia atrás para quedar cara a cara. Y, joder, eso era lo último que quería, porque estaba hecha un desastre y no dejaba de llorar y gimotear, pero lo hizo. Lo miró a los ojos.
—Estaba molesto —admitió él mientras le limpiaba las lágrimas—.
Estaba molesto porque hiciste algo muy gordo y me asusté.
Me asusté porque éramos un equipo y tú… decidiste que ya no lo éramos.
Y no me refiero a Rhys, Feyre y todos los demás, sino a ti y a mí.
Y sí, darle la Máscara a Bryce Quinlan fue impulsivo y una imprudencia, y no estoy completamente seguro de que yo hubiese hecho lo mismo, pero, por encima de todo, me sentí dolido. Fue como si volvieses a alejarme.
—No…
—Aunque sé que no era tu intención, yo me sentí así.
Y a lo mejor es todo culpa mía, y puede que deba aceptar que siempre habrá una parte de ti que no compartirás con nadie y que nunca responderá ante nadie.
Es solo que… Todo iba de maravilla después del Rito de Sangre.
Hostia puta, si es que todo parecía perfecto, hasta que dejó de serlo.
—Volvió a negar con la cabeza—. Se me da fatal explicarme.
Pero me desestabilizó y todo se convirtió en ira y…
Siento mucho haberme comportado así estas últimas semanas.
Y confío en ti. Joder, después de lo de hoy, es posible que confíe en ti más que en nadie para que te encargues del Tesoro.
Le has plantado cara a Bryaxis, has sido la única capaz de ponerse en pie.
Ese es el tipo de persona que quiero que se encargue del Tesoro. Siento no haberme dado cuenta antes.
Nesta notó cómo se le iba formando una sonrisa en los labios. Le dio un beso en la boca y otro en la mejilla, y le susurró al oído:
—Vaya, quién lo iba a decir. Ni siquiera he tenido que hacer que te corrieses primero y ya te estás humillando.
Él se echó hacia atrás, con los ojos como platos y… brillantes.
Nesta sonrió de oreja a oreja y lo besó con suavidad, provocándolo.
—Creo que fui una estúpida al pensar que ser pareja significaba que todo iba a resultar perfecto y que siempre seríamos felices.
—Demasiadas novelas románticas —respondió Cassian, que ladeó la boca en una sonrisa torcida—. Pienso mandarle una carta muy tajante a Sellyn Drake para acusarla de engañar descaradamente a sus lectoras.
Nesta recorrió con un dedo la sonrisa de su pareja, una sonrisa que era para ella.
—Debes de estar agotado de tanto volar al Refugio del Viento solo para evitarme.
Él le tomó la mano y le besó las yemas de los dedos.
—Tengo un buen motivo para estar tumbado en la cama. —Nesta enarcó una ceja y él aclaró—: Tengo tantas agujetas que no puedo ni moverme.
—Mi pobrecito ilyrio —canturreó ella, y extendió la mano por encima de la cabeza para tocarle la punta de un ala—. ¿Dónde quieres que te dé un besito primero para que te sientas mejor? —Le acarició el centro del ala con un dedo y, como era de esperar, Cassian se empalmó debajo de ella.
—Estoy bastante seguro de que puedes adivinarlo solita —respondió de nuevo con voz gutural.
En esa ocasión, le pasó una uña por el ala y su pareja soltó un siseo.
—No quiero hacer el amor y llorar, pero tampoco quiero follar hasta que acabemos gritando.
A Cassian se le habían vuelto los ojos completamente negros.
—¿Qué quieres entonces, Nes?
—Quiero tocarte. —Trazó un circulo perezoso sobre el ala que lo hizo tragar saliva con fuerza—. Quiero redescubrir cada centímetro de tu cuerpo. —Bajó la mirada de forma provocativa—. Me da la sensación de que hay unos pocos centímetros que ya esperan con ansia el reencuentro.
—Son más de unos pocos —replicó él con picardía.
Nesta resopló y acarició con una mano la erección que le tensaba los pantalones de cuero. Su propio sexo palpitó en respuesta y tuvo que hacer acopio de toda su concentración para que no le temblasen las manos y que sus siguientes palabras sonasen como un ronroneo bajo.
—Deja que compruebe que sabe tan bien como lo recuerdo.
Se deslizó hasta la alfombra y le separó las piernas lo bastante como para arrodillarse entre ellas. Aquel magnífico macho era suyo de los pies a la cabeza. Y tenía pensado disfrutar de hasta el último centímetro de su cuerpo.
—Y yo que creía —dijo él, cuya respiración se volvió jadeante cuando Nesta le desabrochó el cinturón de la espada y pasó a los pantalones— que últimamente no te apetecían demasiado las pollas ilyrias.
—No recuerdo haber dicho eso —repuso ella con delicadeza, pese a que se encargó de los botones de la bragueta con la mano aún temblorosa.
Nada más dejarle el miembro a la vista, Nesta se quedó sin palabras. Respirando con dificultad, Cassian le gruñó:
—Quiero estar dentro de ti.
—Qué pena —se burló ella, y se concedió el placer de observar su expresión segundo a segundo mientras se inclinaba y acercaba la boca a él.
Se esforzó en percibir la línea tensa alrededor de sus labios, la forma en que entrecerró los ojos de puro placer. Pero, dioses, su sabor, su tamaño, su dureza y su calidez…
Nesta tenía la intención de provocarlo, de jugar con él, de chuparlo poco a poco. No obstante, en el momento en que lo acarició con la lengua no pudo hacer otra cosa que metérselo hasta el fondo, todo lo que pudo, mientras le rodeaba la base con la mano y apretaba con fuerza.
Él levantó las caderas de la cama, pero Nesta utilizó la mano que tenía libre para empujarlo con suavidad contra el colchón y recorrerle la erección con la boca de nuevo.
—Joder —soltó Cassian en algo más parecido a una exhalación que a cualquier otra cosa al notar que ella pasaba la lengua por el grueso glande de su pene y le daba un lametón, dos, en la punta—. Nesta…
Ella volvió a metérselo entero en la boca y, esa vez, su sexo pareció clamar como respuesta, tan desesperado por cualquier fricción, por cualquier roce, que incluso la costura del camisón contra los muslos empezó a enloquecerla.
Lo necesitaba enterrado en su cuerpo, lo necesitaba a su alrededor y sobre ella, llenándola…
Unas manos anchas y fuertes la agarraron por debajo de los brazos para sacarle el miembro de la boca.
Cuando Nesta se puso de pie entre sus piernas, Cassian tenía la cara tensa de puro placer. Él soltó un gemido al inclinarse hacia delante y la acarició con las manos temblorosas por debajo del camisón antes de subírselas por los muslos. Más arriba. Se le entrecortó la respiración.
—¿Sigues sin llevar ropa interior, Nes?
A ella le costó entender sus palabras cargadas de deseo. No se le ocurrió ninguna réplica, no mientras daba un paso hacia él, que la detuvo.
—Esto estorba —afirmó, y empezó a desabrocharle los botones del camisón.
Le sostuvo la mirada en todo momento. Era como si Cassian supiera con exactitud dónde estaba cada botón. Como si llevase estudiando para aquello toda su vida y pudiera hacerlo a oscuras.
El camisón cayó al suelo. Desnuda y mirando desde arriba a Cassian, que seguía apoyado en la cama y cuya erección se asomaba como la más apetecible de las invitaciones, Nesta sintió que se le volvía a cerrar la garganta.
—No sé qué hacer —confesó con voz ronca.
Él hizo un gesto hacia su polla.
Nesta, sin embargo, reprimió una risa, negó con la cabeza y encontró las palabras necesarias para explicarle aquello de lo que se había dado cuenta el día anterior, en el risco:
—No sé qué hacer aquí. En esta corte. Conmigo misma. Con mi vida.
Él ladeó la cabeza y la escuchó con atención; la escuchó de verdad.
—Creía que todo acabaría por encajar, y resulta que… —Se frotó el pecho, a la altura del corazón—. No ha sido el caso. Tengo todo esto —dijo señalándose a sí misma, el poder de su magia, su cuerpo, su corazón—, pero ¿de qué me sirve?
Cassian suavizó la mirada.
—Encontrarás un propósito. Te lo prometo.
Nesta sorbió por la nariz.
—Lo sé. Es solo que… Me siento insegura por todo. No sé cuál es mi cometido. —Intentó dar con las palabras adecuadas—. Solo estoy segura de que te amo. Y de que amo a Feyre y a Nyx, y a Emerie y a Gwyn. Y a los demás también, cuando no me tocan las narices.
—Entonces, permite que sea eso lo que te guíe. Puede que el amor te lleve a encontrar tu cometido.
—Te he echado de menos —consiguió decir Nesta—. Ya casi no podía soportarlo. Pero es que… No sabía cómo hablar contigo del tema o cómo reunir la suficiente entereza para hacerlo sin desmoronarme.
—Supongo que podemos darle las gracias a Bryaxis, aunque solo sea por esto.
—En realidad, deberías dárselas a Gwyn.
—¿Y eso? —Pero entonces Cassian detectó la pena y la tensión en la expresión de su pareja—. ¿Qué ha ocurrido entre vosotras?
Era consciente de que Nesta había dejado de acudir a los entrenamientos después del Rito de Sangre, pero no sabía nada más porque le había concedido tiempo y espacio para que solucionase las cosas con su amiga. O para que no las solucionase, al parecer.
Nesta movió la cabeza de un lado a otro y volvió a notar aquella insoportable presión en la garganta.
—No lo sé. Se ha apartado de mí y yo de ella, y ayer le dije varias cosas que a lo mejor debería haberme callado, aunque solo intentaba arreglarlo todo.
Pero no quiso escucharme. Y yo ya no lo soportaba más, porque no podía hablar ni con ella ni contigo.
Ni reír con vosotros. No lo aguantaba —susurró—. Ni un segundo más.